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[CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por MaNtoSastO el Lun Mayo 27, 2013 12:49 pm

Ya no más.
Me tomó todo el día pero aquí está mi entrega. Aclaro que no la revisé tan extenuantemente como debería (no la revisé) por lo que ha de tener varios errores (muchos). Y por otro lado aunque iba a continuarla un poco más, decidí cortarla porque ya se me hacía larguísima. De hecho, ya así creo que es la entrega más larga que vaya a tener Saint Christine en bastante tiempo. Es por poco la mitad de lo que lleva mi hilo.
Bueno, ahí les va, disfruten Very Happy


Somos amigos:
Después del peligroso episodio vivido con el gigante que los hubo encontrado en la plaza, descubrieron que los lugares abiertos ya no eran seguros ni ventajosos para adelantarse y anticipar el movimiento de los muertos ambulantes. Por lo que en su camino al próximo destino, la armería, avanzarían con sumo cuidado y evitando tantas avenidas como les fuera posible. Solo debían recorrer dos kilómetros hasta el centro, pero dado el sigilo con el que actuarían y las vueltas que darían por diversas callejuelas, tardarían poco más de una hora. O por lo menos así lo habían previsto.

Antes de salir en su misión se aseguraron de descansar y reponer energías en la tienda de pezca. Asombrosamente ese resultó un lugar más tranquilo del que esperaran. Motivados por el obrar heróico de Mark, y la buena dispocición mostrada por los dos muchachos trabajando en equipo, los ánimos y la unión en el grupo, aunque casi innotable, se habían afianzado. Incluso se permitieron entablar conversaciones triviales y despreocupadas de la actual situación mientras continuaban su interrumpido almuerzo.

—Entonces, chico, ¿qué hacían ustedes antes de que este maldito infierno se desatara? —Preguntó Miguel al muchacho de cabellos castaños mientras extraía con un tenedorcillo de plástico los restos de atún que quedaban en la lata. Los acompañó con un trozo de pan no demasiado duro.

Mark rio, sin expresar si era por humor u otra cosa —Íbamos de vacaciones con nuestros padres, pero nosotros decidimos quedarnos aquí unos días —señaló a su hermana para incluírla—. En realidad estábamos de paso cuando todo esto sucedió.

Jasón notó cómo su amigo evitó mencionar que se habían quedado allí porque él los había invitado a hacerlo, y de pronto reparó en que de haber un culpable del horrible cambio sufrido en sus vidas, ese era él. Aunque nunca hubiera podido prever lo que iba a suceder, no podía evitar sentirse responsable.

Miguel soltó una risa, comprendiendo que la del chico había sido puramente irónica —Menuda suerte les ha tocado—. El resto del grupo, Javier y Vanessa, atendían en silencio.

—¿Qué hay de ti?— Preguntó Jasón al militar. Ninguno de ellos sabía exactamente por qué estaba él allí, aparte del hecho de que los protegía y guiaba. La realidad de su misión era un misterio que solo a Francesc le había confiado.

Belmondo suspiró, como temiendo que le hicieran esa pregunta pero resignado a que en algún momento sucedería. El gesto no pasó desapercibido para Mark, quien lo hubo visto, desde el silencio y oscuridad de aquella azotea, conversar con rostro serio y hasta desencajado, con el capitán de la unidad encontrada. Notó que la muchacha de negro observaba a Miguel con un gesto similar al suyo, tal vez se hubiera dado cuenta también de algo.

—Digamos que la que era mi misión ya no importa... perdí al resto de mi unidad al poco tiempo de entrar en la ciudad.

El grupo guardó silencio, pero dos de ellos sabían que las palabras del militar ocultaban más de lo que decían.

Acabada la comida se dispusieron a salir de nuevo a las calles. No era una idea que les entusiasmara demasiado, pero era lo que debían hacer. Extrañarían la comodidad del local de pezca y los pocos momentos tranquilos que hubieron pasado en él.

Las calles resultaron más silenciosas de lo que esperaban, quizá el gigante se había ocupado de ahuyentar a los caminantes de la zona. De cualquier forma, agradecieron su suerte, aunque no sin sentir que algo no encajaba.

El camino les resultó, al menos hasta la mitad, tranquilo y sencillo. No tuvieron demasiados encuentros con cuerpos ambulates ni se cruzaron con ningún terrible monstruo. La confianza del grupo parecía elevarse.

Inintencionalmente, o muy a propósito en su subconciente, Mark disminuyó el paso para quedar próximo a la joven de mechones violetas. Ella no escapó como lo hubiera hecho en el pasado, sino que los dos continuaron avanzando en un pulcro silencio. Eso, de alguna manera, alivió al muchacho. Tal vez la fría chica empezaba a tener un poco de respeto por él, después de todo le había salvado la vida.

Aún titubeó un poco antes de hablar —Durante la comida no has hablado nada... Me preguntaba, ¿cuál es tu historia, qué hacían antes de... todo esto?

Ella no respondió de inmediato, no obstante tampoco mostró signos de hastío o rechazo, de hecho no expresó nada más que silencio. Su mente era indescifrable para Mark.

Al cabo de unos momentos se dignó a contestarle —Te estoy agradecida por lo que hiciste allí en la plaza. De verdad. Pero eso no nos convierte en amigos ni nada, así que por favor deja de molestarte— e incrementó el paso, para alejarse del impactado muchacho que no supo cómo reaccionar siquiera.

Mark iba a perder sus esperanzas de forjar cualquier tipo de lazo, pero no tuvo tiempo para reparar en las palabras de la joven cuando el líder del grupo los hizo detenerse a todos. Quietos en el angosto callejón donde se encontraban, se limitaron a atender a sus alrededores: al cabo de unos segundos se percataron de un ruido tras unos tablones que separaban con el patio de una casa incrustada entre dos altos edificios de ladrillos grises.

Miguel asió su magnum, de la cual contaba con pocas munisiones ya, y, luego de hacer una seña con su mano para que el resto del grupo se quedara en el lugar, lentamente se introdujo por la puerta que los separaba de aquel lugar. Algo en el sonido que los llamó le decía que no se trataba de simples cadáveres caminantes.

Grande fue su sorpresa cuando se encontró con tres personas: dos hombres y una muchachita de no más de quince años. Se hallaban protegidos detrás de una barandilla, uno de ellos, un muchacho con el cabello teñido de rojo y parado en forma de llama, sostenía un fierro con el que hubiera amenazado a Miguel si éste no traería consigo un arma de fuego.

—¡No nos haga daño! ¡Le daremos todo lo que nos queda!

Belmondo dudó, el grupo parecía bastante asustado, a pesar de la mirada desafiante del sujeto pelirrojo. La adolescente lo observaba con sus ojos bien abiertos, y el mayor de los tres comenzaba a salir de su escondite, en un esfuerzo por dialogar con él.

Comprendió que el trío encontrado no habría pasado por ningún agradable momento por lo que, intentando disminuír la tensión, soltó su arma, dejándola colgar del dedo, y llevó las manos a los lados —¿Por qué iba a hacerles daño? —Preguntó, atento al tipo de respuesta que obtendría y cómo sería dada.

—Un maldito hijo de puta nos asaltó hace unas horas. La gente está loca y los que quedan se cagan en los demás —El muchacho, quien no tendría más de veintiún años, habló con su sucia boca y empuñando todavía el fierro que apuntaba a Miguel.

El militar suspiró. Tenía dos opciones y veía la respuesta muy clara: dejar a esa gente a su suerte, donde probablemente morirían; o tomarla y sacarla de la ciudad. No tenía demasiaod que pensar, él estaba en ese maldito lugar por una razón. Por una misión que se había autoimpuesto y que cumpliría sin importar qué.

—Entonces he de asumir que su condición no es muy buena.

El mayor del trío pareció percatarse de la dirección que había decidido tomar el militar —¿Hay más con usted? ¿Son el grupo de rescate?

Miguel sintió una punzada al oír las palabras “grupo de rescate”, pero lo guardó para sí —No hay grupo de rescate. Pero sí estoy aquí para sacarlos de la ciudad.

El resto del grupo aguardaba a su líder al otro lado de la pared de madera, escuchaban un murmullo al otro lado, por lo que asumían que se trataba de otros sobrevivientes. La idea les causaba ciertas ansias y recelo: conociendo a Miguel, el que esas personas se unieran a su grupo eran de lo más grandes. Por un lado el que alguien nuevo se incorporase traía expectativa, pero al mismo tiempo se sentían ya unidos por lo vivido y no deseaban que extraños caminaran a su lado.

No fue demasiada la sorpresa al ver a Miguel regresar por la puerta acompañado por tres individuos. Una chica joven escrutaba los rostros de todos. Otro hombre, de edad similar o mayor a las del propio Miguel, saludó con un gesto de la cabeza. Y por último, un muchacho de cabellos rojos, que ni siquiera se molestó en reparar en los demás.

—Estas personas nos acompañarán de ahora en más —el tono empleado por Belmondo no dejaba lugar a réplicas. Estaba empeñado en salvar a todos los civiles que encontrara y poco importaba la opinión de los que lo seguían en ese aspecto. Nadie podía negarle nada, después de todo él los había salvado de una forma u otra, y los había acogido como lo estaba haciendo ahora con estos nuevos individuos.

El mayor de los tres se presentó como Arthur y la flaca chica, que llevaba el cabello rubio recogido en una coleta de caballo, respondía al nombre de Michel. El tercero no se molestó en hablar con nadie. Su similitud con Vanessa era algo perturbadora, y poco tiempo pasó desde que reanudaran su camino para que el nuevo muchacho se acercara a la chica de negro.

Algo pesó en el interior de Mark. Le molestaba que así fuera, no tenía ningún motivo para sentir nada por lo que a ella se refiriera, pero no podía evitarlo. Ese joven, aunque recién llegado al grupo, daba la impresión de tener más en común con la muchacha que él.

No obstante el acercamiento del pelirrojo fue de lo más inutil. Vanessa lo ignoró por completo y lo abandonó para marcharse junto con Miguel.

—¿Qué mierda le pasa a esa mocosa? —Le preguntó el pelirrojo a Mark cuando éste pasó a su lado. Él se encogió de hombros y se mostró indignado, aunque en su interior solo sentía alivio y una nueva tranquilidad: ella era fría y distante con todo el mundo, no era así especialmente con él como lo hubo creído.

Al dejar atrás al bravo pelirrojo, esbozó una estúpida sonrisa que ocultó al instante cuando Jasón se volteó a charlar con él.

Disminuyeron un poco el paso al percatarse de un grupo de zombis cruzando la calle delante de ellos, entonces se ocultaron en una galería y aprovecharon la ocación para explicar bien la situación a los recién llegados.

Michel, que parecía bastante pegada a Arthur, probablemente siendo éste la única persona en la que confiara, observó a Miguel mientras él explicaba cada cosa. Su gesto indicaba que quería preguntarle algo, pero no se atrevió a hacerlo y el militar, por su parte, agradeció no tener que contestar alguna tontería, él no preguntaría qué deseaba en su lugar.

Arthur asintió, era un hombre positivo, no hacía muchas preguntas y se mostraba dispuesto a seguir las órdenes del líder, entendiendo que la supervivencia dependía de ello. Era casi un antónimo de Javier, quien llegó acompañado por Jasón desde la puerta de la galería.

—Esas malditas cosas no se van— habló irritado—, de hecho llegan más.

Jasón recapacitó un poco, recordando la distribución de las calles —¿Si atravesamos la galería? No nos alejaríamos demasaido de la armería.

Miguel asintió, cuantos más caminantes evitaran, mejor. Y a juzgar por el no muy rancio olor en la profunda galería que atravesaba la manzana de edificios, no deberían encontrar demasiados muertos adentro.

Estando todos de acuerdo, decidieron partir hacia el otro lado del túnel. Las vidrieras de los distintos negocios a los lados del pasaje luecian desiertas, algunas rotas por prematuros saqueos y varias otras manchadas con sangre. No obstante, la presencia de cuerpos ambulantes era nula.

Llegaron al otro lado sin percances, y todos, inclusive el pelirrojo y Vanessa, dieron gracias por ello en silencio.

La calle a la salida de la galería lucía vacía, a lo lejos, aproximadamente doscientos metros, caminaban unos cuantos zombis, pero no eran peligro alguno puesto que no los notarían. Los nueve integrantes del grupo abandonaron las puertas de cristal y continuaron por la acera. Los pocos obstáculos y la facilidad con que los habían sorteado asombraba a Miguel, incluso en ese momento, caminando por una avenida que anteriormente hubieron acordado evitar, veía esperanzado que su llegada al destino predispuesto sería sin contratiempos.

No pudo estar más equivocado.

A tan solo una cuadra, transitando por una avenida perpendicular a por la que ellos mismos iban, apareció un grupo de cinco hombres, vestidos con atuendos similares a los de Belmondo y Francesc.

Miguel se detuvo en seco, el resto del grupo se alegró de encontrarse con más militares dispuestos a ayudarlos y Arthur y Jasón los llamaron a los gritos.

Los hombres se detuvieron en el lugar y observaron en su dirección. Uno de ellos agitó un brazo, señalando que los habían notado.

—¡Vamos! —Llamó Jasón con entusiasmo. No obstante Miguel se apresuró y lo tomó del hombro, deteniéndolo en el acto —¿Qué haces?

—Rápido, todos, ¡Escóndanse! —Ordenó y obligó a todos a tomar refugio tras una pared.

—¿¡Miguel!? —El llamado sonó claro, aquellos hombres conocían al militar.

—¿Qué sucede? —Preguntó Javier— Por fin encontramos...

—Silencio —lo cortó su líder.

Miguel se asomó por el muro para observar al grupo encontrado, ya solo había tres hombres en mitad de la calle —Maldición.

—¿¡Por qué nos ocultamos aquí!? —Se atrevió a reprochar la muchacha rubia y se abrió paso entre todos para salir del sitio en donde se agrupaban.

—¡Detente! —La llamó Miguel, pero Michel, movida por el temor del mundo que la rodeaba y la alegría de poder al fin escapar de él, hizo caso omiso a sus palabras.

La adolescente corría por el medio de la calle, moviendo sus brazos y con los ojos llenos de emocionadas lágrimas —¡Estamos aquí! —Cuando su cabeza estalló quebrada en trozos. Un poderoso proyectil, de calibre .243, atravesó su cráneo limpiamente y se incrustó en el pavimento, acompañado por un fuerte estruendo que se elevó por los cielos.

Aquellos detrás de Miguel soltaron gritos, tornándose en una marea initeligible.

—¿¡Por qué!? ¿¡Por qué la mataron así!? ¡Era solo una niña! —Chilló Arthur.

Belmondo mantuvo su fría expresión, aunque se hallaba luchando por contener una cólera asesina que lo inundaba cada vez más y más —Les dije que no hay grupo de rescate.

En la distancia volvió a sonar la voz del mismo hombre que hubo llamado antes —¡Miguel! ¡No queremos comenzar otra cacería, salgan!

El militar apretó sus dientes —¿¡Para que puedas matarnos a todos!? ¡Ni lo sueñes, Charles!

—¿Qué demonios está ocurriendo? —Demandó saber el pelirrojo. Sin embargo Miguel no contestó.

—Miguel... —el acercamiento de Mark fue mucho más pasivo de lo que cualquiera hubiera esperado en una situación similar.

—Les contaré todo, lo prometo, pero este no es el momento.

Charles, capitán de la unidad encontrada, indicó a los dos hombres que se ubicaban los tejados de los negocios en frente de la calle que avanzaran. Cercarían y cazarían a Belmondo y los suyos.

—¿Por qué quieren matarnos? —Desesperó Lisa, pero fue interrumpida por la otra mujer del grupo— ¿Qué hacemos ahora? Aquellos dos nos tendrán a tiro muy pronto.

—Maldición, de habernos quedado en esa casa estaríamos a salvo, y Michel seguiría viva —protesto el joven de cabellos de llama, Jasón lo tomó por el cuello de la musculosa que vestía.

—¡Escucha bien, desgraciado, métete tus estúpidas palabras en el culo si vas a comenzar a lloriquear y echar culpas! ¡Ninguno de nosotros podría haberse imaginado que los militares atacarían civiles, y de más está decir que quitando eso tampoco hay ningún lugar seguro en esta jodida ciudad!

Los dos se sostuvieron las miradas. La tensión iba en aumento. Los hombres en las azoteas pronto darían con ellos y todo acabaría.

No tenían muchas opciones, tal vez fuera producto de la beuna fortuna que hubo corrido antes, o el heroísmo sentido y el gusto que le dio ser reconocido, pero sin siquiera preguntar o proponer nada, Mark se disparó en una carrera que atrajo la atención de los dos soldados.

—¡Mark! —Gritó su hermana, pero el joven no escuchó.

El pelirrojo chistó —El muy cobarde ya está escapando, sabía que era un pelele desde la primera vez que lo vi.

Jasón, en su furia, iba a golpearlo, pero grande fue su sorpresa cuando un puño se le adelantó. Vanessa le dio con toda su fuerza en el rostro y, sin acotar palabra, giró a mirar a Miguel.

El mayor comprendió —Está imitando la estrategia de la plaza, pero esta vez son hombres pensantes, ¡y uno de ellos es francotirador!

—Deberíamos aprovechar la oportunidad que nos dio —opinó Arthur, recibiendo la aceptación del militar.

—Vamos de regreso a la galería.

Una bala impactó detrás de él y comprendió que no tendría oportunidad. Por un impulso casi ajeno a su ser, un reflejo o un soplo divino, cambió la dirección en que corría de forma muy abrupta, evitando un disparo certero que hubiera acabado con su vida. Saltó y se escondió al resguardo de una cerca de cemento que servía de gran macetero para una serie de árboles plantados hace no hacía mucho tiempo. Otro disparo voló parte del borde del mismo. Oyó detrás de él que los hombres que quedaban abrían fuego contra el grupo restante.

Arthur, el mayor de todos ellos, quedó resagado al último y recibió uno de los tiros en el hombro, cayendo a un metro de la entrada de la galería.

Los sujetos dispuestos en plano elevado pasaron su atención al grupo más grande, dando a Mark la oportunidad de abandonar su refugio. Salió despedido y corrió hacia la entrada más lejana de la galería (ésta tendría forma de H). En la calle las balas acribillaron al hombre caído.

Los estruendos cesaron a sus espaldas. Se reunieron con Mark en la unión de los dos pasillos de la galería. El alboroto causado de seguro llamaría la atención de un buen número de caminantes, por lo que ya ningún lugar era seguro.

—Tenemos que llegar a la armería cuanto antes, pronto no se podrá caminar por las calles. ¡Necesitamos armas ahora mismo! —Reiteró Javier luego de recuperar su aliento. Y aunque su actitud comenzaba a exasperar a Miguel, tuvo que admitir que tenía razón. Pronto se verían rodeados por una nueva horda de zombis y, sumándose a eso, una unidad militar pisaba sus talones con el objeto de aniquilarlos a todos.

En las calles Charles guió a los dos hombres que lo acompañaban a reagruparse en la azotea más cercana. Allí, una vez reunidos los cinco, dispucieron su siguiente movimiento.

—Capitán, aún siguen escondidos en el pasaje debajo de los edificios —informó un sujeto de cabello castaño claro. Su piel era pálida y tenía los ojos de un pálido celeste.

Charles se aproximó al borde de la terraza y posó su pie en él, observando la calle debajo: la gran masa de zombis atraída por los fuertes ruidos no estaba muy lejos, y continuaba avanzando sin miramientos.

—Los insectos se encargarán de ellos por nosotros —sentenció—. En este momento tenemos una tarea más importante que cumplir, aún no encontramos a nuestro objetivo. Y la otra estúpida unidad de peleles que enviaron no debería tardar en restaurar la energía en la ciudad. ¡Vamos!

Al grito de su líder, los hombres reanudaron su búsqueda, dejando a Miguel y los civiles que llevaba consigo a su suerte.

Las puertas del otro lado de la galería comenzaban a ser cercadas por zombis, el grupo se veía atrapado una vez más. Sin embargo y por fortuna, Lisa encontró una puerta que comunicaba uno de los negocios con el edificio de arriba de ellos. Faltos de opciones, los siete tomaron el camino que les quedaba y se introdujeron por una serie de oscuras escaleras de cemento.

Llegaron a un amplio recinto, el cula contaba con dos elevadores fuera de servicio y varios sillones con mesitas y revistas. El lobby del edificio. Los recibió un único muerto andante que soportó tres golpes en la cabeza del fierro del pelirrojo antes de caer. Era un muchacho problemático, pero Miguel convino en que podría serle útil alguien como él.

Subieron otro par de escaleras hasta dar con un balconcillo desde el cual tuvieron una mejor vista del panorama. Charles y sus hombres ya no se encontraban en las azoteas del otro lado, pero no podía descartar la posibilidad de que todavía lso estuvieran buscando. Y abajo, más y más zombis llegaban con cada minuto que pasaba.

—Lisa y Vanessa, quiero que se queden aquí. Estarán más seguras que corriendo por las calles. El resto —señaló a los hombres—, iremos a inspeccionar la armería y sacar tanto como podamos antes de que sea imposible salir de allí— la noche empezaba a cerrarse sobre ellos.

Los cuatro asintieron, Javier con más energía. Tenía mucho miedo de correr entre una manada de esas cosas, pero el premio lo valía. Al fin podría poner sus manos en un buen par de pistolas, tal vez incluso una metralla y alguna escopeta. Se sentiría seguro luego de todos esos días indefenso.

La chica de negro no parecía muy conforme, en sus ojos dejaba notar que prefería estar en la acción; no le gustaba ser tratada como una mujer incapaz e inútil. En su interior despreciaba la dependencia que mostraba Lisa, era todo lo contrario a ella, no se valía por sí misma ni aunque su vida dependiera de ello, y en vista de la situación actual, lo hacía.

Iba a reprochar cuando Jasón se acercó a ella —Cuida de Lis, por favor.

Las palabras del morocho eran claras y ocultaban un sentido que ella comprendió muy bien. Entendían que era más que capaz y que no titubearía ante nada, también daban por sentado que Lisa no estaba a la altura de los eventos desatados y que necesitaban a alguien que pudiera mantenerla viva. Vanessa asintió con la cabeza. Seguía reacia a la idea de quedarse y dejar que fueran los demás, pero en su interior le agradó el hecho de que contaran con ella, de que le dieran cierta confianza, aunque nunca lo admitiría.

Así fue como las dos muchachas se quedaron atrás, solas en aquel edificio abandonado por sus residentes convertidos en monstruos. Los cinco hombres descendieron cuidadosamente y sortearon una pequeña comitiva de recién llegados caminantes, la cual presedía a una gigantezca masa de carne andante que los seguía.

Con una rápida carrera llegaron al local, al cual forzaron la puerta para entrar. Una vez allí se apresuraron a a inspeccionar el lugar. Habían llegado tarde, todo había sido saqueado ya. Jasón juró por lo bajo y el pelirrojo pateo la cabeza de un muerto al que alguien ya había liquidado.

—¡No hay nada! —Chilló Javier, nervioso y exasperando.

Mark por su parte se limitó a observar la serenidad que mantenía Miguel. Si su líder no perdía la calma, tampoco él lo haría. Debía haber alguna esperanza, ese día así se lo había provado.

El militar avanzó hasta una puerta al fondo. Era metálica y tenía un lector por el cual pasar un carnet. Examinó la entrada, no parecía forzada —El depósito sigue intacto. Tenemos que encontrar una forma de entrar a la otra parte del local.

Mark asintió en silencio y comenzó a buscar, antes incluso de que el mayor lo ordenara, un cuerpo que tuviera un carnet guardado con él, el cuerpo de alguien que trabajara allí. Miguel se percató de la pronta y efectiva reacción del muchacho, y se sintió a gusto de tenerlo cerca; el joven de cabellos castaños estaba provando ser mucho más útil de lo que daba a parecer a simple vista, el caos que debían atravesar afloraba sus virtudes.

—¡Muy bien, busquen ya mismo una tarjeta con la que podamos abrir esta puerta! Algún cuerpo tal vez la tenga, o algún gabinete. ¡Vamos, vamos, vamos!

Javier lo miró escéptico desde la entrada —No hay electricidad, ¡genio!

La mirada que Belmondo le obsequió fue una asesina —Si te molestaras en prestar un poco de atención notarías que este lugar cuenta con un generador propio, el cual todavía tiene energía.

Las dos chicas se introdujeron en el edificio con el plan de buscar un mejor resguardo que aquel balcón, tal vez algún departamento en los pisos superiores o un almacén de limpieza. A decir verdad era Lisa quien necesitaba sentirse más segura, Vanessa hubiera aguardado paciente en cualquier sitio.

Transitaban un pasillo muy oscuro cuando el sonido de algo arrastrándose las alertó. La muchahca de cabellos bicolores detuvo a Lisa y se paralizó con los oídos bien atentos. Allí estaba otra vez ese ruido, una respiración agitada lo acompañaba y, de repente, el tic tac de varios palos golpeando el piso y las paredes. ¿Dónde había escuchado algo similar? Con gran disgusto lo recordó: aquella cosa en la tienda donde se hubo encontrado con los dos hombres. El ser pálido que gateaba por el piso, aquel que olía y seguía el rastro. Un sudor frío recorrió su sien, ¿quería estar en la acción acaso? Ya no veía las cosas de la misma forma ahora que el peligro la asechaba. Tomó la mano de Lisa y dio unos pasos hacia atrás. El agitado respirar se detuvo y el sonido de arcadas lo sucedieron.

Apareció de entre la osuridad, retorciendo su cuerpo que corría en dos patas hacia ellas. Era como el anterior, sus extremidades destrozadas para dar lugar a puntiagudos huesos que sobresalían, pero este había sufrido eso mismo en las piernas también, llevándolo a caminar en dos púas blancas y huesudas que resonaban secamente por los corredores haciendo un agudo eco. Se aferraba a las paredes para evitar caer y en su rostro carecía de ojos. Gritaba desaforado, tosiendo y escupiendo un líquido aguachento que en el pasado pudo haber sido dangre.

Las dos muchachas estalaron en pánico, incluso la ruda Vanessa, y emprendieron una carrera desesperada ahcia las escaleras. Los gritos de la criatura despertaron y atrajeron a los zombis de los pisos de abajo, que empezaron a subir hacia el corredor donde se encontraban. No tenían otro lugar a dónde ir, así que subieron a zancadas los escalones que las guiarían hacia los pisos superiores.

Fue Jasón quien halló una tarjeta en el abrigo de uno de los cuerpos que tenían una bala en la cabeza. Casi acostumbrado ya a los cuerpos masacrados y al horror de las lagunas de sangre, no tuvo problema en extraerla del cuarpo, con alivio se la tendió a Miguel para encontrarse con que la cerradura en la puerta metálica la reconoció sin más problemas.

No obstante la pesada barrera no se movió más de un pie. Algo al otro lado obstruía el camino —¡Maldición! ¿Ahora qué? —Bramó el pelirrojo.

—Ayúdenme —convocó Miguel al arrojarse a empujar la puerta. Quizá consiguieran moverla lo suficiente como para que el más pequeño de todos ellos pudiera pasar a desbloquear del otro lado, y así fue.

Mark se introdujo con cuidado, al otro lado de la puerta una tenue luz eléctrica brillaba con un lúgubre tono azulado. La puerta estaba atrancada por varias cajas, las cuales una a una fue corriendo hasta que los demás pudieron entrar.

Habían tardado basatnte en encontrar la tarjeta, por lo que la zona ya estaría infestada, además de que la noche ya había extendido su oscuridad. Caminaron con discreción por el pasillo de la luz azul, varias habitacioes se disponían a los lados y una puerta más los esperaba al final.

Entraron en ella con la esperanza de que fuera el depósito, su locación se prestaba para ello. El olor que salió desde adentro los golpeó aún luego de haberse visto entre muertos andantes: un joven, seguramente empleado del lugar, se había volado la tapa de los sesos luego de atrincherarse allí y perder las esperanzas de cualquier solución. La habitación, hermética, había mantenido concentrado el aroma de la muerte. Javier se fue a un lado y vomitó en arcadas. Mark casi lo acompaña pero contuvo el impulso.

Inspeccionaron el cuarto, contaba con varias cajas llenas de municiones aunque las armas debían estar en otra habitación. Tomaron todo aquello que Miguel les indicó y cerraron la puerta ras ellos, reteniendo la peste que de allí provenía. Entonces partieron a explorar el resto de los cuartos pendientes.

Estaban en uno de ellos cuando el sonido de unos pasos los sorprendió. Belmondo cargó uno de los revólveres encontrados y apuntó a una silueta que se dirigía hacia donde estaban. El individuo se reveló en forma de hombre común: no demasiado alto y de contextura más bien regordeta, calvo y con un serio bigote.

Lisa ya no podía moverse más, la carrida por las escaleras la había agotado. Vanessa a su lado, gracias a su condición un tanto más atlética, aún podía seguir, pero convino en que habiendo dejado a los zombis atrás, no le haría mal tomar un respiro. Los gritos en los pisos de abajo crispaban sus nervios, pero aún sonaban lejos. Con lo que habían subido no podían estar muy lejos de la terraza. Tal vez allí estarían seguras, de todos modos cualquier cosa se antojaba mejor que quedarse en aquel oscuro y amenazador corredor, coreado por guturales gritos de cuerpos muertos que todavía se movían con un hambre y ansias atroces por devorarlas.

El ruido de un nuevo disparo quebró el ambiente, las dos jóvenes temieron que la unidad militar asesina hubiera dado con el resto del grupo. Necesitaban asegurarse de que fuera así, sumando que el resonar había motivado nuevamente a los zombis a trepar las escaleras, por lo que continuaron subiendo hasta llegar a una puerta de chapa que abrieron tras un golpe.

Los caminantes, incluyendo al monstruo pálido, estaban cada vez más cerca, llegarían a la azotea en cuestión de minutos. Lisa llamó a la muchacha de negro, los edificios de la zona contaban con un puente de fierro que conectaba las azoteas. Corrieron hacia allí y se toparon con algo que no esperaban. Para nada.

Una joven de largos cabellos castaños se hallaba agazapada en el piso, en la esquina de la segunda terraza a la que habían llegado. A su lado reposaba descuidado un rifle. Lisa se acercó a ella lentamente, a pesar de las advertencias de su acompañante.

—¿Te encuentras bien? —Preguntó con un tono dulce, ya olvidado en los días que corrían. La muchacha, de diecisiete años de edad, levantó la cabeza con sorpresa, topándose con las dos mujeres, ambas algunos años mayores, observándola expectantes.

No supo qué decir, la conmoción de haber acabado con una persona aún la corroía.

Después de responder al intercomunicador, Miguel preguntó al bajito hombre, que respondía al nombre de Samuel Lemacks, cuántos compañeros tenía. El sujeto se mostraba reacio a cooperar en cualquier forma y no temía enseñar su disgusto respecto al súbito encuentro entre las dos partes.

Otro hombre, este de entrada edad, acompañado por tres personas no tardó en llegar. Inmediatamente apuntó a Miguel, no podía permitirse ser tomado por sorpresa, ya tenía a su espalda a tres individuos desconocidos, y ahora un total de siete más lo escudriniaban con sus miradas.

Pasados unos momentos bajó el arma, a lo que el señor Lemacks casi protesta, sin ambargo el mayor lo serenó con la mirada. Había reconocido el uniforme del individuo de cabello rubio; se trataba de un militar. Es lo sabía él muy bien.

—No tenemos tiempo para presentaciones. Un contingente de caminantes está rodeando el área —explicó sin darle vueltas al asunto.

Miguel sintió un aura familiar al escuchar al sujeto recién llegado, algo en él le cayó inmediatamente bien —Entonces o cooperamos para salir todos de aquí o morimos por nuestra cuenta, ¿verdad?

Reynald sonrió satisfecho, aquel hombre rubio aparentaba ser un rápido entendedor, y uno sensato además. Cualidades que encontro formidables en un militar envuelto en el infierno de muertos vivientes que acontecía.

—¿Con qué contamos? —Preguntó aquel que fungía de líder del otro grupo. Miguel lo guió y mostró todo aquello que habían encontrado, otorgándole carias municiones y explicando que en el depósito al fondo podrían conseguir más. No habían pasado ni cinco minutos desde su encuentro, pero entre ambos hombres ya se había entablado un código de confianza que ninguno de los dos discutió ni puso en tela de juicio.

Javier se mostraba reluctante a la conducta de su líder, no le gustaba para nada el trato que había decidido mostrar a aquellos extraños. Y secretamente el señor Lemacks pensaba lo mismo de su guía.

Mark acompañó al sujeto calvo y moreno que se encomendó buscar más municiones del fondo, no sin advertirle del espanto que encontrarían dentro. Abdou tapó su nariz al abrir la puerta, ciertamente las palabras del joven no habían llegado a alcanzar el grado real que aquella pestilencia desplegaba.

—Escuchen bien. Ahora tenemos municiones y armamento como para salir de esta ciudad, pero eso no significa que vayamos a abrirnos paso a los tiros para salir de aquí. Gasten solo lo necesario y solo si se ven arrinconados.

Varios rostros llevaban colocada una máscara de temor para anda sutil, sobre todo la muchacha que llevaba el nombre de Gladis. Por un momento se había permitido soñar con que una vez rescatados por aquel hombre tras la radio estarían a salvo, pero la situación pintaba lejos de eso. Ahora se hallaba rodeada de hombres y portando una pistola automática, ella que nunca antes había sostenido un arma más mortal que un cuchillo durante sus comidas.

—¿Listos? —Preguntó Reynald, más para hacer sentir a todos que participaban de una operación que para corroborar si realmente lo estaban o no. No había tiempo para dudas, los zombis se congregaban en aquella encrucijada de avenidas y su número no parecía tener la intención de disminuír —¡Vamos!

El grupo completo, doce sobrevivientes en total, salió uno atrás de otro a la calle. El anterior ruido había reunido a suficientes caminantes como para preocuparse por armar o no más escandalo, por lo que la estrategia era valerse de ello para controlar el movimiento. Reynald arrojó una granada de estruendo directamente a la masa de zombis, esta estalló desplegando una luz que cegó a varios de ellos y los dejó aturdidos moviéndose sin rumbo, no que hubiera causado un gran cambio, pero al menos había concentrado su atención en un nuevo punto en la dirección opuesta a la que el grupo se dirigía. Miguel hizo la misma maniobra, atrayendo guiando a más de los cuerpos ambulantes en otra dirección. El plan marchaba a la perfección... hasta que escucharon un disparo a un lado de ellos.

Javier había trastabillado y Abdou y Jasón, los dos más próximos a él, se vieron regresando por él y rodeados por cadáveres andantes que los seguían. No tuvieron otra alternativa más que abrir fuego para evitar que los primeros se les abalanzaran, pero una vez más el potente ruido de los disparos les jugaba en contra: varios otros del montón distraído comenzaban a acercarse nuevamente.

Mark dejó caer una bomba de humo que elevó una cortina con la esperanza de que aquello desorientara a los caminantes, entonces disparó una ráfaga con la metralla que había decidido cargar y llamó a su amigo y al resto. Jasón y Abdou, ambos atléticos y fuertes, se abrieron paso levando a Javier a rastas, el último se levantó y corrió a su lado.

Abrahám se distrajo atendiendo al movimiento del resto del grupo, permitiéndose ser sorprendido por un zombi que lo tomó de los brazos. Gritó desesperado y los dos cayeron al piso.

El plan de escape se había ido al demonio.

Reynald corrió hacia allí, guiado por los chillidos de Gladis, apuntó con suma precisión y voló la cabeza de la criatura que amenazaba al flaco muchacho.

Lo levantó de un tirón —¿¡Te mordió!?

—¿Qué? ¡No! No, no —Repitió Abrahám mientras chequeaba sus brazos y cuerpo.

—¡Apúrense! —Ordenó Miguel desde la delantera. Se encontraba limpiando el camino de los zombis curiosos que regresaban en su dirección. Valiéndose de la potencia de su preciada magnun atravesó el cuerpo de tres de ellos con un tiro.

El resto del grupo pronto se reunió con él —¿Dónde está el muchacho pelirrojo?

—No lo sé, lo perdí de vista cuando fuimos a ayudar a este tipo —explicó Abdou, señalando a Javier, quien no le había revelado su nombre —¿Y dónde está el otro sujeto, Lemacks?

—¡Rayos!

La radio que traía Reynald sonó con una voz que él no reconoció —¿Me escuchan? Dos se separaron, están al otro lado de la calle, no pudieron atravesar.

—¿Vanessa? —Preguntó Miguel, algo sorprendido.

—¿Es de los suyos? —Inquirió el otro líder.

—Estamos en la azotea del edificio en frente de ustedes, Lisa y Carena están conmigo —aclaró tanto para un grupo como para el otro —. Y hay algo más...

Las palabras de la joven incomodaron súbitamente al militar activo.

—Él está de regreso...

Desde la altura de la terraza en que se hallaban, y haciendo uso del teleobjetivo del rifle que Carena guardaba, Vanessa observaba una colosal figura acercándose, la figura de un poderoso ser al que faltaba un ojo.

En el edificio de al lado la puerta de chapa se soltó a un lado cuando un numeroso grupo de cuerpos, liderados por un monstruo pálido y huesudo, irrumpió en el área.

—¡Están aquí! —Chilló Lisa.

Vanessa se volteó a ver a Carena —¿Cómo subiste aquí?

—No encontré muchos caminantes en este edificio...

La muchacha de engro devolvió el rifle a la afligida chica castaña y las tres se dispusieron a abandonar su posición, no sin antes avisar de ello a los hombres abajo. Se reagruparían en la galería debajo de los edificios, así lo explicó Mark, que cuando hubo cruzado por ella, de un camino a otro, había visto la entrada a un subterráneo en el medio.

Los pesados pasos del fornido ser que se acercaba retumbaban cada vez más cerca. El señor Lemacks, que luego de reprochar insistente había conseguido sacarle su nombre al joven pelirrojo, Eugene, aunque prefería simplemente Gene, vislumbró la poderosa silueta acercándose —¿Qué es esa cosa?

Gene no aparentó ninguna conducta temeraria, pues en ese momento estaba tan asustado como el hombre a su lado —No lo sé, pero no querremos encontrárnoslo aquí.

El furioso semblante del Heracles estaba cada vez más cerca.

El intercomunicador de Samuel se activó con la voz de Reynald saliendo por él—Escúchenme bien, una criatura desconocida se acerca por su lado, nos dirigiremos a la galería de la siguiente manzana, el pelirrojo sabe dónde. Miguel y yo los esperaremos de este lado, pero deberán cruzar sin llamar la atención de esa cosa.

—De acuerdo —Sorprendentemente, Gene acató sin chistar. A pesar de aspecto y conducta rebelde, comprendía a la perfección que el orgullo no valía de nada en más de una situación. Cooperaría sin provocar problemas.

Caundo la radio se apagó se dirigió al calvo —Si no es capaz de seguirme el ritmo lo dejaré atrás. No tenga dudas de ello.

El señor Lemacks tragó saliba, estaba solo en esto.

El pelirrojo abandonó el escondite de la entrada de un almacén y corrió hasta detrás de un auto, los zombis plagaban la calle pero por la acera pocos caminaban. Su compañero lo imitó. Ambos estaban impacientes, ansiosos, querían salir de allí cuanto antes.

Antes de separarse, Mark explicó a Miguel y Reynald cómo se había librado del gigante cuando éste se empecinó con los caminantes, llamando la atención del segundo, quien no se había imaginado siquiera la valía de aquel joven.

Una vez se hubieron separado, el militar retirado rio por lo bajo —Tienes suerte de contar con un muchacho como él en tu grupo —Miguel asintió en silencio—. Había un chico parecido con nosotros, pero... olvídalo.

Gene y Samuel aparecieron correindo entre la masa de zombis, el muchacho de cabellos de llama protaba su confiable fierro, ensangrentado, y aporreaba las cabezas de todos los que se acercaban a él, limpiando medianamente el camino. Miguel levantó su revolver, al cual había agregado un silenciador, y acabó con varios de los zombis que se dirigían a los dos hombres.

Los cuatro se reunieron en la esquina, solo debían seguir media cuadra hacia atrás para alcanzar la entrada de la galería. Pero el titán estaba ya a pocos pasos y no tardó en pasar su atención por la zona. De alguna manera, cuando no estaba cegado por un arranque de furia, discriminaba entre vivos y muertos. Y si podía elegir, prefería ayudar a los primeros a convertirse en los segundos.

—¿Qué hacemos ahora? —El señor Lemacks respiraba dificultoso.

Reynald se percató del gesto con que el otro militar observaba al gigante —¿Quieres bajarlo?

—O por lo menos pagarle la deuda que le debo.

Ya dentro de la galería, Mark y los demás acabaron con un par de zombis que se habían introducido, a pesar de que afuera todavía había muchos de ellos, habían conseguido escabullirse hasta allí sin problemas.

—Iré a buscar a mi hermana —Jasón lo detuvo —Ya has hecho suficiente por hoy, descansa un poco. Yo iré.

Carena estaba con las dos mujeres del otro grupo, esa chica era compañera del hombre que los había salvado del helicóptero y Abdou sentía una deuda con él —Te acompañaré —se aseguraría de que la muchacha llegara a salvo al punto de encuentro, era lo menos que podía hacer.

Gladis intentó detenerlo, no se sentía demasaido segura quedándose a solas con aquel muchacho castaño al cual no conocía y ese tipo llamado Javier, y Abrahám no le inspiraba la misma confianza que el moreno. Mas no pudo hacerlo cambiar de parecer. Los dos hombres abandonaron la galería por la misma puerta que hubieron entrado y se dirigieron al edificio de al lado, indicado por las muchachas.

Los que quedaron en el resguardo de los túneles debajo de los edificios caminaron hasta la entrada del subterráneo, estaba terriblemente oscuro pero esta vez contaban con linternas y baterías para sumergirse en él —Esperemos aquí —indicó a los tres acompañantes que tenía. Soltó el equipaje que cargaba y se sentó en el piso de frías baldosas.

Belmondo dejó de lado la pistola con silenciador y tomó un rifle de alta potencia que traía enganchado a su espalda —Esto sí te hará daño.

El simple concepto de una confrontación con aquel férreo ser no atraía a ninguno de ellos en lo absoluto, pero dada su presencia, sabían que no podrían abandonar su refugio sin ser notados.

Apuntó a la cabeza del gigante, lo deribaría de un solo tiro, pero tuvo una mejor idea: no podía estar seguro de que la bala atravesara su cabeza, ya había visto cómo una metralleta no le hacía ni cosquillas, sin embargo le faltaba un ojo, el muchacho había conseguido inflinjirle daño; si apuntaba al otro ojo, sería similar a acabar con él, y sería más seguro. Así que cambió de objetivo. Contuvo el aire y realizó el disparo.

Fue una milésima de segundo, pero el mosntruo pareció percatarse del ataque y giró su rostro en dirección a donde provenía la bala, recibiéndola no en el ojo sino con su entrecejo. El proyectil quedó incrustado en su rostro, pero él no cayó. Tensó sus músculos y soltó un poderoso grito al aire.

—¿Pero qué rayos? ¿¡Cómo es posible!? —Soltó Reynald que no concebía que un ser viviente fuera capaz de soportar un disparo así. Pero claro, ese no era un ser viviente, por lo menos no como los conocían.

Carena iba al medio, con Vanessa por delante y Lisa detrás. Las tres descendían por las escaleras tan rápido como les era posible, entonces un golpe sacudió el edificio. Lisa trastabilló doblándose el tobillo y cayeron, quedando al pie de las escaleras. Detrás, en los pisos de arriba, empezaba a alzarse la sinfonía de muertos que las perseguían.

—¿Qué ha pasado? —Cuestionó la chica castaña —¿Un terremoto?

El temblor hubo despertado a varios cadáveres perezosos que habían optado por mantenerse ocultos en las habitaciones de la edificación, porque sus murmullos pronto inundaron los corredores —¡Estamos rodeadas!

Y así era, un gran número de caminantes se acercaba tras ellas, y ahora en cada piso, quien sabría cuántos otros, se movían más de ellos.

Otra sacudida resquebrajó al edificio y oyeron disparos por debajo, alguien había entrado. En menos de un minuto dos individuos llegaron a ellas —¡Jasón! —Se alegró su novia. Él la abrazó un momento y luego se separaron, no tenían tiempo para introducirse siquiera. Los dos hombres sirvieron de soporte para Lisa, quien a duras penas podía caminar.

—¿Qué está pasando afuera? —Preguntó Vanessa, haciendo alución a los temblores.

Jasón respondió mientras le tendía un arma a la chica —La cosa del parque, lo vimos cuando veníamos hacia aquí. Parecía furioso y saltó contra el edificio.

—¿Este edificio? —Se asustó la mayor de las jóvenes, su novio confirmó su temor con un gesto de la cabeza. Y como si lo hubieran invocado, un poderoso brazo atravesó la escalera, derrumbando gran parte de la misma y causando una lluvia de escombros que golpeó a Jasón.

El Heracles se había colgado del edificio sobre ellos y gritaba completamente encolerizado, Miguel y Reynald se separaron, corriendo cada uno hacia un lado y disparándole con todo lo que tuvieran. Nada parecía afectarlo. El monstruo saltó tras el militar retirado e intentó tomarlo con su gigantezca mano, pero de un salto, y por los pelos, Reynald consiguió evitarlo. Aunque eso no lo salvaba de ningún peligro. El monstruo levantó su pie, dispuesto a aplastarlo con él.

A su espalda recibió una explosión bastante próxima que le impidió pisar donde quería y brindó a Reynals el teimpo necesario apra levantarse y correr. Miguel había calculado el tiempo a la perfección, la granada impactó tal y como lo esperaba, y el daño recibido esta vez era substancial, al menos tenía la carne expuesta. Podía soportar balas, pero el poder expansivo de una granada era otra historia.

Despidió un nuevo ahuyido y emprendió carrera hacia el militar, así como lo había hecho en la plaza con Mark. Miguel tomó otra granada, pero el monstruoso ser estaba ya sobre él. Lo tomó con su brazo y comenzó a apretarlo. Miguel comprendió que auqel ser debía tener cierto grado de conciencia, pues de haber usado toda su fuerza lo hubiera aplastado como a una mosca, sin embargo estaba observándolo, como conociendo a la presa que tenía en sus manos.

De pronto algo pareció molestarle, soltó un gruñido y se dio la vuelta, Gene cayó de espalda al suelo, se había acercado demasaido. El pelirrojo giró sobre sí mismo y gateó por el piso, se incorporó y echó a correr. Cuando el Hércules se disponía a ir tras él, una fiera explosión lo asaltó por detrás, a la altura de la pantorrilla, levantando su pierna y haciéndole perder el equilibrio. Cayó de costado, soltando a Miguel. Éste se reincorporó como pudo y corrió detras de los otros, mientras Reynald hacía uso de un rifle para mantener a raya, u ocupado, al titán que quería levantarse.

Belmondo entendió: Gene había tomado la granada que se le hubo caído a él, y clavando su preciado fierro en la pierna del gigante había conseguido hacerla detonar a una cortísima distancia. No se había equivocado con ese hombre, en el infierno que tenían que cruzar, probaría ser de suma utilidad.

Una vez Miguel lo alcanzó, Reynald lo acompañó en su marcha hacia la galería. Mientras oían tras de ellos un doloroso alarido, mezclado con una cólera indescriptible. El gigante y monstruoso ser intentó levantarse para ir tras ellos, pero el daño había sido demasiado incluso para él, su pierna se dobló y volvió a caer. No lo habían acabado, pero al menos lo habían detenido lo suficiente como para asegurarse el escape.

Una marea de zombis se mostró apareciendo por la esquina de la que ellos hubieron partido, la batalla y las explosiones los habían convocado a un nuevo punto. Así que el titán caído, arrastrándose por la calle, se vio descargando su furia y frustración con los cuerpos que lo envolvían alrededor. Algunos incluso se tomaron la molestia de atacarlo, como un conjunto de hormigas luchando contra un insecto más grande.

Abdou levantó a Jasón, estaba inconciente por el golpe. Y Lisa se hallaba a un lado, los tres en el descanso superior de la escalera. Carena y Vanessa habían caído abajo, y una brecha de por lo menos dos metros los separaban.

Él se encontraba con dos heridos y una bandada de zombis a su espalda. Ellas con un revolver y un rifle, rodeadas de caminantes que abandonaban sus cuartos para darles la bienvenida.

Edit: curioso, inicia la sexta ronda siendo el primer post de la sexta página Very Happy
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por Izanagi el Jue Mayo 30, 2013 7:53 am

Ok, si ezte no es el capitulo con mas accion pega en el palo y entra XD, curiosa interpretacion de mis personajes (es raro verlos sin saber prviamente mr que haran) aunque me huciste a Gladis demasiado damisela en apuros, cuabdo es casi lo contrario jajaja. pero gran capitulo Manto, me dejaste resolver lindo prpblemilla jajaa me tendre que poner a escribir aunque primero viene el turno de Yuske.

Gran capitulo

Saludos Izanagi

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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por MaNtoSastO el Jue Mayo 30, 2013 3:12 pm

Jeje... pues una vez empecé a escribir casi no pude parar.
Con Gladis no estaba seguro de estar empleándola muy bien por lo que no la empleé demasaido. Me pareció que podría reaccionar nerviosamente ante la situacion, dados los elementos con los que contaba sobre ella. Podés valerte de esto para que en algún momento se "quiebre" y diga "ahora van a ver" : agarra un palo y le rope la cabeza a alguien y cambia la personalidad a la correcta xD

Bueno, y ya que estoy hice al fin aquella tabla que propuse una vez. Tengan la libertad de agregar y modificar cada elemento, es para que la trabajemos entre todos. Si luego de una entrega concideran que vale la pena, colóquenla con las modificaciones pertinentes.

St. Christine: Zombie Attack//Tabla de elementos
Spoiler:
Ciudad:
Arrow No hay energía eléctrica.
Arrow Helicóptero estrellado en el centro - vacío
Exclamation Armería cercana al helicóptero estrellado. (actualmente siendo "saqueada")
Arrow Universidad completamente plagada, masacre sucedida allí.
Question Subterráneos: oscuros y misteriosos. Cid Pêmie desapareció por allí.

Movimientos militares:
Arrow Unidad de Francesc (cinco miembros): restaurar la energía (en curso)
Arrow Unidad de Charles Astorga (cinco miembros): encontrar a un científico (en curso)

Criaturas y peligros:
Arrow Zombis/Caminantes: Levantados comunes, buscan carne viva para devorar. No tienen inteligencia y son lentos. Nota importante: responden fuertemente al ruido y en grado menor al movimiento.
Arrow Perros: Al igual que los zombis comunes, los animales se vieron afectados por lo que sea que causó todo. Reaccionan más rápido que los caminantes.
Arrow Smeller/Oledor: Zombi mutado. Más pálido. No tiene nariz, en su lugar lleva dos orificios cubiertos por membranas que vibran mientras percibe olores y se guía por ellos. Sus huesos (generalmente en las extremidades) crecen en forma de espinas, destrozando su cuerpo.
Exclamation Gigante/Hércules: Ser de extrema fortaleza, su cuerpo no está tan deteriorado como el del resto. Miden arriba de los dos metros y medio. Tiene una fuerza y una resistencia sobrehumana, incluso las granadas no lo acaban. Nota importante: no discrimina entre otros zombis y humanos.
Exclamation Elefante mutante: Encontrado por el grupo de Cesc. Tiene los huesos expuestos y está cubierto de ampollas. Una serie de tentáculos con aguijones brotan de su espalda. Nada más se sabe de este ser por el momento. (actualmente enfrentando a la unidad de Cesc)
Exclamation Puma zombi: escapado del zoológico. Su paradero es desconocido, tanto así como el resto de sus datos. En algún punto persiguió a Cid Pêmie.

Personajes desaparecidos:
Arrow Elton: fuera de escena en la iglesia. Situación y paradero desconocidos. Se lo concidera muerto.
Question Cid Pêmie: desaparecido siendo perseguido por un gran número de zombis, entrando al subterráneo. Situación desconocida.
Exclamation Richard: Dejado a su suerte por el resto de su grupo al separarse. Situación y paradero desconocidos.

Datos:
Exclamation La unidad de Charles Astorga caza civiles sobrevivientes.
Exclamation De la boca de Miguel Belmondo: no hay misión de rescate por parte de los militares.
Question Las fuerzas militares parecen estar fragmentadas en dos "bandos" con intereces diferentes.
Question Un grupo mencionó a un hombre violento que los asaltó en la zona céntrica.

En fin, ahora solo resta esperar la próxima emocionante entrega de la mano de Yuske! Very Happy
PD: Estoy sin internet
Eso lo explica todo (Cita a Columbo) Razz Esperemos que lo recuperes pronto!

P.D: ya saben, si me olvidé algo en la lista me lo hacen saber y lo cambio, o la resuben ustedes con lo que deba ir.
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por yuske el Vie Mayo 31, 2013 11:35 pm

Me encanto todo, como bien lo dijo iza, bastante acción, no se que mas podría habersele agregado...quizás ninjas.

La tabla me ha parecido un excelente resumen de las situaciones hasta el momento, aunque quizás pronto haya que modificar algunos detalles y dijo pronto por que no creo poder dormir enseguida luego de leer esto.

Nos leemos pronto. (sobre todo por que ya encontré mis notas de St. Christine Very Happy )




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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por yuske el Miér Jun 05, 2013 2:36 pm

Dejando de lado el doble post, me presento aqui para dejar mi aporte.

Luego de como ya se dijo un gran capitulo cargado de acción pasaremos a un ambienta más tranquilo ¿O no? Algo es seguro, habra que volver a modificar la tabla que tan generosamente elaboró manto.

Heridas:


La oscuridad parecía cernirse sobre él, más el dolor que recorría su cuerpo le impidió caer inconsciente.
Se encontraba aturdido por lo que comenzó a tantear a su alrededor comprobando que se encontraba tumbado sobre el techo de la humvee.

-¿Estáis todos bien?- Pregunto el hombre al mando.

-Acabamos de volcarnos Cesc, ¿Crees que estamos bien?- Contesto Isis- ¡Hey! Más cuidado donde pones la mano, idiota – Añadió para Thiago al sentir su mano apoyarse en su trasero.

-Lo siento- Se disculpo el moreno notablemente aturdido.

-Yo podría decirte lo mismo a ti hermanita- Puntualizo Osiris con un hilo de voz – Te estás apoyando en el “Legado”.

-Ni que fuera la gran cosa, solíamos ducharnos juntos ¿Recuerdas? –Dijo moviéndose.

-Tengo la impresión de que has dicho algo perverso a lo que pudiera sacar provecho para una buen chiste, pero no lo he entendido- Comentó Thiago.

-¿Rubén como te encuentras?- Pregunto Cesc al percatarse que el susodicho era el único que no había hablado- ¿Rubén? – Insistió.

Preocupado, y no sin dificultad alguna, Francesc giro la cabeza hacia donde creía que encontraría al conductor, encontrando al hombre atrapado entre el asiento y el volante en una mala postura y sangrante.

-¡Dioses! Rápido tenemos que ayudarlo- Declaró el líder y se apresuro a salir a rastras del vehículo para hacer algo de espacio.

La rapidez con la que se había movido para salir de la humvee la había mareado tanto que le costó ponerse en pie. Despacio y con mucho cuidado, Cesc se incorporó y al alzar su vista se llevo la gran sorpresa de ver a aquella criatura tumbada apenas escasos metros de ellos.

Cesc le observo con detenimiento, al parecer había caído por la colina al tratar de seguirles mientras ellos rodaban por ella, de forma que termino por estrellarse contra un muro que limitaba una privada residencial, el cual atravesó causándose algún daño en el proceso. La criatura soltó un berrido al ver a Cesc, quien reacciono disparando una oleada de metralla hacia ella, no obstante las balas parecían apenas hacerle rasguños. El mutante trato de extender los tentáculos que surgían de su lomo hacia el militar, más una ráfaga de balas adicional se lo impidió.

Cesc detuvo sus disparos por un instante descubriendo así que Isis disparaba desde el otro lado del vehículo mientras que Thiago y Osiris trataban de liberar a Rubén.

La bestia trato de incorporarse, más al apoyarse en una de sus patas dejo escapar un nuevo berrido, esta vez de dolor, el cual derribó de nuevo a la criatura al suelo. Cesc se sintió ligeramente aliviado en ese momento y tomó conciencia de lo afortunados que eran, si había alguna oportunidad de neutralizar a aquella bestia, esa era.

-¡Granada!- Grito el Líder alertando a sus compañeros y lanzo el explosivo justo debajo de la cabeza de la criatura.

El artefacto exploto golpeando con fuerza la cabeza esquelética de aquella criatura más solo pareció embravecerla más. Una segunda explosión, está provocada por la granada de Isis, le golpeo de nuevo casi al instante aturdiéndolo al punto en el que aquellos tentáculos no parecían responderles.

Ante aquella oportunidad Isis avanzo sin dudarlo hacia la criatura disparando contra ella. Cesc incapaz de impedírselo abrió fuego de cobertura contra los tentáculos que comenzaban a alzarse. La deformada trompa de lo que había sido un elefante se estiro hacia la chica tratando tomarla por una de su piernas, mas esta logro evadirla saltando hacia la enorme cabeza de la bestia sobre la cual cayo, e inmediatamente disparo a quema ropa sobre la nuca de la criatura hasta que esta dejo de chillar y moverse.

La joven dejo escapar un suspiro de alivio por unos segundos al igual que su capitán, no obstante aquella sensación se desvaneció al recordar la situación de Rubén. Ambos corrieron de vuelta a la humvee donde Thiago y Osiris había conseguido liberar a Rubén, más este no parecía estar en condiciones de continuar.

-¿Qué tal esta?- Pregunto Isis.

-Mal- Declaró su hermano- Se ha roto una pierna y creo que algunas costillas.

-Además tiene fragmentos de vidrio incrustados en el rostro.- Agregó Thiago.

-No podemos continuar así, debemos refugiarnos y recuperarnos.- Hablo Cesc.

-No quiero parecer pesimista, pero dudo que Rubén pueda recuperarse. –Se sincero Osiris.

-No lo digo solo por él- Hablo Cesc y se retiro el casco sorprendiendo a todos al dejar al descubierto una herida abierta en la sien, causada por el propio casco- Yo también lo necesito. – Termino y pareció desplomarse inconsciente más Isis le sostuvo.

-Sera mejor que vayamos dentro de la privada y busquemos donde curar nuestras heridas antes de continuar. – Dijo Isis.

-Yo no lo creo- Resonó una voz grave y gruesa detrás de ellos.

Los lobos negros giraron su vista hacia sus espaldas encontrándose con un hombre maduro y regordete, de cabellos grises y un bigote poblado que sostenía un revolver hacia Cesc y que era respaldado por un numeroso grupo de personas igualmente armados.

-Sera mejor que nos entreguen sus armas o le volare la cabeza a este. No bromeo.-

La unidad permaneció inmóvil ante la duda, sin embargo estaban en clara desventaja y la mirada de aquel sujeto indicaba que iba enserio.

Lentamente comenzaron a despojarse de sus armas dejándolas en el suelo, sabiendo que, con Rubén y Cesc herido cualquier movimiento en falso podría ser el malo.

Unos cuantos hombres se acercaron y tomaron las armas apartándolas de ellos.

-Muy bien – Dijo el hombre regordete- Ahora vendrán con nosotros y nos responderán algunas cosas. ¡Muévanse!

-Tendrán que ayudarnos- Dijo Isis- Él no puede moverse, tiene una pierna rota y quizás unas costillas. Necesita una camilla.

El hombre volteo a ver a Rubén y una expresión de fastidio se dibujo en su rostro. De pronto y sin vacilación alguna alzo su arma contra el militar mal herido y la acción tres veces acertándole en la cabeza.

Thiago, Osiris e Isis se quedaron pasmados ante aquel suceso inesperado. Tanta fue la impresión que demoraron un instante en reaccionar.

-¡Eres un maldito hijo de puta! – Bramó Osiris y trató de abalanzarse contra el hombre, mas uno de sus acompañantes lo intercepto con un golpe en el rostro. Thiago trato de intervenir sin embargo el también fue golpeado antes de que pudiera dar siquiera un paso.

-¡Osiris! ¡Thiago!- Grito la chica.

-Suficiente- Intervino de pronto Cesc con un hilo de voz.

-Pero Cesc…- Trató de protestar Thiago más cayó al ver las lagrimas contenidas en la severa expresión de su capitán.

-He dicho suficiente- Reafirmo el líder del escuadrón.- No podíamos hacer nada por él. Rubén era un buen soldado y ha muerto como tal. El sabía que podía pasar, así que será mejor que ustedes lo comprendan por que pudo habernos pasado a cualquiera de nosotros. Y en cuanto a ti- Se dirigió a quien parecía liderar al otro grupo de civiles- Puede que en este momento seamos tus prisioneros, pero te aseguro que no olvidaré esto que has hecho.



El sonido de una gotera hacía eco en la húmeda oscuridad que se extendía por las enormes alcantarillas de la ciudad, bajo sus pies los charcos de agua se tenían de sangre y sustancias viscosa que comenzaban a aglutinarse en los registros despidiendo olores fétidos.

Una serie de gruñidos se escuchaba a lo lejos, pero no se preocupó. Se encontraba solo y no tenía por qué temerles, o mejor dicho, no tenia por que mostrarse temeroso ante ellos.

Continúo su avance hasta llegar a una intersección, el lugar donde la mayoría de los acueductos se unían en un mismo punto. Con cuidado saco del bolsillo de su pantalón una pequeña lámpara redonda de leds que cabía perfectamente en la palma de su mano. Sin importarle que podría atraer la encendió para luego colocársela en la boca, segundos después sustrajo de otro de sus bolsillos un pedazo de papel el cual extendió con ambas manos e iluminándolo con la lámpara lo examino. Por unos instantes bajo el mapa y examino su alrededor para luego volver a poner su mirada en él, verificando el lugar en el que se encontraba. Asintió para sí mismo y segundos después volvió a mirar a su alrededor en busca del camino que debía tomar. No tardo en encontrarlo, sonrió con dificultad y plegó el mapa de nuevo antes de guardárselo en el bolsillo nuevamente y caminar hacia allá. Pasó la lámpara a su mano e ilumino la entrada del lugar antes de dar un paso en ella descubriendo a un hombre en su interior el cual le miro anonadado.

Más lejos de sorprenderse, él le sonrió.
**************

Espero que sea de su agrado, como saben criticas, sugerencias, comentarios, material de curación para Cesc, es bien venido.







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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por MaNtoSastO el Miér Jun 05, 2013 3:20 pm

Shocked No me esperaba que fuera así. Me venía venir la muerte de alguno de ellos pero no de ese modo. Pobre Rubén, me caía bien Sad
No me imagino cómo saldrán de esta los lobos negros, el gordete y los demás civiles querrán sacarles información y por lo visto este líder no dudará en matar a nadie.

Y el final... creo que era Cid, él tenía una misión por su lado o algo. Ahora, ¿quién será el hombre al que fue a buscar?
Este hilo se pone más sombrío, parece que se viene algo importante.

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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por Izanagi el Sáb Jun 08, 2013 11:46 pm

Cid regresa... Me sorprendió que hayas matado a tu primer soldado Yuske aunque sabía que tarde o temprano uno caería no esperaba que fuera en este capítulo, mucho menos de esta forma. Parece que Cesc y cia se enfretarán a un loco bastante peligroso aunque ya deseo ver como Cesc cumple su promesa de no olvidar lo que le hicieron a Ruben.


Tardé en comentar porque prefería hacerlo junto con mi entrega, cerrando de esta manera mi trabajo junto a Manto, espero que les sea la mitad de emocionate que me viene pareciendo las suyas. En serio.

Manto me dio amplias libertades, igualmente espero no haberme pasado de la raya.

Spoiler:
Día 4, 03:13

El ruido del motor atraía a los muertos vivientes como si de una presa se tratara, sin embargo cada vez que uno se acercaba de más, volaban despedazado por el impulso de la 4X4 que él conducía.

Las calles desiertas de personas eran un lujo para una persona como él quien no tenía culpa alguna por pisar a los muertos, la sensación de velocidad sumado al ruido de los huesos destruyéndose le daban un éxtasis tan grande que no le importaba lo riesgoso que esas choques podían resultar.

De repente otro auto apareció en el camino de manera improvista sorprendiéndolo completamente y obligándolo a tener que recurrir al volantazo. La camioneta impactó con la cerca de una casa, sin embargo él no lo supo.

Mientras más de una veintena de zombis se acercaba al lugar del choque, aprovechando la destrucción del impacto para ganar terreno, él permanecía inconsciente dentro del recién accidentado vehículo.

La muerte ya había hecho su cita.

Día 4, 01:12

- ¡¡Jasón!!, ¿qué te pasa?- le preguntó frenética al ver como su novio había quedado inconciente- ¿por qué no se levanta?- recurrió rápidamente a Adbou quien con todas sus fuerzas mantenía el cuerpo del hombre mientras intentaba pensar que hacer para salir de ese predicamento.

- Está inconciente- contestó con sequedad Adbou antes de con esfuerzo alzarlo y cargarlo con su espalda- Tenemos que ir a la galería- agregó antes de calcular si la distancia del salto para agruparse con Carena y Vanessa.

- ¿Pero está bien?- preguntó aun preocupada por el bienestar de su novio, Adbou la miró con seriedad, sin decir una palabra pero con la clara intención de hacerla pensar en la situación que estaban- Ok, tenemos que bajar- aceptó para luego buscar con su vista a ambas jóvenes.


- ¿Disparaste alguna vez?- Vanessa miró con preocupación a Carena, sí le hubieran dejado elegir a alguien para acompañarla a estar rodeado por muertos vivientes con ansias de comer sólo hubiera elegido a Carena sí la única opción era Lisa. La imagen de la niña sollozando sobre haber matado le había bastado para darse cuenta que no volvería a dispararle a nadie más en su vida, aunque eso le costara la muerte.

- No voy a matar a nadie más- le contestó Carena con pánico mientras veía acercarse lentamente a casi una decena de muertos a su alrededor- Lo siento pero no puedo hacerlo- agregó con lágrimas en sus ojos. Vanessa correspondió la mirada y más que otra cosa sintió lástima por la chica y la situación en la que había quedado metida.

Como si ella no estuviera en el mismo lugar…

Carena se aferró al rifle de Elton, como si este fuera una clase de amuleto protector, sin saber bien que hacer, al mismo tiempo Vanessa esperaba que Adbou y Lisa llegaran hasta donde ellas estaban mientras planeaba una manera de escapar.

- No tienes que matarlos- le dijo mientras apretaba su pistola y le apuntaba en la cabeza al primer muerto que llegaba- Sólo retrásalos un poco- le pidió antes de disparar y clavar una bala en el cuello. Aunque en un principio le costó continuar el “levantado” reanudó su marcha dando otra demostración de que no necesitaban respirar para vivir.

Un nuevo disparo salió golpeando esta vez el cráneo del zombi y de esa manera impidiéndole continuar con su patética segunda vida, sin embargo había nueve zombis más que no tenían otra intención mas que comerse a esas chicas.

- Tenemos que escapar- dijo Vanessa antes de disparar nuevamente, volvió a mirar hacia atrás para ver si Adbou y cia los alcanzaría rápido, sin embargo al ver nuevamente la altura entre ambas distancias sabía que no sería un salto fácil- Tenemos que ganar tiempo para que ellos puedan escapar- dijo valientemente antes de que con otro disparo bajar a un nuevo zombi- ¡¡Lisa nos encontraremos en la galería, les limpiaremos el camino!!- gritó antes de largarse a correr a la habitación que acaba de liberar la entrada, Carena no dudó y la siguió cerrando la puerta tras de si.

- Mantén la puerta cerrada, revisaré si no hay ninguno de ellos dentro- le dijo Vanessa a Carena refiriéndose a los levantados que estaban en el pasillo del que habían escapado. Carena asintió mientras ponía el rifle entre el picaporte y la pared, utilizándolo para mediar como cerradura mientras buscaba algo más pesado para trabar la puerta.

Con rapidez estudió el apartamento, tres ambientes: una cocina comedor (donde ellas estaban), una habitación y un baño. Decidió inspeccionar primero el baño debido a que era más pequeño y por ende más fácil de verificar por si se daba el caso de que tuvieran que esconderse rápidamente.

Abrió la puerta con la pistola en su mano, lista para gatillar sin embargo para su alivio nada había allí.

Cuando volvió a la sala anterior vio con gusto que Carena había movido un sillón tras la puerta, e incluso había encontrado una llave de la cerradura. A pesar de que los zombis seguían intentando forzar la entrada podían sentirse tranquilas que no lo harían fácilmente.

- ¿No hay ninguno de ellos?- preguntó Carena nerviosa, Vanessa la miró preocupada, no creía capaz a la joven de poder sobrevivir al viaje a la galería, no dudaba que si seguía con vida no había sido por mérito propio sino más bien gracias a Reynald y cia.

- Déjame revisar la habitación- le respondió con una sonrisa, en otro situación le hubiera molestado una niña de esa manera más aún cuando la veía rezar cada cinco minutos, sin embargo la hostilidad del ambiente lograba sacar la mayor empatía por parte de jóvenes como Carena.

- Voy contigo- le respondió nuevamente con el rifle en su mano, Vanessa se preguntó a si misma porque alguien que no quería matar llevaba esa arma tan pegada a ella; desde que la había encontrado llorando en la azotea no la había visto despegada de ese rifle.

Con brusquedad Carena abrió la puerta mientras se corría permitiendo que Vanessa tuviera un disparo limpio sí algún zombi permanecía allí.

- ¡¡Por dios!!- musitó casi en un susurro Carena al ver la demoniaca escena que trascurría allí dentro.

Día 4, 01:17

Adbou miró a su espalda, los caminantes se acercaban cada vez más, no había tiempo para la duda debían saltar en ese mismo momento.

- Tú primero- le dijo a Lisa mientras se sacaba su cinturón y lo ataba entre su brazo y el de Jason- Salta- su voz era tranquila y seca pero no daba lugar a discusiones, Lisa lo miró con desconfianza sin embargo que él llevara a Jason le hacía ganar unos cuantos puntos de confianza.

- Ok- aceptó antes de por última vez calcular la distancia a saltar, teniendo como última imagen los cadáveres andantes acercándosele en la espalda tomó impulso y saltó.

Con lo justo alcanzó el pasillo sin embargo más milagroso fue que logró contener silencio a pesar de ver como a pocos metros de ella varios zombis intentaban forzar una puerta.

- Ahí dentro debe estar Vanessa- pensó para si, Adbou apareció detrás de ella pocos segundos después, aunque había tenido que cargar a Jason en el salto su gran estado físico le había posibilitado hacerlo con relativa facilidad.

Con un gesto de su mano Adbou le indicó a Lisa que, cuidadosamente, empezaran a rodear a los levantados aprovechando que todos se habían concentrado en donde Vanessa y Carena se habían escondido.

Su objetivo llegar al otro extremo del pasillo donde se encontraban las escaleras principales que se comunicaban con la galería.

Con suma lentitud y cautela Adbou inició la marcha indicando el camino que tenían que tomar, bien pegados a la pared contraria a la habitación de Vanessa y por ende la más lejana a los zombis. Cuando estaban a mitad de camino, es decir a la misma altura que los muertos, la puerta por fin cedió dejando el paso de estos al interior de refugio de Vanessa y Carena.

- ¡Vanessa está allí!- murmuró con pánico Lisa, Adbou agradeció a todas las deidades existentes que los levantados estuvieran demasiado ocupados invadiendo la casa como para escucharla.

- Tenemos que movernos ya, ellas ya habrán escapado- le dijo mientras con esfuerzo aún cargaba a Jason tomó el brazo de la joven y la empezó a empujar a la escalera logrando salir del pasillo sin mayores inconvenientes.

Día 4, 01:29

- ¿Qué hacemos ahora?- preguntó Belmondo a sus dos acompañantes, Reynald y Gene permanecían sentados uno frente a otro como si cada uno estuviera midiendo o evaluando al otro.

- Mark está abajo junto con los otros dos de mi grupo, ellos están a salvo - le respondió Reynald- Lo que esa mierda hizo tuvo que haber repercutido en los que fueron a buscar a Carena, yo creo que tenemos que ir a ver si siguen vivos-.

- ¿Reynald verdad?- Gene fue el que habló llamando la atención de los dos militares- Sí quieres salir allí con todas esas cosas bien por ti, pero yo creo que después de hacer enojar a ese monstruo lo mejor que podemos hacer es irnos lo más lejos de aquí por los túneles de la ciudad.

- No quiero abandonar a Carena, pero no creo que haya sobrevivido- agregó Samuel aún recuperándose del enfrentamiento contra el hércules- Primero deberíamos ver cuantas armas tenemos- propuso.

- Está bien- aceptó Belmondo mientras dejaba el rifle que portaba y la pistola con silenciador, además claro de una granada. Reynald mostró su fusil, el cual estaba cargado al completo con posibilidad de recargarlo en más de una ocasión, sumado a eso llevaba una pistola y su infaltable cuchillo.

Gene no tenía nada más que un palo de metal que había sustituido por el fierro que había perdido en la pelea con el zombi, en cambio Samuel llevaba una escopeta de la cual Reynald dudaba que pudiera usar con demasiada precisión.

- No podemos ir todos- agregó Reynald antes de mirar a Belmondo- Tú y yo iremos a buscarlos, probablemente necesitar…- su voz fue cortada al activarse el intercomunicador, todos (inclusive Gene) miraron esperanzados al comunicador esperando escuchar una voz conocida sin embargo algo totalmente contrario sucedió.

- Liberen la salida de emergencias del edificio contiguo o sus amigas no podrán bajar- una voz totalmente desconocida sonó por el comunicador obligando a los líderes de cada grupo mirarse entre ellos intentando descubrir si se trataba de un conocido de alguno de ellos, al negar tanto Miguel como Reynald entendieron que se trataba de alguien más- Y abran la puerta ya o sino esos tres serán comidos- luego sin más la transmisión se cortó.

- ¿Qué mierda fue eso?- preguntó Samuel colérico- ¿Alguien está jugando con nosotros?- el enfado del hombre era claro, igual no era algo demasiado difícil teniendo en cuenta su personalidad- No vamos a abrir la puerta- aclaró por las dudas algo que para él era un obviedad.

Miguel miró a Reynald, ambos se respetaban lo suficiente como para pedir la opinión del otro antes de actuar, sabían que la supervivencia de cada uno de los grupos dependía de una buena o mala decisión que ellos tuvieran y por eso les alegraba tener a alguien con la misma responsabilidad a su lado.

- Tu mueves chico- le confió Reynald ignorando las palabras de Samuel, Belmondo se paró apurándose hacia la puerta, Gene al darse cuenta que pensaba abrirla tomó su vara listo para atacar por si algo pasaba. En cambio Reynald se acercó a Samuel impidiéndole moverse.

- ¿Qué haces idiota?- preguntó de manera agresiva- No podemos confiar en esta gente- agregó en un susurro, del cual sólo llegaba a los oídos de Reynald- Se quedaran con todas nuestras armas, nos mataran cuando solucionen todo, tú mismo lo dijiste la gente en este tipo de circunstancias hace cualquier cosa por sobrevivir.

- Tengo todo bajo control Lemacks, sí hacen algo que no me gusta se acabo el juego para ellos- le respondió Reynald con el mismo volumen de voz pero con un tono mucho más agresivo- Lo mismo va para ti, la única que considero bajo mi protección es Carena y me aseguraré de sacarla de aquí- le reveló antes de voltear y dirigir su mirada a la puerta.

Samuel asintió un poco golpeado por las palabras de su “compañero de supervivencia”, su relación seguía tensa como desde el comienzo sin embargo sabía que si ambos luchaban en el mismo lado podían superar este desafío.

Belmondo la abrió y como si fuera organizado previamente la imagen de Adbou, cargando a Jason, y Lisa llegaron al pórtico, sorprendidos que les hubieran abierto la puerta sin la necesidad de golpear.

- ¿Qué le pasó?- preguntó Belmondo refiriéndose a Jason, al ver que respiraba y que no tenía manchas de sangre en su ropa se tranquilizó sabiendo que no se convertiría en uno de ellos.

- Está inconsciente pero se recuperará- le indicó Adbou- ella también está herida- dijo refiriéndose a Lisa.

- ¿Dónde está Carena?- preguntó Reynald impaciente al no ver a la joven, Lisa lo miró sorprendido, luego giró su cabeza en todas las direcciones esperando encontrar a Vanessa entre ellos.

- ¿No han vuelto aún?- preguntó Lisa preocupada- Ellas cayeron antes que nosotros y llamaron la atención de los muertos- explicó rápidamente- Pensé que escaparían por la escalera de emergencias.

La última frase fue clave para los cuatro que habían escuchado la extraña voz en el walkie-talkie, entendiendo que debían hacer.

- Belmondo nos vamos- le dijo Reynald, Miguel asintió sin dudar debían rescatar a ambas jóvenes, no podía perder a nadie más ese día, el asesinato de la chica por sus compañeros aún hacía carga en su conciencia y sabía que nunca se iría de allí completamente.

- Gene, ¿puedes?- preguntó sin preguntar, el pelirrojo aceptó con su cabeza de mala gana, se quedaría en la puerta esperando que ellos aparecieran y nada más, no quería arriesgar su vida nuevamente después de lo del hércules. Samuel miró serio a Reynald y sin dudarlo le acercó su escopeta, este la aceptó con solemnidad.

- Los espero abajo- indicó.

- Voy con ustedes- agregó Adbou, Belmondo y Reynald se miraron al ver que ninguno de los dos tenía un problema con eso, más bien todo lo contrario aceptaron con gusto.

- Vamos- finalizó Miguel mientras abría nuevamente la puerta de la galería en dirección a la bajada de las escaleras de emergencia.

Día 4, 01:28

Frente a ellas se aparecía una imagen de lo más terrorífica, escrito con lo que parecía ser sangre las palabras “Muerte es vida” “Los impuros no se levantarán de sus tumbas” o “Dios se encarga de los puristas” se repetían una y otra vez en las paredes de la habitación. A su vez sobre la cama reposaban decenas de partes de cuerpos cercenados, para finalmente haber tres cráneos (aún con vida) colgados con hilos desde el techo.

- ¿Qué mierda es esto?- preguntó Vanesa incrédula del espectáculo que allí había, Carena no pudo evitarlo y vomitó: un poco por el repelente olor que de allí emanaba y otro poco por la impresión provocada.

Los gruñidos de los cráneos hambrientos de carne humana empezaron a molestar a Vanessa hasta el punto de que querer dispararles para callarlos, sin embargo las balas que tenían eran escasas y ya había notado que cualquier sonido atraía más y más zombis.

Un ruido proveniente de la puerta de entrada hizo notar a ambas jóvenes que no pasaría demasiado tiempo antes de que esta cayera ante la presión de los muertos vivientes.

- Detrás de esa ventana está la salida de emergencias- le dijo Vanessa con la mayor empatía posible, le costaba tratar así a la chica sin embargo entendía que era el único modo de tratarla- ¿Crees que puedas entrar a la habitación?- le preguntó.

- Eso creo- murmuró mientras se limpiaba su boca con la manga de su campera- Si- afirmó luego, Vanessa asintió y quiso adelantarse sin embargo Carena la anticipó y con un gesto de su mano la detuvo- ¿Oíste eso? – preguntó.

De un momento a otro un hombre se abalanzó contra Vanessa desde el lado ciego de la habitación, intentando quitarle la pistola de su mano. Lo inesperado que había sido para las jóvenes el ataque fue tanto que este había logrado la pistola a Vanessa. Carena no supo como reaccionar ya que entre la pelea el extraño la había empujado tirándola al suelo.

- Maldita perra, me mordiste- la mano del hombre sangraba, entre los forcejeos por la pistola Vanessa había logrado herírsela, sin embargo la situación no era favorable para ella ya que ahora era ese hombre quien tenía el arma- ¡Vas a pagarme esto!- le amenazó.

- Quédate quieto por favor- la voz temblorosa de Carena sonó en la espalda del hombre que quedó tieso al sentir el frío del acero del rifle de Elton- Suelta el ar… suelta el arma y no te pasará nada- dijo con poco convencimiento, Vanessa seguía estática aún apuntada por la pistola del hombre.

El temor en la voz de la joven no era lo más amenazante del mundo e incluso para el hombre, que tenía el cañón del rifle pegado a su cuerpo, parecía ser una amenaza sin fundamento.

- No me dispararás niña- le dijo con sorna, mientras aún apuntaba a Vanessa con su propia arma. Esta maldijo por dentro, ya había visto como le había afectado a la chica haber matado a un levantado y era imposible pensar que siquiera pudiera amenazar realmente al hombre.

- Si se mueve lo haré- dijo aún menos convencida que antes. Las lágrimas empezaron a inundar los ojos de la joven, además sus palabras salían en forma de tartamudeo- Sólo baje el arma y nos iremos de aquí, no queremos problemas- agregó.

- No vas a disparar- dijo en un tono más provocativo que hizo saltar a Carena del susto, los rechines de la puerta a punto de caer aumentaron la tensión de la habitación, pronto los muertos entrarían, tenían que salir de la habitación ya mismo.

- Si lo haré- repitió Carena cerrando sus ojos- ¡¡Baje el arma!!- le gritó.

Ignorando las amenazas el hombre puso su dedo en el gatillo y se preparó para disparar.

- ¡¡Vivir es pecado!!- gritó maniático.

El ruido del disparo fue silenciado por el abrir de la puerta, los zombis ingresaron a la habitación, sin embargo para los tres vivos eso no era importante.

Vanessa aún temblaba, asustada. A su lado la bala había impactado contra el suelo, sólo desviada gracias a que el extraño se había movido justo en el momento del disparo.

De los ojos de Carena ya no caían lágrimas, estos estaban exorbitados impactados por lo que había pasado allí. Su gesto estaba seco, como si no entendiera lo que allí había pasado.

El hombre miró a Vanessa por última vez antes de caer, victima del disparo que Carena le había dado un segundo antes que este disparara, salvando de esa manera la vida de Vanessa.

Los muertos pasaron el sillón que había servido de traba, sirviendo como recordatorio para la chica que tenían que salir de allí. Obligando a su todavía aterrorizado cuerpo a moverse tomó a Carena y la empujó dentro de la habitación, para luego cerrar la puerta con ella dentro.

- ¡¡Reacciona Carena!!- le gritó con agresividad mientras la movía con ímpetu de un lado a otro. La joven alcanzó a ver a los ojos de Vanessa y pareció reaccionar un poco- No pienses en nada de lo que pasó, tenemos que salir de aquí- le ordenó- ¿Me entiendes?- con agresividad le sacó un asentimiento con su cabeza- Y gracias- le indicó antes de abrir la ventana que estaba al lado de la cama y que conducía a las escaleras de emergencia- ¡Nos vamos!- gritó antes de salir, acompañada por una ausente Carena.

Día 4, 01:36

- ¿Cuántos son?- preguntó Reynald, Belmondo levantó su cabeza del escondite y miró la multitud de zombis que allí había, por lo menos cien de ellos permanecían agrupados en la zona, justo debajo de la escalera de emergencia de donde Vanessa y Carena planeaba escapar.

- más de un centenar- le respondió Belmondo con seriedad- el enfrentamiento contra esa cosa los debe haber atraído- opinó mientras pensaba una estratagema de cómo liberar el lugar.

- ¿Cómo lo hacemos?- preguntó Reynald al ver que el joven tenía una idea, Abdou miraba a los dos soldados más atrasado, se había dado cuenta que entre ellos había una especie de conexión que podría dar sus frutos.

Miguel sacó su última granada, mostrándoselas a sus compañeros- Adbou, tú tiene que llevarla al lugar más alejado posible y hacerla detonar, el ruido llamará la atención de la mayoría sacándolos de aquí y liberando el camino- explicó.

- ¿Por qué tiene que hacerlo él?- preguntó Reynald curioso de que Adbou fuera el elegido de Belmondo para mover a los muertos.

- Porque no todos se irán y nosotros somos los que mejores disparamos- le explicó- Adbou puede lanzar la granda e irse a la galería, nosotros terminamos con lo que se quedaron, buscamos a las chicas y nos vamos antes de que el sonido de la granada atraiga a más- Reynald sonrió ante la idea del joven, mientras que Adbou como respuesta tomó la granada y luego de saludar con su cabeza se fue de allí.

- No es un hombre de muchas palabras eh- dijo Reynald a modo de broma, Belmondo asintió- Entonces, ¿qué te hizo convertirte en soldado?- preguntó con despreocupación, con la simple de intención de pasar el tiempo. A Miguel le pareció un poco rara la pregunta pero no se le había pasado por alto que Reynald tenía conocimientos militares, por ende tal vez sólo quería buscar un tema común entre ambos.

- Mi padre lo era- respondió Miguel automáticamente- bah eso creo, nunca lo conocí realmente, se fue a la guerra cuando mi madre quedó embarazada pero cuando la guerra terminó y él volvió ya no la quería y nos abandonó- le respondió un poco extrañado de haber revelado tanto- ¿Tú desde cuando no eres militar?- preguntó.

- Lo dejé hace diez años aproximadamente- respondió con sequedad- No era el soldadito más obediente del mundo y eso no está bien visto- Reynald jugaba a apuntar desde lejos con su fusil, como si no importara demasiado la charla, sin embargo volvió a preguntar- es raro que quieras hacer lo mismo que tu padre si este te abandonó- opinó.

- Quería buscarlo y preguntarle porque había hecho lo que hizo- le respondió- pero nunca pude, lo único que descubrí que tuvo otra familia pero que también se fue de allí, así que no quise conocerlos, no es bueno revivir esos traumas familiares- Reynald asintió con su cabeza- Jack, Jack Belmondo es su nombre- agregó al pasar- ¿Lo conoces?- preguntó.

- Para nada- respondió Reynald- pero parece un cretino- opinó, Miguel rió y asintió con su cabeza.
- Entonces Reynald, ¿cuál es tu nombre?- el retirado militar lo miró confuso- Vamos, no conozco a nadie que se llame así, es claro que es un nombre falso- reintentó.

- Nadie me ha llamado por mi nombre desde que dejé el ejército y planeo que siga así- le respondió con una sonrisa, la cual fue seguida por la explosión que Adbou debía hacer- Bingo- murmuró mientras veía como la maza de zombis se iba, quedando algo así como veinte de ellos, Miguel propuso esperar unos minutos para asegurarse que se hubieran alejado lo suficiente.

Cuando terminó la espera, ambos militares salieron de su escondite. La escopeta de Reynald se llevó a 8 muertos, uno su cuchillo. Belmondo sólo necesitó de su rifle para acabar con los restantes.

- ¿Subimos?- preguntó Miguel, Reynald negó con su cabeza con una sonrisa mientras señalaba a la escalera, de ella Vanessa y Carena bajaban con velocidad aún impresionadas por el reciente incidente.

- Bien hecho- se limitó a decir Vanessa ante la “limpieza” de la que se habían encargado, Miguel las miró a ambas asegurándose que estuvieran bien y aunque le sorprendió un poco el gesto de Carena al no conocerla lo tomó como algo normal, a diferencia de Reynald que supo que algo había pasado de inmediato.

- Será mejor que volvamos a la galería a reunirnos con los otros- opinó Belmondo a lo que todos coincidieron.

Día 4, 02:06

Con disimulo Mark suspiró aliviado al ver entrar a Vanessa sana y salva, desde que se había enterado que ella y Carena seguían fuera había querido salir a buscarlas y sólo ante la gran insistencia de Lisa había cedido en dejar que Miguel y Reynald se encargaran del asunto, permaneciendo en la conexión de las galerías con las alcantarillas.

Allí ya todos los esperaban, inclusive Adbou, para planear el siguiente movimiento de ambos grupos.

- ¿Qué le pasa a la chica?- preguntó Gladis al ver el rostro pálido de Carena, Adbou no contestó sin embargo la culpa por haberlas abandonado tanto a ella como a Vanessa a su suerte aún le carcomía, más aún cuando se enteró que había sido la misma Carena la que había convencido a Reynald y Samuel de ir a rescatarlos.

- ¿Qué es lo que haremos ahora?- preguntó Abraham con temor a sus dos compañeros, habían sido rescatados por Reynald y cia sin embargo nunca habían pensado que pasaría luego de eso, más bien hasta que el mismo Reynald apareció frente al helicóptero nunca habían creído realmente que alguien respondería a su llamado.

- Ellos lo decidirán- contestó Gladis señalando a la pequeña cumbre que se estaba dando entre Samuel, Reynald, Belmondo y Mark.

- No nos iremos de aquí- dijo con seguridad Reynald, Samuel extrañamente aceptó la idea de su compañero- ya hemos visto que salir por las calles es muy peligroso y a pesar de que nos recargamos de municiones no creo que podamos llegar a las afueras- explicó- Y no se si cuando lleguemos allí seremos bien recibidos…- agregó al pasar, Mark no dijo nada pero pensó en el ataque de los militares contra ellos y como Belmondo había prometido revelar todo lo que sabía apenas tuviera la ocasión.

- ¿Ustedes que harán?- preguntó Samuel, ya había empezado a confiar en los otros, como también había notado lo útiles que podían ser personas como Miguel, Mark o el mismo Gene.

Mark y Miguel se miraron, Jason seguía herido, Lisa y Vanessa no estaban en las mejores condiciones tampoco y además aún estaban los soldados cazando civiles por la ciudad, la situación para ellos no era nada favorable.

- Creo que nos abasteceremos un poco antes de intentar salir de esta ciudad- le respondió Miguel, Reynald asintió aunque esas personas le agradaban entre todos formaban un grupo demasiado grande como para pasar desapercibidos por la ciudad, y llamar la atención no era buena idea teniendo en cuenta los otros sobrevivientes y los muertos vivientes.

- Toma esto- le tendió Reynald uno de los walkie-talkie a Mark, este lo tomó agradecido- Dígannos si lograron salir de la ciudad- le pidió.

- Hecho-

Día 4, 03:11

El olor del alcantarillado inundó rápido sus sentidos, Adbou guiaba a ambos grupos por donde tenían que ir, al parecer él había trabajado mucho tiempo por allí lo que había logrado que tenga un gran conocimiento sobre el mundo subterráneo. Gracias a un mapa que Abraham había encontrado Miguel había podido indicarle a Adbou donde quería salir a la superficie.

- ¿El hospital?- preguntó Reynald ante el pedido de Belmondo.

- Vanessa terminó cortada mientras escapaba, no quiso hablar mucho del tema pero creo que necesitaremos antibióticos para curar la herida- le había explicado Miguel.

Mientras que el grupo liderado por Reynald y Samuel habían elegido el punto más cercano a la casa del militar, donde Selena aún los esperaba.

- No entiendo porque lo haces, pero si esa es tu decisión está bien- las palabras de Gladis llamaron la atención de Adbou al ver que con quien su compañera hablaba era Abraham.

- Quiero salir de aquí lo más pronto posible- respondió Abraham, este había decidido irse con el grupo de Miguel quien parecía más dispuesto que Reynald a abandonar la ciudad- Espero que nos volvamos a ver- agregó con sinceridad.

- A pesar de que eres un cobarde de primera tú fuiste quien hizo funcionar esa radio que terminó salvándonos la vida- le respondió Gladis con una ligera sonrisa- espero que podamos reencontrarnos fuera de esto- deseó también.

- Es aquí- dijo Adbou después de un rato de caminar, a su lado una escalera se elevaba en dirección a la superficie- Si suben por allí quedarán dentro del hospital- afirmó con seguridad.

- Entonces nos despedimos- murmuró Belmondo mientras le tendía la mano a Reynald, este la miró por unos segundos para luego tomarla con la suya- Suerte Reynald- le deseó.

- Suerte para ti también- respondió Reynald con serenidad- y un consejo, sí sales vivo de esto conoce a tu hermana, no puedes perderte eso sólo por un fantasma del pasado- Miguel lo miró con seguridad y asintió con su cabeza luego empezó a subir por la escalera. Cada uno de los integrantes de ambos grupos se saludaron con énfasis, no sabían cuando volverían a encontrar gente de ese tipo en la miseria que vivían.

Vanessa miró a Carena, esta seguía pálida y seca, negó con su cabeza no sólo le debía la vida a esa chica sino que además le debía la poca luz que le quedaba. Le sonrió sin embargo Carena no reaccionaba más que con monosílabos y fríos saludos.

Mark se encargó de saludar a todos, Gene ni se molestó. Jason con esfuerzo se aseguró de agradecerle nuevamente a Adbou por haberlo sacado a él y a Lisa de allí. Mientras que Abraham se despidió con tristeza de Gladis y Adbou.

Pronto quedaron solos los cinco. Sin palabra mediante siguieron su camino cada uno envuelto en sus propios pensamientos.

Día 4, 06:12

Ya empezaba a amanecer cuando el rezagado de Reynald miró el walkie-talkie por última vez mientras pensaba en Belmondo, una sonrisa cruzó su rostro mientras inevitablemente sacó una vieja foto de su billetera. En ella estaba la foto de una pequeña chica, de no más de cinco años de edad en un parque. Con tristeza dio vuelta la foto descubriendo el escrito a mano de una persona.

“Jack, esta es tu hija, tiene tu apellido: Carena Belmondo”

Su mirada volvió a la adolescente que caminaba sin vida unos metros adelante y pensó en todos los giros que el destino había dado en las últimas horas.

- ¡¡Mierda!!- el insulto de Samuel obligó a quitar su atención de la foto, guardándola inconcientemente. Su mirada quedó paralizada al ver como una camioneta había rota la cerca de su casa y como esta estaba infestaba de “levantados”- ¡¡Selena!!- gritó Samuel antes de lanzarse ante la casa, listo para actuar…

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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por MaNtoSastO el Dom Jun 09, 2013 3:16 am

Estuvo exelente, Iza. Presentaste mucho material para trabajar sobre los personajes, su desarrollo es muy bueno y la revelación del final... uf! Increíble.
Realmente siento que las palabras me quedan cortas.
El hombre del comienzo habre muchas pregutas: ¿Es un nuevo personaje? ¿Será Richard? ¿Esa tonta esperanza en lo profundo de mi alma dice que podría ser Elton? ¿Tiene relación con quien sea que se comunicó por el walkie?
Algo sombrío me dice que no encontrarán a Selena en la casa, pero también cabe la posibilidad de que se halle con quien sea que chocó, resistiendo.

Supongo que me toca de nuevo, esta ronda fue más rápida de lo que esperaba xD
Saludos!

P.D: espero que Carena logre recomponerse, aunque sé que le costará y probablemente no vuelva a ser la misma por mucho tiempo.
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por yuske el Dom Jun 09, 2013 4:39 pm

chicos, estoy impactado, de verdad que estoy impactado.

No me esperaba ese cierre Reynald el padre de carena y de ¡miguel!

La verdad que no se que pensar.

Ahora quien se comunico por el walkie... yo apostaría que se trata de un nuevo personaje. Creo que si hubiera sido elton, samuel o reynald hubieran reconocido la voz. En cuanto al hombre del inicio. me suena mas a richard o algun nuevo personaje, pero definitivamente no a elton. Aunque también pudiera ser que solo sea algun personaje de relleno para despistarnos, pero me parece que las posibilidades son mínimas.




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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por MaNtoSastO el Lun Jun 10, 2013 3:31 am

Sé que no se trata de Elton, pero déjame tener mi ilusión, Yuske! xD
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por MaNtoSastO el Lun Jul 01, 2013 2:50 pm

Postearon sus hilos demasiado rápido y no me dieron tiempo ni de respirar xD
Pero aquí traigo la entrega que inicia la séptima ronda!

En esta entrega me decidí por adoptar el mecanismo de tiempo que emplea Iza, marcando horas más certeras, pues luego de las últimas entregas, creo que ya no pasó todo como "una entrega = un día". Así que veo adecuado manejarlo por horarios y así avanzar todos en un margen similar, sabiendo qué está pasando en cada hilo en qué momentos, por si queremos hacer referencias o lo que fuese.


Respiro:

Día 4 – 4:22 a.m.


Abraham caminaba por un pasillo, se detuvo antes de dar la vuelta en la esquina y al hacerlo un contingente de caminantes brincó sobre él, devorándolo en el acto.


—Espabílate, muchacho —lo llamó Miguel, extrayéndolo de su sueño matutino. Debía dejar de hacer eso: jugar con su mente y perderse en ella cuando le habían dado la tarea de vigilar la entrada al lobby del hospital en el que se habían acentado.


Hacían algunos minutos desde que hubieron llegado en busca de provisiones y descanso, el día anterior había sido de lo más agotador y todos concordaron en que lo mejor sería aguardar en un lugar durante el próximo. Tenían heridos y no se hallaban en condiciones de continuar. La idea de reparar en un sitio no fue muy atractiva para el nuevo integrante del grupo que había deseado seguir con ellos para salir cuanto antes de la ciudad, como así tampoco había sido la primera opción de Javier de Escalada, pero ambos comprendían que era mejor así.


Al entrar en el vestíbulo del hospital se encontraron con la grata sorpresa de la ausencia de cuerpos, tanto muertos como ambulantes. Ni siquiera el aroma en el ambiente comprendía aquellos odores que tantas otras zonas de la ciudad despedían.


No obstante no podían bajar la guardia confiando en que todo estuviera bien, por lo que se habían dividido en dos grupos: uno esperaría en el lobby mientras el resto inspeccionaba las distintas secciones del hospital.


Jasón, Miguel y Lisa no se encontraban en la mejor de las condiciones, por lo que (incluso cuando el militar se negó) fueron dispuestos a descansar en la zona segura, mientras Javier y Abraham hacían la guardia. Este último había tenido un ligero impulso de acompañar al resto en su inspección (de cierta forma también quería contribuír) pero cada vez que imaginaba su situación investigando habitaciones y corredores, la escena terminaba con él siendo devorado por muertos vivientes. Prefería evitar esa posibilidad tanto como pudiera, aunque en el fondo había comenzado a admirar al más joven del grupo: ese muchacho castaño llamado Mark. A pesar de no ser el más duro o fuerte, demostraba un buen poder de decición y en el poco tiempo que lo conocía, siempre había enseñado una tendencia a poner al grupo y a los demás por sobre sí mismo.

Y eso lo había visto claramente cuando hubieron llegado al hospital. En un principio la propuesta de Mark había sido que todos esperaran en un lugar mientras él se aseguraba de que el resto del establecimiento fuera seguro. Pero para su sorpresa Gene decidió acompañarlo, no parecía una persona que disfrutase de quedarse quieto, por lo que en cierto grado le pareció comprensible. No obstante no esperaba que la segunda muchacha del grupo quisiera sumarse al movimiento de inspección. Vanessa no dio lugar a réplicas cuando obstinadamente acompañó a los dos jóvenes que abandonaban el lobby, sin importarle los reproches de Miguel sobre sus cortes.

Día 4 – 4:36 a.m.


Avanzaban en silencio, con cautela y siempre espectantes a encontrar lo peor. No obstante el nuevo día los recibía con una extraña amabilidad que hubo estado ausente desde que todo se iniciara: solo habían encontrado a algún que otro caminante deambulando por los pasillos, los cuales vieron su fin en forma de palos despedazando sus cabezas. Ninguno de los tres se había comunicado con los otros con más que gruñidos o monosílabos, y sin embargo habían adoptado una especie de táctica de exploración, donde siempre buscaban separados pero sin perderse de vista los unos a los otros y con rápidas respuestas al llamado de alguno.


La planta baja estaba limpia, se disponían a continuar con el piso superior cuando algo los detuvo: una escalera descendía a lo que parecía un sótano, pero su entrada se hallaba sellada por una férrea cortina de acero; y el mismo tipo de sellado separaba el segundo anexo del hospital, aquel al que no habían podido ingresar cuando llegaron (por lo que rodearon el edificio hasta el vestíbulo donde los otros cinco aguardaban).


Esa separación estableció un aire de incomodidad. Algo debía haber allí atrás: había sido una medida de protección tomada por algunos supervivientes, o un modo de sellar un peligro. Y por alguna razón la segunda idea se tornaba más plausible para los tres jóvenes.


Sin mucho más que poder hacer aparte de mirar esas láminas metálicas, continuaron su camino hacia las escaleras.


Vanessa, que caminaba en medio de la fila de tres, paró el paso —Gene, avísale al resto que la planta baja es segura. Llévalos a la cafetería que vimos antes y comiencen a buscar provisiones —comunicó casi en una orden al pelirrojo que iba en la retaguardia, el cual primero miró con desgano, sin embargo, no sin sorprender un poco a los dos más jóvenes que él, accedió a hacerlo.

Gene se marchó de regreso. Era un sujeto extraño e impredecible: a veces se mostraba rebelde y conflictivo, mas no faltaban los momentos en los que cooperara sin mayores problemas.


Mark miró al hombre irse. Vanessa y él continuarían solos... la idea golpeó su cabeza como una maza de metal. Se giró rápido y casi tropieza al dar el primer paso; se sintió torpe y se le enrojecieron las orejas. ¿Por qué le pasaba eso? Estaba en una ciudad infestada por criaturas muertas que devoraban a los vivos, atrapado con un grupo de practicamente completos extraños, intentando sobrevivir y enfrentando lo desconocido. ¿Por qué demonios esa muchacha aparecía en su cabeza una y otra vez? No era el momento para esas cosas, y se lo repetía una y otra vez. ¿Pero por qué había dicho a Gene que se marchara? ¿Acaso buscaba estar a solas con él?


—Vamos —lo apuró ella, cuando el castaño clavó sus pies al final de la escalera, y pasó a su lado para tomar la delantera e integrarse en un corredor que contaba con varias puertas a los lados: seguramente consultorios.


Vanessa había cambiado, o por lo menos esa impresión recibió Mark mientras observaba su espalda recorrer el pasillo de puerta en puerta. Después de lo que hubiera vivido al lado de aquella otra chica, Carena, parecía algo más dispuesta a abrirse al resto. Aunque todavía lo disimulaba con bastante vehemencia.



Gene llegó por el mismo corredor por el que los tres exploradores hubieron partido en un principio, comunicando las buenas noticias a los demás. Miguel se levantó del sillón de espera en el que se encontraba y pasó a explicar cómo proseguirían:


—Gene, llévate a Javier y al muchacho —hizo referencia a Abraham— y busquen provisiones en esa cafetería. Yo llevaré a Jasón y a Lisa cerca de la escalera. Si todo marcha bien, podremos pasar la mañana en la segunda planta hasta que decidamos qué hacer.


El grupo se mostró positivo y los seis se separaron acorde a las tareas dispuestas por el militar.


Día 4 – 4:52 a.m.


Gene guió a los dos hombres hasta la cafetería del hospital. Era un espacio bastante amplio, con mesas y sillas desparramadas de forma esporádica, contando historias de un apresurado y brusco movimiento en el lugar, aunque la falta de cuerpos sugería que los muertos vivientes no habían interpretado ningún papel en él.


Abraham abrió una alacena detrás de la cocina y de pronto se sintió bien consigo mismo, allí habían enlatados en abundancia, y era él quien los había encontrado. Quería ser útil e inetgrarse al grupo cuanto antes, y en ese momento lo estaba logrando. Se levantó y llamó a los otros dos hombres que acudieron a su grito.


—Perfecto —Javier esbozó una sonrisa y tomó una de las latas: guisantes.


—Necesitamos algo más grande —Gene señaló a las mochilas que traían— para llevarnos todo esto.


De pronto una sombra se dibujó tras las bajas percianas de las ventanas, enseñando un movimiento errático y lento que se recortaba de la ténue y pálida luz de la madrugada. Los tres hombres pararon los ojos en ella y finalmente Gene se acercó y corrió la perciana para observar.


—Un caminante... —el pelirrojo sonrió de medio lado— Tú —se dirigió a Abraham—, es todo tuyo —y le arrojó la pata de una mesa que se hallaba rota en el piso, la cual rebotó en las manos de su destinatario, cayendo al piso y retumbando con un eco agudo.


Día 4 – 4:49 a.m.


Avanzaba por delante, algo despreocupado pero manteniendo su condición de líder. Jasón iba detrás, llevando a Lisa de modo que no tuviera que hacer mucho esfuerzo al caminar, puesto que su tobillo empeoraba con el tiempo.


Legaron hasta las escaleras y entraron en una habitación cercana donde se asentaron. Lisa chillaba cada vez que apoyaba el pie, el dolor iba en aumento y tanto Miguel como Jasón sabían que debían tratarla pronto, no podrían continuar con una persona herida de ese modo.


El militar tomó el intercomunicador que Reynald le hubo entregado a Mark y soltó un disimulado suspiro. Algo en su interior había cambiado. Tenía la fija idea de buscar más sobrevivientes y sacar a tantas personas como pudiera de la condenada ciudad, incluso si su vida dependiera de ello. Pero ahora la posibilidad de escapar tan rápido como pudieran comenzaba a pesar de igual manera. No ponía su vida por delante de la de nadie en el grupo, pero de cierto modo ya no le parecía tan prescindible; su vida le era tan importante como la de las personas a las que quería salvar y ello le carcomía en el interior. ¿Sería apto para guiar a todos ellos si no estaba dispuesto a dar la vida en algún momento? Creía que el sacrificio era una cualidad necesaria para liderar, y en ese sentido Mark probaba ser más apto que él mismo. Pero, ¿por qué de súbito su vida era tan importante? Las palabras de Reynald golpearon en su cabeza, retumbando como el disparo de un cañón: sí sales vivo de esto conoce a tu hermana, no puedes perderte eso sólo por un fantasma del pasado. Antes de que se diera cuenta había pasado a tener una verdadera razón para salir vivo de allí, un motivo por el que luchar para escapar de St. Christine. Ya no podía dejar su vida a un lado como lo hubiera hecho en un principio. Por mucho que quisiese, no confiaba en sí mismo como líder.


—¡Miguel! —Jasón lo sacó de sus cabilaciones —El walkie-talkie —señaló al objeto que emitía una peculiar estática que se apagó al cabo de unos segundos.


—¿Crees que alguien esté tratando de comunicarse? —Preguntó el morocho.


—No necesariamente con nosotros, pero sí. Y para haber sido captada por este pequeño —palmeó el aparatillo—, tiene que tratarse de una comunicación bastante especial... —hizo una pausa que Jasón no se atrevió a romper— una comunicación militar.


Día 4 – 5:01 a.m.


Mark se asomó en el último cuarto y comprobó que no hubiera nadie dentro. Y así fue. Salió de él confirmando que habían explorado todo cuanto había para investigar y el resultado había sido de lo más favorable: ya no había zombis en el hospital. O por lo menos no en la zona que les tocaba ocupar. Giró sobre sí mismo y miró con recelo la perciana metálica que dividía el pasillo del segundo piso, separando los anexos del hospital. No le gustaba para nada que esto fuera así, había albergado la esperanza de encontrar una forma de pasar al otro lado por el piso superior, y así descubrir que la barrera no era nada especial. Pero no lo había conseguido. Esa sombra amenazante seguía acompañándolos tras el muro de acero.


Vanessa dio media vuelta y se dispuso a regresar con el resto, una vez más dándole la espalda al castaño quien la observó en silencio. Era una chica extraña, debajo de la chaqueta llevaba varias magulladuras y algunos cortes, mas no se había quejado en ningún momento. La comparó con su hermana, sintiendo un amargo gusto al descubrir el mundo de diferencia entre las dos y descubriéndose favoreciendo a la practicamente desconocida. Así es, eran desconocidos: extraños que corrieron con una suerte similar y que por capricho del destino, si es que algo así existía, habían cruzado sus caminos; pero extraños al fin y al cabo.


No obstante, eso no tenía por qué ser así.


Mark apresuró el paso y caminó al lado de ella, moviendo la cabeza lo justo para observarla de reojo ocacionalmente. Ella iba en un silencio sepulcral.


—Vanessa... —la muchacha no se inmutó, continuó con su vista al frente —Entiendo lo que me dijiste la última vez, pero no creo que...


Ella se detuvo —Mark —lo llamó por su nombre, sorprendiéndolo un poco. Entonces posó su oscura mirada en los ojos del joven, una mirada fría y temeraria—... Maté a mi padre— reinó un silencio absoluto mientras ambos se mantenían con la mirada clavada en los ojos del otro—. No soy alguien que quieras tener cerca. Créeme —y continuó hacia las escaleras, por las que bajó sin mirar atrás.


Mark no consiguió moverse ni mucho menos responder. Solo se limitó a verla alejarse. Sus oídos no daban crédito a las palabras que acababan de percibir. No era posible.


Día 4 – 5:03 a.m.


Gene supervisaba al muchacho que debía rematar a aquel zombi. Le había dicho que tenía que probar su valor, pero en su interior simplemente había encontrado algo con lo que divertirse, y no dejaría pasar la oportunidad.


Abraham utilizó una puerta del servicio para salir a los patios del hospital, y rodeaba, con un temor palpable, el establecimiento en busca del zombi que rondaba por los pastos. Clavaría la pata de la mesa en su cráneo y acabaría con él. Eso era todo.


Lo encontró con la cabeza contra la pared, el zombi volteó a verlo y luego de un gemido gutural arrancó contra él. Abraham apretó los dientes y le dio un palazo en medio de la cara con toda su fuerza. El caminante cayó y él sintió un gran alivio: lo había logrado. Miró a Gene y sonrió conforme, mas el gesto del pelirrojo le heló la sangre. Una mano lo tomó por el tobillo y tiró de él.


Gene rompió la ventana que los separaba, brincando por ella y masacrando a golpes al no muerto que buscaba darse un festín con el muchacho de cabello castaño oscuro.


Luego de pisotear la cabeza del caído, gritó: —¿¡Eres estúpido!?


Sin embargo antes de que el episodio pudiera avanzar otro paso, el motor de un vehículo recorriendo la calle los detuvo. Se asomaron entre los arbustos que delimitaban los bordes de los jardines y atisbaron un auto pasar en frente de ellos. Detrás: una orda de caminantes se alzaba para buscarlo.


Día 4 – 5:06 a.m.

Vanessa llegó a la habitación donde Miguel y la pareja aguardaban y les comunicó que el piso de arriba estaba limpio. Al cabo de un minuto apareció un silencioso Mark que se desplomó en un sillón y cerró sus ojos. Belmondo notó el gesto, pero prefirió dejarlo tranquilo, atribuyéndolo al cansancio.


Abraham y Gene aparecieron completamente exaltados por el marco de la puerta —¡Zombis! —Chilló uno —¡Era un auto! —Espetó el otro. Nadie comprendió demasiado bien lo que trataban de decir, por lo que aguardaron a que se calmaran y escucharon la historia atentamente una vez que pudieron contarla más clara.


—¿Más sobrevivientes?

Gene respondió a Jasón —Eso es lo de menos. ¡Tienen un auto! ¡Con él saldríamos de una vez por todas de este jodido lugar!


Miguel apagó sus ilusiones sin miramientos —Quienes fueran, ya estaban escapando, por lo que no creo que los vayas a encontrar siguiéndolos a pie como todos los caminantes que nos visitan ahora. Aseguraremos la entrada para que no ingresen y nos quedaremos aquí por el día. Desde ayer que nadie duerme y todos estamos más que agotados, emprender cualquier curso de acción antes de responernos sería un suicidio. Además necesitamos tratar las heridas de Lisa y Vanessa.


El hombre de cabellos de llama apretó los puños y la segunda de las jóvenes apartó la vista del grupo en general: no quería aceptar que estuviera lastimada, probablemente no le gustaba pensar en ello, viéndolo como un signo de debilidad.


—De acuerdo, yo lo haré —respondió Gene —. Antes de que todo se fuera a la mierda, era estudiante de medicina. Puedo encargarme de sus heridas.


Nadie pareció creerle en el instante en que soltó sus palabras, pero al verlo sacar de su mochila varios frascos y separarlos por categorías, no tuvieron más que hacer que aceptarlo.


Mark se incorporó y llamó a Abraham y a Javier —Vayamos a bloquear la entrada...


—Espera un momento— lo interrumpió Miguel, y pasó a dirigirse a Abraham —. La otra chica que iba con ustedes...


—¿Gladis?

—Sí, creo que ese era su nombre. Mencionó algo de que tú hackearas unas comunicaciones...


—Así es, no me gusta alardear pero soy bastante bueno con las máquinas —Decía que no le gustaba presumir, pero era su momento para brillar en el grupo. Gene, al otro lado de la habitación, chistó por lo bajo.


—¿Crees poder hacer algo con este wakie-talkie para que capte las transmiciones militares que se den el la zona?


Su interlocutor se mostró positivo, dejando a Miguel con el deber de comunicar a Mark que necesitaría de Abraham para otra tarea.


—Yo los acompañaré entonces —propuso Jasón. Estaba lastimado, pero no lo suficiente como para dejarlo incapacitado.


—De acuerdo, vamos.


Día 4 – 5:21 a.m.


—Quítate la ropa —ordenó Gene a Vanessa, recibiendo por respuesta una despiadada mirada por parte de la joven —No te hagas la complicada. Tengo que cuidar tus heridas y ver que todo esté bien, ¿cierto?


Miguel y Abraham miraron a los dos jóvenes y Gene los señaló extendiendo su palma —No voy a hacerte nada malo, estúpida.


Día 4 – 3:36 p.m.


La entrada al hospital había sido bloqueada con mesas, sillas y demás elementos cuidadosamente agrupados para formar un sólido muro que ningún zombi se molestó en cuestionar.


Lisa reposaba tranquila sobre una camilla, su tobillo desinflamado parecía respirar con un pulmón propio y libre de todo mal. Abraham continuaba su cruzada por modificar el intercomunicador y Miguel, con el torso vendado y tratado, montaba guardia desde el pasillo del frente y cuidaba el exterior.


Vanessa se había marchado a recorrer el edificio una vez más, sin siquiera haber dejado que tratacen sus heridas. Ella misma se ocuparía de todo lo que necesitara, o por lo menos así lo había dicho. Por su parte, los otros tres hombres descansaban en otra habitación desde que hubieran terminado de asegurar todas las entradas y Gene había dicho que buscaría más suministros.


El grupo reposaba, recuperaba sus fuerzas, y todo marchaba bien. Saldrían al día siguiente y escaparían de una vez por todas; así lo había dispuesto Miguel Belmondo en su mente. Pero algo no le gustaba. Más y más cuerpos ambulantes se agrupaban en las calles que rodeaban el hospital y, si seguía así, poco a poco su número se convertiría en el de un ejército.


—Márchense de una vez, malditos —espetó en voz baja, evitando compartir su preocupación y alterar al resto del grupo.

Como pueden ver fue un capítulo bastante tranquilo. Después de todo lo que vivieron, me pareció que mis muchachos necesitaban un descanso, un "respiro", darles más acción se me antojó inhumano Razz
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por Izanagi el Lun Jul 01, 2013 4:11 pm

Por un momento hasta me reí pensando en lo poco que había durado Abraham, después me quedé más tranquilo. Que revelación la de Vanessa aunque dudo que realmetne haya matado a su padre sino al zombi de su padre, aunque quien sabe... Creo que la idea de un auto tiene sus puntos a favor y en contra, a favor es rápido, contra llama mucho la antención y si tiene el camino bloqueado practicamente cierra cualquier chance de escape.
¿Gene médico?, creo que eso era lo más inesperado de todo y abre a que tal vez algo haya pasado para que sea como es.

Buen comienzo de séptima entrega Manto, veremos que nos trae Yuske.

Saludos: Izanagi
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por yuske el Mar Jul 02, 2013 2:00 am

Por un momento hasta me reí pensando en lo poco que había durado Abraham, después me quedé más tranquilo. 

 Lo mismo me paso a mi, lol

Me ha gustado la entrega, sobre todo por que coincido contigo, se merecen este pequeño "Descanzo" pero al igual que miguel hay algo que no me gusta, tanta quietud, tanta calma... y la falta de cuerpos no me cuadra, aqui hay algo ¿Que estas tramando manto?

Trataré de traer mi entrega lo antes posible, no desesperen.




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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por yuske el Lun Jul 08, 2013 4:59 pm

Esta entrega probablemente sea la que haya hecho con mayor grado de reflexión, tanto que algunas cosas han cambiado su curso, uno o dos personajes ya no tendrán una personalidad tan marcada y caótica como en un principio la tendrían (aunque quizás eso les ayuda a vivir más).

Tuve que reescribirla tres veces. La primera vez que lo hice hubo muy pequeños cambios y marchaba todo conforme lo planeado, pero luego mientras pensaba en cosas... me di cuenta de que hay algo que le falta a la historia. Nos hemos concentrado mucho en lo que pasa dentro de la ciudad, pero ¿Que sucede afuera? Debería de haber una nación consternada por lo que pasa, familiares angustiados por no tener información sobre sus seres queridos. Periodistas tratando de descubrir que pasa y personal del gobierno encubriendo la verdad. 

Elementos externos tan propios a cualquier catástrofe que hemos estado pasando por alto. Espero que con esta entrega esto comience a quedarse a atrás y se logre un nuevo impulso en la historia. Creo que esta entrega traerá una cadena de acontecimientos que revolucionaran no solo mí hilo, si no toda la saga en general.     

Por ultimo, espero que la disfruten en toda su extensión y sepan perdonar los cambios de ultimo minuto y sobre todo los horrores de HorcoGhraphyia.

El ultimo hogar:


Día 4
02:42 am – Antiguo castillo Lastours a 97 kilómetros de St. Christine.


La puerta de la sala se abrió y por ella entro un hombre cuya edad rondaba los cincuenta años de cabello cortó y entre cano, de mirada dura y seria que le brindaban un aire marcial tan imponente que aun si no llevara su uniforme lo revelarían como uno de los altos mandos del ejército.

Caminó hasta la mesa que se encontraba en el centro del lugar e hizo la silla aun lado, pero no la ocupo, en su lugar miro a las cuatro personas que ya estaban sentadas a su alrededor, una de las cuales, se encontraba de espaldas a él escondido por el respaldo de su alta silla solo visible para el joven que le acompañaba y se encontraba de pie a su lado con una posición de descanso.

El recién llegado no tardo en realizar aquel saludo marcial tan característico de las fuerzas armadas y anunciar sus disculpas – Lamento mi tardanza, señor. Se me presento un reporte de último minuto y tuve que atenderlo.

-Siéntese, comandante Lucchesi. – Ordenó el hombre de la silla de respaldo alto sin voltear a verlo. – No me apetece escuchar excusas así que ir directo al grano. ¿Cuál es el avance de la operación?

-Al menos el 40%, señor.  – Respondió un hombre maduro de cabellos marrones – cerca de doscientos de los civiles evacuados ya han sido colocados en diversas instalaciones de nuestro amigos de Bio-T industries. Las pruebas que se les realizarán comenzarán pronto.

-¿Qué hay de los medios?

-Continúan insistentes respecto a saber qué pasa en la ciudad. Señor, si me permite sugerir creo que debemos darles lo que quieren y dejar que entrevisten a algunos “evacuados”- Respondió una mujer de aspecto serio.

-¡Pero que dice, vocera Sughey!- Comentó alarmado el hombre de cabellos marrones- Sería lo mismo que salir y admitir que los muertos están saliendo de sus tumbas.

-Por favor,  Peterson cálmese- Le dijo la susodicha con voz calmada. – Mi trabajo es encubrir lo que no querremos que salga a la luz, no lo olvido. El plan es mucho más sencillo, presentar algunos de nuestros hombres que no hayan sido vistos por las cercanías de la ciudad como civiles y hacerlos decir un guion  ante las cámaras. Ya sabes, lo que hacemos todo el tiempo.

-Adelante con eso- Índico el hombre de poder en la habitación antes de que Peterson dijera algo- ¿Qué me dicen de los doce?

-Casi hemos terminado- Contestó el comandante Lucchesi.- Stinson, Bradley y Gedney han sido exterminados como lo ordenó.  Los doctores Morrison, Yamada, Anguiano y Von Klutchner fueron extraídos de la ciudad con éxito, esta tarde saldrán hacia el nuevo laboratorio.  Sabemos que Curwen murió en la caída de uno de nuestros helicópteros, encontramos sus restos bajo este. De Kutner, Goodrich y Sykhansen no sabemos nada, pero creemos que al menos uno de ellos se encuentra con Johan, a quien hemos rastreado hasta las cloacas

-¿Por qué piensa eso, comandante?

-Según el último reporte que me fue entregado, cuando se le localizo estaba acompañado de otra persona cuya identidad no se logró confirmar, más el mismo reporte indica que ambos parecían reanudar su marcha juntos. –Respondió- En cuanto a los otros dos es posible que estén sigan atrapados en el edificio, probablemente muertos. 

-Encuéntrelos, aun si están muertos necesito su confirmación. No deben quedar cabos sueltos- Dijo con voz severa el hombre.

-Entendido señor.

-Señor Melbroune, entiendo que usted está aquí en representación del general Wharton, por favor indíqueme el estado de recolección y erradicación de evidencias. 

-Me apena decir que no tan bien como esperábamos señor- Dijo este con un ligero nerviosismo, intimidado ante las autoridades que se encontraba- Enviamos a nuestras dos mejores unidades a encargarse del trabajo, las serpientes del capitán Silva ya se encuentran en las instalaciones del edificio, entraron por el edificio de Bio-T industries conformé a lo planeado y se encuentran en la búsqueda del suero. Sin embargo, por alguna razón hemos perdido toda comunicación con los lobos negros- Aquel comentario pareció conmocionar al joven al lado del líder. – Tenemos reportes por otras unidades de que han sido vistos, más no sabemos porque no podemos comunicarnos con ellos directamente señor. Aun así señor, tenemos confianza en que logren llevar a cabo su misión, el capitán Reus siempre ha finalizado con éxito sus misiones. Más debo preguntar, señor, en caso de que el capitán Reus fracasé ¿No sería posible accionar el dispositivo con la energía de reserva que hay dentro del edificio?

-No. –Respondió contundente. – Necesitamos la potencia de la presa para poder encenderlo. 

-En vista de que el fracaso es posible, deberíamos contemplar medidas precautorias- Comentó Peterson. – Yo propongo usar fuerza nuclear para erradicar todo en la ciudad. 

-Me parece adecuado- comento Sughey- Pero no sería un trabajo fácil para mí.

-No es viable- Repuso el líder- Una explosión nuclear barrería todo en la superficie de la ciudad, pero nuestras instalaciones se encuentran debajo de ella, dentro de un refugio nuclear por lo que no se vería afectada. No, como ya dije antes no debe haber cabos sueltos, destruiremos todo el lugar desde abajo. Así que será mejor que sus hombres logren el objetivo o  tendrán que comenzar a pensar en una solución. –Hizo una pausa- Eso es todo, pueden retirarse.

El sonido de las sillas arrastradas en el suelo irrumpió el lugar y poco a poco los pasos de los cuatro subordinados se dirigieron a la puerta saliendo por ella. En su asiento el hombre que fungía como líder se entrelazo sus dedos de forma reflexiva, aquella situación no le agradaba más que a ningún otro. 

-¿Señor?- Hablo de pronto el joven castaño a su lado.

-Sí, agente Reus. 

-Puedo preguntarle señor si ya descubrieron que ocasiono este accidente.

-No, Reus.-Hizo una pausa-  Esto no fue ningún accidente, los sistemas de seguridad y las computadoras fueron dañados.  Lo que ocasiono esto fue un sabotaje. 

-Traición…

-Si – Dijo simplemente – Puede retirarse agente –Agregó. 

El joven asintió con la cabeza y se dirigió a la salida de la habitación, su sentido del deber le decía que no debía intervenir, después de todo la estabilidad del país dependía de su éxito aunque eso podría significarle la muerte, más su sangre le llamaba a cumplir con otro deber, una promesa a la que se había comprometido a cumplir sin importar el costo, y si para ello habría que sacrificar a toda una nación, lo haría. 

-“Cescs”- Pensó mientras encendía su avanzado comunicador.
 

 
07:39 am – En algún lugar de los alrededores del campamento militar a las afueras de St. Christine.


-Aquí Alicia Newsteven continuando con la cobertura de la tragedia de St. Christine. – Anuncio una mujer joven de cabellos dorados y ojos grises cuya edad parecía rondar entre los 26 y 27 años de edad. – Las autoridades siguen herméticas respecto a la información de lo que ocurre dentro de la afligida ciudad que está por cumplir su cuarto día de cuarentena. Médicos militares e investigadores insisten en que la situación pese a su gravedad está bajo control con un centro anti epidémico exitosamente instalado dentro de la ciudad. Helicópteros con suministros médicos y alimentos serán llevados a dichas instalaciones cada tercer día a partir de hoy.  No obstante, existe información que nos han negado proporcionar, como la ubicación de dichas instalaciones, así mismo y pese a proclamación de haber logrado evacuar exitosamente a una cifra cercana a las quinientas personas, las autoridades continúan sin permitir que alguna de estas declare ante los medios.

>>Como es bien sabido, la versión oficial de lo sucedido dice que esta catástrofe se trata de un ataque terrorista, más hasta la fecha ninguna célula delictiva conocida se ha adjudicado el golpe, en su lugar han aparecido videos en la red de líderes extremistas deslindando a sus organizaciones de lo sucedido. No cabe duda que para nosotros, lo que ocurre dentro del cerco de cuarentena sigue siendo un misterio. Soy Alicia Newsteven, bueno días.
 

8:43 am. – Cuarto de detención.


La habitación en la que se hallaban era pequeña, no tenía muebles ni ventanas, solo un pequeño traga luz en el techo que permitía el paso de los rayos del amanecer. Una gruesa puerta de madera que se atrancaba desde la parte exterior de la habitación sitiaba la única entrada y salida del lugar.

Dentro de las blancas paredes del lugar los militares guardaban silencio, parecían estar descansando, tomando un merecido respiro de lo que se había convertido en una agotadora misión. Más la realidad no estaba más alejada de ello. Sí, es cierto, ellos dormitaban recargando sus espaldas contra las paredes o recostados completamente sobre el frio suelo, pero no fue el anhelo de un receso lo que los ahorrillo a eso si no la pena. Pena por la pérdida de un compañero. Pese a que nadie mostraba señas de llanto lagrimas invisibles y secas caían por sus mejillas. 

Eran soldados, sabían muy bien que el destino que sufrió Rubén podrían sufrirlo de igual manera cualquiera de ellos como a lo largo de la historia lo han sufrido muchos otros, así que no podían detenerse y llorar su pérdida en el frente. Pero ya no se encontraban en el frente, habían sido aprisionados por los civiles que mataron a su compañero, los mismo que se suponía tenían que proteger. Por lo que por un instante se olvidaron de todo, de lo que eran de la situación en la que se encontraban hasta de las cosas que se hallaban haya afuera y lamentaron su pérdida.

Les habían despojado de su equipo. Rifles y pistolas, cuchillos y navajas, los chalecos y mochilas e incluso los cascos y las botas. Todo se les fue arrebatado. Y por encima de todo se encontraban débiles y confundidos. Su líder Francesc estaba herido, con un golpe en la cabeza que afortunadamente termino por ser solo un descalabro y no una fractura de cráneo como se temía.

Era él quien de entre todos se encontraba recostado sobre el suelo, con la cabeza apoyada lo más cómodamente posible en el regazo de Isis que hacia lo posible por velar el sueño de su capitán pese a lidiar con el suyo propio. 

La puerta se abrió de improvisto sobresaltando a todos, cuatro hombres, uno tras otro entraron con brusquedad a la habitación sometiendo de inmediato a Thiago y Osiris, golpeándolos contra la pared, derribándolos boca abajo  e inmovilizándolos completamente, mientras que otros cuatro entraban en ella, yendo a por Isis y Francesc. La mujer trato de defenderse, pero poco pudo hacer para evitar que tanto a ella como a su capitán los sacaran a rastras del lugar. 

Los pasillos del edificio en el que se encontraban estaban oscuros, pero no tardaron en llegar a un corredor con una resplandeciente luz al final de este el cual los condujo al exterior. 

La luz del día les incomodo un poco los ojos, más no impidió que vieran donde se encontraban: Era una zona residencial, sin embargo no lucia para nada golpeada por el caótico apocalipsis que se vivía en esos instantes en la ciudad. No tardo en preguntarse el porqué de ello a sí misma. 

Recorrió con su mirada el entorno, tanto como se lo permitían, casi no había coches en las calles, y los que había parecían disponer una barrera en algunas calles, notó que sobre los tejados de las casas más altas había puestos de vigilancia. Pero lo que más le era notorio no saltaba a la vista, si no al oído. Un silencio sepulcral reinaba en el ambiente, solo el sonido de sus pasos y los de los pasos de sus captores podían escucharse. 

Una engañosa y tensa paz reinaba… y eso no le gustaba para nada.

Llegaron al final de la calle en la cual desembocó hasta una enorme plaza que la dejó impresionada, no por su gran extensión, ni por los verdes pastos ni los frondosos árboles que la adornaban, si no por en lo que la habían convertido. 

Aquello era como ver una sala de consejo, cerca de la centro se alzaba una especie de kiosco en el que había una curioso asiento que parecía fungir como una especie de trono el cual ocupaba el mismo hombre que había asesinado a Rubén. Más no era lo único, una serie de bancas y asientos estaban dispuestos frente a él, los cuales eran ocupados por una gran cantidad de personas, ciento cincuenta, ciento ochenta, tal vez doscientas entre hombres, mujeres y algunos cuantos niños. Se trataba de los habitantes de aquella residencial sin duda alguna.

Los hombres que les custodiaban atravesaron las hileras de asientos y dejaron caer de bruces a Cescs a los pies de aquel hombre, Isis trato de ir con él más los hombres se lo impidieron y en cambio la llevaron hasta una especie de jaula que se hallaba bajo un enorme árbol en la cual la encerraron. 

La chica tomo la puerta de su nueva prisión y trató de forzarla, no obstante una pronta sacudida la estremeció haciéndola tambalear cayendo en cuenta así que la estaban elevando.

Francesc se incorporó tanto como pudo, sin lograr despegar sus rodillas del suelo, escuchaba los gritos e insultos que Isis bramaba contra sus captores, aquello no hacía más que un intenso dolor de cabeza le poseyera por lo que trato de alzar una mano para llamar su atención y pedirle que se calle. No estuvo seguro si funciono, pero de alguna forma los gritos de su subalterna cesaron.

Vio un par de pies dirigirse hacia él, alzo la vista solo para encontrarse con la fría, dura y arrogante mirada de aquel gordo ser que camino a su alrededor, examinándolo antes de hablar.

-Mi nombre es Edson Stringbord. Capitán Francesc, se encuentra en el último hogar… será mejor que empiece a hablar.
 

08:50 am – En algún lugar de St. Christine
 

Su figura se veía claramente con por la ventana a junto a la cual se encontraba sentado, sus ropas estaban sucias y raídas, manchadas por barro, sangre y algunas otras cosas fétidas.Su cabello negro y liso ligeramente bien peinado, sus ojos violáceos reflejaban una expresión madura en su rostro acorde a su edad, la cual parecía rondar entre los veintisiete y veintinueve años. Observaba con tranquilidad la calle que había bajo de él, unos cuantos entes se encontraban de pie en ella, en un estado de aletargamiento que les hacia lucir bastante pasivos.

Asió con fuerza la cantimplora que tenía a su lado y se la llevo a sus labios dando un largo trago, para después colocarla en su lugar. Un extraño ruido parecido a un quejido proveniente de la habitación contigua llamó su atención. Se levantó de donde estaba y se acomodó su raída chaqueta negra antes de dirigirse sin ninguna prisa a investigar el origen de aquel sonido.  Camino hacia fuera de la habitación en la que se hallaba no sin antes tomar el pesado mazo que se encontraba recargado contra la pared. De unos cuantos pasos sigilosos se acercó a la puerta aquella habitación y con una serena tranquilidad la abrió.

Dentro había una en el suelo una especie colchón con algunas mantas las cuales cubrían alguien que se movía perezosamente, tenía un aspecto confundido y no parecía saber en qué lugar se hallaba.  

-Al fin despiertas- Dijo el hombre de la chaqueta bajando el mazo claramente relajado- Has tenido mucha suerte muchacho.
 

08:50 – Cuarto de detención.
 

-Es inútil- Dijo Osiris resignado- No podemos derribarla, no de esta manera.

Luego de que aquellos hombres que irrumpieron en la habitación llevándose a Cescs y a Isis con ellos, ambos chicos se habían abalanzado con todo sus fuerzas sobre la puerta, tratando de derribarla a golpes y embestidas, no obstante esta no había cedido ni un solo milímetro.

-Mierda- Bramó Thiago y pateo la puerta por última vez. 

-La puerta se abre hacia dentro, lo cual significa que el marco del umbral esta por fuera e impide el movimiento, más lo que usen para atrancarla… será imposible abrirla desde aquí. –Comentó Osiris.

-Entonces si la jalamos hacia nosotros…- Dijo el de ojos azules y trato de asir la puerta con sus manos.

-Es imposible, déjalo- Sugirió el moreno.- Nuestra única opción sería usar algo para hacer palanca, pero no hay nada en esta habitación que nos sirva para ello, y aun así aun tendríamos el problema de lo que usan para atrancarla, por las ranuras que vi cuando la abrieron usan una especie de barra, quizás de madera o de hierro. 

Thiago bufó impotente y en un gesto de desesperación se llevó las manos a la cabeza, pasando sus dedos entre sus negros cabellos antes de recargarse en la pared y dejarse caer de nalgas al suelo. Su preocupación era más que palpable, le costaba quedarse encerrado sin poder hacer nada, después de todo se trataba de Cescs, su mejor amigo e Isis…

Resopló una vez más y azotó sus manos en sus piernas, entonces su expresión cambio. Había sentido algo, algo que no le quitaron. 

-¿Qué ocurre?- Pregunto Osiris curioso al ver la expresión de su compañero y como este se ponía rápidamente en pie, desabrochándose los pantalones- ¡woh woh woh woh! Espera amigo ¿Qué estás haciendo? – Dijo francamente confundido.

-A Cescs no le gusta que fume, por eso me guardo esto entre los calzones- Dijo sacando una cajita metálica de entre sus pantalones.-Fumaremos como empedernidos y arrogaremos el humo por la rendija de la puerta, les haremos creer que la estamos quemando. Es una gran idea, después de todo el arte de la guerra se basa en el engaño. 

-No creo que con eso baste- Dijo Osiris con duda.

-Por favor, funcionara confía en mi.- Hablo el ojiazul con seguridad y abrió la caja.

-Me parece que no. – Señalo el gemelo al ver el contenido de esta.

En su interior, había solo un cigarrillo junto con un delgado mechero. El rostro de Thiago se llenó de decepción, luego recordó que no había rellenado la caja por la prisa con la que salieron hacia St. Christine. 

-Mierda- Maldijo y se quedó mirando el mechero- No tenemos otra opción, en lugar de simular un incendio, habremos de provocarlo. - Añadió tomando el encendedor.

-Es muy peligroso, podríamos morir sofocados- Apuntó Osiris- Además la puerta es antigua, pero no vieja. No arderá como tú crees.

-Solo hay una forma de averiguarlo.- Habló Thiago mientras se acercaba a la puerta con el mechero encendido.
 


09: 10 am. Plaza común del último hogar.


La inquisidora mirada de Edson se posaba fija en el rostro del capitán esperando su respuesta, más Francesc mantenía el silencio, comprendía el porqué de sus extremas acciones, no sabían que estaba sucediendo estaban confundidos y deseaban un poco de luz que les diera claridad. 

Pero él no podía responder a sus preguntas, no porque se negara a hacerlo, sino porque no tenía las respuestas, sin embargo, podía discernir que dada las acciones tomadas por esta gente que negar cualquier cosa sería inútil y completamente en vano.

-Responde de una buena vez- Bramó el hombre irritado. – Recuerda que si no lo haces tu amiga sufrirá una caída de 10 metros. 

Cescs volteo a su mirada a la jaula que colgaba en lo alto de un inmenso nogal, con Isis dentro. Sabía que se encontraba acorralado, no podría sacrificar a Isis ni a ningún otro por proteger un secreto que él no conocía.  

-Hace cuatro días- Habló por fin- Recibimos un reporte sobre disturbios en la ciudad de St. Christine, en él se decía que los disturbios habían sido comenzados por un extraña multitud de personas que se comportaban de manera extraña, según tengo entendido, los primeros de ellos aparecieron en el metro. Esa es toda la información oficial que tengo, no obstante he llegado a conjeturar que lo que sucede con esas personas puede ser causado por algún tipo de infección viral o parasitaria, quizás haya alguna toxina involucrada por su rápido crecimiento. Más un reporte oficial no tengo y sinceramente dudo que haya. 

Edson miro a Cescs poco convencido, se negaba a creer que él supiera tan poco, sin embargo, su razonamiento le decía que era imposible que él realmente supiera algo, pues seguramente quienes supieran lo que en verdad había desatado todo esto no se encontraban cerca. Más no podía mostrarse conforme, ni mucho menos, todas esas personas frente a él se encontraban asustadas y  de una forma u otra le habían brindado su confianza, para protegerlos, no podría defraudarlos. 

-No creo que mientas- Declaró en voz alta- Pero tampoco creo que hayas contado todo. – Hizo una señal y los hombres encargados de las jaulas liberaron un poco cable dejando bajar la jaula por casi dos metros antes de volver a subirla.

El corazón le dio un vuelco a Cescs en cuanto vio como la jaula bajaba y súbitamente se detenía, pudo escuchar la voz de Isis gritando y maldiciendo a sus captores. Aquello le enfureció, pero aún se encontraba sin forma de oponerse.

-Habla.

-No tenemos la certeza de que fue lo que ocurrió, sin embargo un extraño evento del cual no sé nos proporcionaron detalles sobre cargo las bombas y los generadores de la planta hidroeléctrica. Dicha falla ocasiono la falta de energía eléctrica en toda la ciudad lo cual ha contribuido a que el caos se esparciera. Mi misión y la de mi equipo consisten en llegar hasta dicha planta y reparar los aparatos dañados para restablecer la energía en la ciudad. No es mentira, entre las cosas que tomaron de nosotros podrán encontrar un estuche con los planos de la planta hidroeléctrica y de los generadores a reparar. 

-¿Con que objetivo?- Inquirió el hombre.

-La presencia de la energía eléctrica traerá consigo de vuelta confianza y seguridad a los supervivientes de esta catástrofe.

-¿Estás seguro? Yo no pienso que sea así- Dijo Edson, desde pequeño siempre había tenido una especie de instinto para esas cosas y en ese momento su instinto le decía que las palabras del militar no eran lo que parecían. 

– Un evento del cual no sabes nada ni tienes detalles de que sobrecargo la hidroeléctrica y te envían a ti a repararla para que el pueblo llano vuelva a tener energía. A mí me parece muy sospechoso  

-Esa es la verdad.

-Eso es lo que te dijeron. Mi instinto me dice que hay algo más detrás de eso.

-Deliras, Devuélvenos nuestro equipo y déjanos ir a hacer nuestro trabajo.

-Jamás. – Sentencio- Si el gobierno quiere restaurar esa planta eléctrica no será para algo bueno. Si puedo impedirlo lo haré.

-Insensato. – Bramó Cescs y se puso de pie- ¿Crees realmente que se trata de una conspiración? Mira a tu alrededor, hay caos en esta ciudad, personas muertas que no se quedan como tal y supervivientes, como ustedes que luchan por mantenerse con vida y tendrán más posibilidades de sobrevivir si tienen electricidad. Quizás ustedes no lo vean – Alzó la voz para que hacerse oír por todos- Están seguros, detrás de los muros que separan sus casas del resto de los sectores de la ciudad, no han tenido que huir de sus hogares como si lo han hecho más de tres cuartas partes de los habitantes de la ciudad. Pueden resistir ahora, pero en dos meses se verán obligados a hacerlo, si me oyeron bien, dos meses. –Hizo una pausa- Si aún pueden abrir el grifo de la cocina y encontrar agua es tan solo porque la reserva de energía que alimenta a las bombas de agua que abastecen a la ciudad aún están encendías, pero esta solo tendrán energía para un par de meses y entonces tendrán que salir de la seguridad de estas paredes y enfrentarse al infierno.  Pero eso se puede evitar, solo déjenos ir a reparar la planta.

-Buen intento- Dijo Edson sonriente- Solo estas tratando de sembrar el miedo- Alzo la voz- Mira a los tejados capitán, veras que cada una de las 300 casas de esta residencial cuenta con su propia cisterna con capacidad de 7500 litros completamente llena de agua, me parece que podremos aguantar con ellas por unos tres meses, mas a parte si comenzamos a recolectar agua en otros contenedores resistiremos otro tiempo.

-¿Qué me dices de los alimentos?

-Dentro de poco comenzaremos a cultivar vegetales y algunas hortalizas en nuestros jardines. 

-No será suficiente.

-Si lo será.

-No hay forma de que funciones como la esperan, agua, comida… cosas tan esenciales para sobrevivir, quizás al principió  todo vaya bien, pero no terminara así, terminaran matándose entre ustedes, se los aseguro.

-Y que es lo que sugieres, ¿Que vayamos a morir en las calles? 

-Que nos dejen hacer nuestro trabajo. 

-De ninguna manera, charlatán. Estoy completamente seguro de que en el momento en el que la energía se restauré algo terrible sucederá, algo que acabara con todos nosotros. 

-Nada malo ocurrirá. –Aseguro Cescs y una explosión no muy lejos se dejó escuchar. 

**********

 

Espero que haya sido de su agrado.

Ahora quiero decir algo sobre dos personajes: Alice Newsteven, la vocera sugher, peterson y el agente Reus (cuyo nombre me lo reservó para la siguiente entrega... a menos de que alguno de ustedes quiera hacer uso inmediato de él) la forma en la que se desenvolverán estos personajes es libre, es decir cualquiera los puede usar con la condición de que le den continuidad al hilo en el que se encuentre ( en si estos personajes serán manejados de la forma tradicional del colectivo, uno escribe tanto y se queda en un punto y el siguiente continua donde se quedó) como son personajes totalmente compartidos ninguno de los dos podrá morir si los tres no estamos de acuerdo. 

en cuanto al resto de los personajes... el general lucchesi ya había sido mencionado mezclado con el hilo de manto, por lo que podrías usarlo tanto como quieras, de momento no se que utilidad pudieras darle iza, pero si el desarrollo de tu hilo se da igual podrías usarlo. 

A melbroune y al jefe de jefes, me los reservo un poco para mi por el momento.  

Todos estos personajes tienen que ver con el gobierno, aun podríamos colocar a algunos mas de bio-T industries... por el momento lo dejo como sugerencia. 

Y sin ya más que agregar me despido.




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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por MaNtoSastO el Mar Jul 09, 2013 3:02 am

Muy buena entrega, como has dicho, has comenzado a desatar una serie de eventos a los que no estábamos enfocándonos por el momento. Ahora habrá muchísimo más material y se me está formando un caos en la cabeza que ni les cuento xD Ya saben que no hay anticipación en mi hilo, sino pura adaptación.
Por otro lado, el hecho de no tratar mucho el exterior creo que se debió más que nada a que nos vimos sujetos a narrar las desventuras de los grupos estrictamente de los hilos, pero ahora que el mundo de St. Christine se está ampliando me parece una buena movida de tu parte agregar estos nuevos elementos. Creo que a partir de ahora cambiará un poco la forma en que veníamos contando la historia y pasaremos a abarcar más de lo que esperábamos en un principio.

Se me estaba ocurriendo algo mientras leía, pero será mejor que lo trate por mp contigo.

Ahora el agente Reus es el hermano de Cesc, ¿no? A Cesc lo llamaron capitán Reus si no entendí mal. Y Edson me recuerda un poquito al gobernador de WD xD Aunque no creo que sea tan demente como el hombre del parche Razz

En fin, espero que Iza tarde un poco así tengo más tiempo para pensar qué hacer, porque voy a tardar fiero para la siguiente entrega jajaja
Saludos!

 Edito: me arrepentí mientras escribía. No te voy a avisar nada por mp, Yus, me lanzaré a hacer lo que se me acaba de ocurrir y ya veremos cómo se adapta todo xD
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por yuske el Mar Jul 09, 2013 10:28 am

manto escribió:Se me estaba ocurriendo algo mientras leía, pero será mejor que lo trate por mp contigo.


Llegando a este punto corrí toda la pagina hacia arriba para ver si tenia un mensaje y al ver que no había nada pensé "oh, bueno... pronto llegara"

mano escribió:Ahora el agente Reus es el hermano de Cesc, ¿no? 

Si, asi es. Se trata de su hermano mayor el cual es un agente especial del gobierno. Es decir un espía (suena un remix de los temas de james bond de fondo) 

en si la semilla de la que nació el agente Reus la plantaste tu manto con eso del mensaje que comenzaba a captar el walkie y desee acoplarlo a eso.

manto escribió:Edito: me arrepentí mientras escribía. No te voy a avisar nada por mp, Yus, me lanzaré a hacer lo que se me acaba de ocurrir y ya veremos cómo se adapta todo xD

creo que no tendré que esperar ya por el mensaje. Me impaciento con la idea de que tienes un caos en tu cabeza y te has lazado a hacerlo. ya lo quiero leer.




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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por MaNtoSastO el Mar Jul 09, 2013 4:12 pm

Jajaja pero por caos en la cabeza me refería a un torrente de ideas inconclusas y el desconcierto de cómo seguir en mi hilo xD
Pero ya tomó un poco de forma y creo poder manejar la próxima entrega un poco más rápido de lo que esperaba cuando terminé de leer tu capítulo Very Happy
Así que Iza no tienes que tardarte nada, ya no hace falta xD
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por Izanagi el Sáb Jul 13, 2013 2:54 pm

Yuske acabas de abrir un puerta para que podamos ampliar todos lo que veniamos haciendo hasta ahora. Me parecía raro eso que realmente quisieran dar la energía para ayudar a la gente, veo que en realidad es todo lo contrario. BUena movida en ese sentido, veremos que pasará cuando Cesc se entere y como reacciona ante esto.  No creo que por el momento pueda usar demasiado a esos nuevos personajes pero tal vez pueda hacer algunas cosas para que pase. 

Tarde en comentar porque prefería venir con algo más, así que decidí terminar mi parte antes de hacerlo. A diferencia de Manto no dejé descansar a mis personajes que creo que que lo metí en muchisimos problemas más de lo que venían sufriendo. 

Spoiler:

Día 6, 12:28
- ¿Piensas que saldrás impune de esto?- preguntó Reynald de manera agresiva, nunca lo había visto tan desequilibrado como en ese momento, estaba furioso y no parecía atender a razones, en su mano derecha tenía una pistola y no parecía tener demasiados inconvenientes en utilizarla. 
- ¡¡No me importa tu puta opinión!! Mi esposa murió idiota y ni siquiera pude hacer nada para ayudarla- Samuel estaba atado de manos en un rincón de la habitación, la cual sólo habitaban ellos dos. 
Tras la puerta Gladis escuchaba atentamente sin saber si intervenir o no, Adbou se encargaba de verificar si su arreglo de la cerca soportaría la constante presión de los muertos a su alrededor. No conocía demasiado a Samuel como para sorprenderse o no de su accionar, como también si esto había sido un caso aislado por la depresión de haber perdido a su mujer, sin embargo lo que había hecho merecía un severo castigo y no dudaba que Reynald era el más indicado para decidirlo. 
- ¡¡¿¿Crees que se haya muerto tu esposa te da derecho a hacer lo que hiciste??!!- preguntó agresivo antes de darle una patada, luego se agachó y puso el caño del revolver en la papada de Samuel- ¿Qué mierda tenía que ver Carena con eso?- preguntó.
Día 4, 06:15
Reynald tardó dos segundos más que Samuel en reaccionar, después de la agotadora noche que habían tenido se había permitido soñar con un regreso a casa tranquilo, sin embargo el encontrar la cerca de su hogar destruida y su casa infestada de zombis le había hecho entender que la tranquilidad había desaparecido de ese mundo. 
- ¿Qué es lo que pasa?- preguntó Gladis sin entender porque los dos hombres se habían largado a correr a un lugar claramente infestado de “levantados”, Adbou tampoco parecía entender el comportamiento de Samuel y Reynald sin embargo las palabras de Carena sirvieron como explicación para su accionar. 
- Es nuestra casa- murmuró reaccionando por algo por primera vez desde el disparo- ¡Selena está allí!- recordó agitada antes de seguir a los demás. Ya entendiendo el panorama Abdou y Gladis no dudaron en ir preparados para lo que parecía ser una misión de rescate muy poco preparada. 
Con extraña eficiencia Samuel mató a tres zombis antes de lograr llegar al parque, Reynald que lo seguía se cargó a dos más antes de matar al tercero que rodeaba la extraña camioneta con su cuchillo. 
Acurrucado en una parte del vehículo, asustado de la amenaza que suponían ser los zombis su alegría fue tal al verlo que lo rescataban que sin dudarlo sacó el seguro de la puerta. Su contento desapareció cuando vio como Reynald lo apuntaba con la pistola, a la orden de que bajara del auto. 
- ¿Quién eres tú y qué pasó aquí?- preguntó Reynald en un grito al mismo tiempo que el levemente herido conductor descendía del vehículo totalmente asustado. 
Carena miró al hombre, no podía tener muchos años más que él, como mucho 18, se lo veía tan inseguro como ella además claro de que estaba en una situación donde cinco desconocidos lo amenazaban a punta de pistola después de haber chocado y rodeado por zombis por dios sabe cuánto tiempo. 
Era bajo para su edad, su pelo color pelirrojo parecía ser la única característica física que resaltaba en ese chico, una persona a la que nadie vería más de una vez de no ser necesario.  
- ¡Choqué hace como una hora!, un auto se me apareció por el camino de la nada- se disculpó entre tartamudeos- Cre… creo que hay alguien dentro de allí apenas llegue escuché un grito- agregó, Samuel ya no estaba entre ellos quien no se había detenido mucho tiempo con la aparición del chico. 
 Desde el interior del hogar se escucharon dos disparos, seguramente provenientes del arma de Samuel que estaba limpiando el lugar en busca de su esposa. Reynald maldijo por la situación que estaban viviendo, para luego volverse al chico. 
- ¿Me juras que no sabías que había gente aquí dentro antes de chocar?- preguntó poniéndole la pistola en la sien, el joven asintió con su cabeza ya incapaz de hablar mientras las lágrimas amenazaban con empezar a salir. 
- Reynald- la voz de Carena logró hacer suspirar al retirado militar y alejar su arma del chico, vio como eso lo tranquilizó aunque no impidió su llanto. 
- Sí quieres que viva sácalo ya de aquí- le indicó Reynald, Carena lo miró sin entender- Samuel lo matará, enciérralo en la central de comunicaciones y espérame allí- le explicó, Carena asintió con su rostro mientras sacaba su rifle y apuntaba al chico. 
- Camina rápido- le indicó, luego lo tomó del brazo y empezó a correr en dirección al viejo trabajo de Reynald donde sólo ella y él mismo habían estado. Aunque el chico seguía confundido aceptó la orden era mejor ir con la chica que quedarse con los otros locos. 
- Iré con Samuel antes que haga una tontería- Adbou y Gladis miraron con seriedad a Reynald intentando comprender un poco más el panorama- Es su esposa y posiblemente lo único que lo mantenía vivo en este loco mundo en el que estamos- explicó.
- ¿Cómo estás tan seguro que está muerta?- preguntó Adbou, Reynald dirigió su vista hacia su hogar, se lo notaba triste no sólo por el destino de Selena sino también por lo que eso implicaría en Samuel. 
- Porque sólo hubo dos disparos- respondió para luego dirigirse hacia dentro de su casa- Limpien a los restantes y usen esa camioneta como soporte para la cerca, tenemos que ordenar este desastre antes de que caiga la noche- les pidió. 
- Parece que nos hemos metido en un buen lio- opinó Gladis, le sorprendía la seguridad de Reynald para todo, sin necesidad de ver nada se había asegurado de salvar la vida de un desconocido de ser asesinada por un compañero suyo- ¿Crees que esa niña este bien?- le preguntó.
- Puede cuidarse sola- afirmó seguro- Lo que me preocupa es cómo responderá este grupo a esta nueva crisis, ¿de qué lado estaremos?- preguntó 
- Confío en Reynald, no así en ese Samuel- le respondió Gladis- Si ya antes parecía un desquiciado no quiero imaginarme ahora que... tu sabes- Adbou asintió antes de poner en punto muerto la camioneta dispuesto a empujarla.
- Si se- afirmó.  
 Día 4, 06:21
Reynald subió a la habitación donde había escuchado ruidos apenas había ingresado a la casa, Samuel detenía al zombi de Selena con la punta de su escopeta, alejándola lo suficiente como para que no alcanzara la mordida a su cuerpo. Reynald no tuvo que ver el rostro de Samuel para saber que estaba destrozado completamente, si sentía algo de respeto en él era sobre su cuasi divina atención hacia su esposa como también su dependencia a ella. 
Había sentido envidia de ver como una persona podía necesitar tanto de otra, secretamente admiraba a Samuel por ese rasgo. Claro que eso implicaba que una vez Selena no estuviera su vida no tuviera sentido. 
- Lo siento- murmuró, los gruñidos del zombi de Selena empezaba a intensificarse, apenas se convertían los zombis no eran tan fuertes sin embargo con el paso del tiempo ya no podría detenerla más, tenía que liberarla.
- No puedo creerlo- murmuró, Reynald no sabía si le hablaba a él o si hablaba para sí mismo- ¡¡NO PUEGO CREERLO!!- gritó enojado, el zombi de Selena aprovechó la oportunidad para separarse del arma y atacar a Samuel, pero con velocidad Reynald la anticipó empujándola al otro lado de la habitación. 
- Samuel hay que terminar esto- murmuró Reynald mientras veía como la señora Lemacks se volvía a levantar lista para un nuevo embate- No puedes dejarla en ese estado- le recordó- No lo merece-.
- ¿Crees que no lo sé?- preguntó Samuel aún dolido- Pero aún es ella, no puedo matarla… no puedo hacerlo- agregó antes de ponerse a llorar, Reynald miró la escena con angustia esto había terminado con todo. La tristeza de Samuel pronto se convertiría en furia contra el chico que provocó el ingreso de los zombis, Carena quería defenderlo y se le enfrentaría, teniendo él que decidir de que lado estar. Sabía que los dos reaccionarían de esa forma, esos cinco días junto a ellos en semejantes circunstancias habían sido suficientes para entenderlos a la perfección. 
¿De qué lado estaría él?, a pesar de que entendería a Samuel y su deseo de venganza era obvio que tendría que apoyar a Carena, porque aunque fuera una cobarde sabía que nunca permitiría que mataran a alguien sólo por venganza. Mierda, incluso ya había decidido su lado al obligar a Carena a llevarse al chico a su trabajo. 
- ¿Crees que podrías?- su voz sonó débil y lastimosa, tan impropia de un gruñón como Samuel, Reynald le facilitó la petición y sacó su pistola. El hombre no pudo ver más y cerró sus ojos. Reynald miró los ya inexpresivos ojos de Selena, se sorprendió a si mismo rezando por ella, antes de dispararle. 
El ruido del llanto de Samuel invadió la habitación, con solemnidad Reynald abandonó la sala. Todo se había terminado, pensó nuevamente.  

Día 4, 06:38


- Metete ahí- le indicó Carena, el chico la miró con desconfianza todavía sin saber porque debía obedecer a esa desconocida. El rifle apuntado por la inexpresiva cara de ella fue el mejor recordatorio y el impulso necesario para obligarlo a entrar.
- ¿Dónde estamos?- preguntó confundido, Carena revisó el lugar y se alegró al darse cuenta que estaba tan inhabitado como antes, por un momento había temido que se hubiera infestado después de que un día antes ella misma había disparado allí dentro. 
- En el trabajo de Reynald- respondió por compromiso Carena mientras se sentaba en una de las sillas que rodeaban la mesa central, con un gesto de su cabeza invitó al chico a imitarla- Esperaremos aquí hasta que Reynald me diga que hacer- le indicó. 
- Déjame ir- le pidió el chico suplicante, Carena lo miró con sequedad, en otro momento no hubiera dudado ni un minuto en liberar al chico e intentar tranquilizarlo sin embargo su mente seguía estática desde el incidente de la noche anterior, bastante había actuado en pedirle a Reynald que no lo tratara mal además claro de llevarlo hasta allí. 
Al ver como estaba a punto de llorar un pequeño sentimiento de su yo normal empezó a aparecer y quiso tranquilizar al chico sin embargo al instante el ruido de su disparo, el que había hecho para matar a una persona, inundó su mente metiéndola aún más en la depresión. 
- Entra allí- dijo indicándole la sala donde estaba el radio.
- ¿eh?- preguntó confundido sin embargo Carena ya había tomado su rifle y se había parado apuntándolo.
- ¡Que entres ahí!- gritó, sin dudarlo el chico entro. Carena cerró con llave antes de tirar el rifle acostarse con la pared y ponerse a llorar desconsoladamente perseguida por los fantasmas de su asesinato. 
Día 4, 12:58
Los tres permanecían fuera de la casa, protegidos por la recién reparada cerca, tras ellas un par de zombis intentaban en vano superarla. Pocas palabras habían sonado desde que el disparo de Reynald había terminado con Selena, Gladis y Adbou habían preferido no meterse demasiado en el tema, por lo menos no hasta ver como reaccionaría Samuel. 
Los ruidos desde el interior de la casa anticiparon que después de seis horas de duelo, Samuel saldría de allí. Gladis estaba especialmente incómoda con la situación, tanto era así que en su mano derecha tenía la pistola en posición, no confiaba en ese tipo. 
Reynald dirigió su mirada al pórtico esperando que apareciera por allí, no tardó en hacerlo. Con una cara tremendamente pálida y demacrada Samuel clavó rápidamente su mirada en la camioneta que ahora servía de soporte para la valla. No le importaba su uso, sino más bien su origen. Reynald creía que los levantados podían entrar a la propiedad en ese momento y a Samuel no le hubiera importado en lo más mínimo. 
Después de sacar su mirada de la camioneta revisó a los allí presentes, no le pareció extraño para nada que allí no estuviera Carena, era la reacción que había esperado de la joven. Sin embargo no estaba para esas cosas. 
- ¿Dónde está?- preguntó, su voz sonó ronca posiblemente debido a las largas horas de maldecir y llorar, sumado claro al cansancio del trajín de la noche anterior.
- ¿Carena?, fue a buscar al…- su mentira fue cortada por el gesto de Samuel apuntándole con su pistola- Samuel te entiendo, pero si vas contra ese chico tendrás que pasar por Carena y no creo que…
- Déjame hablar con ella, incluso una persona como ella entenderá que ese chico tiene que pagar- le refutó aun sosteniendo la pistola, Reynald negó con su cabeza.
- Baja el arma ya- Gladis también había reaccionado y con su pistola había apuntado a Samuel- Matar al chico no te devolverá a tu esposa, mucho menos enfrentar a la niña- agregó con enojo- Ponte los pantalones y deja de portarte como un bebé, ¿Quieres?. 
Las palabras detonaron a Samuel quien se lanzó contra Gladis, claro que antes de siquiera tocarla ya Adbou lo había interceptado y con gran habilidad dejado en el piso. Reynald alterado se levantó y se acercó a la acción temiendo alguna represalia por parte de Samuel, sin embargo él quedó en el piso mirando con odio a la mujer. 
- ¿Qué mierda sabes tú maldita puta?- preguntó desde el suelo- ¡Mierda ni siquiera sabía quiénes eran y salí a jugarme mi puto cuello por ustedes!- le acusó- Mi esposa murió también por su culpa- agregó mientras se levantaba y se acercaba a la puerta que separaba el hogar con la calle- Reynald- le llamó antes de salir, el militar lo miró con tristeza- disculpa que hayas tenido que lidiar con eso- le dijo con sinceridad, un golpe bajo incluso para alguien con la entereza como Reynald- Voy a buscar a ese chico y voy a matarlo, incluso si Carena se opone, no tiene que terminar así lo quiero a las cinco de la tarde en la plaza que está a 400 metros de aquí- agregó y salió dejando a un Reynald paralizado por sus palabras.
- ¿Qué harás?- preguntó Adbou a Reynald, Gladis sólo insultó al hombre y entró a la casa. 
- Voy a hacer que Carena entregue al chico- respondió Reynald- Samuel es un buen hombre y… que mierda es lo más cercano que tengo a un amigo en este puto mundo- agregó. 
- ¿el chico merece morir?- preguntó Adbou, Reynald no notó ningún tono de prejuicio o algo similar, sino más bien como si realmente Adbou le estuviera preguntando su verdadera opinión. 
- Estamos todos muertos, sólo hay que ver cuánto tiempo más demora el juicio- le respondió antes de llevarse el comunicador a su boca- ¿Carena me recibes?- preguntó. 
Día 4, 13:23
Por fin el sueño le había vencido, después de casi dos horas de llantos Carena se había dormido descansando después de la agitada (tanto en lo físico como en lo emocional) noche que había tenido. Tanto era el sueño de la chica que ni siquiera escuchaba la voz de Reynald sonar por el comunicador. 
- ¡Carena!- gritó por quinta vez, ya preocupado, Reynald. Esta vez la voz del altavoz fue suficiente para levantar a la chica quien por unos segundos permaneció confundida al despertarse en ese lugar. El ruido de movimiento dentro la habitación contigua sirvió como aviso de que su prisionero seguía allí, se sentía un poco irresponsable por haberse dormido sin embargo el cansancio había sido más fuerte que ella. 
- Estoy- murmuró, su voz sonó extraña incluso para ella sin embargo no le dio realmente importancia debido a que claramente se podía sentir como la voz de Reynald sonaba entre enfadada y preocupada. 
- ¿Dónde estabas?, pensé que te había pasado algo… ¿está todo bien?- preguntó todo de un tirón dejando a la joven más confundida que antes. 
- Estoy bien, sólo estaba durmiendo un poco- admitió volviendo al tono de frialdad que había utilizado desde el incidente del día anterior, no era algo que hiciera apropósito, sino más bien era algo que había adoptado inconscientemente debido a que su mente permanecía perdida ya que cada vez que se centraba en algo, los recuerdos volvían. 
- ¿Con ese tipo a tu lado?- preguntó preocupado, conocía a la chica lo suficiente como para pensar que tal vez lo había dejado escapar, en una tonta idea de solucionar todos los problemas que su presencia acarreaba. 
- Lo encerré en la zona de los lockers- le respondió- No está dando problemas algunos, parece un buen chico- opinó. 
- Eso lo decidiré después, no confío demasiado en tu forma de juzgar a las personas- le refutó Reynald, Carena en otro momento le hubiera discutido sin embargo prefirió dejar pasar el tema- Samuel se tomó el tema bastante más calmado de lo que yo esperaba así que decidiremos entre todos como actuar con el chico, en dos horas estaré allí para ir a buscarlo y volver los tres- le mintió. 
- Puedo ir para all…- Carena quiso proponerse sin embargo Reynald la cortó. 
- Espérame allí- le impuso, con un tono que no admitía réplica, Carena aceptó- Bien entonces cortaré la comunicación- le dijo sin embargo esta vez fue la chica quien lo interrumpió.
- Reynad espera- la voz de Carena sonó más a la habitual que a la que venía usando cosa que sorprendió un poco al hombre quien no había pasado por alto el repentino cambio de humor de la chica- Entonces Selena está…
- Muerta- completó el retirado militar con pesar en su voz, desde que había descubierto su “proximidad” con Carena detestaba ser él el que le diera las malas noticias, sin embargo de parte de la joven sólo recibió un frio asentimiento cosa que le sorprendió un poco. 
Día 4, 15:42
- Debe haberse empezado a acostumbrar a este mundo- pensó al darle nuevamente vueltas al asunto de la respuesta de Carena sobre la muerte de Selena. No sabía que pensar sobre que Carena empezara a tomar a la muerte como a algo natural. Como sobreviviente pensaba que era algo positivo, necesitaba que todos pudieran superar rápido una baja o seguramente les traería problemas, como cuando Elton había muerto. Sin embargo como… no sabía bien que palabra utilizar, no podía considerarse el padre de la chica, por dios hacía cinco días que la había conocido, sin embargo tampoco podía desligarse del tema, al fin y al cabo era su hija. 
Como el “tutor” de la chica no le parecía algo demasiado agradable que se acostumbrara a la frialdad que ese mundo prometía, en los pocos momentos de tranquilidad había encontrado en Carena una chica encantadora que vivía preocupada en ayudar a los demás. Una inocente. Para alguien que había experimentado en la guerra como Reynald, que había visto cosas que nunca se borrarían de su mente, la personalidad de Carena terminaba siendo un poco purificadora. Algo necesario para subsistir con cordura a la mierda que dios les estaba tirando encima. 
Mientras golpeaba la puerta de su viejo trabajo se sintió aún peor que antes, pensando en que él contribuiría a matar esa personalidad mintiéndole a la chica. 
- ¿Reynald?- preguntó Carena desde dentro, al responder la joven abrió rápidamente permitiéndole el ingreso al retirado militar. 
- ¿Está ahí dentro?- preguntó señalando con su cabeza la antigua sala de lockers, Carena asintió con su rostro llamando la atención del hombre. Por primera vez desde que los incidentes de la noche anterior Reynald prestó realmente atención en la joven y lo que vio no le gustó. 
Su semblante entre triste y serio demarcaban el cansancio de la joven, las ojeras de su rostro ayudaban a crear esa imagen, su pelo estaba seco e incluso tenía rastros de sangre en él, al igual que en su ropa. 
- ¿podrías sentarte un segundo?- le pidió Reynald, Carena se extrañó un poco ante el pedido sin embargo no dudó en cumplirlo. Reynald la imitó poniendo del otro lado de la mesa, frente a ella.
Pasaron unos segundos en silencio, Reynald tamborileaba sus dedos mostrando su incomodidad ante la situación, Carena en cambio estaba como en piloto automático, la curiosidad del porque Reynald quería hablarle había durado poco y ahora solo quería terminar con lo que fuera que allí pasara, volver a la casa y dormir unas cuantas horas. 
- He notado que no estás como siempre- le habló Reynald intentando iniciar la conversación, las palabras parecían surtir efecto en llamar la atención de la joven aunque por el gesto que había puesto pudo saber que era más por incomodidad que por real interés- Quería saber si esto es por el muerto que tuviste que rematar para salvarme allí- Carena recordó el incidente y hasta se tentó a reírse mentalmente, no podía creer que había llorado por matar a un “levantando”, sí en ese momento hubiera sabido que una hora más tarde le quitaría la vida a un ser humano podría haber matado a un batallón entero. 
- No tienes que preocuparte Reynald, al principio me había afectado pero luego me di cuenta que eso es una pequeñez en comparación con…- se detuvo un segundo, por un momento dudó si decirle o no sobre el incidente que había tenido con el fanático y Vanessa, sin embargo sin saber realmente porque prefirió guardárselo- en comparación con lo que estamos viviendo- se corrigió antes de volver a mentir- Sólo estoy cansada.
- Ya veo, no lo tomes a mal es bueno que sí tienes que hacerlo puedas matar a algunos de ellos sin embargo sí te molesta sólo dímelo- le dijo intentando ser lo más sentimental que podía. Ya satisfecho de haber cerrado el tema se paró con la clara intención de ir a buscar al chico sin embargo para Carena la charla no había terminado. 
- Reynald, tú estuviste en la guerra, ¿verdad?- preguntó Carena, Reynald no entendía muy bien a que venía con eso sin embargo asintió- Cuando mataste a una persona… ¿cómo logras olvidarlo?- preguntó más seria que de costumbre, Reynald suspiró mientras mentalmente repasaba su respuesta. 
- Nunca me olvidaré de ninguna de las caras de las personas que maté- le contestó con el mismo tono que ella había utilizado- tienes que aprender a seguir adelante con las cargas que la vida te dé o sino una vez que hayas matado habrá dos victimas, el asesinado y tú misma- sin esperar respuesta por parte de la chica se levantó y abrió la puerta. 
En una esquina con miedo y cansancio se encontraba el joven que había capturado, "otra cara que recordar" pensó al verlo ya que aunque él no disparara también lo estaría matando. Reynald vio como levantó la cabeza y su gesto pasó a ser el de curiosidad, Carena le había dicho que esa persona decidiría que hacer con él, Reynald estaba al mando y se encargaría de asegurarle que no era ninguna amenaza para nadie. Se aseguraría de asegurarle que no quería problemas con ellos, ni siquiera protección sólo quería que lo dejaran en libertad. 
- Por culpa de tu choque una persona de nuestro grupo se conrtió- la curiosidad del chico desapareció para permitirle el paso nuevamente al miedo, no tenía planeado que algo así ocurririera, esperar poder negociar con ellos sin embargo una vida caía bajo sus culpas. 
- ¡¿co... cómo fue?!- atinó a preguntar entre tartamudeos, Renald sintió pena por el chico y por el cruel destino que tendría sin embargo recordó nuevamente que eso era lo necesario para mantener lo que quedaba del grupo. El grupo era la única oportunidad para sobrevivir... el grupo era lo único que podría proteger a Carena. 
- Entraron a la casa porque tu derrivaste las vallas con tu camioneta, Selena no podía defenderse sola pero sí se mantenía dentro de la casa hubiera sobrevivido... ¿entiendes lo que hiciste?- pregunto Reynald. 
Carena salió de su estado de melancolía por un segundo debido a las palabras de Reynald y por el visible destino que parecía tener esa conversación, algo muy diferente a lo que habían hablado por comunicador. 
- Selena era la esposa de Samuel uno de nuestro grupo...- agregó Reynald- Yo tuve que matarla, me caía bien pero tenía que hacerlo- explicó sin saber bien a quien- No pedimos tu vida chico, Samuel sólo quiere hablar contigo- el joven se soreprendió bastante de las "condiciones" que habían impuesto para solucionar el problema- ¿cumpliras su deseo?- preguntó. 
- Si... si claro- asintió mientras se incorporaba, Carena miró extrañada a Reynald sin embargo no dijo nada- Siento todo lo que ocurrió- agregó mientras se acercaba, sin dudarlo el hombre levantó su pistola y le apuntó. 
- Hasta que no te lo diga no puedes caminar sólo, luego de eso te dejaré libre y harás lo que quieras, pero hasta entonces yo te vigilo- le aclaró, el chico asintió despacio no quería arruinar las cosas así que no pensaba quejarse- Ahora empieza a caminar delante mio y no intentes nada estúpido. 
Día 4, 16:33
- Yo conocía a Louis, mi hermano practicaba con él vino alguna vez a mi casa- le comentó Carena un poco más animada pero obviamente entre susurros para no llamar la atención de los "levantados". Desde el inicidente del día anterior practicamente habían visto muertos vivientes Reynald sospechaba que el ruido que había provocado su enfrentamiento contra el Hércules había llamado la atención de la mayoría limpiando un poco esa zona de la ciudad. 
Carena y el joven, quien se había presentado como Eric, caminaban unos pasos adelante del militar que miraba con reprobación como estos hablaba como si fueran amigos desde siempre. 
- Bueno pues iba a mi mismo curso- le aclaró, el chico estaba mucho más tranquilo que antes confiado de la palabra de Reynald que no le harian daño además disfrutaba bastante de la compañia de Carena quien había dejado de gritarle y amenazarlo con el rifle- Aunque no puedo decir que eramos demasiado amigos- le aclaró, Carena miró al chico y entendió a lo que se refería. 
- Siento haberte amenazado hace un rato- se disculpó- no es mi mejor día, venimo de tener una noche bast...- el ruido de pasos alertó a la chica quien sin dudarlo tomó a Eric y lo obligó a moverse hasta el callejón que estaba a su lado, Reynald había hecho lo mismo sólo que él ya tenía en su mano su pistola y en la otra el cuchillo. 
- Niña, cubreme- le indicó a Carena, esta asintió mientras sacaba el rifle y se ponía en la pared de enfrente lista para disparar, Reynald con velocidad se acercó a la esquina para poder espiar. 
Tardó sólo un segundo en poner su rostro en la calle nuevamente para volver a traerlo al callejón nuevamente. 
- Mierda- murmuró incrédulo- ¡¡escondanse ya!!- les dijo en un susurro señalando el gran cesto de basura que allí había, sin dudarlo Eric lo abrió sacó dos bolsas de cosiderable tamaño y le indicó a Carena que entrara. La chica volvió a ver a Reynald y no dudó que el peligro era real, nunca lo había visto tan agitado. El militar obligó a ambos jóvenes a entrar antes hacerlo él y cerrar el cesto. 
Con un gesto, Reynald les indicó que hicieran silencio. Tanto Carena como Eric se preguntaba que pasaba allí. 
El sonido de miles y miles de pasos fue la respuesta que querian, pero la que no necesitaba. 
A pocos metros de ellos cientos de zombis desfilaban. 
- Creo que la iglesia está desocupada- murmuró Reynald mientras rezaba que salieran vivos de esa situación. 
Día 36, 05:13
Como había esperado ella se encontraba allí sentada frente a jesucristo, rezando como cada vez que uno de su grupo moría. 
- ¿Estás bien?- preguntó el joven, era más protocolar que otra cosa uno de los vestigios de cuando la vida era vida. Sabía que hacía un poco más de un mes que ella no estaba bien. 
- Sigo viva Elton- respondió Carena mientras se levantaba- pensé que eso sería estar bien pero creo que ya ni eso tiene sentido, ¿por qué mierda seguimos viviendo así?- el chico sonrió al escuchar decir "mierda" a la chica, cuando la había conocido era una persona totalmente diferente. 
Aunque todos lo eran. 
- ¿Acaso quieres rendirte?- le preguntó Elton sin tomarsela en serio. 
- Hoy tocamos fondo, ¿a cuantos perdimos ya?: Selena, Samuel, Adbou, Eric, Louis, Lark, ya perdí la cuenta de cuantos amigos perdí, sin embargo lo de hoy fue tocar el fondo completamente- le recordó- Hoy dejamos de ser humanos.
- Estás exagerando- le retrucó el chico empezando a preocuparse de veras por la chica. 
- ¿Exagerando?- preguntó Carena con una sonrisa irónica- Hoy maté a mi padre Elton, ¿qué tiene eso de exagerado?
- Tuviste que hacerlo, Reynald ya no era el mismo- le refutó Elton- ¡por dios Carena casi nos mata a todos enfrentadonos con ese grupo!
- Tuve que haber dejado que matara a Erick- murmuró- Eso hubiera cambiado todo.


Tal vez ya se dieron cuenta de que estoy usando la metodogía "Lost" para narrar los sucesos, espero que les guste (o por lo menos no les moleste), 
Spoiler:
también espero que la apareción del personaje del final sea lo que esperabas Manto... teniendo en cuenta tus comentarios decidí traerlo un poquito antes.
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por MaNtoSastO el Sáb Jul 13, 2013 5:37 pm

Eltooooooooooooooooonnnn ven a mí!!!! *abrazo de buddys* Ya decía yo que no podía estar muerto!
Aunque con lo de día 36 me rompiste todos los esquemas, no sé qué pensar... no habrá bomba atómica, posiblemente no haya solución por parte de los militares, la crisis parece salir de St. Christine... hay demasiadas implicaciones para que pueda decir por el momento si fue o no una buena revelación.

Ahora por este final, diciendo que haberlo dejado matar a Eric hubiera cambiado todo, me lleva a pensar que Reynald acabará con la vida de Samuel y eso afectará su personalidad inclinándolo por una pendiente sin retorno. Me apena conocer su destino puesto que me caía/cae realmente bien. Pero a menos que sea como los comics de DC o Marvel con diferentes Tierras y dimensiones, es inevitable Razz 
Súbitamente tu hilo se volvió mucho más sombrío, los hilos de Yuske y tuyo son como The Dark Knight y el mio como Batman de 1960 xD

En fin, supongo que tendré que ponerme manos a la obra, aunque ya me olvidé lo que tenía pensado xP
Saludos!
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por yuske el Dom Jul 14, 2013 12:33 am

Que puedo decir que no haya dicho manto ya.

increíble lo que a acontecido, pero el final es de lo más asombroso, no solo nos das un vistazo de las muertes que vendrán, también nos das un vistazo de lo que acontecerá.

Porl o que veo Carena su relación con reynald. Y pienso yo que este le pasara algo parecido a lo que venia sucediendo le a logan en el hilo de templar, al final este mundo terminara por quebrantarlo.

En cuanto a quien se enfrentan, tengo dos grupos en mente, ya lo hablaré contigo luego, así como otras cosas.




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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por MaNtoSastO el Dom Jul 14, 2013 5:57 am

No sé que me pasó anoche (sería muy tarde) pero no necesariamente la revelación de un lejano día 36 implique nada de lo que dije. Ya se me ocurrieron varias cosas con respecto al futuro de St. Christine y todo cuaja bien! Incluso con los grupos del exterior Very Happy
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por MaNtoSastO el Lun Ago 12, 2013 11:22 am

De acuerdo, me tardé mucho en traer esta entrega, de hecho me olvidé de escribirla y a causa de ello olvidé también todo lo que tenía pensado, por lo que estaré siguiendo otro curso a lo que esperaba Razz

Secretos:
Día 4 – 5:12 p.m. - en algún lugar de St. Christine.

Corría por una callejuela, desesperado, cuando llegó al final de la misma y se vio obligado a cruzar una avenida abandonada. Antes de lanzarse lo dudó, pero no tenía más remedio. Tragó saliva y respiró hondo, miró al otro lado y se proyectó a toda prisa hacia la callejuela que continuaba entre los edificios de enfrente.

Su rodilla estalló en trozos, acompañada por un poderoso retronar que ahogó su grito. Cayó inexorablemente sobre el asfalto y allí se mantuvo tumbado, sintiendo un inmenso dolor donde se hallaba la destrozada rodilla y reteniendo una lluvia de lágrimas que amenazaba con brotar de sus ojos como el más fiero de los temporales.

Al cabo de unos momentos una serie de pasos se dejaron percibir.

—Al fin ha dejado de correr, doctor.

El hombre giró en el suelo y observó al sujeto de sonrisa torcida y soberbia que lo miraba desde arriba. El canoso le apuntó con un revolver —Pensar que uno de los nerds en jefe nos traería tantos problemas...

Día 4 – 5:16 p.m. - Hospital Cecilia Grierson.

—Tenemos a Kutner.

La transmisión se cortó después de eso, Abraham no comprendía lo que acababa de oir, como así tampoco lo hacía Jasón que estaba despierto en la misma habitación. Pero para Miguel era toda otra historia —Esa voz... Charles. Los Red Hawks han completado su misión —lució pensativo por unos segundos—. Sigue intentando, no podemos perderlos ahora —ordenó al castaño que sostenía el walkie-talkie. Abraham asintió y se dispuso a continuar con aquello que todos los demás desconocían.


Mark caminaba por uno de los pasillos, había ido a la habitación en la que Vanessa eligió resguardarse, pero se vio parado frente a la puerta sin saber siquiera lo que haría; por lo que, furioso consigo mismo, se alejó y emprendió una caminata para aclarar su mente: las últimas palabras de la joven lo habían afectado, se negaba a aceptarlas sin más y buscaba distintas explicaciones, quería preguntarle a ella, que le contara más acerca de su pasado o lo que hubiera ocurrido, pero no se atrevía.

Estaba mirando por una de las amplias ventanas del pasillo cuando un peculiar sonido llamó su atención. Un sonido mecánico y corto que se silenció en un instante. Le resultaba muy familiar, la imagen de su padre se dibujó en su mente y al darse la vuelta encontró la relación entre las dos cosas sin ningún problema: una cámara de seguridad apuntaba directamente hacia él. Recordó a su padre ejerciendo su profeción de fotógrafo, manejando el zoom de las cámaras y produciendo un sonido similar. Alguien lo estaba observando...

Día 4 – 5:27 p.m.

—No hay suerte, creo que han dejado de transmitir —explicó Abraham, a lo que Miguel juró por lo bajo y se apartó hacia la ventana. Los zombis que rodeaban el edificio no habían disminuído en las horas pasadas y, de hecho, empezaban a verse más inquietos.

Mark apareció por la puerta —Hay alguien más aquí, en el hospital. Probablemente tras las cortinas de metal. Noté varias cámaras de seguridad activas.

Miguel no supo si tomar la noticia como algo bueno o como una desgracia. El hecho de que habiendo pasado tanto tiempo en el lugar no fueran sido abordados por los supuestos sobrevivientes le suponía una mala espina —¿Estás seguro de ello? —Intentó asegurarse de lo que decía el joven, pero de pronto fue interrumpido por Javier que entró agitado al cuarto.

—Tenemos que irnos de aquí, ahora —prorrumpió entre jadeos.

El resto del grupo lo observó en silencio, esperando alguna otra explicación, pero al ver que el hombre se mantenía mudo Miguel decidió indagar —¿A qué te refieres?

Javier contestó con evasivas, redundando en la presura de escapar pero sin ahondar en los motivos del porqué. No obstante, la respuesta llegó por sí sola:

Un mar de gritos se alzó en el ambiente, infectándolo todo con sus cánticos guturales y rasposos que recorrían desde el exterior del edificio hasta atravezar los pasillos del hospital.

Repentinamente Gene ingresó en la habitación donde se reunían todos, empujando al cansado Javier al llegar —¡Los caminantes están golpeando la barricada, necesitamos reforzarla o la derribarán!

Belmondo cruzó miradas con Mark y con Jasón y, acto seguido, emprendieron un trote acelerado hasta la entrada del hospital, comprendiendo que ya era demasiado tarde para seguir las palabras de Javier. Ya no había escape.

Los zombis detrás de la atrincherada puerta acometían insesantes, en un comportamiento violento que no habían enseñado hasta el momento —¿Qué demonios les sucede? —Preguntó Jasón, sintendo repugnancia mientras veía a través del cristal cómo uno de los destrozados cuerpos estrellaba su cabeza contra las maderas que tapaban el paso, dejando un cuerpo inerte que se amontonaba al lado del de muchos otros.

—Nunca los había visto así...

Detrás de Mark llegaron Javier, Abraham  y una recuperada Lisa, todos ellos con semblantes preocupados y temerosos.

—Gene, toma a Mark y vayan a buscar más mesas y sillas a la cafetería, apilaremos unas cuantas más para detenerlos. Jasón, ve con el muchacho —indicó a Abraham— a buscar todas las armas y municiones que tengamos —Miguel miró a los otros dos—. ¿Dónde está la otra chica?

—Creo que sigue arriba —contestó Lisa.

Belmondo iba a hablar otra vez cuando el crujir de un vidrio lo cortó. Las ventanas del hospital estaban bastante elevadas del nivel del suelo, aproximadamente dos metros, y el único ingreso que habían calculado para los muertos vivientes era la puerta de entrada al final de una no muy larga escalera. Sin embargo los cadáveres ambulantes que rodeaban el edificio comenzaban a amontonarse como una estampida, cayendo y pisándose los unos a los otros, sirviéndose a sí mismos como peldaños. Así el primero de ellos había logrado romper la ventana y entrar al refugio de los sobrevivientes.

Recibió dos certeros disparos en la cabeza por parte del militar, quien sabía que ese era solo el primero de ellos —Maldición, no podremos defender el lugar... Javier, ve a avisarles a Mark y a Gene que de nada servirá reforzar la barricada, tenemos que salir de aquí.

El hombre de la camisa pareció dubitativo, hasta que al fin acató la orden y fue en busca de sus dos compañeros. Por su parte, Miguel guió a Lisa de regreso hacia las escaleras, donde se encontraron con Jasón y Abraham que traían un par de bolsos con todo el armamento con que contaban.

—¿Qué ocurre? —Preguntó el morocho al notar el preocupado semblante del líder del grupo.


—¡Oigan! —El llamado llegó mientras empujaban unas cuantas sillas apiladas sobre un par de mesas —Dejen eso, tenemos que salir de aquí, ¡los zombis ya están entrando!

Los dos jóvenes compartieron una mirada de consternación y partieron junto con el recién llegado.

Los siete se agruparon frente a las escaleras, donde Miguel y Jasón disparaban a otro par de caminantes que ya recorrían los pasillos del hospital.

—¿Qué hacemos ahora? —Cuestionó Gene al llegar.

—¿Dónde está Vanessa? —Inquirió también Mark, al notar su ausencia. Lisa contó lo mismo que le hubo dicho al militar y su hermano se dispuso a ir a buscarla cuando Belmondo lo detuvo, asiéndolo por el brazo.

—El único escape que tenemos es el otro anexo del hospital, abriremos la parsiana; una vez que encuentres a la muchacha vuelvan aquí.

Mark asintió con seguridad y corrió por las escaleras.

—¡Muy bien, tenemos que encontrar la manera de correr esas parsianas de metal! —Cada vez más cadáveres ambulantes colmaban los corredores y se acercaban en un éxtasis atípico en ellos —¡Abraham! ¿¡Puedes hacer algo con esa barrera!?

—Lo intentaré.

El joven de cabellos castaños corrió hasta la cortina de placas metálicas y comenzó a buscar un modo de introducirse en sus sistemas, mientras los otros hombres mantenían a los zombis a raya a base de balas.


Mark llegó a la habitación en la que Vanessa se había encerrado pero no la encontró allí —¿Dónde te has metido?

Recorrió los pasillos, llamando a gritos a su compañera, y la encontró frente al gran ventanal de la parte este del edificio, con su mirada absorta en el exterior, observando a los centenares de caminantes arremolinándose al rededor de su refugio y pensando probablemente que ya no saldrían vivos de esa.

—¡Vanessa! —La chica se sobresaltó— ¿A qué esperas? Vamos, tenemos que escapar de aquí —pero ella no se movió.

Mark, que venía bastante agitado, se serenó de pronto, como si el apremio que traía consigo hubiera desaparecido de golpe, permitiéndose estar allí exclusivamente para aquella muchacha.

—Estoy cansada... —él la observó, impávido— estoy cansada de correr, no importa a dónde vaya, nada cambiará.

Mark se mantuvo de pie detrás de ella, quien le daba la espalda mientras observaba al caótico exterior.

—Escapen sin mí. Quiero quedarme.

Se acercó con paso decidido y la tomó por brazo, obligándola a darse la vuelta y encontrarse cara a cara —Nos iremos de aquí todos juntos.

Vanessa forcejeó para soltarse, y al ver que el muchacho no cedería le propinó un fuerte cachetazo —¡Déjame sola! —Pero el agarre de Mark permaneció firme. Volvió su rostro al de ella y le dedicó una mirada repleta de una fuerza que hasta ahora nunca había enseñado.

—Ódiame si te hace sentir mejor. Pero no dejaré que mueras.

Sostuvieron sus miradas por unos momentos, momento en el que el muro que Vanessa parecía levantar cada vez que alguien se acercaba a ella se debilitó. Se sintió confundida y ese instante fue todo lo que el muchacho necesitó. Tiró de ella y los dos emprendieron el camino para reunirse con el resto del grupo.


Los caminantes continuaban inundando el primer nivel del hospital —¡No hay nada, ningún panel, ni mecanismo a la vista, no puedo abrirlo desde aquí! —Gritó Abraham para alzar su voz sobre el retumbar de los disparos y los gritos de los zombis.

Todo parecía perdido, pero la menos esperada de las personas se aventuró —¡Por aquí, la otra entrada que lleva al sótano! —Javier tomó la delantera, corriendo hacia las escaleras que conducían al nivel de abajo. El resto del grupo, en un mudo acuerdo, lo siguió como si fuera el líder de todos ellos.

Los zombis, a pesar del deplorable estado de sus cuerpos, también se esforzaban por correr tras ellos. Gritaban como enardecidos y agitaban sus cuerpos en violentas convulciones.

Se detuvieron en mitad de la escalera, a pocos pasos de donde la pesada parsiana les cortaba el paso —Aquí— Javier señaló una placa de metal en la pared, la cual Miguel removió con un par de disparos—. Estos mecanismos tienen algo que ver con la puerta.

Abraham no lo cuestionó y pasó directamente a inspeccionarlo. Por la distribución de los elementos comprendió que así era —¡Me tomará solo unos momentos! Comunicó a los otros tres hombres que cargaban con las armas.

—De acuerdo, aguantaremos tanto como nos sea posible— respondió Miguel —¡Jasón! ¿Cuántas municiones nos quedan?

—¡Si la situación se alarga, no las suficientes!

Y era cierto, los caminantes no dejaban de llegar, cada vez eran más y más, y pronto serían arrazados por sus números.

—¡Miguel! —La voz de Mark sonó desde arriba, el paso del piso superior hacia las escaleras que se dirigían al sótano se hallaba completamente obstruído por un mar de carne asesina.

—¡Estamos abajo!

Los dos jóvenes estaban incomunicados, no tenían forma de cruzar hasta el otro lado. La voz de Belmondo los invitó a tomar refugio: arrojaría una granada.

—¿Cómo vas con eso? —La voz de Gene sonó nerviosa, y de igual índole fue el tono empleado por Abraham en su respuesta.

—Ya casi lo tengo...

El edificio se sacudió junto con el estrepitoso estallido que demolió más de un trozo de pared. Los cuerpos desparramados de los zombis permanecieron tendidos, proporcionando un instante de calma que Mark y Vanessa aprovecharon para reagruparse con el resto de sus compañeros.

Un coro gutural y desesperado llegó desde la entrada del hospital y atravezó a cada uno de los ocho supervivientes como si fueran cuchillas de hielo. El potente estruendo causado por el explosivo los había violentado incluso más, y ahora la barricada de la entrada ya no aguantaba. La pared montada en las puertas del hospital cedió y el océano de caminantes ingresó hambriento de muerte.

El tropel de sus pasos no se dejó esperar, era una estampida que avanzaba sin frenos por el interior del edificio

—Abraham...

—¡Lo sé, lo sé!

Al final del corredor (o al comienzo, dependiendo de la perspectiva), las siluetas de cientos de cuerpos se dibujó, se acercaban directamente hacia ellos.

—No podremos detenerlos esta vez —afirmó Miguel, poniendo incluso más tensos a los demás.

—¡Lo tengo! —Terminó Abraham en un grito de victoria y la persiana de metal comenzó a levantarse.

Miguel, y de seguro todos los demás en el grupo, agradecieron a Dios en silencio por que aquel muchacho hubiera decidido seguir con ellos.

No obstante la alegría duró muy poco.

La barrera metálica se detuvo a los pocos centímetros, completamente muerta.

—¿¡Qué sucedió!? —Chilló Lisa, desesperada.

El joven castaño examinó el panel —Alguien ha cortado la energía de reserva que mantenía el hospital.

—¿Qué ahora?

—Ayúdenme con esto —Jasón se dirigió directamente hasta la parsiana— . Aunque se haya cortado la energía, el mecanismo ha de haber quedado abierto, tal vez podamos moverla— explicó mientras tomaba la parte inferior de la barrera y tiraba con todas sus fuerzas hacia arriba.

—¡Intentémoslo! —Llamó Miguel. Y acompañado por Gene, Mark e incluso Javier, los cuatro se sumaron al esfuerzo del morocho.

Mark sentía que sus dedos se partirían y se le caerían en cualquier momento, pero no le importó. Todos ellos continuaron empujando hacia arriba hasta que finalmente la pesada parsiana aflojó y se levantó unos cuantos centímetros, los suficientes para que sus cuerpos pasaran agachados.

Lisa cruzó primera, seguida por Vanessa que pasó obligada por la mirada de Mark, quien acompañó a Miguel hasta ser los dos últimos.

Del otro lado la luz apenas llegaba —¿A dónde vamos ahora? —Se preguntó Abraham. Aunque hubieran pasado a otro lugar, eso no garantizaba nada, los zombis seguían acercándose y pronto los alcanzarían.

—Por aquí —Javier tomó la iniciativa una vez más.

Los demás dudaron por unos momentos, pero al ver a Miguel que accedió a seguirlo, fueron tras él.

Estaba oscuro como boca de lobo, por lo que encendieron las dos linternas que tenían y avanzaron con cautela hasta llegar a una puerta metálica que tenía un lector de tarjetas a un lado.

—¿Cómo pasaremos si no hay energía?

—¿Cuántas granadas nos quedan?


La explosión volvió a sacudir el edificio, haciéndolo parecer el escenario de una guerra. El grupo atravesó la destrozada puerta y se encontraron en un cuarto de metal separado en tres partes por amplias láminas de vidrio.

Javier se acercó a la más cercana de ellas y comenzó a tantear —Ayúdenme aquí.

Mark y Jasón lo asistieron, encontrando una separación en medio del cristal y empujándolo para abrirlo como puertas corredizas. Toda la pared de vidrio cedió, dando paso a la parte central del cuarto y a una segunda barrera transparente.

—Una sala de esterilización... —razonó Miguel. Era una obviedad que los hospitales normales, como se suponía que era el Cecilia Grierson, no contaban con cámaras de ese estilo. Belmondo levantó sus sensores de sospecha y se mantuvo expectante, de pronto Javier podría ser una amenaza para el grupo, siempre había habido algo al rededor de ese sujeto que no le había terminado de convencer, y ahora por fin comenzaba a vislumbrarlo.

Abrieron la segunda puerta y pasaron directamente al siguiente corredor. Un olor peculiar se mantenía a flote en el ambiente —Estaremos seguros aquí —explicó Javier antes de sentarse con la espalda contra la pared para recuperar su aplomo. No tenían más luz que los dos haces despedidos por las linternas, hallándose en la abismal oscuridad de un pasillo desconocido.

Miguel permaneció en silencio, quería hablar con el hombre que los había guiado a aquel lugar, pero de alguna manera se sentía incómodo haciéndolo a oscuras o sin siquiera haberle dejado tomar un respiro a los demás.

Durante unos minutos nadie dijo nada, Gene se apartó un poco con una de las linternas, inspeccionando el pasillo en el que estaban. Abraham se paró a su lado con mirada seria y se dirigió a él con un tono apenas audible —¿Dónde crees que estemos?

—No lo sé, pero no confío en ese sujeto.

Día 4 – 6:39 p.m.

El corredor se iluminó de golpe, llenándose de una tenue luminiscencia que provenía de las lámparas led de emergencia distribuídas en las esquinas superiores donde la pared se unía con el techo.

Los muros que discurrían a lo largo estaban pintados con un suave colo salmón y el pasillo se extendía a lo largo tanto hacia la izquierda, que terminaba con una puerta de doble hoja de metal, como hacia la derecha, donde doblaba en una esquina.

—Se ha reconectado la energía —se alegró Lisa, pero los más astutos del grupo mantuvieron sus sentidos alerta. Fuera quien fuese el que estaba manejando las cosas, no los quería allí y había intentado matarlos.

—Tendrás que explicarte, y tendrás que hacerlo ahora —Miguel se había parado frente a Javier, cruzado de brazos, y lo observaba con semblante adusto. El resto del grupo se mostró expectante también.

—No sé a qué te refieres...

—Córtalo. No actúes como un idiota, Javier. Conoces demasiado bien este lugar y sabías exactamente a dónde llevarnos.

El acusado silenció sus palabras. En efecto, ya no era una posibilidad para él no responder a las preguntas del militar.

Javier suspiró —No creo que vaya a satisfaser sus preguntas, pero les contaré tanto como pueda —nadie más habló —. Yo trabajaba para el doctor Sean B. Kutner en esta institución, el hospital solo era una tapadera para el laboratorio en el que ahora nos encontramos. A pesar de ser uno de sus ayudantes nunca se me reveló demasiado acerca del útlimo proyecto en el que trabajábamos. Solo sé que el doctor fue llamado por el gobierno para dirigir, junto con otros científicos de renombre, un importante proyecto. La doctora Sykhansen y él desarrollaron un suero que vigorizaba las células, pero los militares los presionaron para llevar el experimento incluso más lejos, en busca del arma perfecta.

Miguel no se mostró demasiado sorprendido, de alguna manera sabía que los militares habían tenido algo que ver, si no es que eran los responsables directos del caos.

—Después de eso se llevaron a la doctora Sykhansen a otro laboratorio, mientras Kutner fue dispuesto a crear unas feromonas que controlaran a los no muertos.

—¿¡Entonces estaban creando zombis a propósito!? —Estalló Gene, tomando a Javier por el cuello de la camisa y estampándolo contra la pared. Miguel intervino y lo detuvo antes de que lo moliera a golpes.

—Viendo el caos que se ha desatado en la ciudad, ¿imaginan lo que sería utilizar esto como un arma contra nuestros enemigos? Por supuesto que el gobierno y el ejército estaban más que interesados en el desarrollo de este virus.

Jasón se adelantó al resto e hizo la pregunta que todos mantenían en sus cabezas —Han de haber creado una cura...

Javier se calló por un momento antes de contestar —Lo lamento, todo lo que alcanzamos a desarrollar fueron dos tipos de feromonas, uno que repele a los no muertos, que se encuentra dispersa en este laboratorio y nos mantiene a salvo. Y otra que los violenta y vuelve mucho más agresivos... siendo la utilizada por quien quiera que se encuentre en este laboratorio para acabar con nosotros —hizo una pausa—. Hubo un accidente que desconozco y todo se salió de control. Los científicos que trabajaban en el proyecto lo hacían de manera separada unos de otros, desconociendo la totalidad del mismo y concentrándose solo en la parte que les había sido ordenada. Solo tres de ellos conocían la complejidad del proyecto.

—En todo este tiempo no creíste que valiera la pena contarnos nada de esto... —habló por fin Belmondo.

Javier se mostró afligido —Quería salir de este infierno como todos, eso es todo. ¿Qué bien les hace saber o no los problemas que trajeron esta pesadilla sobre nosotros? La meta sigue siendo sobrevivir y escapar de esta tierra de nadie.

Nadie contestó.

—¿Entonces... ahora qué? —Se aventuró Abraham.

Miguel lo miró, y luego paseó su vista por el resto de los individuos que lo acompañaban —Si en verdad estamos seguros en este lugar, aprovechen a tomar un respiro, mientras pensaré en algo.

Día 4 – 7:12 p.m.

Vanessa se había vuelto a separar del grupo, buscaba un baño o tocador (pues aunque fuera un laboratorio secreto, seguía siendo dirigido por humanos que tenían necesidades inegables, por lo que debía de haber uno en algún lugar).

Mark, que junto con Abraham hubieron encontrado una máquina expendedora de golosinas y una de café, ambas dispuestas en una especie de lobby de baldosas de mármol y adornado con plantas en bonitas macetas, vio pasar a la muchacha por uno de los pasillo y decidió encararla una vez más; no le gustaba cómo habían quedado las cosas flotendo entre ellos. Aunque no hubiera nada, se sentía incómodo. Necesitaba hablar con la muchacha por lo que la siguió.

La vio entrar en una de dos puertas y detuvo su paso al ver el letrero que revelaba ser un baño. Fue hacia la pared de en frente a la entrada del mismo y se apoyó en ella. Estaba algo nervioso; después de cómo la había tratado y de lo que le había dicho, no sabía qué esperar, ni cómo explicarse. Tal vez debía pedirle disculpas, no estaba seguro. En el fondo había actuado siguiendo sus sentimientos y creía haber hecho lo correcto, pero con la cabeza ya en frío, no hallaba manera de abordar la situación o de cómo tratarla.

Pasaron varios minutos sin que la chica saliera del lugar, bastantes más de los que normalmente se hubiera tomado cualquier mujer. Preocupado, Mark se atrevió a acercar su oído a la puerta, pero no consiguió escuchar nada. Quiso preguntar si todo estaba bien, pero una mano invisible tiró desde lo más profundo de su alma y lo enmudeció en el acto. Convino en que esperaría un poco más, pero una mezcla de ansiedad y perturbación lo movió a correr la puerta e introducirse en el tocador al que hubo entrado Vanessa antes que él.

Su vista chocó con el cuerpo desnudo de la muchacha, al menos el torso, y la pálida piel de la joven llegó a los ojos del castaño como el resplandor de la nieve. Ella volteó a verlo con un gesto de espanto, asustada por haber sido sorprendida en tal estado. Y Mark no tardó en notar que ese susto no se debía a encontrarse expuesta sin ropas, sino a ser sorprendida enseñando aquello que quería ocultar: la espalda de la muchacha presentaba un serie de moretones, golpes y algunas cicatrices. Tanto así como sus hombros. La mayoría de esas heridas no lucían demasiado recientes, excepto por una. Una única herida que heló la sangre de Mark.

Debajo de su hombro, Vanessa cargaba con tres cortes sangrantes, como si hubiese sido rasguñada. Y al rededor de esa herida su cuerpo se tornaba de un color más pálido y mortecino, adornado por un derrame de venas carmesíes.

—Has sido...

Ella cambió su gesto a uno más triste —Infectada.

Espero que haya sido de su agrado!
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por Izanagi el Dom Dic 22, 2013 10:19 pm

Genialoso Manto, cuando me dijiste que habias actualizado y yo no lo había leido casi muero (lastima, hubiera sido bueno ser un zombi....) en fin gran capítulo ahora apuesto todas mis fichas a que realmente Vanesa mató a su padre sin embargo no se como esta reaccionará a que Mark la haya visto....

No hay cura, o por lo menos si la hay será ultra archi mega hiper secreta, aunque con tantas muertes de zombis más de uno preferirá que no haya cura alguna.
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por MaNtoSastO el Lun Dic 23, 2013 6:14 am

Me hiciste acordar un par de cosas que tenía en mente, si se llega a retomar el proyecto creo que voy a poder seguirlo más o menos como lo tenía planeado. Al menos en cuanto a líneas generales Very Happy
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

Mensaje por MaNtoSastO el Vie Feb 28, 2014 6:32 pm

Se acuerdan cuando escribíamos una historia colectiva de zombis? Estaba buena Razz


P.D: sí, hice doble post y no me siento mal por ello  Twisted Evil 
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Re: [CS] St. Christine: Zombie attack [abre 9na ronda - Manto up]

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