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[O] Tímido

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[O] Tímido

Mensaje por yuske el Dom Mar 18, 2012 4:45 pm

Este one-shot que les traigo en esta ocasion es un tanto distinto a mis historias comunes en lo que a tematica se refiere, aqui no habra nada existencial, tampoco mistico ni fantaseoso, ni nadie matandose el uno al otro (lo se, ya se ve un poco desalentador), esta es una historia, digamos un tanto romantica, auqnue no estoy seguro que realmente me haya quedado asi, no soy un experto en este tipo de historias y la verdad es que se me dificultan mucho, por lo que espero muchos comentarios sobre como esta hecha y sugerencias.

Spoiler:

Tímido


La noche había caído y desde mí mesa en el restaurant “Las luces” podía ver a través de la ventana como la gran luna llena se alzaba por el cielo irradiando a la ciudad con sus rayos de plata mientras que las estrellas destellaban a su alrededor casi como si realizaran una danza solemne con la cual le mostraban su respeto y admiración a la que desde hace tiempo llamo “La reina plateada del cielo”.

El ruido que producen unas campanillas cerca de la puerta cada vez que esta se abre me saco de mis cavilaciones. Voltee a ver hacia la entra del restaurant en un acto reflejo y vi como un grupo de personas que charlaban animadamente entre ellas entraban en el lugar. Sin embargo no fueron ellos quienes robaron mí atención, fue la camarera que los recibió quien cautivo mí mirada. Como siempre lo había hecho desde la primera vez que la vi.

Su rostro siempre se mostraba alegre y su mirada amable y nunca faltaba una sonrisa en él. Su cabello largo y lizo de un color negro azabache resplandecía bellamente. Se dice que el brillo del cabello de una persona revela mucho sobre sus cuidados personales y lo sana que es. Mientras que su blanca piel lucía radiante y delicada. Pero fuera de su apariencia física había algo más en ella que me cautivaba y es que con solo verla olvidaba todos mis problemas, su sola presencia me hacia sentir una paz interior que nunca antes había experimentado, me tranquilizaba, poseía un aura cálido y abrigador por decirlo de una manera, ciertamente no se como explicar eso.

La mire fijamente y ella volteo hacía mi, nuestras miradas se toparon por unos segundos, a pesar de la distancia pude notar lo hermosos que eran sus ojos verdes. Y ella me sonrió. No supe que hacer, trate de sonreír pero solo conseguí dibujar media sonrisa en mi rostro antes de que desviara la mirada hacia la mesa.
Ahora me sentía apenado y torpe y seguro ella pensaba que lo era. Nunca había hablado con ella antes, salvo las veces que tomo mí orden, aunque realmente no puedo decir que eso haya sido hablar con ella por un par de razones: Me limite a ordenar lo primero que veía en el menú y no paraba de tartamudear. Muy probablemente ella pensara que yo soy un chico patético y torpe. No podía culparla por que realmente lo soy.

Se pocas cosas sobre ella. Por las veces que he venido me di cuenta que su hora de salida es cerca de la 9 pm. Y por coincidencia descubrí que ella toma la misma ruta del metro que yo, solo que yo bajo antes que ella. Pero lo más importante que se es su nombre, ¿Cómo? Sencillo, colgado en el delantal que usaba lleva un broche con su nombre en él. Dana. No conocía sus apellidos pero me conformaba con saber su nombre de pila, para mi eso era más que suficiente. Tal vez piensen que sea un nombre sencillo, pero a mi me gustaba me parecía que le quedaba a la perfección.

Después de cenar y divagar por mis pensamientos me retire del restaurant, no sin antes pagar claro esta. Caminé un par de cuadras hacia el subterráneo. Entre en él y me dirigí hacia el anden. Pero no aborde el tren. Eran poco más de las 9 pm. Pronto ella llegaría, tal vez hoy podría hablar con ella. Un par de minutos después ella pareció en las escaleras del andén y camino directo hacía una de las bancas. Yo estaba a unos metros de ella, parecía que no me había visto, aunque tal vez solo ignoraba o hacia de menos mí presencia. La mire por unos instantes, vestida en ropa de civil se veía aun mas hermosa que con el uniforme del restaurant pese a que lo que llevaba no era algo tan llamativo.

Un nuevo tren arribo a la estación y ambos lo abordamos. Al ser la penúltima estación no subió mucha gente con nosotros. Mire hacia donde estaba ella, no estábamos mas que a una puerta de distancia. Quería hablarle pero ¿Cómo hacerlo? No tengo idea de cómo comenzar una conversación, ¿Bastaría con un “hola” o necesitaría algo más para romper el hielo? Además, ¿Sobre que debía hablarle?, ¿De mi trabajo? No eso es aburrido. ¿Sobre alguna telenovela? No parecería demasiado extraño. Fue entonces cuando me di cuenta de lo que sostenía en sus manos. Un grueso libro con una capa verde y gruesa que parecía tener arboles ilustrados en él. Yo lo conocía, era mí libro favorito, podía hablar de eso, si podía hacerlo ¿Por que no? Así que di un paso hacia ella y… nada más. No pude dar otro paso, no tengo lo que se necesitaba para hacerlo, soy un cobarde, además ¿Que tal si se molestaba por interrumpir su lectura? La duda comenzó a invadirme y retrocedí el escaso paso que había avanzado. Poco después me vi envuelto en una discusión interna con la cual buscaba reunir valor y acercármele, sin embargo mientras eso sucedía en mí mente, en el metro la gente comenzaba a llenar el vagón sin que me diera cuenta. Para cuando me pude rearmar de valor la había perdido de vista, la gente en el vagón era tanta que no me permitían verla. Sin embargo luego de que unas cuantas personas bajaran pude verla de nuevo, sosteniendo su libro y con la mirada fija en él. Di un paso hacia ella nuevamente pero esta vez el sonido del tren me detuvo cuando escuche el anuncio.

-Próxima estación “Fundadores” favor de preparar su descenso con tiempo.

Había dicho “Fundadores” se suponía que debí haber bajado hace tres estaciones. Sin embargo olvide el pequeño problema que tuve cuando me percate que Dana se acercaba a la puerta para bajar. La imite y me acerque a la puerta por la que había entrado, cuando el tren llego a la estación baje rodeado de unas cuantas personas. Inmediatamente la busque con la mirada y la encontré, se dirigía a las escaleras de la derecha. Camine tras de ella. Sabía que lo que haría era bajo y vil, pero ya estaba aquí, así que ¿Por que no hacerlo?

Comencé a seguirla fuera del subterráneo, me sentía tan sucio y rastrero, no tenia idea de por que hacia esto y sin embargo lo hacía. Me preguntaba que ganaría con esto, ¿Qué esperaría obtener de todo esto? ¿Acaso esperaba que algo malo pasara para así intervenir y salvarla para hacer que se enamorase de mí?, eso era ridículo, no solo poco probable si no ridículo. Era imposible que una situación así se diera y más imposible era que yo ganara una pelea, nunca lo había hecho.

Camine detrás de ella por tres calles antes de entrar a la colonia, ahí doblamos un par de esquinas, no apartaba mí vista de ella, mantenía una buena distancia asegurándome de que ella no pudiera verme, pero esperando a que lo hiciera.

Y para mí desgracia o fortuna no lo hizo.



Nuevamente estaba en el restaurant “las luces” pero esta vez no estaba solo, conmigo se encontraba un compañero de trabajo.

-Y al final no pude hablar con ella- Le dije a mi compañero después de contarle lo ocurrido la noche anterior.

-Realmente eres un desastre en esas cosas- Me dijo desilusionado.

Lo mire un poco ofendido, pese a que lo que había dicho era totalmente cierto.

Se llevo su mano derecha a la cara y se acaricio la barba, su cara es un poco redonda pero había una mirada llena de madures en ella, sus ojos marrones se quedaron clavados en la mesa, sabia que estaba pensando algo, no tengo idea de que sea, pero si estoy seguro de que es algo que me incomodara.

-Lo he decidido, te ayudare con esto- Me dijo

-¡¿Qué?! Oye, Aníbal, espera no qui... – Le dije pero me interrumpió.

-No, no, no Tony agradéceme después cuando estés casado con ella y tengan lindos hijos.

-Pero es que yo… No creo que pueda. –Dije.

-Por favor Tony, escribes para un periódico, tienes tu propia columna pese a tu corta edad, muchas personas te
leen, no deberías avergonzarte hablando con una chica.

-Eso es diferente, no tengo que estar frente a quien me lee – Repuse.

-Te equivocas, no son tan diferentes como crees, tienen la misma base.

-De cualquier manera no creo que tu gran plan funcione- Dije escéptico.

-¿A no?, entonces intentémoslo de una vez- Dijo y alzo la mano llamando a una de las meseras del lugar.

Espere a que no fuera ella quien viniera, sin embargo para mí desgracia fue así.

Desvié la mirada un poco cuando se acerco a la mesa, aunque la mire de reojo y pude lo hermosa que se veía.

-¿Están listos pa…..- Dijo Dana pero se interrumpió - ¡Pero si es usted! – Me dijo- Me alegra verlo en compañía de otra persona, normalmente viene solo.

No dije nada, pero sentí como me sonrojaba.

-Disculpadlo- Dijo Aníbal-Últimamente ha estado mal de la garganta y no puede hablar mucho.

-¡Oh! Lo siento mucho, espero que se mejore pronto- Dijo Dana y me sonrió.

Sentí como mi cara ardía al ver aquella hermosa sonrisa justo frente a mí.

-¿Y que es lo que desean ordenar? – Pregunto la chica amablemente.

-Yo quiero un café y un pedazo de pastel de zanahoria- Dijo Aníbal.

-Yo…so…solo quiero… un…ca…café- dije en un tono apenas y audible.

Dana escribió los pedidos en su libreta y se retiro hacia la barra, inmediatamente después de que se alejara de nuestra mesa voltee a ver a Aníbal con una expresión severa en mí rostro dejándole ver mí desagrado por lo que había hecho.

-Venga Tony, no me mires de esa manera si incluso me haz seguido la corriente hablando en ese tono de voz.

-Yo no te he seguido la corriente ni nada de eso.

-Ah ¿No?

-No.

-¿Entonces que fue eso?

-Bueno, yo… -Dije dudoso – Nunca he podido hablar bien con ella- Termine por admitir.

-¡¿Qué?!- Exclamo Aníbal.

-Ya lo dije, no lo voy a repetir.

-Estas más grave de lo que pensaba.- Dijo serio y ligeramente sorprendido.

Pronto la expresión de Aníbal cambio, la seriedad que había en su rostro dio paso a una expresión relajada y medio bromista lo que me indico que ella se acercaba con lo pedido. Y así fue, Dana llego a nuestra meza y coloco las dos tasas de café, una frente a cada uno de nosotros, más adicionalmente un buen pedazo de pastel de zanahoria frente a Aníbal.

-Que tengan buen provecho- Nos dijo- Si necesitan algo más, no duden en pedirlo- Añadió.

-Espera- Dijo Aníbal repentinamente preocupándome por lo que fuera a decir. – Se que no es el momento, ni el
lugar para decirte esto ya que estas en horas de trabajo pero… - Hizo una pausa como si dudara- Lo que sucede es que mi amigo aquí presente – Me señalo con su mano- Se preguntaba si quisieras salir con él. Claro, el hubiera preferido pedírtelo por si mismo, pero como haz visto hace un momento no esta en condiciones de hablar.

Dana volteo a verme, como si me examinara. Me sentía terrible no tenía idea de lo que pasaría, de lo que ella pensara, ¿Realmente lo estaba considerando o solo se preguntaba como era posible que le insinuaran salir con alguien como yo? ¿O es que se apiadaría de mí y aceptaría? ¿Mostraría misericordia a un ser tan patético como yo o rechazaría la propuesta por no ser capaz de pedírselo por mi mismo? Trate de mirarla a los ojos, pero no podía hacerlo, no me creía digno de verla directo a ellos, mí mirada comenzó a bajar pero Aníbal me dio un fuerte pisotón de bajo la mesa. Alcé la mirada nuevamente y me vi forzado a formar una media sonrisa y aunque mí vista seguía en Dana pude ver de reojo como Aníbal sonreía al ver como el pisotón que me dio daba resultados.

-Tengo que decir- Hablo por fin la chica- Que me gustaría conocerle mejor.

Tras escuchar esas palabras sentí como mis ojeras comenzaban a calentarse, ¿Eso significaba lo que creía que significaba?

-Pero primero- añadió la chica- Me gustaría saber su nombre.

-Ka-kako… Tony…Kako- Dije en un hilo de voz no solo por seguir con la puesta en escena que había hecho Aníbal, si no que por la emoción que a penas y contenía.

-En ese caso… estaría encantada de salir contigo. – Dijo y me sonrío provocando un ligero ardor en mi rostro.

No se por que hice lo siguiente, ni de donde saque el valor para hacerlo, tal vez haya sido por que prácticamente ya había aceptado salir conmigo sin que realmente se lo pidiera yo, tal vez haya sido por la encantadora sonrisa que me dedico a mi y solo a mi, o puede que hayan sido ambas cosas, pero el hecho es que inmediatamente después de ver como me sonreía tome una servilleta de la mesa, así como una pluma que cargaba conmigo y comencé a escribir en ella:

“El domingo el domingo a las 4 pm en central park?”

Se lo mostré a Dana y ella lo tomo y comenzó leerlo.

-Que sea mejor el sábado, será mí día libre- Repuso amablemente. Yo acepte con la cabeza. Ella tomo la pluma con la que anotaba los pedidos y comenzó a escribir algo más en la servilleta – Entonces, hasta el sábado Tony Kakko. –Dijo y coloco la servilleta en la mesa boca abajo para luego retirarse con una sonrisa en su rostro.

A penas y nos dio la espalda me apresure a tomar la servilleta para leer lo que había escrito en ella:

“Dana Rye”

Y bajo de él se encontraba un pequeño conjunto de ocho números. Me había dejado su nombre y Teléfono. No lo podida creer.

-Me parece que lo que planee si ha dado resultado- Dijo Aníbal sacándome de mis pensamientos. – Así que pagaras mi café y mí pedazo de pastel- Agrego.

- ¿Cómo rayos lo haz hecho? – Inquirí en voz baja.

-Tony, tú como escritor deberías de saber, que existen siete palabras que en conjunto harán que una mujer se enamore de ti. Por supuesto como yo soy lo suficientemente habilidoso puedo usarlas para que las mujeres se enamoren de quien yo quiera que lo haga. – Me dijo en un tono de burla.

Eso que había dicho no era más que una frase sacada de uno de mis libros favoritos en el que los nombre y las palabras tenían un gran poder sobre las cosas y la gente. Por lo que le mire con molestia.

-Esta bien, esta bien- Dijo- Cielos no aguantas nada. Tienes que ser mas observador Tony, la forma en la que ella te miraba desde que llegamos, era evidente que le gustas.

-Eso es imposible si yo…

-Silencio- Me interrumpió Aníbal- Ese es uno de tus problemas, piensas demasiado las cosas, a todo le quieres encontrar un lado lógico, esto no tiene lógica, simplemente partes de un punto y ya. Además deberías tenerte más confianza en ti mismo, tal vez no seas una sex simbol como yo, pero tampoco es que estas tan mal, eres joven, tienes solo 25 años y buen trabajo en el periódico. Solo confía en ti y arriésgate un poco.

Me quede pensando un poco en lo que dijo Aníbal, sin embargo no lo pensé mucho, pues la escena de cómo Dana era aparentemente regañada por su supervisor me desconcentro de la reflexión que pensaba hacer. Tras ver lo que ocurría no podía dejar de inquirirme si eso había sido mí culpa ¿Acaso la entretuve demasiado de sus deberes? ¿O es que el supervisor se dio cuenta de lo que habíamos estado hablando?

Quise acercarme a ellos para esperar solucionar todo, pero antes de que me pusiera de pie el gerente del restaurant termino de reprimir a Dana y entro por una de las puertas de “solo personal autorizado”. Para mí sorpresa en cuanto su jefe la dejo Dana volteo hacia donde yo estaba solo para sonreírme una vez mas indicándome que todo estaba bien, sin embargo hubo algo mas, pues lo siguiente que hizo no me lo esperaba, me guiño uno de sus ojos y después se fue a la cocina.

De no ser por que aun estaba sentado contra la pared, me hubiera caído con todo y silla hacia atrás por la impresión que me había causado.

-Aníbal- Dije- Necesitare que me enseñes a hablarle a ella para el sábado.

-Hare lo que pueda.



Durante los siguientes días, no solo en el trabajo, también en el almuerzo y de camino a casa Aníbal me explico y trasmitió todo cuanto pudo sobre como hablar con una mujer, me hizo comprender que muy poco tiene que ver el tema sobre el que hablar, igual podía ser algo totalmente estúpido, todo lo que importaba era que la seguridad que se tenia al momento de hacerlo.

Lamentablemente ese siempre ha sido mí mayor problema, jamás he estado seguro de lo que digo. No me mal interpreten, no me pasa lo mismo cuando escribo, de lo contrario no tendría mí propia columna de opinión en uno de los principales diarios de la ciudad, es solo que me resulta mas cómodo escribir las palabras en un papel que simplemente dejarlas salir de mi boca hacia los oídos de otros. Su pongo que esa falta de seguridad al hablar es por ser tan tímido.

Los días continuaron pasando y yo seguí practicando con Aníbal fingiendo que se trataba de Dana (lo cual me resultaba muy insultante para ella, ¡Aníbal no se le podía comparar en nada!), y aunque me pareció que fue poca, pude notar algo de mejoría, o al menos eso es lo que me dejaba entre ver Aníbal, quien desde mí llegada al periódico siempre me había ayudado siendo mí editor y aconsejándome sobre la mejor manera de plasmar mis pensamientos e ideas en el papel, sin duda alguna era afortunado por tener un amigo como el junto a mí.

Y antes de que me diera cuenta el Día llego y mí cita con Dana por fin se llevaría acabo.

El día no podía ser mas perfecto, el clima era bastante agradable y el azul del cielo se mostraba tan claro y limpio sin rastro del smock de la ciudad. La plaza principal del central park se encontraba, como de costumbre, bastante concurrida. En los jardines del lugar resplandecía el verde esmeralda del pasto adornado con diversos y muy variados colores de las flores que se encontraban plantadas alrededor, a demás de que los altos arboles brindaban una confortable sombra.

Camine a través de la placeta hasta llegar a la entrada al metro subterráneo, ahí de pie junto a las escaleras se encontraba Dana, llevaba el cabello suelto y usaba un hermoso vestido gris con detalles en café que le llegaba un poco mas arriba de las rodillas, calzaba unas sandalias también de color café, a demás de una especie de bolsa o maletín que colgaba de su hombro del mismo color.

Me acerque más a ella y nuestras miradas se cruzaron, pude ver su rostro claramente. Se veía tan radiante, tan hermosa, me parecía que era casi como ver a un ángel. Sus ojos verdes se posaron en mí, sentía como si me a travesaran, como si vieran dentro de mí. Llegue hasta ella la salude con un gesto de la mano.

-Ho-Hola- Dije un poco apenado.

-Hola- Me devolvió el saludo junto con una sonrisa. – Veo que tu garganta se encuentra mejor, me alegro.

No pude evitar mirar sus labios cuando habló. Sus labios se encontraban ligeramente rojos, pero no un rojo artificial del maquillaje el cual muchas mujeres creen que las hace ver deseables, mas bien se trataba de un tono de rojo como si hubiera estado comiendo cerezas.

-¿Nos vamos ya? – Dijo Dana sacándome de mí embobamiento.

Me limite asentir con la cabeza y comenzamos a caminar juntos hacia la zona comercial que se encontraba alrededor de central park.

Hablamos mientras caminábamos o mejor dicho ella hablaba y yo la escuchaba, aunque le daba mí opinión cada vez que ella hacia una pausa o me lo pedía. Si se preguntan sobre que hablamos, pues… de nada en realidad, hablamos de música, de libros, de películas y de las noticias mas recientes, pero fue por eso que me comencé a dar cuenta, que más importante que saber de que hablar con una chica, saber escucharla más vital.

No podía dejar de mirarla y ella lo notaba, comencé a pensar que la incomodaba por lo que trate de contenerme al hacerlo pero al parecer ella lo se dio cuenta de ello.

-¿Qué pasa? ¿Tengo algo pegado? – Pregunto fingiendo no saber nada.

-No, nada… es solo que… – Dije un poco avergonzado y desviando un poco la mirada. Sentí como me miraba esperando a que terminara aquella frase, por lo que me vi forzado a verla a la cara y al tiempo que sentía un fuerte ardor en el rostro - … luces genial con ese vestido- Concluí un poco acelerado.

Ella me miro un poco sorprendida, tal vez por la rapidez con lo que lo dije o solo por que yo lo dije, pero al final ella me miro con ternura y me sonrió.

-Gracias- Dijo un poco abochornada.

Le devolví la sonrisa y continuamos caminando, sin embargo en mí mente me preguntaba que había sido eso, no lo de haberle dicho lo que pensaba y de donde había sacado el valor para hacerlo (ese era tema aparte), lo que me preguntaba era por que reacciono así, sorprendida ¿Acaso no esperaba que lo dijera o es que justamente era lo que ella estaba esperando que dijera? Su tierna mirada y su amable sonrisa me parecieron diferentes a las demás, de alguna forma, me parecieron más… no, estaba analizando las cosas de nuevo, tal y como dijo Aníbal, lo pensaba demasiado tratando de encontrarle un porque. Ella me miro de esa forma y me sonrío como nunca antes lo había hecho, debería estar feliz por eso, no preguntándome el por que de lo sucedido.

Fuimos a un cine cercano, y pese a que yo esperaba que ella prefiriera ver una de las comedias románticas del momento terminamos entrando a la función de una la más reciente película de acción y suspenso que se había estrenado. Llámenme loco si es necesario pero tengo que admitir que hubo escenas en al que tanto ella y yo reíamos a carcajadas en las cuales el resto o la gran mayoría del publico gritaban asustados.

Después del cine nos pasamos aun restaurant buffet a cenar, me sentía extraño estar sentado en un restaurant que no fuera “las luces” y más aun con mí camarera favorita. Dana se dio cuenta de lo que pensaba, no se como, tal vez sea una persona muy fácil de leer o puede que ella sea muy hábil para leer a las personas, pero el punto es que me dijo:

-¿Te gustaría que te traiga tu comida para no perder la costumbre?

La mire extrañado y un poco asustado, no más bien sorprendido. Luego ella rio y me giño un ojo.

-Caíste- Dijo sonriente – Sabes, ni loca estaría sirviendo mesas en mi día libre.

-Menos mal – Dije aliviado – O de lo contrario hubiera tenido que darte a ti la caja de chicles que tenía pensado dejar como propina – Bromee sin pensar.

Dana me miro fijamente, un tanto sorprendida al ver como cada vez me soltaba más y mas, sonrió de nuevo y me saco la lengua. Luego de que uno de los meceros nos tomo lo que íbamos a beber pasamos al buffet, tenia pensado ir con moderación, comenzar con la ensalada y un caldo o una crema de verduras y después pasar a algo mas pesado como un filete con pasta o algo así, sin embargo olvide esa idea al ver como Dana se enfilaba directamente a la parrilla. “A por lo que vas, he” pensé e imitándola decidí ir directamente por lo bueno y no tomar “una comida por tiempos”.

Continuamos charlando mientras comíamos, sobre la película que recién habíamos visto y sobre las reacciones de algunas personas que también la vieron junto con nosotros, así como de las escenas que te pretendían asustar pero que eran demasiado obvias. Con la platica, poco a poco me fui soltando mas, tomando mas confianza tanta que incluso ya bromeaba con mas frecuencia y la hacia reír. Una buena señal según me había dicho Aníbal.

Luego de la comida pasamos al postre, sin embargo esta vez impedí que Dana se levantara de su asiento ya que me ofrecí a traerle el suyo. Ella acepto y cuando le pregunte que era lo que deseaba me solo me dijo – sorpréndeme.

Regrese de la barra de helados con un sabroso helado de chocolate con galleta y café para mí, mientras que a Dana le había traído uno de vainilla con cajeta y fresa. Pese a no ser realmente su helado favorito le encanto bastante, aunque no lo suficiente como para no quitarme del mío, al final, los dos terminamos comiendo un poco del helado del otro.

Para cuando salirnos del restaurant la noche había caído y eran cerca de las 8pm. Continuamos caminando por los alrededores de central park para bajar mas rápido la comida. Ya no hablamos de temas específicos, solo de lo primero que se os ocurría, cosas sin importancia, aunque algunas con mas relevancia de lo que parecían, fantasías, sueños, terminamos hablando de nosotros y como es que llegamos a donde estábamos ahora, ella que pese a su trabajo seguía estudiando en la facultad de música, me sorprendí mucho cuando me confeso que tocaba el arpa y me enamore mas cuando la oí cantar. No obstante no me sorprendí tanto como ella lo hizo cuando le revele que trabajaba como columnista en el periódico, al principio no me creyó, pero cuando le asegure que él amigo que me acompaño a cenar la otra vez en realidad era mi supervisor comenzó a creerme.

-así que, tu eres el Tony kakko del periódico, ¿he?- Dijo una vez sentados en una banca del central park bajo la luna menguante.

-Si, lo soy.

- ¿Y como es que alguien como tu que escribe en un diario de gran publicación tiene tanto miedo a hablar?

-No lo se-Dije apenado- Me es mas fácil expresarme a través de la escritura que del habla, es solo eso.

-Pues que lastima- Dijo- No hubiera esperado tanto a que me invitaras a salir de no se por eso.

La mire un poco impresionado y dije:

-Espera, ¿Me estas diciendo que tu?…. Quiero decir, que yo….

-Desde luego, ¿Que crees que eran todas esas miradas y sonrisas?- Me dijo

-Bueno, yo… es que… yo…- Trataba de decir algo, pero no sabía exactamente que.

Dana puso su mano sobre uno de mis hombros y sonriendo me dijo:

-Tranquilo, aunque no lo creas, esa es una de las cosas que me gustan de ti.

Me sonroje totalmente y sentí como me ardía la cara, y al mismo tiempo mí mente se perdía en la sola frase de “…una de las cosas que me gustan de ti”.

-¿Por que es que…- Comencé a preguntar pero ella me puso uno de sus dedos sobre los labios haciéndome callar.

Me quede anonadado por un momento, la piel de su dedo era tan tersa, y el calor que sentía en el me impresionaba tanto que no sabia que hacer mas que permanecer en silencio.

-No lo preguntes, por que no hay respuesta. Simplemente me gustas y eso es todo, ¿De acuerdo?- Me dijo sin apartar su dedo de mí boca.

Yo asentí con la cabeza y ella retiro su índice de mis labios, nos miramos por unos instantes, sentía un impulso extraño, quería besarla, pero hacerlo me parecía algo imprudente ¿Y si lo arruinaba? Prefería no arriesgarme.

-Dime Tony-Dijo Dana- Desde tu punto de vista como columnista ¿Por que un hombre se muestra tan precavido en su primera cita y no toma los riesgos que debería?

-No estoy seguro, pero tal vez es por que ve en ella algo similar a un valioso tesoro, tan valioso como las joyas de la corona, no, más valioso aun que ellas y teme cometer un error al momento de querer robarlas. Un error tan grave que sería arrestado y ejecutado por culpa de ello- Dije sin pensarlo mucho.

La mire a sus ojos verdes esperando una respuesta, pero lo que sucedió entonces me tomo totalmente desprevenido, ella se inclino hacia mí y antes de que pudiera hacer algo unió sus labios con los míos. No puedo deciros exactamente que fue aquello que sentí, una gran variedad de sensaciones recorrieron mí cuerpo al mismo tiempo, pero fue algo tan grande y tan revuelto… creo que eso fue lo que muchos llaman sentir mariposas en el estomago.

No se cuanto tiempo duro, pues me perdí totalmente, pero cuando separamos nuestros labios rompiendo aquel beso me quedo una extraña sensación de vacío. Al ser tan reciente, aun tenía el sabor de su boca en la mía, un sabor tan delicioso y dulce como la miel, no estoy seguro si alguna ves me pregunte a que sabría la ambrosia, pero si lo hice, entonces podía suponer que su sabor debería de ser el mismo al de sus labios.

-Tony- Me nombro Dana con su dulce voz sacándome de la fuerte impresión que me había causado. Voltee a verla a los ojos, su expresión era serena además de que tenía una sonrisa un tanto traviesa y coqueta dibujada en el rostro.– Róbame.

Y lo hice.

Un poquito largo ¿verdad? Espero que la historia haya sido de su agrado, como saben espero comentarios, criticas, sugerencias y amenazas de muerte, solo les pido que no sean tan duros recuerden que este tipo de historias no son mi fuerte.

Como un pequño extra les hablara un poco mas sobre Dana, ella su edad oscila entre los 22 y 23 años.

Sobre Aníbal, el tiene 32 años de edad y mas que nada me base en un buen amigo de chile para hacerlo.

Os agradezco por haberse tomado el tiempo de leer esto, muchas gracias deberas y pues, les pido humildemente que me dejen su opinion, me es muy importante para continuar la otra historía.

Nuevamente gracias, Hasta luego.




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