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Hacia el infierno

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Hacia el infierno

Mensaje por yuske el Lun Sep 24, 2012 11:34 pm

Hola gente. Esta noche les traigo un relato un tanto oscuro y de fuertes sucesos, por lo que desde este momento les aviso: El siguente relato no es apto para todo publico, personas sensibles favor de abstenerse a leerlo

Originalmente tenia pensado postearlo hace poco mas de un mes, sin embargo, ocurrió el desperfecto de ordenador, por lo que el relato a madurado un poco mas de lo planeado y tras releerlo después de tanto tiempo solo puedo decir que espero que les guste tanto como a mi, pese a que no es algo muy extenso.

Hacia el infierno:



Las bisagras de la puerta dejaron escapar un agudo chirrido cuando la cerré a mis espaldas. Coloqué la llave en la cerradura y la gire, un leve sonido parecido a un “Clank” me indico que el seguro estaba puesto. Retire la llave de la cerradura y la coloque en un pequeño clavo salido detrás del contenedor de hielo de adjunto, justo el lugar donde solía ser escondida.

Deje escapar un suspiro y voltee a ver  las dos bolsas negras que había a mis pies. El nerviosismo que hace algunas horas me había abandonado regreso a mí, esta vez acompañado por un ansioso temor a que me pillaran in fraganti. Una luz apareció en la calle avanzando lentamente, alejando por unos instantes la oscuridad que ciñe las calles de la ciudad. El corazón me dio un vuelco y comenzó a bombear mi sangre tan aprisa que podía escuchar en mis oídos el retumbar de mis propios latidos.

Me pegue contra la puerta en un intento de permanecer fuera de la vista de quien en ese momento pasara por la calle. Inhale aire lentamente hasta llenar mis pulmones y lo retuve por unos segundos antes de soltarlo. Aquello hacia que me relajara. Mire hacia la calle y vi como aquel auto terminaba de pasar frente a donde estaba sin darse cuenta de mi presencia.  Me sentí a salvo, no obstante aún era demasiado pronto para decir que lo estaba.

Volví mi vista hacia las bolsas negras y las cargue hasta el fondo del callejón, abrí la cajuela del auto que allí se hallaba aparcado y las deposite en su interior. Cerré la cajuela y aborde el vehículo, tan pronto como estuve en su interior encendí la marcha y salí en reversa hacia la calle para después avanzar sin un rumbo fijo.

Mientras conducía no dejaba de ver nerviosamente el retrovisor, sentía que alguien me seguía, que me vigilaban, pero eso no era así. No, claro que lo era, pero quien lo hacía no era una persona, se trataba, por decirlo de alguna manera, de una oscura presencia, un ser conformado por sombras que sigilosamente me seguía a donde fuera y observaba todo lo que hacía, y que sin hablar me decía que estaba al tanto de mis acciones y me cuestionaba cada una de ellas haciendo que mi mente se estremeciera permitiéndole el paso de nueva cuenta al terror y a la ansiedad, al remordimiento y a la culpa.

Quizás no podía verlo, pero sabía que él se encontraba detrás de mí, sentado en el asiento trasero, con su mirada cubierta de sombras viendo la angustia y el temor que se formaban en mi rostro a través del mismo retrovisor con el cual mis ojos lo buscaban.

Gire a la derecha y de pronto sentí deseos de entrar a una tienda de conveniencia que había cerca pero me resistí. Aquello era una mala idea no sería bueno exponerme a una cámara de vigilancia.

Continúe por el camino saltándome algunos semáforos, después de todo eran cerca de las tres de la mañana y las calles estaban bastante despejadas.

Fue entonces que la primera perturbación me golpeo… ¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué? ¿Realmente había sido necesario?

Claro que lo fue, lo que hice solo se trataba de uno de tantos males necesarios que abundan en ese mundo. Le había quitado un tormentoso peso de encima a muchos con mis acciones esta noche.

¿Pero de aquella manera?...

Es cierto, quizás hubiese sido más sencillo hacerlo de otra forma… y mucho menos asqueroso desde luego. Pero él se lo merecía. Todo el dolor y sufrimiento que le había hecho pasar en sus últimos momentos se lo tenía merecido. Y aun así creía que todo aquello no compensaba el abuso y el maltrato al que había sometido a su propia sangre. Lo hice de la forma en la que tenía que haberse hecho.

¿Pero tenía que disfrutarlo?

No. Desde luego que no, pero lo hice. Lo hice en cada instante, cuando se sorprendió al verme en su casa, cuando lo noquee y lo llevaba al matadero, disfrute enormemente amarrándolo a la mesa con la sierra para huesos. Me regodee con su expresión cuando se despertó e incrédulo se percataba de la situación en la que se encontraba. Pero sobre todo disfrute cuendo lloraba y suplicaba perdón  implorando que me detuviera, tal y como mi madre lo había hecho, tal y como mis hermanos lo habían hecho, tal como yo, alguna vez antes de que me obligara a huir, lo hice.

Me aseguro que cambiaria. Lo prometió. Pero aquellas palabras no eran para mí más que cascarones vacíos que hace ya mucho tiempo habia escuchado, que había creído y que no me volverían a engañar, pues personas como él solo cambiaran al encontrar su propia muerte. Y yo le ayude a cambiar.

Tengo que confesar que antes me he equivocado al afirmar que el oírle suplicar fue lo que más había disfrutado. Fue cuando lo deslice hacia la sierra que giraba frenéticamente en el centro de la mesa el momento que mas disfrute. Fueron esos pocos segundos en los que mientras maldecía mi nombre mientras se acercaba lentamente a la afilada sierra y como al saberse perdido gritaba desesperado por una ayuda que jamás llego.

Lo que paso después no fue de mi total agrado, no quisiera recordar los detalles por lo que solo diré que la sangre se esparció por la mesa hasta caer al suelo donde escurrió a través de una coladera.

Frene un poco cediendo el paso a una camioneta que viajaba con mucha prisa. Fue en ese segundo que voltee a ver el retrovisor de nuevo, sin embargo, esta vez no escudriñe el asiento trasero con mi mirada, si no que vi mi rostro en él. Habían desaparecido todo signo de ansiedad y temor, pero en su lugar había aparecido una expresión más horrible. Mi entrecejo estaba fruncido y mis labios dibujaban una siniestra sonrisa burlona ante la satisfacción que sentía al recordar mis actos. Entonces me impacte, ¿En qué me había convertido? ¿Qué tipo de monstruo era ahora? ¿Acaso ser homicida me hacía mejor que él? Apreté los puños alrededor del volante y grite. Grite como nunca lo había hecho antes. La llama purpura de odio que creí haber extinguido revivió con el doble de intensidad. Lo odiaba, aun después de haberlo matado lo odiaba por orillarme a haber hecho eso, lo odiaba por haberme convertido en un monstro. Lo odiaba pero sobre todo me odiaba a mí, por haberme dejado llevar por él hacia el infierno.

El dolor y la vergüenza por haber caído aun más bajo que él llenaron mi corazón y deje escapar un grito lleno de ira y sufrimiento. Pise el acelerador a fondo, la aguja del velocímetro subió y no tardo en rebasar los ciento cincuenta kilómetros por hora, entonces me estrelle contra el muro divisor. Perdí el control del coche y de pronto lo sentí todo de cabeza, el auto golpeo con fuerza y yo sentí un fuerte dolor seguido por una sensación de asfixia, mi sangre comenzó a llenar mis pulmones, el auto dio un brinco más, pocos segundos después escuche un estallido seguido de la sensación de algún objeto frio incrustándose en mi cuerpo. Hubo una tercera voltereta, sin embargo, antes de que el auto golpeara nuevamente el pavimento yo ya había perdido más que el conocimiento.

Espero que haya sido de su agrado. Este es uno de los relatos que a mi mas me han gustado más por la forma en la que lo escribí que por la historia en sí.

Por cierto, gracias a kure y a eka por sus consejos y el tiempo que se dieron para revisarlo. Cada quien a su manera.

Y por ultimo como saben, cualquier comentario, duda, sugerencia, critica, opinion, entrada al cine, conctel de camarones o limonada mineral es bien recibida.

Hasta pronto.


Última edición por yuske el Vie Jun 28, 2013 3:13 pm, editado 1 vez




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Re: Hacia el infierno

Mensaje por Kurenea el Mar Sep 25, 2012 8:23 am

Bueno, ya te dije la primera vez que lo leí que me gustaba xD pues ahora te digo que me ha encantado (yo y mis repentinas ansias de leer cosas lúgubres, que últimamente solo cubren tus relatos xD)… y dejando de lado el hecho de que me encante, entro en modo Kure pesada y te señalo los errorcillos:

Por decirlo de algina manera (dedacito)

Pero sobre todo disfrute cuento lloraba (dedacito)

Pero aquellas palabras no eran para mi (mí)

más que cascarones vacíos que hace ya mucho tiempo hacia escuchado (diría que ahí querías poner un había)
Entre cejo (sería junto, entrecejo)

¿Acaso ser homicida me hacia mejor que él? (ese hacia no es de dirección, si no del verbo hacer, por lo que sería hacía, con acento)

por haberme dejado llevar por él hacía el infierno. (Este en cambio si es de dirección, por lo que no llevaría acento).

le auto golpeo con fuerza (dedazo)

Ahora, algo que siempre noto xD es que te llevas mal con el pretérito perfecto simple, que es el que normalmente se escribe en las novelas y relatos, el típico: él saltó, el comentó. O: No me daba tiempo a otra cosa, así que salté, yo salté. En otras palabras los ``deje, me pegue, inhale´´ etc, llevarían acento por estar conjugados en pretérito perfecto simple.

Y ahora me voy corriendo, que llego tarde a clase, saludos y nos leemos.
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Re: Hacia el infierno

Mensaje por yuske el Vie Jun 28, 2013 3:17 pm

Gracias kure, por señalarme mis errores, ya los he corregido....aunque un poco (demasiado) tarde.

@kurenea escribió:te llevas mal con el pretérito perfecto simple, que es el que normalmente se escribe en las novelas y relatos, el típico: él saltó, el comentó. O: No me daba tiempo a otra cosa, así que salté, yo salté. En otras palabras los ``deje, me pegue, inhale´´ etc, llevarían acento por estar conjugados en pretérito perfecto simple. 

Tienes razón, soy un desastre. No




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