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[Ensayo] El corazón delator/El demonio de la perversidad/El Gato Negro.

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[Ensayo] El corazón delator/El demonio de la perversidad/El Gato Negro.

Mensaje por Eagle calm el Lun Oct 29, 2012 8:30 am

Viendome obligado a escribir un ensayo sobre tres obras del maestro Edgar Allan Poe, acudo acá buscando ayuda.
Esto esta terminado, pero al menos necesito una opinión consistente sobre el tema, de preferencia de alguien (cof cof, saganiel, cof cof) que sepa bastante sobre la materia de ensayos.


Spoiler:
Perverseness
En inglés es el «encarnizamiento en hacer lo que no se quisiera y no se debiera hacer»
Ensayo sobre tres obras de Poe, Edgar Allan: El Corazón Delator-El Demonio de la perversidad-El Gato Negro.
La trágica vida del autor:
Para abarcar la totalidad del tema que me concierne, en este ensayo, me dispongo primero a hablar del gran autor, sin el que la literatura no sería igual en cuanto a géneros, filosofía, ni conceptos.
El 19 de enero de 1809, nacía Edgar Allan Poe, en el estado de Massachusetts, E.E.U.U, para vivir, como él la describiría una vida de capricho, impulso, pasión, anhelo de la soledad, mofa de las cosas de este mundo; un honesto deseo de futuro.
Cuando Edgar contaba con dos años su padre los abandonó a él y a su familia, que contaba con dos hermanas, una hermana y un hermano. Un año después, su madre murió por causa de tuberculosis.
Frances y John Allan, un matrimonio adinerado perteneciente a Richmond, Virginia, recogió al pequeño Edgar, pero nunca lo adoptaron oficialmente. Sin embargo, Edgar, que había nacido como Edgar Poe, recibió por su parte el apellido Allan.
En 1815 la familia viaja a Inglaterra, donde Edgar estudia en el Manor House School, prestigiosa escuela. En este período comenzó a apreciar los paisajes y las arquitecturas góticas de Stoke Newington. Cinco años después regresó a los Estados Unidos, a la edad de doce años, y se incorporó a la academia West Point para luego desempeñarse como editor.
Su padrastro, John Allan, nunca sintió simpatía por las inclinaciones literarias de Poe, lo cual fue la principal causa de argumentos entre ellos, además de que cuando él era un adolescente, se quejaba de que
“Este muchacho no tiene una onza de afecto por nosotros ni un poco de agradecimiento por todos mis cuidados y toda mi bondad para con él.”
En cambio su madrastra, Frances Allan, una mujer que no había podido tener hijos, adoraba a Edgar, llegando a mimarlo y malcriarlo.
A los catorce años, Poe ya comenzaba a crear modestas obras literarias, de las cuales se destaca una de ellas. Esta se dio al enamorarse de la madre de un compañero de escuela, llamada Helen, la cual era una bella mujer de treinta años.
Para mal del joven escritor, la mujer murió apenas unos meses después de conocerla, por una tuberculosis. Él llegó incluso a dedicarle un poema, llamado “Para Helen.”
A sus quince años, además de manejar el francés y el latín, poseía dotes de deportista bien acentuadas, de las que gustaba presumir con hazañas, como cuando cruzó a contracorriente el río Richmond, de ocho kilómetros.
Una pareja sentimental que Poe tuvo a los dieciséis años, Sarah Elmira Royster, lo describió de la siguiente manera
“Edgar era un muchacho muy guapo, no muy hablador. De conversación agradable, pero de comportamiento más bien triste. Nunca hablaba de sus padres. Estaba muy ligado a la señora Allan, así como ella a él. Era entusiasta, impulsivo, no soportaba la menor grosería verbal.”
Pasó el tiempo, Poe ingresó a una universidad fundada por Thomas Edison. En esa misma, comenzó a coquetear con el alcohol y las apuestas, lo cual le trajo grandes deudas. Su padrastro se negó a pagarlas, además de exigir que el joven dejara sus estudios y se pusiera a trabajar en un puesto que había elegido para él.
En respuesta, Poe no solo se negó a trabajar, sino que también escapó a Boston, donde en 1927 escribió y publicó su primera obra literaria “Tamerlane and Other Poems.” (Tamerlane y otros poemas).
Vivió un tiempo con su tía y su prima, Virginia Clemm, de la cual se enamoró al poco de conocerla. Contando ella con trece años, contrajeron matrimonio, pero dos años después, ella murió de tuberculosis.
Poe, solo, destruído, y sin una esperanza, se entregó a la bebida, veneno que terminó por matarlo de cirrosis, el 7 de octubre de 1849.

Su estilo único:
Las dos facetas que más se destacan en la vida de este ilustre autor son, la tragedia, y su innegable talento para escribir. ¿Quién dice que estas dos características no tengan que ver la una con la otra?
“Gracias” a las fatalidades variopintas por las que pasó desde la más temprana edad, Poe se vio envuelto y de alguna forma encantado por la melancolía de su propio alma que, conocía ya por adelantado, cuando llegara a la adultez, el mismo enfermaría. Pudo haberse dedicado a la poesía este intelectual, si su existencia hubiese sido abordada por el amor y la alegría. Pero otro fue su destino, y por eso es que hoy en día, la literatura detectivesca es tal cual es.
Es que incluso en sus poemas el exponía aquellos sentimientos opacos, que descritos por el brillaba con una tenue luz embelesadora, como lo es en “El Cuervo.”
Cuando escribía sus relatos de terror, no daba participación a monstruos de fábula ni a criaturas del inframundo. Poe se centraba en una clase de bestia más cercana a nosotros, y por lo tanto, muchos más aterradora: el hombre convertido en monstruo.
Claro está, algo fundamental en sus historias, era la locura, ya sea en forma de esquizofrenia, como paranoia, o incluso una enfermedad propia de él como lo es el alcoholismo.
Las historias que hoy me dispongo a analizar, hacen gala de esa característica más que genial, la cual cambió el género del miedo.
La misma psicología aplicada en sus cuentos, una psicología enferma, era la que mezclaba el miedo y el suspenso y los transformaba en un brebaje único que se nos daba en tales cuentos.
Mientras que la mayoría de los literatos se daban a la vívida idea de que la inspiración era la mejor forma de esculpir un buen trabajo, el escritor aplicaba un riguroso esfuerzo en cada una de sus obras, ya que aquella era su creencia. Tanto cada palabra como cada oración debían ser ideadas con un fin en especial, tanto estético, como poético o argumental, y no en un frenesí idílico del cual las ideas no fuesen una idea en concreto conocida por el autor.
De esta manera, el texto podría llegar a ser tanto un “plan”, como un problema matemático hecho de palabras, que Poe iba desenredando con mucha gracia, para dar bellísimos resultados.
Hay otra cosa en este autor que atrae, y es el morbo que traían sus relatos, específicamente los de terror. Y es que la vileza que yace en ellos, tan callada y tan sombría, proporciona un placer apabullante.
Aun más este placer figuraba en los corazones de sus lectores en el siglo diecinueve, cuando se creía que Poe era un malvado.
Su imagen pública después de su muerte sufrió muchas difamaciones, por parte de autores a los cuales desagradaba, llegando a decir que él era un drogadicto, un pedófilo y un perverso.
Los géneros que ejercitó fueron el terror, y en ocasiones la ciencia ficción. Hizo un ensayo sobre la astrología, la cual era su pasatiempo favorito, y al ensayo lo nombró “Eureka.”
Gustaba de escribir poemas, los cuales los críticos tildaron como “No su especialidad.”
Poe fue el creador del género detectivesco, con su relato “Los crímenes de la Calle Morgue” en el cual un brillante joven llamado Dupin, resolvía un crimen aparentemente imposible de comprender.
Es muy discutido si el realmente creo el género, pero más allá de esto, su actuación como pionero en el mismo es innegable.
Ahora, me dispongo a analizar uno de los varios tópicos, que el mismo ideó en su afán por entender un poco más, aquel maravilloso y retorcido ser que somos los humanos.

El Corazón Delator- El Demonio de la perversidad-El Gato Negro.
En el primero cuento, el narrador habla de un anciano con él cual convive, al que él llama con el pseudónimo de “el viejo.” El protagonista es un sujeto inestable, con una prosa exenta de cordura y provista de afirmaciones demenciales.
De un día al otro, la idea de matar al viejo se presenta en su mente, inexpugnable. Su motivo para ello no es un odio hacia su persona, sino la irritación que siente por el ojo del anciano, el cual según él, es el de un buitre.
El hombre acecha durante siete noches al viejo mientras duerme, hasta que durante la última noche, el mismo despierta y entonces si es asesinado. El narrador procede a descuartizarlo y esconder sus restos bajo unas tablas.
Al poco tiempo llegan los oficiales de policía, a los cuales recibe y trata cortésmente, y después los lleva a la habitación donde los mismos restos del viejo descansan bajo el suelo, para proceder con el interrogatorio de manera esplendida.
Parece que el asesino va a salir impune, hasta que el mismo comienza a oír un zumbido, que va aumentado junto a su irritación. Los oficiales parecen no notar nada, pero el sonido a latidos ahogados es evidente para el narrador.
Al final, el “¡Tump, Tump!” supone la tortura más insoportable para el asesino.
“-¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí... ahí! ¡Donde está latiendo su horrible corazón!”
Ruega para mantener su escasa cordura, y así cierra el relato.
Es notable como, a medida que el sonido aumenta de frecuencia, los oficiales se tornan más macabros e irreales. En un principio los policías eran vistos por el asesino tal cual son, para luego ser distorsionados por la mente enferma del mismo, hasta el punto de creer que ellos se están burlando.
Podría decirse que los oficiales son un simbolismo del demonio de la perversidad, el cual lleva a confesar su crimen y así encarcelar al autor del hecho.

El segundo cuento, también escrito desde la primera persona, puede llegar a parecer un ensayo sobre la materia de la psiquis humana, en el que Poe hiciera hincapié para fundamentar una teoría psicológica.
El protagonista habla, con exquisito léxico, de un “condicionante” propio de los hombres, el cual crea la necesidad del mal. Todo es confesado a modo de carta escrita por él mismo, desde su celda, en la cual planea explicarnos como llego a tal situación.
“Hacer el mal por hacer el mal” es la manera en que describe, a primera instancia, esta compleja idea. Habla de una lucha interior, de la razón contra un deseo indefinible que pide a gritos llevar a cabo una acción inconcebible.

“Estamos al borde de un precipicio. Miramos el abismo, sentimos malestar y vértigo. Nuestro primer impulso es retroceder ante el peligro. Inexplicablemente, nos quedamos. En lenta graduación, nuestro malestar y nuestro vértigo se confunden en una nube de sentimientos inefables. Por grados aún más imperceptibles esta nube cobra forma, como el vapor de la botella de donde surgió el genio en Las mil y una noches. Pero en esa nube nuestra al borde del precipicio, adquiere consistencia una forma mucho más terrible que cualquier genio o demonio de leyenda, y, sin embargo, es sólo un pensamiento, aunque temible, de esos que hielan hasta la médula de los huesos con la feroz delicia de su horror. Es simplemente la idea de lo que serían nuestras sensaciones durante la veloz caída desde semejante altura. Y esta caída, esta fulminante aniquilación, por la simple razón de que implica la más espantosa y la más abominable entre las más espantosas y abominables imágenes de la muerte y el sufrimiento que jamás se hayan presentado a nuestra imaginación, por esta simple razón la deseamos con más fuerza. Y porque nuestra razón nos aparta violentamente del abismo, por eso nos acercamos a él con más ímpetu.”

En esto se resume la teoría del protagonista, con la que sonsaca los sentimientos que lo atormentaron en un pasado.
Entonces brinda su historia al lector. Apenas y si habla del asesinato que llevó a cabo, cuenta que con mucho cuidado, eligió el método para matar a un anciano y quedarse con su herencia. Nadie fue o era capaz de descubrirlo, dada la perfección de su crimen.
El asesino se regodeó en un sentimiento de seguridad por mucho tiempo, pero este mismo comenzó a transformarse en una obsesión que lo asaltaba con inseguridad, que llega al punto de crearse un mantra, en el caso de que aquellos sentimientos de miedo lo alteraran.
Aquellas palabras de seguridad son en realidad, la manera en que intenta repeler al demonio.
Asumo que la paranoia es un castigo de su propia consciencia, por el asesinato llevado a cabo con tal sangre fría. A penas y se molesta a contar un poco sobre su víctima, más disfruta explicando la perfección del fratricidio.
En una excursión por la calle, el mismo se ve repitiendo el conocido mantra, pero ahora, en una muchedumbre, en la cual es imposible no ser descubierto al confesar. En un impulso desesperado por no delatarse, escapa por la calle a toda velocidad.
Repite en varias ocasiones el “No pensar” que figuraría como un mantra repelente a “Estoy a salvo”, ya que si llegara a pensar, su confesión sería interrumpida por la razón, que lo mantendría a salvo del “precipicio.”
Pero ya es muy tarde, la gente se da vuelta y lo observa, juzgándolo con sus miradas. Lo atrapan y él entonces confiesa su crimen.
Volviendo a su mazmorra, explica que al hacerlo, siente un placer excepcional. Termina su relato con otra frase, más que notable, la cual da mucho que pensar.
“Pero, ¿para qué diré más? ¡Hoy tengo estas cadenas y estoy aquí! ¡Mañana estaré libre! Pero, ¿dónde?”
“Por “(…) ¡Mañana estaré libre! (…)” Entiendo que el demonio de la perversidad tiene un fin más allá que hacer el mal, pero es tan avanzado que resulta inentendible para nosotros.
En su relato, el protagonista nos habla de los designios de Dios y como estos mismos son inalcanzables para el entendimiento del hombre. La correlación entre estos dos datos da a entender un fin divino para el impulso del demonio de la perversidad, irresistible para los hombres.
“Pero, ¿dónde?”
Si se suma la conclusión anterior, a esta última frase desvanecedora, el subconsciente toma el papel divino, que libra de un mal desconocido para la razón.

El tercer cuento, es quizá, el más conocido popularmente de los tres que analizo el día de hoy.
También relatado en primera persona, un hombre lleno de culpa nos confiesa su crimen. Cuenta que en su tierna infancia poseía una docilidad y una dulzura increíbles, que con el paso de los años se fueron desvaneciendo de él, no fue así con su amor por los animales, de los cuales había adoptado una gran variedad.
De adulto, vive en la pobreza, además de ser un borracho, y su espíritu esta ya amargado, tanto que maltrata a su mujer, y a sus queridas mascotas. Todos reciben el castigo de su despreciable ser, menos un gato, el cual es su predilecto, llamado Plutón. A su vez, el gato le responde con antipatía.
Una noche, vuelve ebrio, e inflige un corte al gato en un ataque de ira. Esto lo lamenta, pero sin embargo, días después, asesina al gato.
Después de ese primer asesinato, el hombre se siente vacío, piensa que debe reincorporar un nuevo compañero gatuno a su vida a modo de ofrenda.
En la taberna haya un gato negro, con el cual parece llevarse bien, y entonces se lo lleva a casa, en donde encaja perfectamente.
Irónicamente, la situación se torna al revés ahora. Este gato demuestra muchísimo afecto hacia él, pero él se siente disgustado por tal afecto. El minino lo sigue a todas partes, cosa que termina por irritarlo.
En un viaje al precario sótano de su casa, el gato hace que se resbale por las escaleras. La cólera se adueña de él, toma un hacha, y trata de matarlo, pero su esposa lo detiene. Entonces, poseído por la ira, asesta un golpe contra su mujer.
Esconde su cadáver detrás de una de las paredes de su sótano, y entonces espera a los oficiales de policía. El gato escapo de él, lo cual le trae una profunda paz interior.
Cuatro días más tarde, llegan los policías para inspeccionar la casa. La inspección termina en el sótano donde había asesinado a su esposa.
El entonces, sufre un impulso por hablar, y golpea la pared detrás la cual había enterrado a su esposa. Y en ese momento, se oye el maullido de un gato.
Los policías quitan los ladrillos de la pared y encuentran el cadáver de su esposa, y entonces el narrador es arrestado.

Comparación El corazón Delator/El demonio de la perversidad/El Gato Negro.
Las dos primeras historias, o por lo menos los desenlaces de las mismas, se sostienen sobre una misma base, la de un hombre atacado por un impulso autodestructivo puramente pasional. El Gato Negro, sin embargo, se sostiene enteramente sobre esto, dando el mismo narrador a la “perversidad” como la principal motivación que lo llevo a perpetrar sus despreciables acciones.
Además, todos los protagonistas comparten una característica común en los personajes de Poe, y es la de una psiquis enferma.
El protagonista de “El Corazón Delator” sufre una esquizofrenia crónica que se va acentuando, desde el ojo del viejo con el cual vivía, que según él, era el ojo de un horrendo buitre, hasta su póstuma explosión, con los latidos del corazón murto.
Cabe destacar el papel de los oficiales, los cuales a pesar de reales, son distorsionados por la mente del narrador al punto de convertirse en seres siniestros.
Mientras, en “El demonio de la perversidad” el narrador hace gala de una paranoia persecutoria en el desenlace de su relato, al decir que todos se daban vuelta a mirarlo, que estaba detrás de él. Y si bien es un caso menor al del anterior cuento, se debe tener en cuenta.
Y el protagonista de El Gato Negro, sufría la peor, una depresión que trataba con otra enfermedad, el alcohol.
Es que en cierta forma, los personajes de Poe estaban basados en distintas caras de su propia persona que el temía. Al protagonista del gato negro es el más similar a él.
Los dos rasgos que Poe y él compartían eran el alcoholismo, que terminó por matarlo, quizás aquella intemperancia fuese una característica que el autor ocultaba por pura buena educación, y finalmente la culpa.
La culpa era algo que arraigaba a Poe a una existencia triste. Por las muertes de las dos mujeres que había amado, y por todo lo que su mente le atribuyera.
Al que haya intrigado el por qué de tan detallada descripción sobre el demonio de la perversidad por parte de su autor en el relato del mismo nombre, es que Poe puede que lo hubiese escrito tan solo para plantear una hipótesis basada en la teoría que había creado.
El demonio de la perversidad puede tomarse como un ensayo muy peculiar, basado en una teoría psicológica que Poe imaginó. El resto del cuento no es más que una hipótesis para probar sus teorías.
Se hace notar hasta que punto llega la experimentación del genio de este autor, la cual terminó dando a luz a todo un nuevo género.
A su vez, la historia/ensayo puede ser considerada una explicación del Corazón Delator y El Gato Negro. Es más, El Gato Negro da avances de lo que sería la teoría del demonio de la perversidad, haciendo su narrador continuas referencias hacia una “perversidad” que movilizaba el alma humana.
El Corazón Delator es a día de hoy, uno de los relatos de terror más leídos, no sólo por su fácil comprensión a la hora de leer, como también por el temor que causa.
El Gato Negro también es uno de los relatos con mayor difusión popular del escritor, y curiosamente, ambos fueron escritos en el mismo año 1843.
El autor ya en esos años trata tópicos de la psicología como lo son el “subconsciente” y la “represión”, que años más tarde el psicólogo Sigmund Freud llevaría al conocimiento popular.
Poe también habla de la frenología en el Demonio, pero la trata como una pseudo ciencia y no como una verdadera. Años más tarde, la frenología quedaría olvidada como una teoría obsoleta.

“Cuando un loco parece completamente sensato, es ya el momento de ponerle la camisa de fuerza.”

Esta frase quizá personifica a los protagonistas de las historias aquí analizadas, locos que actúan muy cuerdos. Es que Poe da una advertencia con esto, y es el cuidarse de los “monstruos” con forma humana.
















Conclusión.
El Corazón Delator, El Demonio de la Perversidad, y El Gato Negro, están atados por un mismo principio creado por Poe, el de la perversidad como movilizador del alma humana.
Con lo leído en este ensayo se puede considerar a Poe un “adelantado” a su época, ya sea por el hecho de haber dado una cierta noción acerca del concepto de represión dado por Freud, tanto como por crear un nuevo género.
Y es que la batalla por quien creó el género pierde importancia al leer “Los Crímenes de la Calle Morgue” por la excelencia de tal relato. Y si Poe hubiera aprovechado el potencial de su genio para más que la trilogía de Dupin, hoy en día Sherlock Holmes no existiría, o existiría como un mero plagio.
Su vida fue trágica, y como muchos otros genios, no sabía el impacto que su trabajo tendría en futuras generaciones, pero el Cuervo, siempre será recordado como uno de los mejores autores del canon literario del siglo veintiuno.












Bibliografía
ALLAN, JOHN; http://es.wikipedia.org/wiki/Edgar_Allan_Poe
POE, EDGAR ALLAN; “El corazón delator”.
POE, EDGAR, ALLAN; “El demonio de la perversidad”.
POE, EDGAR, ALLAN; “El gato negro”.
POE, EDGAR ALLAN; http://www.proverbia.net/citasautor.asp?autor=769

ROYSTER, ELMIRA SARAH, http://es.wikipedia.org/wiki/Edgar_Allan_Poe









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