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[S]Cronicas de Lorion: Dispuesto a combatir

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[S]Cronicas de Lorion: Dispuesto a combatir

Mensaje por yuske el Sáb Dic 01, 2012 11:04 am

Buenas a todos. Antes que nada explicare que es eso. Tras mucho meditarlo he decidido seguir el ejemplo de meli-chan y de dcconnanmx respecto a sus historias que transcurren en un mismo mundo o que tienen una cierta temática igual.

En este hilo publicare una serie de relatos que ocurren en un mundo llamado Lorion, un lugar donde existen diferentes reinos, criaturas mitologías, hechizos, encantamientos, espadas de poder, reliquias de sabiduría y seres con poderes mas allá de lo humano. Las historias que publique aqui, no tendrían un orden cronológico, algunas quizás estén ambientadas en a misma época, otras en épocas futuras o pasadas, pero en si lo único que tienen en común es que suceden en el mismo mundo

Y pues comencemos con:

Más allá del horizonte" :



Su mirada se posaba en el horizonte, pero no era eso lo que veía. Tampoco era la puesta del sol que gradualmente decencia según atardecía sobre el desierto de Alpher. Ni el vuelo de las aves que comenzaban a salir en busca de una presa. No. Lo que capturaba su mirada no era otra cosa más que aquel extraño remolino oscuro que había aparecido en el cielo,  a simple vista parecía estático,  suspendido y completamente inmóvil sobre algún punto del mar de Ladhos, pero no era así. Se movía, muy lentamente pero lo hacía,  llevaba horas observándolo desde que había aparecido, su giro era lento y cadencioso, en el sentido en el que se mueve el sol. Atraía hacia él a las nubes engulléndolas para hacerse más grande y a pesar de lo lejos que se encontraba, lograba ver que entre más cerca del centro, más oscuro era todo.  

Aquello resultaba alarmante, sobre todo porque si bien recordaba en aquella dirección se encontraba la isla de Lamderth, aquel terrible lugar que recluía a seres aun más terribles del mundo exterior. En sí, aquella isla no era más que una horrible prisión de los Gaiory. Por lo que no era de extrañar que todos en el oasis estuvieran temerosos sobre aquel remolino. Todos excepto él. Extrañamente ese era el tipo de cosas que más disfrutaba de la vida. Misterios inexplicables, secretos indescifrables y horrores antinaturales, todo aquello le fascinaba y lejos de despertar en él un temor que se le ciñera a la piel y le paralizara el cuerpo hacia que brotara en su interior un hambre de curiosidad y aventura, acompañado por un valor insensato y una ambición estúpida por descubrir lo desconocido y conocer aquello que nadie más conoce.

Pero pese a todo eso, no paraba de preguntarse por que ella, lo llamo a él.

Bajo la vista del cielo y la poso al lado opuesto, hacia la ciudad alrededor del oasis. Desde la duna del águila (que era donde se encontraba) podía vislumbrar toda la  extensión de la creciente ciudad. Recordó la primera vez que la vio, en aquel entonces no se trataba de más de un puñado de casas rudimentarias de ladrillos de arcilla que no llegaban a ser mas de cinco.  Ahora y desde aquel lugar privilegiado podía contar poco más de doscientos tejados y vislumbrar los primeros trabajos previos a la construcción de una muralla.

Un pequeño punto marrón apareció ante su mirada avanzando hacia él. Enfoco su vista en él y descubrió que se trataba de ella. Ceres. Por fin se dignaba a aparecer. Vio como subía la duna sobre el lomo de su yegua, que galopaba con elegancia sin que la arena le presentara dificultad alguna, sin embargo no era el trote de la yegua lo que capturaba su mirada.

Él no la había perdido de vista en ningún momento, contemplaba con atención a aquella mujer, era esbelta, pero para nada menuda. Su estatura apenas medio palmo más baja que la suya y pese a que su cuerpo estaba formado para participar en combates no había perdido sus encantos femeninos. Su larga cabellera de un color castaño claro se elevaba ligeramente a sus espaldas como resultado de la velocidad a la que se desplazaba.

Vestía de forma sencilla pero elegante, aun mas que eso sus ropas eran aptas para participar en una escaramuza, calzaba unos extraños botines de piel de oveja, sus pantalones, ligeramente bombachos, estaban teñidos de un café oscuro, la camisa y el chaleco acolchonado que llevaba eran del color de la arena.  Este último tenía un corcel negro  bordado en el lado izquierdo del pecho. Su boca y nariz estaba cubiertas por una especie de mascada que la protegía del polvo que se levantaba. En sus manos había unos guantes de cuero sin dedos y en su cintura se ceñía una espada.

El volteo a ver lo que vestía, esperando estar lo suficientemente presentable para ella, pero sus ropas no eran más que unos pantalones de lino de un azul oscuro, una delgada playera de manga larga del mismo color bajo una fresca playera del color de la arena, botas negras y al igual que ella usaba guantes de cuero sin dedos en las manos. Mientras que a su espalda se hallaba sujeta a su correa Mygath, su espada y compañera de cien batallas.

Tras reflexionarlo un poco llego a la conclusión de que se encontraba lo suficientemente bien presentable para encontrarse con Ceres, la guerrera, pero no lo suficiente como para llamar la atención de Ceres, la mujer.

Cuando al fin llego ante el tuvo que retroceder unos pasos para evitar que la yegua lo golpeara. Volteo a ver al jinete y se topo con su mirada dura y fría. No cabía duda que estaba ante la guerrera. Y pese a eso, le regalo una sonrisa.  

-Llegas tarde- Le dijo-¿Sabes que me molesta que me hagan esperar?

-Desde luego que lo sé- Respondió sin desmontar mientras se bajaba la mascada, mostrando su rostro por completo.

Él dejo escapar un suspiro y camino hacia un lado hasta quedar en uno de los flancos de la montura de Ceres.

-Y bien, ¿Por qué me has llamado? ¿Acaso admitirás por fin  que estas perdidamente enamorada de mi?

-Déjate de bromas, Jango- Contesto Ceres tajante- Esto es algo serio. Y siendo tú deberías saber por qué te he llamado.

Sonrió complacido antes de contestar, pese a la fría indiferencia que había en su voz cuando le hablaba, le gustaba como sonaba su nombre salía de sus labios.  

-¡oh! Claro que lo sé- Admitió el susodicho- Pero la verdadera pregunta aquí es ¿Por qué yo?-Hizo una pausa y la miro detenidamente- Hay mejores guerreros entre tus hombres ¿Por qué me eliges a mí, a un mercenario que no es de tus seguidores?  

-Es cierto que hay muchos mejores hombres que tu bajo mi mando- Contesto ella- Y por esa misma razón no puedo prescindir de ninguno de ellos. Este es un trabajo para ti y solo para ti, mercenario.

Jango dibujo una expresión de dolor y desilusión en el rostro y con una voz nudosa dijo:

-¿Me estás diciendo que soy desechable? ¿Qué no significo nada para ti?  Ceres, mi vida, ¿Por qué? Si yo te amo tanto…

-¡Basta ya!-Bramo irritada- Tus sucios actos me enferman. Solo limítate a hacer lo que se te ordena, mercenario.

-Aun no me ha ordenado nada, mi señora- Dijo Jango con una sonrisa burlona en el rostro.

-Ya sabes lo que quiero.

-Si lo sé, pero así no funciona esto.

Ceres bufo molesta, ese hombre la exasperaba.

-Iras a Lamderth, investigaras que está pasando, regresaras y nos informaras que ocurre.  

Jango sonrió complacido una vez más. No ante la orden, si no ante la expresión de Ceres. Molesta le parecía aun más hermosa.

-¿Qué te hace pensar que lo haré?

-Es el tipo de cosas que te gustan.

-Claro, pero también me gusta mi vida. ¿Qué harás si me niego?

Ceres lo miro a los ojos y él le sostuvo la mirada, mas por gusto que por reto, pues le encanaba poder apreciar aquellos ojos marrones.

-Te mataré- Dijo ella.  

Jango sonrió. No de su forma habitual, alegre y divertida. Esta vez su sonrisa era completamente falsa, era una sonrisa que solo aparecía en su rostro cuando se veía descubierto haciendo algo que no debía o cuando ya no podría dar marcha atrás y todo lo que le quedaba era avanzar.

Se llevo la mano hacia la espalda, Ceres lo noto y se apresuro a tomar la empuñadura de sus espada, estuvo a punto de desenvainarla pero se detuvo al ver como la mano del mercenario no tocaba la empuñadura de Mygath, si no que rascaba su nuca.  Dirigió su mirada de vuelta al rostro del mercenario que sonreía divertido. Como lo detestaba.

-¿Y como se supone que me pagarán? Tu misma lo has dicho, soy un mercenario.

-Puedes quedarte con todos los tesoros que encuentres en tu camino.

-Inaceptable- Dijo el mercenario- Pretenden pagarme con mis propios tesoros. No soy ningún idiota, Ceres. Si no mejoras la oferta no tendrás un explorador.

-Te pagaremos cinco mil corceles de oro y te daremos un lugar especial en el consejo de la ciudad  como consultor en cuanto regreses.

-Si es que regreso- Señalo Jango.

-Esa es nuestra condición. Tómala o déjala.

-No Ceres, ustedes no están en posición de imponer condiciones, lo que ustedes quieren saber es si eso – Señalo el oscuro remolino que se formaba en el horizonte- Es una amenaza, un peligro. Si se trata de aquel que encerraron cuando lo que debieron hacer era eliminado. –Hizo una pausa- Sabes que yo iré a averiguarlo, y también sabes que no les contare lo que descubra gratis. Soy la única opción para obtener información a menos de que envíes a uno de tus guerreros, lo cual no va a suceder por que el consejo tiene miedo y no quiere desprenderse de ninguno –Hizo una pausa- Ya te lo he dicho Ceres, puede que actué como un idiota, pero no lo soy.

-¿Qué es lo que quieres? – Pregunto resignada.

-Acércate-  Le dijo sonriendo- No es algo que se pueda decir en voz alta.

Ceres obedeció y se acerco a él tanto como pudo sin bajarse de su montura para escucharlo. Por su parte Jango acerco sus labios a los oídos de la chica y suavemente dijo:
-Lo que quiero es…

De pronto y antes de que Ceres se diera cuenta, Jango había hecho girar su rostro y unido sus labios a los de ella, robándole un beso. Lo siguiente ocurrió muy rápido. Una sensación de ardor y bochorno comenzó a aparecer en el rostro de Ceres, lo cual le indico que se estaba sonrojando, pero gracias a ello de una u otra forma logro reaccionar y empujo a Jango hacia atrás, sin embargo lo hizo con tanta fuerza que ella también cayó en la arena. Jango se levanto y echo a correr mientras que Ceres se incorporaba lo más rápido posible y desenvainaba su espada. Aquello no se lo perdonaría. Por su parte Jango dejo escapar una risa alegre, pese a que sabía muy bien  que la molesta guerrera lo seguía con la espada en mano y estaba a  punto de alcanzarlo. Fue entonces cuando el mercenario silbo, la arena que había entre ellos se estremeció dando paso a una criatura con cuerpo y cola de león, pero con cabeza, alas y garras de águila  Aquello no era más que un Griffin.

Jango salto al lomo de la bestia y presiono sus flacos con ambas piernas haciendo que alzara el vuelo ante la incrédula mirada de Ceres. El Griffin dio un par de vueltas alrededor de la alta duna antes de permanecer quieto en el aire con un Jango atascado de la risa.

-Considerare ese beso como un adelanto de mi pago- Dijo el mercenario.- Cuando regrese tomare el  resto- Hizo que el Griffin diera otra vuelta alrededor de la duna.- Y ten por seguro, Ceres, que si es por ti volveré sin importar como, por que yo de verdad te amo. –Concluyo y dirigió al Griffin hacia el horizonte con dirección hacia aquel oscuro remolino que se formaba cerca de la isla de lamderth.

Mientras tanto en la duna Ceres permanecía inmóvil con la furia en los brazos, la vista en Jango y con sorpresa en su corazón, hasta que al fin reacciono y con todas sus fuerzas gritó el nombre del mercenario maldiciéndolo.

Jango escucho la voz de Ceres ya a lo lejos. Una pequeña sonrisa se dibujo en su rostro. Sabía que lo que hizo fue estúpido, pero también sabía que ir hacia aquel lugar bajo el ojo de aquel perverso remolino también lo era. Por lo que no había podido dejar pasar la que quizás haya sido su última oportunidad para hacerlo, pues pese a sus palabras estaba seguro de que no la volvería a ver.

Espero que les haya gustado. subiré las otras dos historias que tengo por ahí paulatinamente, ustedes ya las conocen.

Y como es costumbre, cualquier comentario, critica, sugerencia, consejo, espada brillante y afilada para matar dragones, es bien recibida.

Hasta luego.

PD: Un agradecimiento especial a Kurenea por permitirme usar el nombre de "Ceres"

Etiquetas: Serie


Última edición por yuske el Vie Jun 28, 2013 4:19 pm, editado 1 vez




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Re: [S]Cronicas de Lorion: Dispuesto a combatir

Mensaje por MaNtoSastO el Sáb Dic 08, 2012 7:50 am

Me ha gustado! Pero quiero saber cómo sigue y aquí no habrá continuaciones sino diferentes relatos Razz
Por cierto, ¿Lamderth no era la prisión en la que tenían encerrado a Zlatan? (¿Era así su nombre?)
Tal vez esta historia esté encadenada con la que ya conocemos de Zlatan :O O tal vez no, lo que es igual de probable.
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La caída de Lamderth

Mensaje por yuske el Jue Ene 17, 2013 7:57 pm

Gracias por tu comentario manto y pues te dire que de un modo u otro sabrás que es lo que sigue después de eso, quizás no de una forma lineal, pero eventualmente se hará referencias a lo ocurrido.

Dejando eso a parte continuaremos con el siguiente relato, el cual no esta muy lejos de lo que ocurrido en el relato pasado, a si mismo este relato ya lo conocen, solo a sido reescrito auqnue fueron pequeños los detalles que cambiaron, en su su estructura base se a mantenido.

La caída de Lamderth:



El tenue destello de un rayo de luna se colaba a través de la alta pero pequeña ventana circular en el grueso muro de piedra, iluminando apenas una pequeña parte de su celda.

Su rostro se encontraba deteriorado y cubierto por una maraña de pelo sucio, que impedía identificar que parte era pertenecía a su cabello y cual a su barba, su cansada mirada reflejaba odio, un odio profundo que durante años ha permanecido contenido y que pedía a gritos ser libre y él quería liberarlo. Liberarlo contra sus enemigos, contra quienes lo encerraron en esa celda, contra quienes lo apresaron en esos grilletes, contra esos ingratos que despreciaron sus palabras, que lo tacharon de loco, chiflado e indigno y se negaron a dejarle ocupar su legítimo lugar como el wëian, pero sobretodo, deseaba liberarla su odio contra aquella sucia pestilencia, aquellos parásitos, impuros y desagradecidos llamados humanos.

Pero no podía hacerlo, había sido aprisionado, no solo por hierro y piedra, después de todo sería estúpido pensar que le podrían encerrar a él en una celda normal. Eran poderoso sellos elaborados con lo que esos asquerosos parásitos llamaban magia, la más antigua, la más avanzada los que lo mantenían en cautiverio. Imposibles de romper para cualquier ser, para cualquiera, exceptuando al ser que más odia.

Una sombra se movía por el pasillo, deslizándose de forma sutil, en completo sigilo sin ser vista, sin llamar la atención. Sus pasos eran cuidadosos, procurando no producir ningún ruido. Avanzó rápidamente y sin dar señales de su presencia a través de los pasillos y escaleras de aquella prisión hasta llegar a la celda de aquel hombre, se arrodillo pegando su cuerpo contra la pared, El prisionero, encadenado dentro de su celda noto la presencia de aquel individuo, sin embargo, no le dio importancia alguna. Aquella persona que se había colado hasta allí se atrevió a romper el silencio, al ver que el prisionero permanecía callado.

-¿Quién eres tú?- Dijo el intruso.

Aquella pregunta enardeció al reo, ¿Qué quien era él? No había nadie en el mundo que no hubiera oído hablar de él al menos una vez, después de todo él fue quien invoco a los Khalmadra, fue quien conjuro la ira de los volcanes, destruyo países, asedio aldeas, he hizo caer imperios, trajo el caos, la destruición y a los oscuros caballeros del Fallhmenir: los Therganath, asesino dioses y esclavizador demonios, su nombre: Zlatan Gaiory, primogénito y el mejor alumno de Varnewë, legitimo sucesor del Wëian, el titulo más alto en la jerarquía de Avantasia.

Sus labios se separaron y una vieja sensación apareció en su garganta. Su voz era apenas un débil murmullo cuando escapo de su boca, sin embargo, por muy tenue que era esta, se podía detectar la cólera que en ella había.

-¿Te atreves a entrar hasta aquí, solo para hacer esa estúpida pregunta?-Declaró- ¿Cómo osas preguntar quién soy? Yo soy la orden negra, soy el terror, soy la muerte anunciada de toda paz, el mesías de un nuevo orden mundial.

Una ligera y molesta risa salió de la boca del intruso lo cual hizo enfurecer más a Zlatan.

-Eso era lo que esperaba escuchar. Zlatan Gaiory, he venido a liberarte.- Dijo el intruso poniéndose de pie para colocarse frente a la celda.

Sus ropas negras cubrían la gran parte de su cuerpo y su cabeza era cubierta por una capucha. De entre sus ropas saco una arma, muy corta para ser una espada, pero demasiado larga para que fuese considerada un puñal. Corto la palma de su mano con ella y la sangre broto, llenando la hoja de aquella arma. Se acerco a la puerta y con el arma bañada en su sangre rasgo las runas que había alrededor de ella. Las runas en la puerta de piedra absorbieron la sangre que quedo en ellas, tiñéndose de rojo para después desaparecer. El intruso empujo la puerta y esta se abrió sin dificultad alguna.

Zlatan estaba sentado en el suelo, incrédulo ante lo que había visto. Pronto, una furia inmensa le invadió por completo, estaba siendo rescatado, estaba a punto de recuperar su libertad, aquello era… humillante. Aquellas runas que formaban los sellos que lo tenían cautivo funcionaban bajo una ley: “Lo que lo creo, lo destruye”. Y todo aquello que lo apresaba, había sido creado con sangre humana y solo la sangre de esos parásitos podía liberarlo. Eso sin duda, era la mayor humillación que se le había hecho desde que fue derrotado, ser rescatado por un ser humano.

-Si te soy sincero- Comento aquella persona- Tarde mucho en descubrir qué tipo de magia te apresaba y más difícil me fue aún descubrir cómo romperla, este tipo de información está demasiado protegida. Me lleve una gran decepción cuando descubrí que bastaba mi sangre, esperaba algo más místico.

El intruso se detuvo en seco frente a Zlatan que lo miraba con rabia pura.

-¡Venga tío! No me mires así, como si te hubiera hecho algo malo, que he venido a liberarte- Hizo una pausa en la que se miro su mano ensangrentada, y camino hacia donde estaba sujetas las cadenas de Zlatan- De hecho, deberías mostrarte más agradecido conmigo por eso.

-¿Por qué haces esto?- Pregunto Zlatan.

-¿Por qué? Fácil, porque pienso que tu y yo somos iguales, tenemos muchas cosas en común- Respondió el intruso mientras dejaba caer su sangre sobre las cadenas y estas se derretían al contacto con ella, como si fuera un fuerte ácido- Ha ambos se nos fue negada la posición que por derecho es nuestra, y al igual que tu he sido tachado de lunático, de chiflado que solo me dejo guiar por mi codicia, menuda estupidez.

Zlatan permaneció en silencio sin decir ni una sola palabra, parecía más calmado, pero aquello no era así, pues por dentro ardía de rabia, furia, una cólera inestable que explotaría de un momento a otro. Que ellos dos eran iguales, menuda blasfemia, ese sin dada era el mayor insulto que alguien le había dicho a la cara.

Oyó el sonido de las cadenas partidas caer al piso y de pronto sintió una sensación de fragilidad, de alivio, por fin podría moverse a placer, el intruso le miro sonriente y de un momento a otro Zlatan se abalanzó sobre él, tomándolo del cuello y golpeándolo en el rostro para después derribarlo y colocarse sobre él, dejándole una mano sobre el cuello y otra en la cara. La capucha del intruso se había caído revelando su rostro, tenía unos ojos miel, que querían saltar de sus orbitas tanto por el ataque sorpresivo como por la presión que aplicaba Zlatan en su cuerpo.

-¿Acaso dijiste, que tu y yo somos iguales?- Dijo lentamente- Te equivocas, yo no soy igual que tu, yo pertenezco a una raza milenaria, equiparable a los dioses, por mis venas corre la sangre más pura que puede existir, la sangre de los primeros. – Tu y yo iguales- Le escupió a la cara- ¿Cómo te atreves a decir eso? no hay nada más lejos de la realidad que eso, ¿Qué no es obvio a simple vista? Solo mira mí rostro, ¡míralo!, ¿Qué no lo vez? Mí rostro es el de un dios.

La respiración del intruso se hacía cada vez más difícil, el aire no llegaba a sus pulmones, sentía que se adormecía, pero aun sobre esa sensación de sueño estaba el dolor que le producía la presión que Zlatan hacia sobre su cara, su nariz sangraba, y sus ojos estaban hinchados y enrojecidos, a punto de estallar, Zlatan no paro de presionarle la cara y de un momento a otro los globos oculares del intruso explotaron. El intruso dio un grito ahogado, y con lo poco de conciencia que aún le quedaba pudo escuchar a Zlatan murmurar algo en una lengua extraña, poco después sintió como si lo exprimieran, su cuerpo se contraía y la presión aumentaba, a la ve que sentía como algo salía de él. Aquello no era otra cosa más que sus años de vida, su fuerza y juventud que estaban siendo absorbidos por Zlatan. Poco a poco la piel del intruso se arrugo y fue palideciendo hasta adoptar un tono gris y y reducido a huesos. Su aparecía había pasado de ser un joven de poco mas de 26 años a ser la de una momia seca y de cuyo cuerpo brotaban algo parecido a raíces.

Zlatan se incorporo, su ennegrecida piel había recobrado color, así como su cabello y barba se notaban brillosos, llenos de vida. La apariencia de su cuerpo ahora era más voluminosa, ya no tenía el cuerpo enclenque que su encierro de tantos años le había ocasionado, su cuerpo se veía jovial y lleno de energía. Y ahora que los sellos habían sido rotos, podía usar todo su poder.

Salió al pasillo y bajo por las escaleras, en su camino, se cruzo con unos guardias, que hacían sus rondas, afortunadamente no le habían visto aún, levanto ligeramente un brazo y susurro unas cuantas palabras, en segundos, ambos guardias dejaron caer sus armas y se llevaron las manos al cuello, sintiendo que algo les apresaba, para cuando se dieron cuenta de que se trataba ya era demasiado tarde, ambos cayeron al suelo sin vida. Zlatan se acerco a ellos toco sus cuerpos y estos se convirtieron en polvo, que termino esparciéndose por el lugar por una corriente de viento creada por el propio aliento de Zlatan. Una vez eliminada la evidencia continuo su camino, hasta llegar a su destino: La celda en la que se encontraba su mayor seguidor con vida.

Su encierro era similar al que le habían dado, pero eso no fue un impedimiento, pues llevaba consigo el arma del intruso que le había liberado y en ella aun había suficiente de su sangre. Tardo menos que aquel humano en romper las runas de los sellos, empujó la puerta y la atravesó. Dentro, y totalmente asombrado por lo que veía, se encontraba un hombre deteriorado, atado a los muros con cadenas, como lo había estado Zlatan.

-Mi señor- Dijo en un hilo de voz.

Sin embargo Zlatan no dijo palabra alguna y se limito a romper las cadenas.

-Mi señor, está usted libre, que alegría, pero ¿Cómo?- Dijo aquel prisionero.

-No hagas preguntas innecesarias, khael -Respondió con una voz autoritaria- Estoy libre y eso es lo que importa. Ahora escúchame atentamente- Continuo Zlatan- La razón por la que te he liberado es sencilla, tú me has servido fielmente, y yo recompenso a los que me son leales, te doy tu libertad, eres libre de marcharte, no obstante te pregunto ¿Aun estas dispuesto a seguirme?

Aquella pregunta dejo al prisionero Khael en blanco, pues no esperaba que su señor le dijera algo como eso.

-No tienes por qué temer si tu respuesta es negativa, has demostrado durante tu servicio ser un verdadero miembro de la estirpe más pura, no tomare represalias en tu contra.

-¡Señor! Durante todos estos años yo solo he estado pensando en una forma de escapar de esta horrible celda para poder liberarlo, daría mi vida por usted y por la causa, aun estoy dispuesto a servirle, se que aun puede serle útil, aunque sea como carne de cañón.- Respondió Khael.

Zlatan miro seriamente a Khael, pronto y de forma inesperada para esta ultimo, Zlatan le tenido la mano, maravillado por tal acción Khael miro a su señor sonriente y se sujetó de ella, Zlatan dio un leve tirón haciendo que su fiel servidor se pusiera de pie, para después darle un ligero abrazo.

-Escúchame Khael, pues esto es lo que te ordeno, libera la el resto de los prisioneros, pero no sin antes preguntarles, si se unirán a la más noble causa, mi causa, si es así, rompe sus cadenas, si se niegan, mátalos. Esta noche tomaremos lamderth antes de que los guardias sepan siquiera que es lo que está pasando, se cauteloso- Dijo Zlatan entregándole el arma ensangrentada del intruso.

-A la orden, mi señor.- Respondió Khael.

Justo después de aquello uno a uno los prisioneros de la prisión negra de Lamderth fueron liberados, volviendo a formar parte del que alguna vez fue el ejercito más grande y temible que había conquistado el mundo y que, sin duda, lo haría de nuevo. Comenzando con Lamderth, la cual cayó esa misma noche, sin que los guardias supieran si quiera que hubieran muerto, sin que nadie se enterara de lo que había pasado. Sin que nadie avisara al mundo que Zlatan Gaiory se encontraba libre y recobrando sus antiguas fuerzas.


***

Espero que les haya gustado esta nueva versión de "La caída de Lamderth" como saben cualquier comentario se agradece por lo que criticas, sugerencias, consejos, etc. son bien recibidos.




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Re: [S]Cronicas de Lorion: Dispuesto a combatir

Mensaje por Izanagi el Sáb Ene 19, 2013 1:16 am

Acabo de leer las dos historias Yuske y la verdad es que me gustaron mucho, el argumento me dieron un toque a Warcraft funcionado con el Señor de los Anillos, espero más de estas entregas.
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Re: [S]Cronicas de Lorion: Dispuesto a combatir

Mensaje por yuske el Miér Feb 06, 2013 11:57 am

Izanagi escribió:Acabo de leer las dos historias Yuske y la verdad es que me gustaron mucho, el argumento me dieron un toque a Warcraft funcionado con el Señor de los Anillos, espero más de estas entregas.

Gracias por tu comentario, me halaga la comparativa.

He estado pensando en hacer un mapa de este mundo, espero que no me quede tan mal como el de la caída. XD




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Re: [S]Cronicas de Lorion: Dispuesto a combatir

Mensaje por yuske el Vie Jun 28, 2013 3:59 pm

Antes de comenzar, creo conveniente decir que este relató pertenece al mismo mundo , solo que en un punto cronológico anterior. Espero y los disfruten.

Spoiler:

Dispuesto a combatir 



La noche estaba entrada, el frio calaba hasta los huesos y la nieve comenzaba a caer de nuevo. Sin embargo él no podía moverse de donde se encontraba. No hasta haber capturado a su presa.

Sentado sobre una gruesa rama de un árbol cubierto de hojas miraba de forma vigilante el lugar en el que había colocado el cebo, no podía dejarle escapar, mucho menos darse el lujo de volver a casa sin nada. Sus ropas humildes y del color del bosque comenzaban a verse sucias, indicando que llevaba algún tiempo en el bosque.

Un ruido capturo su atención, se trataba del crujido que suele producir una rama al ser pisada. Eso le alerto, ninguna criatura del bosque seria tan descuidada como para pisar una rama seca sabiendo el tipo de depredadores que había en el lugar. Agudizo su oído y pudo escuchar como las pisadas de un grupo de jinetes se dirigía a la aldea, pero ¿Con que propósito?

Se olvido de su trampa, del cebo y de su presa, manteniéndose expectante a la aparición de los jinetes. Quedo fuertemente sorprendido por lo que vio. Eran casi media docena, pero no fue el número lo que le sorprendió, vestían armaduras negras con picos y cascos de aspecto terrorífico. No podían ser de esta región, sin embargo no fue eso lo que le causo aquella impresión. Las criaturas que montaban eran de un aspecto espeluznante, su piel negra como las armaduras de los caballeros, parecía ser escamosa, su cuello, tan grueso como el de un caballo pero aun mas largo, sostenía la cabeza de una especie de serpiente o lagarto de la cual sobresalían un par de horribles y afilados cuernos. Sus ojos rosjos, resplandecían en la oscuridad sembrando el miedo en quienes los veían, sus cuatro patas no terminaban en pezuñas, como lo hubiera sido en un equino, sino que terminaban en unas terroríficas garras con tres dedos y su cola que pese a ser tan extensa como la de un caballo guardaba mas semejanza con la de un reptil.

Se mantuvo en silencio, sin atreverse a moverse, esta vez por el temor de ser descubierto por aquellos seres y le hiciera algo realmente malo. No tardaron más de un par de minutos en pasar frente a él y alejarse de donde se encontraba, sin embargo el cazador aun permanecía inmóvil presa del temor que las criaturas que aquellos caballeros montaban le habían infundido. Se mantuvo así por un buen tiempo hasta que un nuevo ruido lo había producido la trampa que había puesto. Su presa por fin había caída. Volteo en dirección a ella y vio como un ciervo forcejeaba por librarse de la trampa. 

El cazador respiro hondo en parte por el alivio que tuvo al ver que solo se trataba de un ciervo y no una de esas criaturas y por otra parte por la satisfacción que le daba ver que al fin había capturado algo. Tomo su arco y una de sus flechas y le disparo al ciervo sesgando su vida. Con cuidado bajo del árbol y camino hasta el ciervo, libero su cuerpo de la trampa y comenzó a desangrarlo para después destazarlo y meter sus partes en el saco que llevaba. Roció la carne con sal para evitar que se descompusiera, aunque dudaba que lo hiciera por el frio que azotaba. Camino llevando a cuestas el saco hasta que el cansancio lo venció, afortunadamente no tardo en encontrar una especie de cueva vacía, no era grande, pero si lo suficientemente espaciosa como para descansar. Entro en ella y coloco el saco de carne en el suelo. Tomo algunas piedras y ramas y se dispuso a cavar una fosa para un pequeño fuego. Una vez que el fuego crepitaba sin dar señales de que se fuese ha extinguir, el cazador tomo un corte de carne de su saco y lo aso. La noche se mantuvo tranquila, sin embargo el cazador no lograba concebir el descanso que tanto requería. El recuerdo de aquellos espeluznantes ojos rojos no se lo permitía. No obstante con el paso del tiempo cayó dormido.

La mañana siguiente resulto no ser tan fría como la noche anterior, una abundante capa de nieve aun cubría el suelo que junto con los primeros rayos del sol brindaban una vista impresionantemente bella.

El cazador despertó en cuanto sintió los rayos del astro rey golpeándole en la cara revelando su juventud, pues parecía tener entre veinticuatro y veinticinco años. Tardo unos pocos minutos en salir se su somnolencia, pero en cuanto lo hizo se echo el saco al hombro y reanudo su camino hacia fuera del bosque.

Durante su camino recolecto algunas bayas, nueces, hongos y demás frutillas, comió algunas durante el camino, dejando la mayoría para la venta. Le tomo cerca de dos horas salir del bosque y un poco mas en llegar a una posada de paso, cuyo dueño era un comprador habitual. Obtuvo ciento cinco piezas de oro por la carne del ciervo, además de quince piezas de plata y tres cobres por los frutos y los hongos, lo suficiente como para vivir un mes o al menos eso esperaba. Luego de un buen almuerzo y con menos peso sobre sus hombros y más en sus bolsillos, emprendió el regreso a su aldea. No le llevaría mas de una hora a pie, quizás a caballo no le tomaría más de veinte minutos, razón por la que le hubiera gustado tener uno en esos momentos. 

La imagen de los ojos rojos y el aspecto de aquellas criaturas surgieron en su mente estremeciéndolo por completo. Miro hacia el frente y  creyó ver a uno de sus seres correr  hacia él. Una horrible sensación se apodero de él, pero tras dar un segundo vistazo descubrió que solo se trataba de un caballo normal y de apariencia familiar. 
Pronto pudo reconocerlo, se trataba de argos el más noble y veloz corcel de todo Arcanthos, y compañero equino de Brandal Berbatov, su mejor amigo.

Se quedo quieto esperando a que llegara hasta él, de pronto y por algún motivo tuvo un mal presentimiento.

-¡Janics tengo malas noticias, ha pasado algo terrible!- grito el jinete un tanto desesperado y alarmado desde algunos metros antes de llegar hasta el cazador.

-¿Qué ha pasado?-inquirió el cazador temeroso de que la respuesta fuera la que pensaba.

-Unos caballeros con unas demoniacas criaturas llegaron anoche preguntando por un viajero. Se les dijo que no se sabía nada pero ellos se empeñaron en decir que le escondíamos. Los guardias de la aldea trataron de echarles, pero ellos los mataron…

Janics apretó sus puños y tenso su cuerpo, aquellos seres que había visto en el bosque habían matado a los guardias, conocía a la mayoría de ellos, solía  beber con ellos en la taberna tanto así que los consideraba como sus amigos.

-¿Alguien mas murió o resulto herido?-Pregunto con miedo el cazador.

-El viejo Hamilton de la herrería lo esta, sin embargo el médico ha dicho que vivirá. Pero Janics hay algo mucho peor – Dijo haciendo que el corazón de su amigo diera un vuelco- Ellos entraron a tu casa y han capturado a tu madre y a tu hermana.

El cazador palideció, aquellos mismos sujetos que vio la noche anterior tenían en su poder a su familia. No tardo en pensar lo peor, las torturas, las humillaciones y las deshonras que pudieron haberle pasado a su madre y a su hermana. Tenia miedo de ellos, si, pero su sangre ardiente y su rabia le brindaban el valor para enfrentarles.  

-Aseguran que ellas le dieron posada al viajero que buscan y al parecer no piensan dejarlas ir hasta saber ha donde se ha ido.- Dijo Brandal. – Rápido, sube-Le indicó el jinete- Tenemos  un plan para rescatar a Diara y a tu madre, pero necesitamos tu ayuda.

El cazador no contesto, simplemente se lanzo sobre el lomo del caballo, justo detrás de su amigo y se agarro a él pues inicio el galope regreso a la aldea en cuanto subió.
Llegaron a la herrería donde se encontraban reunidos casi todos los jóvenes varones de la aldea. Eran cerca de quince, contando a brandal y a Janics.

-Janics ¡Que bueno que haz regresado!- Dijo Joan Hamilton, el hijo del herrero.

-¿Cómo esta tu padre?- Pregunto el cazador.

-Vivirá, pero lo importante ahora es salvar a tu familia- Respondió Joan. 

-Desde luego que lo es- Dijo una voz recia.

Los jóvenes alzaron su mirada encontrándose con el viejo Hamilton quien, vendado y cojeando de una pierna entro en el lugar.

-Bien ya estamos todos- Comenzó a hablar- Como todos sabemos (a excepción de Janics) son seis sujetos, se encuentran en la propiedad de la familia de Janics sabemos que uno de ellos esta dentro con la joven Diara y madame Tillman, los otros cinco están afuera en los alrededores en esas criaturas vigilando. Las armaduras negras que portan son raras, pro dejan al descubierto el cuello y parte de la axila, para alguien bueno con el arco seria fácil darle en esos lugares. El plan es simple, catorce de ustedes harán de carnada para que Janics les pueda poner una flecha en el cuello- Concluyo.

-No-Dijo el cazador- Es muy arriesgado. Pueden que les doblen el número, pero nuestros guardias también lo hacían y fueron asesinados.

-No tenemos opción, si simplemente les disparamos flechas se escudaran. Si peleamos directamente no tendremos oportunidad. La única alternativa es obligarlos a pelear a campo abierto mientras alguien oculto dispara flechas a los puntos débiles de su armadura.- Explico Joan.

-Pero aun así, ¿Por qué yo solo?, tendríamos mas oportunidad si fuésemos al menso tres arqueros- Insistió Janics

-No Janics, con el caos de la pelea podríamos darle a alguno de nosotros por accidente, pero tu eres un cazador, hijo de un cazador y nieto de otro, tienes mejor puntería y precisión que todos aquí, sabrás cuando es el momento de disparar sin herir a ninguno de nosotros- Dijo brandal.

Janics se quedo en silencio y miro a todos los presentes, brandal, los tres hijos del pastor, Joan, los dos hijos del carpintero, los cuatro hijos del leñador y tres hijos de campesinos, todos ellos dispuestos a combatir. El joven cazador bajo la vista para reflexionar, preguntándose si el también lo estaba, correr ese riesgo, permitir que todos se arriesgaran por su familia. Un sentimiento de gratitud le inundo. Si ellos lo estaban dispuestos, por supuesto que el también lo estaba.

-Gracias a todos por ayudarme- Dijo Janics.

-No nos agradezcas Janics, por que sinceramente no lo hacemos por ti- Dijo uno de los hijos del pastor.

-Lo hacemos por tu hermana- Dijo uno de los hijos del carpintero y rio.

Janics lo miro incrédulo por unos momentos, había sido un descarado al decir eso tan directamente, de no ser por la situación actual le habría roto la cara a golpes.

Sin mas que discutir y resignado a hacer las cosas de esa forma. Janics y el resto de los jóvenes entraron por un atajo que brandal y él solían usar cuando eran niños. Su plan les daba ventaja ya que la cabaña de la familia de Janics estaba en un claro rodeado de arboles. Trepo a uno de ellos y pudo ver a los jinetes montados en aquellas criaturas vigilando los alrededores.

La armadura negra como el carbón a la luz del día dejo sorprendido al cazador y como lo había dicho el viejo herrero el peto dejaba expuestos el cuello y parte de la axila, pero no solo eso los guantes de aquella armadura cubría solo hasta el codo y al igual que el peto eran negros. Además usaban una especie de falda laminada que les cubría hasta poco mas arriba de las rodilleras de metal negro que conectaban con unas espinilleras del mismo material. Janics pasó a examinar las criaturas que montaban. Su aspecto era aun mas espeluznante de día, su hocico y la mayor parte de su cabeza se asemejaba a la de un dragón.

Tanto a Janics como a los otros les tomo algo de tiempo sobreponerse a ese miedo inicial al tener que enfrentar a esas criaturas. Cuando por fin pudo dominar el miedo y armarse de valor tomo una de sus flechas colocándola en el arco, puso sus dedos anular y corazón por debajo de la flecha y el índice por arriba de esta para tensar la cuerda. Apunto al cuello del jinete mas cercano, calculo la distancia la cual debería ser entre treinta y cuarenta metros, espero unos segundos y disparo. La flecha viajo velozmente a través del aire produciendo un sonido casi inaudible, de un momento a otro la flecha se incrusto en el cuello del jinete el cual cayo de su montura advirtiendo a los demás del ataque. El resto de los jóvenes de Arcanthos que esperaban entre los arboles salieron al enfrentamiento con aquellos jinetes iniciando así  el combate.

La pelea no era más que un caos.  Pese a superarlos en numero ninguno de ellos era realmente un guerrero, por lo que su ventaja numérica no les otorgaba una ventaja real. Janics se apresuro a disparar otra flecha fallando por poco, pero al menos logro salvar la vida de uno de sus conterráneos al distraer al jinete. Sin embargo la suerte no estuvo siempre de su lado, de entre los gritos de la batalla resonó uno especialmente fuerte, alguien había sido herido de muerte.  El caos no le permitía a jachis saber de quien se trataba, pero sin importar quien fuese el simple hecho de saber que alguien había sido herido le consternaba. Tomo otra de sus flechas y disparo acertando en uno de los jinetes hiriéndolo lo suficiente como para permitirle a uno de los hijos del leñador derribarlo con su hacha y encargarse de él. 

La puerta de la cabaña se abrió capturando la atención de todos. Un hombre alto y fornido había salido por ella cargando consigo una espada y un escudo. Él se encontraba irritado, no podía creer que un grupo de aldeanos les diera tantos problemas a sus caballeros. Su mirada tan aguda como la de un halcón vislumbro como una flecha salía de uno de los arboles viajando por el aire hasta penetrar en el cuello de uno de sus hombres. Ahí estaba el problema.

Camino hacia el árbol decidido a terminar con esto. Uno de los hijos del leñador trato de detenerle, no obstante y con apenas verlo aquel hombre lo atravesó con su espada y lo despojo de su hacha. El aldeano cayó al suelo inerte mientras que aquel caballero negro seguía avanzando hacia el árbol. Janics se percato que había sido descubierto por lo que se apresuro a atacarle, sin embargo aquel hombre no tuvo problema en esquivar la saeta e inmediatamente arrojo el hacha hacia donde se encontraba el cazador. El hacha se incrusto con fuerza la rama sobre la que Janics se apoyaba, la cual término venciéndose por el mismo peso del cazador.  Janics se precipito al suelo golpeándose de lleno. El combate se detuvo por unos momentos al ver como este había caído. La desilusión se apodero de los corazones de los aldeanos, su única oportunidad de ganar había desaparecido.

El caballero se abalanzo hacia Janics, quien herido por la caída y temeroso ante la imponente figura del hombre no pudo moverse.

-Aléjate de él, Xernis. A quien buscas es a mí- Dijo un hombre pelirrojo ataviado con una capa que cubría su cuerpo parado al lado de la cabaña.

-Por fin te has dignado ha aparecer Darnell-Dijo el caballero- Entrégame a Ratmos y le perdonare la vida a estos ingratos. Aunque no podría decir lo mismo de la tuya.

-Sabes que no haré eso- Exclamo el pelirrojo- Pero si tanto quieres esta espada ven y tómala- Le reto echando su capa hacia un lado, revelando una hermosa espada en su mano.

Xernis, el caballero, se olvido por completo de Janics y se abalanzo sobre Darnell quien también fue a su encuentro. Las espadas de ambos chocaron. Sin embargo Xernis hizo retroceder al pelirrojo golpeándolo con su escudo. Darnell se apresuro a retomar su guardia logrando bloquear un nuevo golpe, no obstante el caballero giro sobre si mismo y le golpeo de nueva cuenta con su escudo derribándolo, el pelirrojo se apresuro a rodar por el suelo esquivando así una estocada, trato de incorporarse, más no pudo hacerlo ya que el caballero negro había pisado su capa para impedir que lo hiciera. 

Como pudo, logro bloquear un golpe más y se apresuro a patear al caballero haciéndolo retroceder un poco y así poder levantarse. Darnell retomo la ofensiva y soltó un golpe que Xernis bloqueo con su escudo, inmediatamente el caballero contra ataco logrando rasgar las ropas del pelirrojo quien resbaló al dar un paso hacia atrás quedando a merced de su enemigo.

-Creí que podrías hacer mas que eso- Se mofo el caballero dispuesto a matarlo.

Darnell le miro resignado, no ha perder la vida en si (aunque lo haría en parte), sino a tener que usar eso de nuevo. Mentalmente recito unas palabras y pudo sentir como la energía de su cuerpo le abandonaba para alojarse en su arma. La espada comenzó a brillar sorprendiendo a todos, Xernis se apresuro a acabar con el, sin embargo Darnell movió su arma, no bloqueando la estocada de la espada de Xernis, si no cortándola. El caballero retrocedió sorprendido, lo cual el pelirrojo aprovecho para incorporarse de un salto. Darnell arremetió contra su enemigo, que hizo uso de su escudo para bloquear el ataque, pero al igual que su espada este fue partido. Inmóvil ante lo sucedido Xernis no pudo evitar ser atravesado por aquella espada la cual le quito la vida.

Exhausto, como siempre terminaba después de usar eso, Darnell se sentó en el suelo mientras el resto miraba impresionado. El jinete que aun seguía en pie logro emprender la huida llevándose consigo al resto de las criaturas que sus compañeros habían montado. Nadie le siguió. Ya no importaba. Al cesar el ruido de la batalla Diara y su madre salieron a ver que había pasado encontrándose con los aldeanos y el joven Darnell en el suelo. Ambas corrieron a auxiliarlo. Los aldeanos, al verlas sanas y salvas, gritaron alegres, pues de cierta forma, habían cumplido su cometido. Se acercaron a Darnell ayudándolo a levantarse y agradeciéndole por su ayuda. Sin embargo había alguien que no compartía ese sentimiento.

-Apártense de él- Bramo Janics quien le apuntaba con su arco.

Todos, salvo su hermana se hicieron a un lado dejándole el camino libre al cazador.

-Te crees un héroe ¿eh?, pues déjame decirte que no lo eres. Tú mismo lo has dicho, es a ti a quien buscaban. Fuiste tu quien los trajo aquí, por tu culpa han muerto muchas personas y han sido heridas otras mas y ni hablar de lo que le paso a mí familia. Trajiste desgracia a este pueblo debería matarte.

-¡Janics!- Grito Diara indignada por las palabras de su hermano.

-Guarda silencio Diara- Ordeno el cazador.

-¡No! Tu cállate- Bramo la chica- No puedes responsabilizar a Darnell por esto, fui…

Diara enmudeció de repente al ver como con una seña Darnell le pedía que se callara.

-Él tiene razón Diara- Dijo el pelirrojo- Yo fui quien los guio hasta aquí. Y no, no soy un héroe ni nada de eso, solo quería reparar mi daño. Pero me temo que no puedo permitir que me quites la vida, aun tengo una misión que cumplir. Así que te propongo esto: Me dejaras marchar, lo haré inmediatamente y a cambio nunca volverás a verme en este lugar.

-¡Darnell!- Chillo la chica pero este la ignoro.

Janics le miro severamente. Su resentimiento estaba a flor de piel y deseaba matarlo, sin embargo había algo que le decía que eso no era lo correcto.

-Lárgate ya- Dijo el cazador.

Darnell se incorporo y pese a las palabras de Diara se marcho de la aldea con un amargo recuerdo, como otras veces lo había hecho. No quedaba más que continuar hacia delante.

Espero y perdonen las faltas de ortografía no he podido revisarlo a profundidad como me hubiera gustado.

Y como saben, criticas, sugerencias, comentarios, amenazas de muerte, propuestas decorosas e indecorosas, examenes contestados, todo es bien venido.

Hasta luego.




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