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[E] Memorias del silencio - Capítulo V-

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[E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por Kurenea el Lun Mar 19, 2012 8:11 pm

La mayoría ya conocéis esta novelita xD, que como os comenté a algunos, estoy editando de a poco, por lo que voy a ir re subiéndola aquí, pero ya con los capis editados. (Así me perdonáis un poco la larga espera (?). De todas formas, ahora tendré algo más de tiempo… xD digamos que estoy de ``vacaciones obligadas´´ en el hospital. Así que aquí dejó el prólogo editado, e intentaré dormir un poco (misión imposible… detesto el hospital), y ya mañana pondré el capítulo uno.

Spoiler:
Prólogo.

Fue como una zambullida al silencio, como si el mundo se evaporase en aquel infinito segundo, uno que vivimos dos pero que solo concluyó para uno. Desesperaste, en cierta forma nunca estuviste vivo, yo lo sabía; lo sabía mejor que nadie, lo había visto en esa falsa sonrisa, en tu forma de asentir a lo que tus supuestos amigos te decían: era obvio que no escuchabas, era más que obvio que no estabas allí. Aun así me interesaste más allá de lo que ambos hubiésemos deseado al cruzar nuestras miradas. Dos desconocidos que caminaban rumbos distintos, y que por un instante vivieron en el pensamiento del otro.

Creo que yo ni tan siquiera había nacido hasta que vi tus ojos, grises y cansados: en ellos podía ver la amargura, la tristeza, un desprecio por la vida que haría estremecer incluso al más dispuesto suicida. Eras un ser extraño, oscuro y tenebroso, entre las luces hipócritas de un mundo demasiado grande. Un hombre entre millones, una mirada amarga entre miles.

¿Qué importaba un desconocido de ojos grises? Nada, simplemente no importaba.

Pensaste lo mismo, lo sé. Aprendí a comprenderte en aquel camino, el que recorrimos por separado, el que concluimos juntos, el que nos enseñó más de la vida, de la realidad, de nosotros mismos, de lo que jamás hubiésemos deseado saber.

¿Qué podían tener los ojos verdes de una chiquilla que se te cruzaba por la calle? Nada, no tenían nada.

Esos eran tus pensamientos, un reflejo opaco de los míos. ¿Por qué pensábamos igual? Tal vez, porque ambos éramos completamente distintos, pero procedíamos de un mismo lugar. Quizá por ello, en aquel primer cruce de miradas, en aquel único pensamiento:


Desatamos nuestro destino.

Bueno, aquí lo tenéis, agradeceré mucho los comentarios sobre los ligeros cambios que le he hecho (si es que se le notan), porque siguen sin llegar a convencerme del todo. Saludos y nos leemos.

Pd: Y recordad esto si mañana tardo en subir el capítulo editado prometido: T-T ¡no es tan fácil como parece escribir con una aguja metida en el brazo! T-T ( -.- más que nada porque aún con la vendita y demas se sale si lo muevo mucho).


Última edición por Kurenea el Dom Jun 10, 2012 6:06 pm, editado 6 veces
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por MaNtoSastO el Mar Mar 20, 2012 7:56 am

Bien! Vamos a poder leer la historia completa esta vez Very Happy
La verdad no recuerdo lo suficientemente bien la versión anterior como para saber cuales son los cambios. Tengo en la mente los sucesos y detalles más importantes. Pero igual que la otra vez, esta me ha parecido muy bien escrito y atrapante.
Esperaré a mañana a ver si noto mejor los cambios.

P.D: Espero que te mejores y puedas salir pronto del hospital, jamás me gustaron tampoco. De hecho creo que a muy pocos les gustan Razz
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por SiriusTheWolf el Miér Mar 21, 2012 12:35 am

Yo desconozco la historia asi que es mi primera vez leyéndola. No sé como haces pero tu forma de escribir me atrapa desde la primera expresión. Espero poder ver pronto el primer cápitulo, y principalmente que te mejores n_n

Saludos
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Capítulo I.

Mensaje por Kurenea el Vie Mar 30, 2012 10:24 pm

Antes que nada, disculpad la espera, he tardado bastante más de lo que pensaba en acabar de editar (véase: xD prácticamente rescribir) el capítulo. Pero aquí lo tenéis (tan o más horroroso que la primera versión xD).

Spoiler:
Capítulo I: Marcando diferencias.

Pisadas, voces, centenares de personas a mí alrededor. Un escalofrío me subió por la espalda solo de pensarlo, mas me obligué a mantener los ojos cerrados, a permanecer quieta donde estaba. Tumbada en aquel banco, en mitad del patio del instituto, esperando a que aquella masa de estudiantes se disolviese y se hiciera el silencio. Tardó un poco, unos minutos que se me hicieron eternos, pero finalmente me encontré sola.

Un resignado suspiro escapó de mis labios conforme me ponía en pie, tomando mi mochila del banco y echándomela al hombro, para a desgana caminar hacia el edificio.

- ¡Ey! ¿Llevas fuego?

Pegué un respingo, normalmente habría ignorado a cualquiera que me hablase, pero en aquella ocasión me habían atrapado desprevenida. Ni siquiera había notado la presencia de aquel grupo en la puerta. Les observé, cuatro monigotes de máscara gris, de miradas opacas, cabellos engominados y ropa de tipos duros.

- ¿Eres sorda o qué? Te hemos preguntado si llevas fuego – voz seca, rasposa y agresiva, aunque también algo dubitativa. Torcí los labios, y sin dar respuesta alguna giré en redondo, tomando el camino más rápido para salir de la secundaria.

- Estúpida subnormal… - no escuché nada más, no tenía necesidad alguna de hacerlo, me importaba un bledo lo que dijesen.

Ni dos minutos tardé en estar fuera, y en apenas diez ya estaba en pleno centro de la ciudad, contemplando hastiada los altos edificios, los coches pasar, las personas caminar.

Estaba bien, simplemente, ¿a quién le gustaba ir a clase? Esa terrible rutina que te encierra día tras día en un inagotable suplicio... y podría dejarlo ahí, ¿cierto? Pero sería dejar el autentico problema revoloteando por mi mente, deseando escapar al minino descuido: de lo que yo estaba huyendo era de los demás estudiantes, de los profesores, del psicólogo, incluso de la gente que caminaba por las calles en ese momento. Todos se veían tan iguales, tan lejanos, ya ni siquiera veía sus rostros como algo más que una máscara. Una de un triste y sucio color gris, a través de la cual veía en ocasiones relumbrar pensamientos, sentimientos: estallidos de luz en un mundo oscuro. Mas sabía que saltarse las clases no era la solución, en realidad, dudaba que existiera alguna. A fin de cuentas, yo no tenía interés en acércame a ellos, mi deseo era justo el contrario.

Porque no era el hecho de que me mirasen mal lo que me molestaba, no era el hecho de que me insultasen lo que me hacía verlos indiferente. Era solo que… nada en ellos me atraía, se habían vuelto tan simples a mis ojos, tan fáciles de manipular que no hacía falta usar siquiera aquello que la sociedad calificaba como mentiras: bastaba una mirada, una sonrisa. Y no podía evitarlo, seguía sorprendiéndome lo sencillo que era asentir y hacer como que escuchabas, de la facilidad con que se podía desentrañar el pensamiento ajeno.

Un pinchazo subió por mi espalda, y no pude más que girarme, barriendo con la mirada a aquellos aburridos monigotes de máscara gris que se atrevían a observarme. ¿Por qué tenían que mirarme? ¿Por qué me seguían con la vista? Yo no tenía nada de especial, era como todos, solo un ser humano más en un mundo ya plagado de ellos.

- Desearía… que a pesar de existir, para todos ellos yo fuese invisible – lo susurré muy bajo, tanto que ni yo alcancé a escucharme.

Solo entonces noté que me había desviado de mi camino a casa, aunque, tal vez fuese porque no quería volver. Era, después de todo, otra invariable en mi vida. Volver a ese lugar donde solo me esperaba mi tío, mi triste y melancólico tío. Me detuve un segundo, el tiempo en que el semáforo pasó de verde a rojo, cortando el paso a los coches. Sonreí de medio lado, cualquiera diría que no debería tener respeto por aquellas normas, a fin de cuentas negaba toda esa cosa llamada sociedad. Sin embargo, una cosa era negarla, y otra ser un suicida. Y yo no había llegado a ese punto, ni llegaría, lo tenía como una certeza: pues aunque todos me pareciesen iguales el mundo era grande, inmenso. El mundo en sí mismo, ese más allá de las sociedades y las normas, era el que yo anhelaba conocer. Di un paso al frente, no sabía a donde iba, pero por una vez, dejaría que mis piernas me llevasen donde ellas quisieran.

Y entonces surgió, una intensa corriente eléctrica que me erizo el bello de la nuca y los brazos, recorriéndome desde la punta de los pies hasta la punta de los cabellos mientras sostenía aquella otra mirada: Gris y pintada en amargura, sazonada por una falsa sonrisa.

Parpadeé. Alguien, un ser que no llevaba la máscara, un hombre distinto. El contacto visual se rompió, y ambos seguimos caminando, el uno en dirección contraría al otro. Yo sola, él acompañado por aquellos otros jóvenes que seguramente se creían sus amigos, pero él no estaba allí, no escuchaba. Yo lo sabía, lo sabía porque esa mirada, esa sonrisa… eran las que veía reflejadas cada mañana en el espejo. Llevé mi mano hasta donde podía sentir los irrefrenables latidos de mi corazón, por alguna razón se había desbocado.

Los gritos me despertaron, mi cuerpo reaccionó incluso antes de que fuese consciente de lo que ocurría, logrando esquivar por muy poco un enorme trozo de cristal caído desde las alturas. La sangre me salpicó, terminé de girarme, y allí donde antes caminaba una mujer con el que suponía sería su hijo pequeño, descubrí un sangriento y macabro espectáculo. La afilada cuchilla cristal que yo misma acababa de evitar, había ido a clavarse de lleno en la mujer, que a duras penas logró envolver a su hijo entre sus brazos, en un vano y desesperado intento por protegerlo. Los contemplé, muchos pensarían que estaba chocada, pero la razón por la que no conseguía apartar los ojos de la escena era otra: la rabia, la furia, la impotencia, el dolor. Aquel sacrificio demostraba un amor, una voluntad increíble, ¡y no había servido de nada! Porque era imposible que el cristal no hubiese alcanzado también al niño… y sin embargo, aquello saldría en todas las noticias, harían de esa desgracia una gran montaña de dinero para los que menos lo necesitaban.

Volví a esquivar, un trozó de hormigón tan grande como un coche cayó a mi lado, se hizo pedazos. Pero no me asusté, no grité, me fijé aún con más intensidad en la sangrienta escena, y unos pequeños ojos castaños llenos de aterradas lágrimas me devolvieron la mirada.

El pequeño estaba vivo.

Temblé, casi pensé que mis piernas fallarían, no lo hicieron. Y justo en ese instante, en ese minúsculo momento, marqué me realidad. Caminé, bailé al compas de la muerte esquivando la mortífera lluvia de cristales, hierro y cemento. Ignoré los gritos ajenos, el pánico general, y me agaché extendiendo los brazos hacia el pequeño, que extendió los suyos también. No lo dudé, le liberé del abrazo de su muerta madre y lo cargué, pegándolo a mi pecho. Si había de sobrevivir a lo que fuese que estaba pasando, lo haría por el chiquillo, por ese milagro ajeno a dioses y religiones. El realizado por el propio esfuerzo y sacrificio de un ser humano. Salí disparada hacia delante, y por un segundo unos ojos grises volvieron a chocar contra los míos, destellando, lanzando una muda pregunta cuya respuesta ni yo misma conocía: ¿Por qué?

Seguí hacia delante, le dejé atrás. Él también había sido testigo de lo ocurrido, pero no había actuado, seguiría allí, esquivando a desgana la muerte. Yo sacaría de allí al pequeño, le entregaría la oportunidad de vivir, esa por la que su madre había dado su vida. Porque estaba equivocada: no todos eran iguales. Y ese pensamiento me impulso, salí del área de peligro, varias manos tiraron de mí para alejarme más, pero negué con la cabeza, posé al chiquillo con delicadeza en los brazos de uno de los paramédicos, y antes de que pudiesen reaccionar me escabullí de todos ellos, corrí de vuelta al caos, sin poder evitar girar la cabeza. Echando un último vistazo a los llorosos ojos castaños del niño, que alzó su pequeña mano, y con una débil sonrisa la movió… en un gesto de despedida que formó un nudo en mi garganta. Tenía la sensación de que no volvería a verlo, de que no volvería, pero todavía quedaba alguien en ese pandemónium al que necesitaba salvar.

Cenizas ardientes comenzaron a rozar mi piel, escuchaba a mí alrededor terribles gritos de dolor, gemidos, llantos. Pero nada consiguió que detuviese mis pasos, no me detuve hasta quedar a un paso de él, observando atenta al sujeto que lo contemplaba. Iba encapuchado, cubierto su rostro por una mascara mitad negra mitad blanca, que solo dejaba ver de su rostro una única cosa: el insondable negro de su mirada. Sentí miedo, terror, pero no por mí. Ni porque el tipo en sí mismo diese miedo, sino porque algo dentro de mí chillaba, me gritaba que ese ser haría daño al muchacho, que debía alejarlo de él. Mordí con fuerza mis labios, y sin pensarlo lo envolví en un desesperado abrazo.

La vista del enmascarado se desvió hasta fijarse en mí, y los ojos que antes había creído negros relucieron con el brillo de la plata liquida. Dejé de temer, aflojé el abrazo, observé como nos tendía a cada uno una mano, y sin poder evitarlo me fijé en aquella que me tendía a mí: pálida, delicada pero claramente masculina. Una mano que no mostraba signos del paso del tiempo que sin duda su propietario había vivido. Desvié mi atención hacia su otra mano, mis pupilas se dilataron: estaba carcomida, envejecida, casi era la mano de un esqueleto.

- Vendréis conmigo – afirmó, su tono no dejaba lugar a replicas.

Un esbozo de sonrisa se formó en mis labios, ¿quién le había dicho que necesitaba ordenarlo así? Me pregunté, liberando lentamente del abrazo al joven de ojos grises.

- Volviste – susurró. Rozando con sus labios mis cabellos, mientras ambos, como hipnotizados. Íbamos extendiendo una mano hacia delante.

- Volví – no dije nada más, solo dejé que mi pequeña mano se posase sobre aquella otra tan enorme, que se cerró sobre la mía con delicadeza.

- A donde pertenecéis - fue lo último que escuché, antes de que todo se difuminase a mí alrededor, y solo la sujeción de su mano fuese real en el mismísimo vacío.

Y ahora os contesto (?)

Manto: xD si, esta vez es la buena, palabra de Kure. Tardare más o menos en subir los caps, pero ya no la volveré a dejar taaaan abandonada. (xD olvide mencionar que ya salí del hospital, ahora solo estoy de semi vacaciones)

Sirius: Solo te puedo decir, que espero y no acabes decepcionado con la historia y me tires tomates (o piedras xD). En cuanto a atraparte, *Kure pone cara de bruja malvada* en realidad es un malévolo hechizo que hecho sobre vosotros para obligaros a leer, muajajaja xD.

Bue, hasta aquí llego hoy xD. Recuerden, criticas, comentarios, cosas raras que vean, cheques en blanco, se acepta de todo menos sicarios.

Saludos y nos leemos.
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por MaNtoSastO el Dom Abr 01, 2012 3:42 pm

Jojo! Esta vez tampoco noté los cambios porque mi memoria no recuerda con tanto detalle Razz
Casi me había olvidado lo buena que estaba esta historia *es capturado por el malévolo hechizo atrapante*

Noté algunos dedazos y dos errores con las tildes, en por lo menos dos partes más sale sin tilde, y en otras dos mi (a mi alrededor) sale con.

Ahora si, me voy a esperar el siguiente capítulo mientras corro cuesta arriba con lluvia y granizo que me golpee de lleno la cara Very Happy
Saludos!
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por Ekase el Dom Abr 01, 2012 4:44 pm

Me salto lo de que el capitulo esta genial y eso, mi hermanita ya lo oyo suficientes veces (?). No es cierto, nunca seran suficientes, pero estoy vaga xD y me secuestraron para explicarle algunas cosas a Manto ¬¬ ¡¡Ama* me las pagaraaaaaaaaaaaaaaaas!!

Lo de mí alrededor es con tilde porque el alrededor no es tuyo, tu estas en el alrededor. Por tanto, es un pronombre personal y no un posesivo; y al ser p.r. debe llevar tilde. Respecto a lo mas sin tildes, no son de cantidad, es sinonimo de pero, asi que no se le pone tilde. No se suele utilizar mucho xD, quizas por eso te confundiste. Ahora quiero mi recompensa por hacerle el trabajo a la autora, jum.

*Ama: forma cariñosa en que llamo a Kure, xD para evitar confusiones.

Hasta luegooo Smile *Ekase se va volando y se pierde entre el arco iris*




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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por MaNtoSastO el Dom Abr 01, 2012 4:58 pm

Necesito poner un meme de forever alone con un cartelito que diga "ortografía" en la mano xD

Siempre crei que era "a mi alrededor", pero ahora entiendo que es alrededor de mí.
En cuanto al mas/más, que llevaba tilde es todo lo que recuerdo de la primaria, parece que no aprendí nada más xD

Gracias por corregir mi mala corrección, ahora podré hablar con mayor propiedad *feel like a sir*
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por SiriusTheWolf el Lun Abr 02, 2012 4:56 pm

Tengo una pequeña corrección que podría aportar:

"Volver a ese lugar donde solo me esperaba mi tío, mi triste y melancólico tío."

No iría "sólo"? solo es como un sinónimo de.... unidad.. (ejemplo: soledad) no se si me explico porque no se como decirlo xD; y sólo seria un sinonimo de únicamente..

Quede tan impresionado de la trama que ni se como corregir xD Está muy buena la historia y me intriga saber más! Espero leer pronto el siguiente capitulin n_n

Le mando saludos y una tarta de manzana porque la otra que tenia me la robaron (?
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por EnRoKe el Vie Abr 06, 2012 2:25 pm

Interesante historia! Me ha gustado bastaaante!!
Tengo algo q decir con respecto a lo de "solo"es q segun tengo entendido ya no se utiliza esa diferencia segun la RAE entre el solo con y sin tilde, eso
Espero el siguiente capitulo!
Saludos
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por SiriusTheWolf el Vie Abr 06, 2012 2:28 pm

Aunque ya me lo explicaron en nomeacuerdodonde, gracias por volver a mencionarlo Razz
Esperemos que el capitulin salga pronto xD
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Capítulo II.

Mensaje por Kurenea el Miér Mayo 02, 2012 3:02 pm

Perdonad la tardanza xD últimamente no he tenido tiempo para ponerme a escribir, pero aquí tenéis el segundo cap editado, por cierto, os advierto: este capítulo no lo he releído, es decir, va sin corregir por lo que podéis encontraros horrografias y cosas raras. Y... iba a responder vuestras respuestas una a una, .-. pero noté que os habías contestado entre vosotros, así que en general os digo: espero que os siga gustando la historia y no decepcione, cualquier duda, cosa rara, tomates, cheques en blanco, pizzas etc, ya sabéis donde estoy (xD si supierais ya tendría manifestación por tardar tanto) Saludos y nos leemos.

Spoiler:
Capítulo 2: Tundra.

Lo primero que llegó hasta mi conciencia fue el frío, un frío intenso que me rodeaba desde todas las direcciones posibles; “así debe sentirse quedar sepultado bajo una avalancha de nieve” pensé, recordando de forma confusa la historia que tiempo atrás me contara mi tío. Esa en la que él y su grupo habían quedado atrapados entre un gigantesco precipicio y el letal avancen de un alud. “Me gustaban sus historias… ¿por qué dejé de escucharlas?” me pregunté, lo cierto es que ya ni siquiera era capaz de recordarlo.

Suspiré y aspiré, mis ojos se abrieron de golpe, cerré la boca sobresaltada y contuve el aliento: lo que bajaba por mi garganta no era aire, sino un gélido trago de agua. Miré a mí alrededor, ¿cómo diablos había terminado ahí abajo? ¿O era ahí arriba? La verdad es que no estaba muy segura, por mucho que buscase con la mirada no encontraba un indicador, pareciese que el arriba y el abajo hubiesen sido borrados de un plumazo. Todo, mirase donde mirase, era una oprimente y helada masa verdeazulada. No era difícil imaginarse que aquello era en limbo, el vacío, una especie de castigo divino. Sin embargo corté de lleno con esos pensamientos, descartándolos con toda mi sangre fría. Estaba bajo el agua, H2O, y por lo que había comprobado era dulce, debía estar en un lago, tal vez un rio… solo tenía que escoger la dirección correcta y salir a la superficie; “a ser posible antes de que mueras ahogada” comenté para mí con cierta ironía mientras volvía a examinar el entorno. En esa ocasión buscaba un atisbo de claridad entre la turba, un punto donde la luz se viese más intensa, esa sería la mejor dirección a seguir. “Si no te ahogas antes” me repetí a modo de advertencia, tenía un tiempo limite, debía darme prisa o estaría muerta.

Giré, una, dos, tres veces. Ahí estaba, un punto más claro que los demás, no lo dudé ni un instante y nadé en esa dirección, moviendo brazos y piernas tan acompasadamente como podía en aquellas heladas aguas.

La luz se hacía más intensa cuanto más nadaba, aunque se veía algo… ¿opaca? Si, esa era la palabra, era como si llegase hasta mí a través de una superficie traslucida. Choqué, un involuntario gemido escapó de mi garganta, y con él parte de mi preciado oxigeno. Me apresuré a cerrar de nuevo la boca, y alcé la vista despacio, temerosa ante la posibilidad de encontrarme con un obstáculo que no pudiese superar: hielo, sobre mí se extendía una lisa capa de hielo que llegaba hasta donde alcanzaban mis ojos, no había fisuras, ni grietas, estaba atrapada. Mordí la cara interna de mis mejillas, ¿sería esa mi tumba? Una prisión de hielo y aguas congeladas… ¡No! Me negaba a morir, me negaba a rendirme tan fácilmente, no acabaría así.

Apreté los puños, dejé ir en ellos toda la fuerza que me aportaba mi desesperada determinación, y golpeé el hielo con todas mis fuerzas. Lancé golpe tras golpe, y tras cada golpe otro más, podía ver como el hielo comenzaba a resquebrajarse, a ceder. De la misma forma que podía sentir mis pulmones arder, la presión en mi pecho, mi vista emborronarse. Paré, permanecí un solo segundo quieta, y dejé que mi cuerpo se girase, quedando bocabajo. Sonreí leve mientras observaba la agrietada superficie que me cortaba el paso, e invocando mis últimas fuerzas, mi última posibilidad, solté lo que esperaba fuese una potente patada.

Sentí la fría brisa rozar mi pierna, pude escuchar el horripilante chasquido del hielo al quebrarse, pero no presté autentica atención a ninguna de esas sensaciones. Solo me ordené moverme, nadar tan rápido como me lo permitiese mi maltrecho ser, para finalmente aspirar una dolorosa bocanada de aire que vino acompañada de violentas toses. Al parecer había tragado más agua de la que pensaba en un principio, me tragué la tos por unos minutos, sacando energías de la nada para izarme a suelo firme, o más bien a hielo firme. Y allí mismo me derrumbé, temblando y tosiendo, expulsando el liquido tragado en dolorosas convulsiones.

- D-diablos… y yo… con ropa de verano – logré mascullar entre dientes, ya más calmada, pero tiritando con tanta fuerza que apenas si fui capaz de incorporarme hasta quedar sentada.

Cerré los ojos y aspiré hondo repetidas veces, hasta que el dolor en mi pecho se hizo más tenue, y fui capaz de controlar un poco los temblores que me dominaban. Solo entonces observé lo que me rodeaba, estaba parada en mitad de un desierto, uno que deslumbraba mi mirada con sus intensos blancos y azules.

- Tundra… - murmuré, invocando de nuevo a mi memoria las historias de mi tío – perfecto, de la sartén al fuego – añadí sarcástica, poniéndome en pie despacio, comprobando que el hielo soportase mi peso, y de paso que mis propias piernas lo hicieran también.

Fui dando una vuelta completa, frotando mis brazos mientras buscaba el rumbo a seguir, uno que me proporcionase refugio de aquella cortante brisa que abrasaba mi piel con su gélidez; unas negras montañas perfiladas en la distancia aparecieron en mi campo visual, las examiné más atentamente, entrecerrando los ojos y calculando la distancia que podía separarme de ellas. Negué con la cabeza, algo me decía que aunque las alcanzase no encontraría salvación, solo más problemas. Seguí girando, parpadeé sorprendida, “¿árboles?” la pregunta taladró mi mente, froté mis ojos y sacudí la cabeza, pero allí seguía. La sombra de un gran bosque que parecía llamarme, gritar porque fuera hacia él, di un paso al frente, después otro. Sentía mis pupilas dilatadas, mi pecho palpitar con demasiada fuerza, era como si siempre hubiese estado esperando por vislumbrar aquello, por sumergirme entre la espesura. Temblé, se me doblaron las piernas, el frío y el dolor me devolvieron a la realidad, trayéndome a la cabeza algo que había olvidado por completo: la ciudad, unos ojos grises, el caos, la madre muerta, el niño en mis brazos, un roce en mi cabello, dos manos extendidas, una joven, otra carcomida por el tiempo, la mano de un esqueleto…

Jadeé, y sin poder evitarlo me giré hacia el agujero en el hielo por donde yo misma había escapado de morir ahogada, sentí la sangre abandonar mi rostro. “¿Y si él ha aparecido en la misma situación? ¿Sobrevivirá? ¿Se molestará siquiera en intentarlo?” las dudas me hicieron estremecer, todavía podía ver frente a mí su mirada, ese gris nublado por la amargura…

- ¿¡En que carajo estas pensando!? – me espeté – no conoces de nada a ese hombre, y claro que tiemblas, estas en mitad de una tundra helada, empapada y vestida con unos vaqueros y una blusa sin mangas.

Una sonrisa de medio lado se apoderó de mis labios, yo que me reía de mi tío cuando comenzaba a hablar solo, y fíjate, acababa de hablarme a mí misma de forma mil veces más descarada que él en sus monólogos.

“Sea como sea, no puedo hacer nada por él” pensé, echando otro vistazo al entorno: del ser de la máscara tampoco había rastro. Temblé, no podía permanecer quieta, me estaba congelando. Volví a fijar mi vista en el distante bosque, y sacando cualquier otro pensamiento de mi cabeza, comencé a caminar hacia él.
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por MaNtoSastO el Jue Mayo 03, 2012 9:16 am

Pobrecita. Me dio tanto frío como la primera vez que lo leí. Son exelentes las descripciones.

No tiene sentido mencionar si había o flataba alguna tilde, pues sabes más que todos nosotros juntos y de releerlo lo encontrarás todo y más.
Así que me voy tranquilito a envolver en una manta y a tomar chocolate caliente a pesar de los 30 grados que hacen Razz

Un saludo y espero el tercer capítulo! Very Happy
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por SiriusTheWolf el Vie Mayo 04, 2012 7:40 pm

Tanto tiempo de espera y valio la pena. Yo tambien sentí un poco de ese frío al leerlo tan cuidadosamente. Ni mencionar las descripciones de todo, realmente sin palabras. Error no encontre, me concentré más en leer y sentir la trama que me atrapó de una. Te envidio por escribir tan bien.

Espero prontín el tercer capitulin
Saludos n_n
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Capítulo III.

Mensaje por Kurenea el Vie Mayo 11, 2012 4:30 pm

Bueno, esta vez no me he tardado tanto (?). Espero y les guste xD, creo que el final me quedo algo precipitado, pero lo dejo a su opinion.
Spoiler:

Capítulo III: Duda.

Mis pies se hundían hasta los tobillos en la nieve, prácticamente andaba a tropezones, y sentía las manos tan agarrotadas que apenas si era capaz de seguir frotándome con ellas los brazos.

- Creo… que tras esto siempre preferiré los climas templados – susurré, con la voz tan ronca que era incapaz de reconocerla como mía.

Tragué duro, echando un vistazo a la nieve del suelo. El agua podía aliviar un poco mi adolorida garganta, pero no estaba segura de poder alzarme de nuevo si me agachaba. Aspiré hondo, apartando de mi mente la idea de beber y fijándola en un recuerdo, los cálidos y peludos abrigos de mi tío. Una involuntaria sonrisa surcó mis labios, haciendo que las grietas en ellos se volvieran heridas, y el oxidado regusto de la sangre dominase mi paladar.

- Quién iba a decir… que sería capaz de echarte tanto de menos, tío – murmuré alzando la vista, el bosque se veía todavía tan distante, seguramente no podría llegar antes de que anocheciese, y eso sin duda marcaría mi sentencia de muerte.

Sonreí amargo y continué caminando, dejando a mi cuerpo el trabajo de no caerse, mientras mis ideas se alejaban, marchando lejos, a unos recuerdos que no me molestaba en revivir desde hacía mucho tiempo; la primera vez que vi a mi tío, lo recordaba con nitidez: su altísima figura sobresalía por encima de todo y todos en aquella pequeña estación, tanto que cuando se acercó a mí retrocedí, escondiéndome detrás de la mujer que me había acompañado durante el viaje.

“Ni siquiera recuerdo quién era ella” pensé divertida, recordando como la gran mano de mi tío se había posado sobre mi cabello, alborotándolo con una suavidad increíble en alguien tan enorme. Mas no fue eso lo que hizo que dejase de temerle; fue su sonrisa, la calidez que irradiaba, ese extraño brillo con que todo su ser parecía iluminarse con tenerme a su lado. “Me hizo sentirme querida” comprendí, volviendo de golpe a la más pura realidad, permitiendo que esta me abofeteara con todas sus fuerzas. Me había precipitado al aceptar esa mano… no había pensado en la consecuencias, ni por un momento se me paso por la cabeza el hecho de que estaba abandonando a mi tío.

- ¿Es qué estabas pensando? Mejor dicho, ¿acaso estabas pensando maldita imbécil? – gruñí, furiosa conmigo misma, furiosa con la catástrofe en la ciudad, furiosa con el ser que me había ofrecido aquella mano.

Y tan rápido como llegó, la furia se disipó, dejándome un vacío interno tan intenso que sentí ganas de dejarme caer al suelo y llorar. Porque sabía, sabía mejor que nadie que mi tío estaría mejor sin mí, que podía refugiarse en los viajes que dejó de hacer para cuidarme, que esa melancolía desaparecería de su mirada, volvería a ser feliz con aquello a lo que renunció por mí.

- Pero… a pesar de todo, me gustaría haberme despedido de ti…

Apreté los puños, sentí la determinación correr por mis venas; la única forma de conseguirlo era encontrar al ser de la máscara, y para encontrarlo el primer paso era sobrevivir, alcé la mirada, parpadeé. No había sido consciente de ello, pero durante el tiempo que había pasado divagando y parloteando sola me había acercado tanto al bosque, que ya solo me faltaban unos escasos diez metros para internarme entre los árboles. Froté mis manos entre sí con fuerza, e inspeccioné el suelo con la mirada, se tonaba que ya no caminaba sobre el hielo: la nieve estaba esparcida de forma irregular, en acumulaciones de distintos tamaños, y sobresaliendo de ella podía atisbar cientos de pequeñas ramas congeladas. Aspiré hondo, tratando de controlar el ruidoso castañeó de mis dientes, y los cada vez más violentos temblores de mi cuerpo; avancé, esquivando las montañas de nieve y los palos, para finalmente pasar junto a los primeros árboles. El cambio en el ambiente fue casi inmediato, el aire allí era más respirable, menos frío, y la cortante brisa que antes azotaba mi piel sin piedad había desaparecido por completo.

“Pero debes seguir… no puedes quedarte quieta aún” me dije, sacudiendo la cabeza y echando a andar. Ni siquiera me molesté en tratar de hacerlo en línea recta, me sentía perdida, ida. E incluso la pequeña parte de mi conciencia que me advertía de estar andando descuidadamente por un entorno que no conocía, acabó por sumirse en el profundo silencio que dominaba el lugar. “¿Silencio en un bosque?” fue esa pregunta lo que me hizo volver en mí, tambaleé, apoyándome en el árbol más cercano para evitar caer el suelo. Para mis ojos el mundo era solo un borrón blanco, verde y marrón, todo lo demás excepto el frío que sentía había sido borrado.

Un silbido, algo rasgando el aire, pude escuchar el sonido. Pero no tenía las fuerzas necesarias para tratar de descubrir que era, mucho menos para intentar esquivarlo, por lo que opté por dejarme llevar, permitiendo que mi cuerpo se deslizase hasta el suelo; algo chocó contra el tronco del árbol en que había estado apoyada, y alzando mi borrosa vista fui capaz de distinguir una vibrante flecha clavada profundamente en la madera. La adrenalina me sacudió ante el descubrimiento, devolviendo todos mis sentidos a la normalidad, mas ya era tarde para eso.

- Nen si la – no entendí las palabras, pero capté en ellas el tono autoritario, amenazante.

Apenas unos segundos después la figura de mi atacante surgió de la nada, abrigado con una chaqueta que parecía ser cuero y una capucha de piel y pelo cubriéndole el rostro; lo único que alcanzaba a ver con claridad de él eran sus ojos, de un profundo azul ultramar que me dejo sin aliento: no había máscara que pudiese ocultar una mirada tan intensa y viva como esa.

- ¿Nanse ni de terde? – preguntó, haciendo que fuese consciente del arco tensado y la flecha que me apuntaba directa al pecho. Negué con la cabeza, a pesar de que el idioma retumbaba en mi cabeza de forma familiar, no era capaz de entender nada de lo que decía.

- No entiendo ni media palabra de lo que estás diciendo – comenté, sintiendo mi garganta protestar ante el abuso.

Destensó el arco, pero yo no me moví, notaba que me observaban desde atrás. Y la suave vibración a mis espaldas no hizo más que asegurarme mi sospecha, había por lo menos otro más con su arco listo para disparar. El que tenía delante se bajó la capucha, y sin poder evitarlo mis cejas se enarcaron, no era posible… tal vez me había caído algo en la cabeza durante la catástrofe en la ciudad, y en esos instantes me encontraba en coma soñando con cosas fantasiosamente raras. Porque, que yo supiera, al menos en el mundo donde había vivido hasta el momento: los elfos solo existían en esos libros que tanto me gustaba leer de vez en cuando.

- Banse dere ne – susurró él, observándome de arriba abajo con sus rasgados ojos azules.

- No entiendo vuestro idioma – contesté, llevándome una mano a los labios, para luego señalar los suyos y negar. “Soy patética con la mímica” pensé un tanto avergonzada mientras observaba sus felinos rasgos y puntiagudas orejas, no eran tan afiladas como las imaginaba al leer.

El supuesto elfo se pasó una mano por sus oscuros cabellos y frunció el ceño, al parecer mi patético intento de mímica no había sido tan malo, pues también se llevó la mano a los labios para después negar con la cabeza y observarme interrogativamente. Yo asentí, repitiendo el gesto, cosa que lo hizo fruncir el ceño y resoplar con aire frustrado.

Tosí, y junto a la tos vino una fuerte oleada de dolor; los estragos de mi baño en el lago estaban regresando, y lo hacían con tanta fuerza que era incapaz de contener los violentos temblores que comenzaban a sacudirme, alcé la mirada hasta topar con la del elfo, pero lo único que pude captar fueron un par de borrones azules. Un pinchazo en el brazo izquierdo me hizo jadear, mi visión se volvió aún más inestable, ya solo veía lucecitas blancas y marrones bailando por doquier.

- Li an na…

El sonido me llegó opacado, desde muy lejos; me iba a desmayar, lo sabía. Mi cuerpo ya estaba llegando a su límite antes de la súbita aparición de aquella supuesta criatura mitológica, si no hubiese sido por el subidón de adrenalina, me habría desmayado contra aquel árbol, pero ya no me sentía amenazada, ya no notaba el peligro, y con la falta de este la adrenalina se consumía.

«Donde pertenecéis»

Y esa voz, la del ser de la máscara, revivió para mis oídos. Resonando una y otra vez con cada vuelta que sentía dar al mundo, llamándome a una especie de entendimiento, uno que no era capaz de creer del todo: ¿pertenecía yo a aquel lugar? La pregunta se fue borrando, todo fue desapareciendo, tragada mi conciencia por la más absoluta oscuridad.


Manto: Muajajaja, te afecto mi malvado hechizo friolandes (?). .-. Pero ey... espero que no te diese bochorno de meterte bajo manta y tomar chocolate caliente con ese calor, T-T que si te da algo nos quedamos sin que escribas T.T, *le quita las mantas y el chocolate y la sustituye por ventilados y helado* Mejor (?), saludos y cuidate.

Sirius: xD Tu tambien caiste en el hechizo friolandes (?). Me alegra que te atrapara, xD y no tienes nada que envidiar, :3 yo soy fan de como escribes tu. xD Y ahora voy a dormir un rato, muero de sueño, cuidate lobito.

Ya sabeis, cualquier cosa rara, bombas, cheques en blanco, xD no dudeis en decirlo.


Última edición por Kurenea el Miér Mayo 16, 2012 8:27 pm, editado 1 vez
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por templar.mime el Vie Mayo 11, 2012 11:57 pm

Es bueno ver que estas resubiendo los capis, ir re abasteciendo nuestro foro de letras e historias. Espero llegar a los capis nuevos pronto.

templar.mime
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por Kurenea el Sáb Mayo 12, 2012 12:07 am

En realidad templar, los capítulos que he resubido han sido rescritos, son basicamente los mismos sucesos importantes que la version anterior de la historia, pero con ciertos detalles diferentes. Pero sip, tratare de llegar pronto a donde lo deje en la anterior version, palabra de Kure malvada (?).

Nos leemos.
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por MaNtoSastO el Dom Mayo 13, 2012 4:43 pm

Ya debes estar cansada de que te lo repitamos cada uno cada vez que comentamos, pero genial el capítulo. Si fuese más hábido en la materia posiblemente te diera comentarios de mayor utilidad, pero con mi capacidad solo puedo sorprenderme una y otra y otra vez.

No recuerdo el nombre del elfo (me sale Eilan pero sé que no era así Razz), pero era, es, un personaje copado. Espero coloques los próximos capítulos pronto!

...sí, no tuve más opción que votar por esta historia al leerla Razz

Hay un solo error en todo el capítulo, una tilde de más:
El cambió en el ambiente fue casi inmediato

Saludos de un ser liberado de las mantas y cocoas calientes en épocas veraniegas!
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Capítulo IV.

Mensaje por Kurenea el Miér Mayo 23, 2012 7:11 am

Bueno, esta vez me ha costado un poco más sacar el tiempo para escribir el capítulo (se nota que ya ando de exámenes y que los finales se acercan con sus malvadas carcajadas de villano xD). En fin, os lo dejo aquí, si veis alguna cosa extraña etc, no dudéis en decírmelo, tratare de tener el siguiente cuanto antes.


Spoiler:
Capítulo IV: Sueños de plata y carmín.


Silencio, un oprimente silencio capturando todos mis sentidos, aquello fue lo que llevó a mis ojos a abrirse; la desesperación por sentir. Pero no sirvió de nada, todo a mí alrededor estaba envuelto en una densa niebla carmesí que me hizo estremecer, ¿dónde me encontraba? ¿Cómo había ido a parar allí? Ni siquiera estaba muy segura de quién era, solo tenía en la mente un nombre, uno que suponía mío: Arlen.

- ¿Hola? – mis labios se movieron, mas el sonido no llegó a mis oídos.

¿Era acaso sorda? ¿O tal vez muda? Puede que incluso las dos, y a juzgar por lo que veía, también debía ser ciega o tener serios problemas de vista. Aspiré hondo, parpadeé, ¿antes respiraba? ¿Había sentido necesidad de hacerlo? Sacudí la cabeza confusa y mordí mis labios, clavando mis dientes en ellos tan profundo como fui capaz; esperaba que el dolor aclarase mis sentidos, pero este tampoco llegó a mí.

«En los sueños no se siente el dolor»

La frase se formó en mi cabeza, ¡eso era! Estaba soñando, nada de aquello era real, solo tenía que despertarme… pero, ¿dónde despertaría? La pregunta me hizo temblar, tal vez estaba mejor dormida.

- Ven – no lo escuché, no había sonido, pero la palabra quedó prendida en mi mente. Y justo frente a mí, como indicándome el camino, un fulgor plateado atravesó con su brillo la roja niebla.

No lo pensé dos veces, corrí hacia el punto luminoso tan rápido como me lo permitieron mis piernas; no sabía si iría a parar a un sitio peor o mejor, pero lo prefería a permanecer allí, quieta en aquel mundo de eterna inmovilidad y silencio. El resplandor me cegó, devoró mi conciencia cual voraz monstruo.

¿Música? El armónico sonido me “despertó”; todo había cambiado, de repente me encontraba envuelta por unas altas paredes de piedra, pisando un suelo de blanco mármol pulido, mientras mis oídos se veían hechizados por el mágico ritmo de lo que parecían ser unas distantes gaitas mezclándose con el entrechocar de las olas del mar.

- Ven – di un salto, me había quedado pérdida, ida por completo en una especie de dejà vu que no alcanzaba a comprender.

Di unos dudosos pasos al frente, observando más detenidamente la estancia; era un cuarto pentagonal, vacío a excepción de unos pocos candelabros de pie en un rincón, y unas cortinas cubriendo lo que parecían ser tres ventanas sin cristal. Fijé mi vista en ellas, sentía el doloroso impulso de descorrer las cortinas y mirar lo que había más allá, como si fuese algo que llevase deseando hacer por mucho tiempo.

- Ven – cedí, aparté la mirada de las ventanas y busqué la procedencia de aquella voz, profunda y tranquila, con un leve toque ronco.

No tardé en descubrir la puerta, estaba justo a mis espaldas, entreabierta y esperando a que la atravesase. Avancé hacia ella, empujándola tenuemente con los dedos hasta que cedió, dando paso a unas inclinadas escaleras de caracol que comencé a bajar despacio, saltando los escalones rotos incluso antes de verlos; era como si ya supiera que estaban allí, tal vez yo vivía en aquel lugar, tal vez ya estaba despierta. Salté el último escalón, cayendo de puntillas sobre una mullida alfombra azul cobalto.

- ¿Dónde estás? – pregunté, echándole una rápida hojeada a la pequeña habitación circular, sin encontrar nada que llamase mi atención.

- Sigue andando – la respuesta me llegó clara, más relajada que los anteriores llamados.

No cuestioné su orden y seguí caminando, guiada por instinto hasta lo que parecía una pared, que se apartó nada más la rocé con mis dedos. Atravesé el hueco y proseguí, no me detuve siquiera a mirar los cuadros y tapices que colgaban de las paredes de aquel estrecho pasillo, solo continué, avanzando silenciosa puerta tras puerta, abertura secreta tras abertura secreta, siguiendo el rumbo que marcaban mis pies; hasta que finalmente atravesé un alto dintel gris perla, y me vi parada bajo el mismísimo cielo.

- Aquí estoy – el susurro me hizo volver avanzar, ignorando las penumbras del atardecer, la estrechez de la plataforma de piedra por la que caminaba, y las oscuras aguas abriéndose a ambos lados de esta. Solo tenía ojos para la desdibujada silueta que me esperaba al final - ¿Qué será tu regreso al hogar, la bendición o la maldición? – la pregunta me paralizó a escasos pasos de alcanzarlo, y él se giró, captando toda mi atención con sus brillantes ojos de plata fundida.

- Qué… - murmuré, sintiendo en mi garganta un nudo cortándome la respiración; parecía tan triste, no me gustaba verlo así, dolía.

- Esta vez no lo dudes, debes vivir, debes llegar a mí.

- Ya estoy aquí – contesté, y una triste sonrisa pero dulce sonrisa adornó sus delgados labios dorados – estoy aquí – repetí más firme, tratando de ignorar el ardiente dolor que se extendía por mi pecho; estiré mi mano, queriendo rozar su rostro, de un pálido casi enfermizo.

El cielo se oscureció, mi mano quedó suspendida en el aire, tan cerca de su piel que sentí el calor que desprendía. Dejé escapar un angustiado gemido, perdí pie, las aguas se alzaron, rodeándome, tirando de mí.

- Vuelve a mí… vuelve, mi Awen.

Tos, dolorosa tos asaltando todos mis sentidos, devolviéndome a mi cuerpo, a la realidad, o al menos a lo que suponía que era la realidad. Pues esas últimas palabras, la imagen de ese rostro ensombrecido por la tristeza y el dolor, el agua tragándoseme. Todo seguía latente, grabado a fuego en mis sentidos, no podía decir que aquello hubiese sido un simple sueño.

- Ikeirs… - abrí los ojos, topando de lleno con otros de un intenso azul – Ikeirs – repitió, llevándose un dedo a los labios en el universal signo del silencio.

Contuve el siguiente ataque de tos, aspirando tan hondo y silencioso como pude, mientras trataba de situarme en el espacio y el tiempo; había salido de aquel lago helado, y había tomado rumbo al bosque donde… ¿un elfo me había disparado una flecha? “Surrealista en extremo…” me respondí volviendo a aspirar, notando justo en ese instante el doloroso palpitar en mi brazo izquierdo, y aquello que aprisionaba con firmeza mis muñecas y piernas: estaba atada. Pero no fui capaz de centrarme en ello, como tampoco fui capaz de seguir respirando hondo, algo se estaba acercando. Sentía la tensión en el ambiente, casi podía respirar el odio, la furia, una mezcla entre locura e impotencia haciéndose con el aire. Fijé la vista en mi captor, que en esos momentos desenfundaba en silencio un largo machete, estaba preparado para los problemas.

Yo mordí mis labios, procurando hacer el mínimo ruido posible; fuera lo que fuese que se estaba acercando, no deseaba verlo, no quería enfrentarme a ello. Me sentía demasiado indefensa en esa posición, tumbada en el suelo, atada de pies y manos, como para querer encontrarme con algo que exhalaba semejantes emociones. De hecho, tampoco habría querido encontrármelo en otra situación, por favorable que esta fuese.

El sabor de la sangre llegó hasta mi paladar, y el terror me envolvió durante el segundo que tarde en hacer desaparecer de mis labios el líquido carmesí; tarde, demasiado tarde, tal y como había sentido en mi interior, aquellas pequeñas gotas rojas le llamaron, y antes siquiera de parpadear el elfo había salido por los aires, golpeado brutalmente hasta estamparse con el tronco de un árbol y caer al suelo, donde lo perdí de vista por culpa de los arbustos que nos habían estado ocultando. Mas si que pude seguir con la mirada a su atacante, que se movía lento, vestido con arrapos manchados de sangre y armado con una oxidada espada de hoja curva. Temblé, pero no de miedo, sino de repulsión. Aquello que parecía un hombre, lo que se acercaba al elfo listo para acabar con su vida, era en realidad un muerto. Podía verlo, sobre su piel, rodeando su cuerpo y ascendiendo: una cadena espinosa le rodeaba, aprisionaba su alma.

Manto: Ejem, la verdad es que nunca me canso de vuestros comentarios, aunque suela estar en contra a lo de genial xD, el nombre del elfo era Ilian, no andabas tan desencaminado (?). Procurare tener los siguientes prontito, aunque como ya comente, estoy de examenes, asi que tardare un poco mas. Gracias por señalarme la tilde -.- ni la habia visto. Saludos y cuidate.
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por MaNtoSastO el Jue Mayo 24, 2012 6:42 pm

GENIAL! ESTUPENDO! MARAVILLOSO! FANTABULAR!!!
Bueno sí, lo tuve que hacer precisamente porque estabas en contra xD

Ahora hablando bien, nuevamnte no recuerdo cómo era el capítulo antes exactamente pero sé que no era así, al menos el "sueño" lo recuerdo un poco distinto. Esta versión (aunque no puedo decir con certeza que me ha gustado más) me ha parecido muy buena. El final del recorrido allí con las aguas y la cercanía pero aún inmensa distancia con este enigmático personaje que la llamaba ha quedado muy bien.

Tengo una sola pregunta y es que la expresión no me suena: "tragándoseme" no sería tragándome?

Espero te vaya muy bien en los exámenes así puedes regresar con todo el poder y entregarnos más capítulos para nuestro deleite Very Happy

Un saludo!
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Capítulo V.

Mensaje por Kurenea el Dom Jun 10, 2012 6:05 pm

Bueno, no hay mucho que decir, aparte de lo de siempre: disculpad la espera, y cualquier cosa, cheques, sicarios, intentos de asesinato etc, xD solo dejadlos aqui.


Spoiler:

Capítulo V: Parásito.


Nunca, en toda mi vida, había sentido tanto asco por algo como en aquel instante; ni siquiera me paré a considerar como sabía que el hombre estaba muerto, me limité a aceptarlo tal y como vino a mi cabeza, mientras mis ojos seguían atentos el deslizar de la espinosa cadena sobre su cuerpo: era blanca, más blanca que la misma nieve, pero era un blanco distinto; no existía pureza en él, no notaba el pacifico frescor que solía respirarse en aquel primigenio color. Al contrario, se veía sucio… casi podía respirar en él, el mismísimo dulzor de la fruta al pudrirse.

El elfo se levantó, entrando de nuevo en mi campo visual de forma tambaleante, al parecer había perdido el machete en algún punto de su vuelo. Alzó su cabeza y yo me mordí los labios, largos hilos de sangre descendían desde sus sienes, corriendo por sus mejillas.

- Cainlëg Arg – el murmullo fue bajo, tan bajo que apenas llegó a mis oídos, pero pude notar en la tonalidad un claro toque de reverencial temor.

Parpadeé, tensa y alerta, reabriendo mis ojos justo cuando el muerto en vida atacaba, azuzado por un rápido movimiento de la cadena que lo rodeaba, saltó hacia delante rasgando solo aire con su espada. Pues el elfo se había movido, veloz y ágil cual gato, se encontraba ya casi a la espalda de su contrincante; mis pupilas se dilataron dolorosamente, consciente de lo que iba a sucederse incluso antes de que el movimiento se llevara acabo: la cadena emitió un pardo resplandor, mi voz se alzó, rasgando el aire con toda su fuerza en una advertencia que sabía él no podría comprender…

- ¡Más rápido!

El oxidado metal lo golpeó, pude ver la sangre ascender en el aire cual brillantes pájaros carmesís, para luego descender como a cámara lenta, desapareciendo de mi vista; él había girado en redondo, alertado por mi grito del rapidísimo movimiento del muerto en vida, mas no fue capaz de evitar por completo el envite, y su brazo izquierdo pendía inerte y sangrante mientras él saltaba hacia atrás, alejándose del enemigo sin darle oportunidad de volver a embestir.

Dejé ir todo el aire retenido en mis pulmones, aliviada pero asustada, ¿Qué posibilidades tenía el elfo de vencer a aquella cosa desarmado y con un brazo herido? “Pocas, muy pocas” me dije, observando en todas la direcciones posibles; recordaba muy levemente que en nuestro primer encuentro había presentido que él no estaba solo, pero si era así y los demás estaban cerca solo podía decir dos cosas: se escondían bien, y no tenían intención alguna de ayudar a su compañero, que en esos momentos permanecía quieto a unos metros de su adversario, esperando el siguiente movimiento de este con aparente calma.

- Si esto sigue así serás testigo de la muerte de una criatura mitológica, Arlen – murmuré, mordiendo mis labios con fuerza, en el mismo instante que la cadena volvía a brillar. — ¡Cuidado! – grité, logrando que en esa ocasión el elfo eludiera el golpe.

Tenía que soltarme, determiné, apretando mis dientes y deslizando lento mis manos entre las sogas. El dolor se apoderó de mí en el acto, subiendo por mi brazo izquierdo y recorriendo todo mi ser, pero aun así continué, jugando al gato y al ratón con la cuerda mientras mis ojos se empañaban de lágrimas debido al dolor; dejé escapar un estrangulado gemido, debía haberme lesionado el brazo durante mi baño en el lago, cuando había golpeado el hielo. Aspiré hondo tratando de apaciguar algo el intenso dolor, y proseguí, sintiendo cada vez menos el apretar de mis ataduras, no quedaba mucho, pronto podría liberarme de su sujeción. Solo un poco más, un poco… “Bingo” la palabra cruzó mi pensamiento de forma momentánea, pues enseguida me alcé hasta quedar sentada, y llevé mis ya libres manos a los nudos que retenían mis piernas. Sin embargo, los agarrotados dedos de mi mano derecha no atinaban en aflojar los nudos, y los de la mano izquierda, visiblemente hinchados, se negaban siquiera a doblarse.

- Mierda – maldije entre dientes, llevando la vista hacia la batalla, que se desarrollaba de forma un tanto repetitiva; el muerto se lanzaba contra el elfo, quien lo esquivaba, ambos permanecían quietos unos momentos, y nuevamente el muerto atacaba.

Había algo raro en su forma de actuar, antes parecía estar desesperado por derramar sangre, por acabar con la vida de su contrincante, y sin embargo, ahora que lo tenía mil veces más sencillo, efectuaba ataques más lentos, que ayudaban al elfo a evitar el agudo filo de su espada.

Recorrí con la mirada la cadena, volvía a estar blanca y se la veía envuelta en un ligero brillo fantasmal, como si estuviera ahí sin realmente estarlo. Fruncí el ceño, un extraño palpitar llegaba hasta mis oídos, pero no el rítmico y tranquilizador sonido de otro corazón; aquel sonaba errático, discordante y ligeramente chirriante. No me gustaba, no me gustaba nada de nada.

- Shh, lento, despacio; tu agonía es eterna pequeño mío, nadie te comprende, nadie te ayuda, ellos deben entenderlo. Hazle sufrir con lentitud, que sienta tu dolor y padecimiento; lento, despacio, eso es.

- ¿Quién…? – nadie había movido sus labios, todo permanecía en silencio, lo único que se oía eran los sucesivos movimientos de la lucha y ese intranquilizador sonido.

- Ahora, ahora mi pequeño; atácale, deja que la hoja de tu justiciera espada rasgue su piel una vez más, alimenta nuestras desgracia con su dulce sangre – el susurro no alteró el silencio, sin embargo, la cadena emitió un fortísimo resplandor, y comenzó a moverse en torno al cuerpo del hombre de una forma tan violenta que dolía solo verlo.

- Corre… ¡CORRE! – chillé tan fuerte que sentí como si mi garganta se rasgase en dos, moví las piernas desesperada, sintiendo las cuerdas clavarse dolorosamente en ellas.

Él se movió, avisado por el pánico destilado en mi voz, mas en lugar de hacerse a un lado o saltar hacia atrás, embistió hacia delante; abrí los ojos de par en par y me quedé sin aliento, iba directo contra la punta de la espada, que a su vez se movía, girando en un veloz compas que solo podía sentenciar muerte. Quise retirar la mirada, cerrar los ojos, pero no lo hice, permanecí a la espera, sin respirar un solo resquicio de aire: una sonrisa, había una velada sonrisa oculta en los labios del elfo. Tomé aire de nuevo, y justo cuando la espada estaba a un centímetro de estrellarse contra su pecho, saltó, sus pies usaron de catapulta el filo que casi había cumplido el cruento objetivo de matarlo, impulsándolo muy por encima del muerto, en un salto tan magistral que lo llevó a caer a apenas unos pasos de mí, trastabillando levemente.

- Loco… - susurré – loco pero efectivo.

Tuve que tragarme mis palabras, solo le dio tiempo a dar un paso en mi dirección, uno solo antes de estrellarse contra el suelo: la cadena se había cerrado en torno a su tobillo, resplandeciendo roja, desgarrando ropa y carne de tal forma que un aullido de dolor rompió el silencio, vibrando de una forma tan desgarradora que temblé de pies a cabeza. Y gracias a ese involuntario temblor, el titilante brillo del metal llegó hasta mis ojos; el machete perdido del elfo estaba justo a mi lado, en el mismo lugar donde él había estado parado antes del ataque.

- Dolor, sufrimiento; dámelos, aliméntame con la agonía de tu sangre.

Agarré el machete, solo necesité un movimiento para cortar las cuerdas que retenían mis piernas, solo necesité un salto para ponerme en pie; tan tensa que creía que me rompería, tan en calma que dejé incluso de sentir todas y cada una de las molestias de mi cuerpo. Ya lo había comprendido, el entendimiento surcaba mi mente como un torbellino, aquella cadena estaba viva, viva de verdad; era un parásito, una alimaña que se alimentaba con cada mal sentimiento, por eso apresaba a los muertos, por eso los enjaulaba en un cuerpo que seguramente ni siquiera era el que habían tenido en vida: los torturaba, los llevaba a la más pura desesperación, a la peor de las locuras, y sumidos en esa pesadilla sin fin comenzaban a odiar, a odiar con todas sus fuerzas a cada ser que tuviera lo que ellos habían perdido; libertad, querían exterminar, dañar, destruir todo resquicio de vida que conservase un solo ápice de libertad. Y, a través de ese deseo, alimentaban al repugnante ser que los mantenía presos, no solo con su dolor, sino con el de sus victimas.

- Te veo – las palabras brotaron solas, firmes y seguras como mis piernas en su lento avance — alimaña, parásito, hija del destierro; te veo, te escucho, te siento… Te reto.

Una sacudida, una sola que se extendió por toda la superficie de la cadena, el muerto giró su rostro hacia mí; el tobillo del elfo quedó liberado, di dos pasos atrás, luego otros dos. Debía dejar espacio, apreté mejor el machete, pegué mi brazo herido al cuerpo, flexioné mis piernas.

- Ojos que me ven, oídos que me escuchan, ser capaz de sentirme… - un extraño sonido de succión acompañó a las palabras, aguanté las ganas de temblar, era como si se estuviera relamiendo ante su comida favorita — acepto, acepto tu reto; acepto devorar tu alma cuando tus huesos se pudran inertes bajo mi poder. Acepto, acepto ser tu perdición.

Manto: Mi sabia que harias algo asi, y aun asi solte carcajada que hizo saltar del susto a mi perrita; tal y como has notado, el sueño no es el mismo xD esta completamente cambiado, pero en base, cumple con la misma funcion que el de la primera version (solo me volvi mas enreversada (?)

Ahora, la expresion ``tragándoseme´´ la razon por la que no te suena es porque se usa poco, digamos que es algo... anticuada, por asi decirlo, pero viene siendo tan correcta como el tragándome que señalaste (xD mi estar anticuada *canturrea*) Cuidate mucho (te saco la lengua) y sigo estando en contra, muajaja (?).
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

Mensaje por MaNtoSastO el Dom Jun 10, 2012 7:40 pm

No voy a exagerar, tampoco me va a creer nadie, pero no sé por qué en el momento que leí "te veo, te escucho, te siento… Te reto." se me puso la piel de gallina. Me dio emoción copada como si estuviera viendo a Goku convertirse en super saiyan por primera vez xD (otro fan de DB me va a entender).

Como siempre me veo en la obligación de decirte que lo que has escrito está muy bueno, guste o no es una realidad Razz Lo que no recuerdo del todo es si en la versión anterior explicaba lo de la cadena de la misma manera o si era diferente, croe que ha habido un cambio por ahí.

Saludos desde Naboo!
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Re: [E] Memorias del silencio - Capítulo V-

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