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466 magos - Prólogo

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466 magos - Prólogo

Mensaje por MaNtoSastO el Sáb Mar 09, 2013 5:28 pm

Tenía dos relatos para presentar, ambos con el mismo título. Pero finalmente me decanté por este.
Posiblemente a algunos les resulte familiar, ya que se trata de una historia que había comenzado en Ikaruga, pero ahora planeo reescribirla y este es el prólogo remasterizado (?)

466 Magos

Prólogo:
El sol descendía poco a poco, vistiéndose de un tinte cada vez más rojizo con los minutos que pasaban uno tras otro, como caminando en una automática fila. Las vacías calles del poblado de Fanacya aún mantenían el calor del día impreso en sus baldosas y en el pavimento. Los pocos autos con que contaba el pequeño pueblo descansaban cómodos en sus garajes y solo un puñado de aves revoloteaba agitando el cielo.
Desde la rotonda ubicada en la zona céntrica, el poblado contaba con siete cuadras hacia el Oeste; seis hacia el Este; cinco hacia el Sur y otras siete hacia el Norte. No por mucho superaba el kilómetro cuadrado de superficie.
Más allá de sus límites se extendía un árido terreno, inmutable y siempre pacífico. Envolviendo y abrazando a Fanacya como una cuna. Era llano y esteril, ni siquiera una flor crecía en él.
Y más lejos todavía se alzaba una enorme ciudad, ocultando el horizonte para sí misma. Las siluetas de los edificios se recortaban en el cielo carmesí, mostrándose como mudos titanes que observaban al pequeño pueblo encerrado en el medio. No obstante, y a pesar de su hipnotizante apariencia, nunca, por ningún motivo, un habitante del poblado de Fanacya había abandonado su hogar; aunque aquella misteriosa ciudad se hubiera mantenido allí en pie desde que tuvieran memoria.

La inmensa esfera luminosa que gobernaba los cielos pasó a ocultarse tras unas tímidas nubes que apenas y conseguían difuminar la imagen y menguante fuerza que les llegaba desde sus espaldas. El colorado sol puso un pie detrás del rascacielos más alto, luego otro, y lentamente se fue cubriendo como quien se cubre con sus sábanas a la hora de irse a dormir.

Una sola figura permanecía estática en el parque, recibiendo esos últimos y escasos haces lumínicos que teñían de rojo el césped en el que apoyaba sus pies. Miraba fijo al horizonte invisible, aquella línea que separara el cielo de la tierra, amparada por sus altos guardianes y negra muralla que formaran los edificios de la lejana ciudad. Un suave soplo del viento acompañó al ocaso, haciendo bailar con delicadeza el cabello del joven que aguardaba como una estatua; llevaba el pelo no demasiado largo y para nada peinado, de un castaño oscuro tan normal como el de cualquier otra persona. Su altura tampoco distinguía entre la de los demás, apenas y superaba el metro setenta. Aunque sí aparentaba unos centímetros más gracias a su delgada contextura. Lo más curioso de él era, tal vez, las deshilachadas ropas que vestía: una remera de mangas cortas blanca y lisa, sin nada que distinguiera por sí solo, y unas bermudas grices tan simples como la prenda superior, ambas acompañadas por un par de ojotas que compartía el aspecto gastado del conjunto. Y era por eso mismo, por vieja y gastada, que su vestimenta resultaba llamativa.

La bóbeda celeste sobre su cabeza pasó por toda una gama de tonalidades cambiantes; desde un fuerte naranja a un pálido rosado, hasta un siniestro bordó y finalmente al inevitable negro que se fundió con las siluetas que recortaba en la distancia.

Se halló a sí mismo concentrado en un punto en el suelo, un insecto paralizado quizás, temeroso de moverse ante aquel gigante que pudiera aplastarlo de un pisotón. Miraba pero sin ver, absorto en un torrente de pensamientos que se repetían incesantes como una invitación a la locura, pues todo lo que recitaban lo encontraba cierto e inrefutable.

Era una verdad infalible que todos los días se dirigiera a ese parque para observar a los niños jugar en él, para ver a los padres de todos ellos acompañarlos en sus juegos, para presenciar la unión y felicidad de todas las diferentes familias y, finalmente, para intentar recordar si tenía memorias similares. Ya ni siquiera podía recordar cuándo había comenzado a hacerlo, cómo era que había decidido ser un espectador en aquella plaza verde. Mas nunca conseguía alcanzar alguna de las respuestas que buscaba. Su pecho se inflaba de corage, la frustración lo invadía y acababa por dejarse caer en una hamaca cercana. Siempre una hamaca cercana.

Dejando su calzado de lado y colocando las puntas de los dedos sobre la graba se mecía lenta y sistemáticamente, callando sus pensamientos y arrebatándose en aquel mundo de emociones que lo invocaba sin aviso. Estaba solo, ayer había estado solo, mañana estaría solo... todos los días eran iguales e inevitables. Un castigo del que no se podía escapar.

Pero...

Se dejó llevar por una serie de impulsos, por una especie de instinto del que jamás se había percatado que tuviese, una voz que lo llamó desde su interior. Caminaba con los ojos cerrados, abstraído en un mundo de sueños que lo guiaba por inexplorados corredores. Sentía el frío del pasto a sus pies, la dureza del asfalto, las grietas en los baldozones... y aún así, entendía que no estaba allí.

Siguió recorriendo aquel ajeno mundo hasta que algo le sonó diferente, quebrando el hechizo que caía sobre él. Las plantas de sus pies se habían encontrado con algo que jamás habían sentido antes: la débil tierra que se quebraba al apoyar sus talones sobre ella. Abrió los ojos por primera vez en un tiempo que no supo mesurar y se encontró con una amplia extensión de pálido y mortecino marrón por delante, la cual se extendía hasta la misma negrura del abismo lejano.

El corazón le dio un vuelco, quiso darse la vuelta, huir despavorido, mas no pudo hacerlo. Un ligero canto lo llamaba desde la oscuridad, un canto sincero y amable que lo invitaba a pasar, pero que aún así le anunciaba un futuro dificil y desgraciado. Su pie izquierdo tomó la delantera y entonces todo su cuerpo se congeló como una estatua, ¿realmetne quería hacer eso? ¿Deseaba seguir adelante? La dulce melodía cesó y se vio solo acompañando al silencio.

¿Qué estaba haciendo? No lo sabía, pero algo le impedía volver. ¿Qué había más adelante? Recordó la lejana ciudad. ¿Por qué nunca había conocido a nadie de allí? Se preguntó si existía gente viviendo en el extraño e inalcanzable lugar. ¿Por qué debía ser inalcanzable? ¿Por qué nunca nadie había ido allí? ¿Qué se escondía detrás de los edificios? ¿Qué encontraría en la inmensa ciudad?

Su cuerpo ya no era su cuerpo, el miedo que ofuscara sus movimiento se había disipado, sentía vida en cada célula de su ser. Sus pies se depositaban determinados uno delante del otro a la par en que sus preguntas crecían.

La delgada figura avanzó con un sano temor pero decidida hasta perderse en la oscuridad de la noche, dispuesto a seguir un camino que hasta ese entonces nunca había podido ver, pero que ahora recorrería hasta el final sin importar lo que le esperase.


La mañana llegó con los rascacielos liberando al cautivo sol por el lado contrario al que hubiera desaparecido el día anterior. Los niños y las familias poblabaron el parque una vez más, como siempre lo habían hecho. Los padres y sus acompañantes descansaban tranquilos mientras conversaban alegremente y comían aperitivos. Algunos niños correteaban entre los arbustos, jugando al escondite y viviendo imaginarias aventuras con piratas y dinosaurios. Otros se hamacaban en los columpios, soltándose en lo más alto para ver quién llegaba más lejos en una serie de retos. Ninguno de ellos vio huella alguna, ninguno encontró ningún par de ojotas abandonadas...

Todo era normal, como todos los días en el pueblo de Fanacya.
Como siempre: espero que les haya gustado y no se priven de dejar un bonito comentario, se van a sentir bien cuando lo hagan (?) xD
Saludos!
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Re: 466 magos - Prólogo

Mensaje por yuske el Sáb Mar 09, 2013 10:53 pm

siendo sincero no recuerdo alguna historia asi en ikaruga... aunque quizás no me suene por que has dicho que la has reescrito.

En si no tengo mucho que decir, es un relato bastante misterioso. Sobre todo por el final de este. Pero claro es solo un prologo, lo mejor ya llegara despues. O al menos eso espero.

Sobre la narrativa la notó diferente a Shinig Darkness o a otros relatos que nos has presentado, me parece que tiene un ritmo más lento, asi mismo me parece que ese es el tipo de ritmo que pensabas implementarle.






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Re: 466 magos - Prólogo

Mensaje por Marinuqui el Miér Mar 13, 2013 2:13 pm

¡Me ha encantado!

Entre que tiene un toque de misterio, las descripciones me parecen que están muy bien curradas y que, encima, es una narración pausada, lenta, pues...Me acabas de ganar. ¿Es un prólogo? ¿Vas a continuar ésto? A mí me gustaría que fuese así, más que nada porque me ha llamado la atención. Si ya has empezado, me encantaría saberlo, y sino, espero con ansias a que sea así. ^^

Un beso y te felicito. Mucha suerte en el reto (rally, aunque se me entiende xD) ^^




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Re: 466 magos - Prólogo

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