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Ellos dos

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Ellos dos

Mensaje por MaNtoSastO el Dom Abr 21, 2013 8:47 pm

Esto acaba de surgir de la nada y la verdad es que me gustó bastante. Tal vez lo continúe, tal vez no. Por el momento es un relato único. Espero que lo encuentren interesante.


Ellos dos



Estaba realmente emocionada, más de lo que sus facciones enseñaban al mundo exterior. En su interior un maremoto de emociones la recorría de pies a cabeza, la sumergía en un limbo de ensueño y la arrojaba a orillas inseguras. Las potentes olas de colores que la sacudían en su alma llenaban todos sus sentidos. Estaba parada en aquella estación de tren, esperando entre la masa de gente gris y aburrida que aguardaba perdida en sus pensamientos, pero ella no estaba allí realmente. Era el día en que lo vería, en el que se reencontraría con él.

Se acercó a un cartel luminoso, que en aquel momento del día llevaba sus luces apagadas, y se observó en el reflejo del vidrio: su rostro ya no era tan redondo, sus rasgos se habían estilizado. Ya no era una niña. Su cabello le llovía hasta por debajo de los omóplatos, con unas leves y casi inadvertidas ondas. Los cabellos de su flequillo se abalanzaban sobre su frente en una pulcra y ordenada cortina que debía correrse con más frecuencia de la que hubiera deseado, ¿cómo pudo olvidarse aquel bonito adorno para el cabello que había comprado especialmente para esa ocasión? Aquel de un blanco nacarado que contrastaba con el pulcro negro de su cabellera. Cabellera que acompañaba unos ojos grandes y ambarinos: era un curioso detalle, normalmente las personas de cabello tan oscuro como el suyo eran poseedoras de un iris casi igual de oscuro. Sin embargo en su caso no era así, por lo que resultaba una belleza que jamás pasaba desapercibida: esa era su bendición y su maldición. Era hermosa y lo sabía, pero no le gustaba llamar la atención, su personalidad resultaba más bien tímida.

Torció los labios, finos y delicados, y se pellizcó la puntiaguda naricilla con los dedos. No podía evitar preguntarse si él la reconocería. Había cambiado y eso era innegable. Ahora era toda una mujer, o por lo menos eso le gustaba pensar a pesar de su no tan adulta edad.

Escuchó el aviso del hombre de información brotar por los altavoces, con una voz robótica anunciaba la llegada del tren de las 3:34 de la tarde. Se le estrujó el corazón. Ya casi era la hora, llegaría en los próximos minutos. Echó una rápida mirada a su reflejo, ¿la ropa que llevaba estaba en orden? Se arregló la falda y, de un pequeño tironcillo por los hombros, acomodó la blusa blanca que traía. Rio hallando su comportamiento sin sentido y se lo reprochó mentalmente.

Caminó hacia el andén una vez más. Ni siquiera lo había notado, pero llevaba esperando desde hacía más de una hora, tal vez dos. Había visto subir y bajar a la gente de aquellas largas y extraordinariamente veloces serpientes metálicas una y otra vez. Varios trabajadores locales de seguro se preguntarían qué era lo que ella hacía allí. Pero no le importaba. Se sentía embriagada por aquella nostálgica sensación.

A lo lejos vislumbró el tren que se acercaba inexorable. Se le agitó el corazón una vez más. ¿Él la recordaría? ¿Qué sucedería si no lo encontraba? La marea de emociones la sacudía violentamente, por momentos subía y brotaba la esperanza, y por otros descendía tanto que la embargaba un desasosiego palpitante y profundo que la arrancaba de su perfecta ilusión. ¿Todo sería como ella lo esperaba? ¿Y si se equivocaba? No. No podía estar equivocada. Lo vería de nuevo. Confiaba en ello y se lo repetía una y otra vez.

El tren estaba cada vez más próximo. Ella lo miró y esbozó una suave sonrisa. Su interior se colmó de una lejana sensación de anhelo y de dolor. Pronto estaría aquí. Allí.

Escuchó los gritos de una mujer cercana, no le importó. Dio otro paso adelante y se halló en el abismo. Su cuerpo voló hacia una caída eterna, acompañado por el coro de desesperados gritos que pronto se apagaron. La envolvió la negrura.

—¿Sil? —Era una voz suave, una voz dulce y consternada.

Silvana abrió sus ambarinos ojos y una brillante y cálida luz la cegó. La oscuridad en la que se hubo visto envuelta marcaba un gran contraste con aquel extraño ambiente que poco a poco iba dibujándose ante ella. Un poderoso sol se suspendía en lo alto, otro a lo lejos, y otro se asomaba por unas montañas. O tal vez se escondía. No supo decir. Unas siluetas deformes se alzaban dispersas a su lado, lejos y cerca, agrupadas y solitarias, su vista se adaptó un poco más a la luminiscencia y notó que se trataba de extraños y coloridos árboles que retorcían sus ramas como pulpos. Y de ellas llovían hojas largas y tristes, de un opaco color que no se molestó en catalogar.

Era una inmensa planicie, acunada por lejanas montañas. El cielo de un color rosado se le antojó particularmente curioso, las pocas nubes que se atrevían a surcarlo cambiaban de forma constantemente, indecisas e inquietas.

—¿Sil? —La voz sonó con un dejo de melancolía que le desgarró el corazón. Giró su cabeza y lo encontró. Allí estaba él. Allí estaba su querido hermano.

Su vista se nubló una vez más, ahora llenándose de lágrimas que no se molestó en contener. Las primeras gotas se deslizaron ágiles por sus mejillas y la garganta se le secó, no sabía si podría hablar pero lo intentó —¿Tai? —dijo en un hilo de voz que ni ella misma llegó a escuchar. No obstante Taiel le dedicó una sonrisa afectuosa, una sonrisa triste.

Él también había cambiado, era más alto que ella, sus cabellos negros se habían aclarado, convirtiéndose en un gris platinado que bailaba como si estuviera bajo el agua. Sus facciones lucían más duras y acentuadas, su mentón más rectangular, su nariz más dura y rígida, empinada hacia abajo. Ya no tenía esa cara de bebé. Ese tierno rostro que sonreía sin preocupaciones. Sin embargo lo conocía, lo reconocía: era Tai. Su Tai.

Silvana tendió una mano temblorosa y su hermano dejó que le acariciara el rostro por un lado. Necesitaba saber que era real. Exigía a su percepción convencerse de que lo que veía no era una ilusión, un espejismo, como tantas otras veces. Sintió los sobresalidos pómulos, descendió, el recto mentón —Al fin... al fin te encuentro... —las lágrimas continuaron con su descontrolado descenso, perdiéndose al separarse de su semblante.

Él posó su mano sobre la cabeza de ella, tal y como su hermana hubiera hecho con él en el pasado —¿Por qué estás aquí? —Preguntó sintiendo el peso en sus palabras.

—¡Quería verte! —Se aventuró ella— No podía seguir allí... te necesitaba.

Taiel se arrimó a su temblorosa hermana y acercó su cabeza de delicados cabellos negros sobre su pecho —Tontita...

—Era la úncia manera... la única... —rompió Silvana en llanto— desde aquel día... siempre he estado buscando la forma de llegar a ti.

Un tren en la lejanía, dos niños corriendo tomados de la mano, una ruta de escape, altas y oscuras siluetas persiguiéndolos. La unión se rompe, él cae. Ella extiende su mano, una garra negra la toma por detrás. Gritos. Llanto. Distancia... Un reloj marcando las 3:34.


—Vamos —la llamó él— no es seguro aquí.

Sirviéndose de su hermano como soporte, y no sin dificultad, Silvana se puso de pie y lo observó con una sonrisa que brotaba desde su corazón. Nada le importaba, realmente estaba con él.

De pronto, y antes de que ninguno de los dos lo advirtiera, las nubes desaparecieron del cielo, el cual se había tornado de un color rojizo, más cercano a la sangre. Los rayos despedidos por el sol menguaron y de súbito los dos cuerpos astrales que quedaban a la vista se apagaron, convirtiéndose en inmensas esferas blanquecinas que apenas brillaban en el cielo con una triste luminiscencia, como la de una llama azul que oscila endeble en una hornalla a gas.

—¿Qué ocurre? —Se asustó ella, y no era para nada menos. Taiel la sujetó de la mano, apretándola con fuerza, casi temeroso de soltarla.

—Ya están aquí.

—¿Quiénes?

—No querrás quedarte a averiguarlo.

Empujándola de la mano, Taiel se echó a correr y a llevar a su querida hermana a algún lugar que esperaba resultase seguro.

—¡No mires atrás! —Advirtió él. Su tono fue implacable, no obstante, debatiéndose entre el miedo y la curiosidad, Silvana se permitió observar en la distancia tras ellos:

El cielo que se alzaba sobre las montañas puntiagudas comenzaba a pintarse de un profundo y atrapante negro. Le pareció que una descomunal nube negra envolvía el mundo, estirándose con tentáculos crueles, atrapándolo todo como una enredadera. Sintió una horrible opresión en el pecho y su paso se alteró, cayendo y deteniendo a su hermano.

—¡Sil! —Se volvió para ayudarla a recuperarse. Ella respiraba con dificultad. Había sido un segundo, pero estaba segura de ello, los había sentido tan reales como el pasto que pisaba: cientos. No. Miles de ojos se habían clavado en ella. Perversos y malignos. Observándola fijamente y jugando con su mente como si fuera un muñequito de trapo perdido en el océano.

—¿Qué... qué son? —Preguntó en un sollozo, sintiendo un frío sudor correr por su cuerpo.

Taiel la levantó por el brazo —Ahora no— no era el momento ni el lugar para dar ninguna explicación.

Continuaron corriendo, nerviosos pero resueltos. Quedarse en un solo lugar no era una opción. El cielo sobre sus cabezas lucía cada vez más oscuro, había pasado del rojo sangre y ahora se antojaba de un molesto e insidioso color cobrizo, casi marrón —¡No lo mires!

Silvana acató las palabras de su hermano sin chistar, una vez había sido suficiente. Cerró sus ojos con fuerza y se limitó a correr tan aprisa como su condición le permitiese. El corazón le palpitaba con una intensidad que jamás hubiera creído posible. Ni siquiera en aquel lugar. Le pareció escuchar un sin fin de risas en su espalda, graves y agudas, claras y engañosas. Se le erizaron los pelos de la nuca, casi conseguía sentir el hálito de esas incontables bocas tras ella. Rechinar de dientes, lenguas lamiéndose los labios; gemidos. El terror empezaba a inundarla. No podría seguir.

—¡Sil! —El llamado de Taiel fue como un bálsamo. Era verdad, allí estaba él. No tenía por qué temer. Su luz la guiaría como siempre lo había hecho en el pasado. Observó la espalda del ahora hombre que corría delante de ella y sintió una renovada energía surgir de su alma. No la vencería ese miedo amorfo y malsano.

El cielo sobre ellos parecía derretirse, parecía haberse convertido en petróleo. No había escape alguno, pero no podía perder la esperanza, si él decía que la llevaría a un lugar seguro, así lo haría. Así había sido y así era su amado hermano.

—¡Allí es! —Gritó Taiel, señalando una laguna.

¿Agua?

Sí, agua, ¿por qué no? ¿Quién era ella para cuestionar el mundo por el que ahora caminaba?

Taiel saltó y ella lo siguió, cayendo de lleno en aquella transparente sustancia. Dejó de sentir su cuerpo, una oprimente sensación la rodeaba por todos lados, se hallaba perdida en un torbellino violento de ráfagas invisibles. No conseguía abrir los ojos ni entendía dónde estaba el arriba y el abajo. Comenzaba a caer en el desconcierto que la llevaría por los caminos de la desesperación, sin embargo esa sensación la salvó una vez más. La vigorosa mano de su hermano la asía con fuerza. No encontraba nada más en aquel caos, pero esa sensación era suficiente. Se concentró en el tacto y pronto todo desapareció. Todo acabó.

Era un bosque de árboles altos y finos troncos. Sus lejanas copas se movían con un viento simpático que los invitaba a danzar en su melodioso vaivén. El suelo gozaba de una alfombra de hojas que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Marrones y húmedas, tupidas y acolchonadas.

Creyó oir pisadas moviéndose a su espalda, se giró deprisa y sobresaltada pero no vio nada. Solo un par de troncos demasiado finos para esconder a una persona. Su hermano se hallaba a su lado, sujetándola aún —Descuida, son muy tímidos, no los verás— y le volvió a sonreír.

—¿Dónde estamos? —Preguntó ella, completamente confundida.

Taiel miró al cielo entre las ramas de los árboles juguetones y notó que brillaba con un amistoso tono verde claro, casi amarillo y muy pálido.

—El bosque de los abrazadores— respondió él.

—¿Abrazadores?

Taiel rió— Les gusta abrazar a los demás, pero son muy tímidos para hacerlo y siempre se están escondiendo alrededor del resto, no se dejan ver por nada —explicó—. Una triste existencia si me lo preguntas— añadió antes de emprender su caminata.

—¿A dónde vamos ahora? —El tono con el que Silvana cuestionaba a su hermanito menor no había cambiado en lo absoluto, habían pasado más de diez años pero su trato era el mismo. Él rio por dentro, eso le agradaba, lo aliviaba. Siempre habían sido así, él, aunque menor por un año, siempre lideraba y parecía conocerlo todo. Ella, crédula y de una más débil personalidad, se veía arrastrada, aunque siempre dispuesta, a seguir a su hermanito.

—A donde quiera que lo deseemos.

Silvana esbozó una sonrisa. No entendía el mundo en el que se encontraba, sabía por experiencia que era peligroso. Sabía que le era desconocido. Sabía que su llegada había sido prematura. El enigmático limbo flotaba delante de ella con su misterioso aire y sus infinitas preguntas sin respuesta. No conocía nada y no sabía lo que le depararía el destino. No obstante, estaba con él.

Eso era todo lo que importaba. Estaban juntos una vez más. Lo había conseguido, lo había logrado. Su reencuentro era un hecho y eso la llenaba de un inconmensurable regocijo. Una felicidad que llenaba e iluminaba su alma como la más pura de las luces. Los temores y las sombras que proyectaba el futuro carecían de razón cuando sentía aquella mano aferrar la suya. Recorrerían el camino juntos.

Recorrerían el camino y llegarían a casa.

Recorrarían el camino y llegarían a casa.





Edit: corregidos varios errores Very Happy
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Re: Ellos dos

Mensaje por yuske el Sáb Jun 22, 2013 2:27 am

Sabía que aun tenia algo pendiente tuyo, ¡Lo sabía!

Ahora este relato tuyo a sido sorprendente, es de lo mejor que te he leído y vaya que tienes trabajos muy buenos manto.

Desde el principio el relato parece tener una idea y una direccioón solida,aunque aparenta ser algo predecible, (aunque esto no es asi), hace creer que nos encontramos ante el añorado reencuentro de dos amantes, no obstante la cosa cambia un poco cuando se menciona el parentesco, más sigue con esa sensación de añoranza y de drama.

Entonces todo cambia en dos tres párrafos (que tengo que decir que tuve que leerlos dos veces para comprender que había pasado) y todo se vuelve mas intenso, más oscuro y deja una sensación de incredulidad es una sorpresa tal, como si de pronto te abofetearan la cara y se rieran de ti.

Las lineas avanzan y se confirma lo que llegue a pensar, no puedo creer lo que leo ¡Que tragedia! ¡que horror! por un instante da la impresión de que la historia comenzara a cerrarse y el fin se acerca, pero nada de eso, la felicidad del ambiente desaparece y el temor ocupa su lugar, por un omento llegue a creer que, no conforme con la tragedia, harías escarmentar a la pobre sil por sus actos, más esto no fue asi y huyen escapan de una manera u otra de su/sus perseguidores, llegando a un nuevo lugar desde donde inicia su verdadera travesía.

Manto, realmente te felicito por esto.




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Re: Ellos dos

Mensaje por MaNtoSastO el Sáb Jun 22, 2013 4:29 am

A decir verdad a mi también es uno de los relatos que escribí que más me gustan, es lo que más se acerca al estilo que quisiera emplear siempre. Pero SD que es lo que más escribo no me parece que se lleve con él Razz Cuando reescriba 466 Magos será más parecido a este, o eso espero.

Este relato está planeado para quedar abierto de modo que se pueda continuar (por eso no se explica casi nada) y de hecho hay varios elementos que desarrollar. Narraría las crónicas de los dos hermanos recorriendo ese limbo y descubriendo el abstracto mundo que lo conforma, para revelar por medio de flashbacks y conversaciones el oscuro pasado y lo que sucede en el mundo de los vivos. Y así finalmente entraría la contraparte de los dos y se desarrollaría el plot principal.
No obstante son solo ideas flotantes en mi cabeza por el momento y no sé si lo vaya a escribir, como dije tengo otra historia que me gustaría reescribir y terminar antes, aunque nunca me siento a hacerlo xP
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Re: Ellos dos

Mensaje por Izanagi el Sáb Jun 22, 2013 2:32 pm

Yo tampoco había leido esto Manto (tengo que agradecerle a Yuske que comentó) la verdad que me gustó mucho, también me sorprendió el abrupto cambio de argumento (o más bien expectativa de argumento) pero me gustó (y me sonó más tuyo). Teniendo en cuenta que es algo corto es normal que nos queden dudas de que es lo que realmente trama con esto o de que es lo que escapan sin embargo lo dejas muy bien en la incertidumbre. Lo que quiero decir es que no tiras detalles por tirar sino que lo hacen para dejarnos con un hypeo bastante alto pero todo resguardado en un gran escrito.
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