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El hada y el huevo

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El hada y el huevo

Mensaje por yuske el Jue Oct 23, 2014 11:38 pm

Esta historia, este pequeño cuento/relato como muchos otros nació gracias al aburrimiento en clases. (si lo sé debería poner mas atención) y tras pensarlo mucho (por que no recuerdo haberlo puesto antes, no lo hallo) decidí publicarlo, pues es muy poco probable que lo use en un concurso o algo. 

Asi que espero que lo disfruten

el hada y el huevo:



Entre los relatos que se cuentan en la villa de los tramos sobre el bosque que rodea los caminos colindantes que entran y salen del lugar, se encuentra uno de los cuentos más famosos de toda la región de Erodón. 

Dicha historia, por generaciones llamada “El hada y el huevo” comienza, como podrán suponerlo, con un viajero que al adentrarse entre los arboles perdió el camino que marca el sendero. No obstante, gracias a aquel descuido hoy en día se conoce lo que aconteció ese día.

Ella había aparecido –relató el viajero perdido hace tiempo- de entre los árboles. Le había contemplado absorto por su belleza y majestad. Sus cabellos, negros como el carbón, el hierro y las penumbras de la noche, caían lacios sobre sus hombros hasta llegar poco más debajo de los mismos, su figura era fina y elegante, pese a que su estatura correspondía más con el de una niña a quien le acababa de tener su primera flor de sangre, era hipnotizante. Al principio creyó que se trataba de eso: Una niña que como él se había perdido en el bosque. No obstante, la feérica criatura al sentir la presencia del viajero se giró levemente hacia él. Ese es pequeño movimiento basto para que el hombre entendiera que el ser frente a él no era humano. 

Sus ojos, grandes y expresivos, contorneados por una línea purpura, eran por completo de un castaño claro, no había en ellos pizca alguna de blanco o del negro de la pupila, parecían dos esferas de madera. El hombre la miro boquiabierto, completamente incrédulo a lo que tenía frente a él, por un instante sintió el impulso de correr, de alejarse y huir… y quizás hubiera sido eso lo más sensato, pero no lo hizo. En su lugar, permaneció donde se encontraba, con las piernas ligeramente separadas y temblando. 

Cuando pareció volver un poco en si reparo entonces en sus orejas, si la vista de aquellos ojos no le había sido suficiente para conocer la naturaleza de la aparente joven dama que se erguía frente a él, aquellas orejas lo convencerían. Siendo considerablemente más grandes que las que el poseía y con una forma tan peculiar que recordaba al ala de una mariposa. Y por si el momento que vivió el viajero no era lo suficientemente asombroso, en aquel instante los rayos del crepúsculo se filtraron entre los árboles, revelando a la vista un par de alas que nacían de aquella espalda; delgadas y finas, en extremo sutiles solo visibles bajo los rayos del amanecer y del ocaso.

Embelesado por su presencia y el aura que el hada emanaba, el viajero la observo por completo, guardando aquella imagen en su memoria. Fue hasta entonces que se percató de lo que llevaba entre los brazos. Su forma oval recordaba vagamente a un huevo, más su tamaño lo multiplicaba varias veces. Parecía estar cubierta de piedras preciosas, algunas con una ligera tonalidad ámbar, otras de un marrón rojizo y oscuro, pero todas ellas dispuestas cual escamas. Si alguien en ese instante le hubiese dicho que en realidad era el huevo de un dragón, el viajero se hubiera arrepentido de considerarle una simple joya. 

El hada le observo con sus penetrantes ojos, el hombre inspiro aterrado ante aquel gesto y guardo silencio, temblando de miedo como un conejo acorralado. La Fata no abrió su boca, no hizo gesto alguno en su estilizado rostro, pero el hombre pudo escuchar con claridad sus palabras.

-Huye.

No era una amenaza, ni una advertencia, sino un consejo. Se escuchó entonces el sonido de las ramas al quebrarse y ser golpeadas, algo o alguien se acercaba. Ello asusto al hada quien actuó con precipitación y avanzo hasta el viajero entregándole el huevo. Él lo tomo contra su pecho sin siquiera darse cuenta de que lo hacía y lo sujeto como el hada lo había estado haciendo.

-Cuidadlo. Mantenlo a salvo. Volveré por él. Huye. – Le dijo y le señalo una dirección.

Sin pensarlo ni dudarlo, el viajero perdido obedeció al hada como poseído y corrió hacia donde le había indicado, mientras que el hada huía en dirección contraria.
El viajero corrió sin detenerse ni mirar a atrás, sorteo algunos árboles y arbustos, pero siempre en la misma dirección. Tras unos minutos que le parecieron eternos y fatigosos, llegó sin aliento de nuevo al sendero donde se detuvo confundido por lo que había pasado. Por un instante dudo si debía continuar su camino por el sendero o esperar al hada por un tiempo, después de todo le había dicho que volvería por aquel objeto.

Fue en ese instante de duda en el que apareció entre la cada vez más intensa penumbra que acechaba al bosque, aquella alta e imponente figura. Sus ojos azules y fríos , tan serios y arrogantes le miraban con un brillo intenso, cuando aquel ser se paró al borde del sendero pudo ver como de entre su larga cabellera negra y rizada  sobresalían las puntas de dos orejas afiladas y estrechas; y detrás de estas nacían un par de majestuosas cornamentas. El viajero no pudo hacer otra cosa más que identificar al ser como uno de los elfos del bosque. Pese a la impresión que daba aquel mítico ser, el viajero no pudo evitar percatarse de que estaba armado, con un arco y una flecha entre sus manos y una larga vizcaína en la cintura.

-Entregadlo- Dijo con una voz autoritaria y profunda. – Y no te pasará nada, de lo contrario no te permitiré salir de este bosque con vida, aunque no portes más esa semilla de fuego y caos.

El viajero miro lo que pensaba era una joya sin entender aquello último, sin embargo, si había entendido bien la amenaza de muerte.

Quizá eso hubiera sido más que razón suficiente para cualquier mortal para entregar aquel objeto, pero no para ese viajero que lo había obtenido de un hada, la más hermosa criatura que había visto en su vida, se lo había confiado y pedido que lo mantuviera a salvo y no la defraudaría.

Sin decir palabra alguna el viajero negó con la cabeza mientras retrocedía. Ante ello el elfo armo el arco para dispararlo cuando algo salto sobre él por la espalda, sujetándolo de las astas y derribándole. La flecha salió disparada, pero desviada antes de que el elfo cayera y una vez en el suelo se vio envuelto en un feroz forcejeo. Buscó con ímpetu el puñal que tenía en la cintura, pero antes de que pudiera cogerle el hada ya lo había hecho y se lo clavó en el pecho sin dudarlo. La Fata se levantó de encima del elfo con una expresión fría y aterradora, el viajero pensó en aquel momento que quien pensara que las hadas son criaturas benévolas y encantadoras en verdad no las conocía.

El hada volteo hacia él y extendió sus manos pidiendo devuelta aquello que le había confiado. E viajero se acercó a ella, no sin miedo, y se lo entrego.

-Gracias- Dijo el hada y estuvo dispuesta a marcharse cuando el viajero la detuvo con su voz.

-Espera. ¿Podrías decirme que es eso que ha costado la vida de un elfo y a punto estuvo de costar la mía?

-De un elfo no, de varios- Le reveló el hada- Supongo que mereces saberlo ya que te has negado a entregarlo- Caviló- Es un huevo de dragon, de los últimos que quedan, los elfos han querido destruirlo para asegurar su extinción. Yo no puedo permitirlo.- agregó abrazando el huevo de forma maternal.

El hombre palideció ante sus palabras. Los dragones habían desaparecido  hace un siglo  y él había tenido un huevo en sus manos. Entonces comprendió las últimas palabras que el elfo dijo y se preguntó si hizo bien en no entregarlo. Al verlo en ese estado el hada intuyo que no diría más y se marchó del lugar desapareciendo sin más junto con el huevo.

Cuando el viajero llegó a su destino en villa los tramos entro en la primera taberna que encontró, tembloroso y asustado, pidiendo una fuerte copa de vino. Al relatar lo que había sucedido nadie le creyó, y por un tiempo se le considero la burla del pueblo, sin embargo, con el pasar de los años llego al fin la noticia que el viajero tanto había temido: Un dragón había aparecido. Y se contaba, que un hada asesinaba a todo aquel que trataba de cazarle. Fue hasta entonces que su historia cobro importancia y fama, esparciéndose de boca en boca. Más él seguía preguntándose si había hecho bien en no darle el huevo al elfo.




Espero que haya sido de su agrado. como saben comentarios, criticas y sugerencias son bien venidas 

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