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El lamento del arcángel.

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El lamento del arcángel.

Mensaje por Kurenea el Lun Sep 24, 2012 7:24 am

La verdad es que nunca pensé en subir este relato, pero hoy lo leí y dije ¿por qué no? (xD eso y el aburrimiento/calor que hace en este maldito autobús) me han animado a subirlo. No tiene nada de especial, es solo un relato fantástico (mi segundo nombre es fantasía (¿?) con ciertos tintes oscuros (o eso intenté xD). Bue, en todo caso aquí lo tenéis, dispuesto a haceros sangrar los ojos xD.


Spoiler:
El lamento del arcángel.

La veía, danzaba clara, dispuesta; resplandecía con el acerado brillo del metal pulido. Era la muerte personificada en unos ojos, verdes y negros a un mismo tiempo, la observaban atentos, sin perderse uno solo de sus movimientos.

 Tiemblas – dijo, y la burla impresa en esa única palabra borró la falsa dulzura de la sonrisa que envolvía sus labios.

No contestó, pero retrocedió, arrastrando consigo el inmóvil cuerpo de un muchacho, cuya azul mirada se perdía vacía en la nada. Se mordió la cara interna de las mejillas al chocar su espalda contra la pared del callejón: — “Entre la espada y la pared”— pensó, llevando su vista de vuelta a la viviente personificación de la muerte que tenía delante.

Piel blanco mate, ojos rasgados impregnados en el letal resplandor del cazador, largo y lacio cabello oscuro como la más negra de las tintas, facciones afiladas, no hermosas pero dotadas de un atractivo voraz que en otros momentos le habría gustado contemplar, pero que en ese instante no podían más que causarle una profunda repulsión. Aferró contra si el inerte cuerpo que yacía entre sus brazos, y por un momento casi se echó a reír ante aquel absurdo intento de protegerlo; Adriel ya no estaba allí, hacía rato que no respiraba, lo único que quedaba de él era el envoltorio de piel y huesos que una vez lo había caracterizado, pero aun así lo apretó más, fulminando con odio puro al ser ante ella.

Él era el responsable, él se había llevado a su Adriel.

 Furia, rabia, tristeza y dolor; que hermosa combinación, de seguro te encantaría poder rodear mi cuello con tus manos hasta arrancarme la vida – susurró él, ensanchando su dulce sonrisa mientras sus dedos volaban, apresando entre ellos un pálido mechón de cabello de ella, que permaneció quieta, sin despegar su furibunda mirada de los ojos de él – no tiene porque acabar así, él podría volver – y acompañando a aquel helado comentario, sus dedos acariciaron el mechón que mantenían cautivo.

Ella no respondió, mas el fuego que corría por sus venas instándola a dañarlo parpadeó, confuso ante aquellas inesperadas palabras; tal vez solo era un juego, una forma de entretenerse a su costa antes de matarla, como el gato que juega a liberar al ratón solo para volver a atraparlo segundos después entres sus afiladas garras. La sonrisa de él desapareció, su rostro se tornó serio frente al suyo, como si hubiese leído sus pensamientos y quisiera desmentirlos.

 Soy muchas cosas, mas no un mentiroso – afirmó, y en el tono de voz ella misma pudo palpar la sinceridad de aquellas palabras; le estaba diciendo la verdad, al menos respecto a que no mentía.

 Eso solo demuestra, que eres muchas cosas, pero no un mentiroso; no me dice que lo anterior no es un simple truco, una treta, hay muchas formas de engañar sin tener que llenarse la boca de mentiras – contestó, estaba ronca, le dolía hablar. Tenía un nudo en la garganta que gritaba por soltarse, quería llorar.

En esa ocasión el silencio fue suyo, y por unos breves instantes la calma envolvió el sucio y oscuro callejón de rojo ladrillo y negro hormigón — “la calma antes de la tempestad” – se dijo para sí, siguiendo el movimiento de la mano de él, la que pondría fin a la paz e iniciaría el huracán; los dedos tiraron de un fino cordón negro, dejando pendiendo sobre su pecho una pequeña esfera cristalina, que titilaba levemente con un azul celeste que ella bien conocía.

 Despierta – murmuró él, y lo que había sido un leve resplandor se volvió un inmenso foco de luz azul que la deslumbró, pero no fue eso lo que la dejó paralizada, quieta, espantada; podía escucharlos, escuchaba gritos entonados por la inconfundible voz de Adriel en un idioma que no era capaz entender.

El nudo que atenazada su garganta se disolvió, notó la humedad de las lágrimas bajando por sus mejillas; era verdad, aquel hombre era un demonio, y tenía entre sus manos el alma del único ser al que ella realmente amaba.

 ¿Qué quieres? – preguntó, presa de la tranquila seguridad de alguien que sabe lo que busca, lo que quiere.

 A ti, aceptaré tu alma por la suya – respondió, formando de nuevo su pantomima de dulce sonrisa; no podía ser tan sencillo, lo intuía – mas, si un solo sonido escapa de tus labios mientras te arranco la vida, el trato quedará anulado, y ambos seréis míos. Es mi única condición.

Apretó los labios, y por primera vez desde que su espalda había chocado contra la pared, apartó su mirada del demonio, fijándola en el macilento rostro que se apoyaba contra su pecho; lo sostuvo mejor, y despacio, se fue deslizando hasta quedar sentada, acunando contra si aquel cuerpo sin vida. No había conocido más cariño que el dado por aquel muchacho de trigueños cabellos, sus sonrisas habían sido las únicas dedicadas enteramente a ella, tan brillantes como el mismo sol.

Le cerró los ojos, opacados por la muerte, y besó sus parpados; era su adiós, su despedida.

 ¿Cuánto vale tu palabra? – interrogó sin apartar la vista de su amigo, su Adriel.

 Tanto como mi existencia – el filo de sinceridad la hizo sonreír de medio lado, no podía evitar preguntarse cuánto valía la existencia de un demonio como él.

 Dame tu palabra de que le liberaras, de que le dejaras marchar; dame tú más sincero juramento de que jamás le vas a volver a tocar, de que siquiera osaras mirarlo o pensar en él. Esta es mi condición…

 Tienes mi palabra, mi juramento: le liberaré, le dejaré marchar, jamás le volveré a tocar. No osaré mirarlo ni pensar en él; aceptó tu condición, cualquiera con el valor de exigirme algo en tu situación merece tal consideración – rió ante la respuesta, no pudo evitarlo, se echó a reír y las lágrimas fluyeron con fuerza.

Besó la frente de Adriel, mojándolo con el salado liquido que brotaba de sus ojos, antes de recostarlo con infinito cuidado y ternura en el suelo — “¿Valor?” – se preguntaba ella en silencio mientras se ponía en pie — “No, no hay más valor en mí que el de la desesperación” – se respondió avanzando hasta quedar tan cerca del demonio que pudo sentir su tibia respiración chocando contra le humedad de sus lágrimas; lágrimas de miedo que fueron sustituidas por unas cargadas en silenciosa agonía. La mano del demonio se hundía lenta en su pecho, rasgando piel, musculo y hueso.

 Cumplo mi palabra – le susurró al oído, sosteniéndola cuando quedó inmóvil; muerta.

Una bocanada de aire entró de súbito en el cuerpo que yacía en el suelo, que convulsionó debido al dolor y la fatiga, antes de volver del todo en sí, permitiendo a sus ojos captar la escena que tenía delante; se le dilataron las pupilas de la impresión, se alzó de un salto, solo para volver a caer, quedando de rodillas y tembloroso.

 Libérala – ordenó, intentando alzarse a pesar de la debilidad, el demonio sonrió; ni siquiera le miró - ¡he dicho que la liberes! – su grito se alzó potente en el aire, haciendo vibrar la tierra como solo la furia de unos pocos seres podía conseguir, mas el demonio no se inmutó, tomó en brazos el laxo cuerpo de la joven.

 ¿Lo sientes? Este es el dolor que has causado a tantos de los míos, atesórala en tu recuerdo arcángel, pues esta será la última vez que nos veas; tu sufrimiento será eterno, igual que el nuestro – apenas fue un susurro, pero todo pareció impregnarse de él, desde la brisa hasta los más pequeños insectos.

Desapareció; desapareció envuelto en aquellas murmurantes palabras, mientras que en el suelo, aún de rodillas, el arcángel extendía sus doradas alas, escapando de sus labios un grito, un lamento ungido en sufrimiento.

Había fallado: su hermana acababa de caer.

Tomates, consejos, gritos, golpes, etc xD no dudéis en dejarlos por aquí. Saludos y nos leemos.
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Re: El lamento del arcángel.

Mensaje por yuske el Lun Sep 24, 2012 2:55 pm

Vaya impresiones que me he llevado.

Primero por la extensión. Hace mucho que no nos traías algo tan largo XD. Luego por los finos detalles de la historia, el ambiente, la situación, el lugar, las emociones todo a sido esplendido.

Al principio, tengo que decirlo, no le encontraba pies ni cabeza al relato, pero no por eso dejaba de ser cautivador, Fue hasta que mencionaste lo de demonio que comencé a entender el sentido de todo.

Aunque me ha quedado una duda ¿El arcángel tenia el cuerpo de un niño o algo así?

En fin, gran historia, me alegra que haya decidido compartirla con nosotros.

PD: mis ojos no sangraron tanto como cuando "corrijo" mis historias.




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Re: El lamento del arcángel.

Mensaje por Ekase el Dom Sep 30, 2012 5:00 pm

Ya no me acordaba de este relatito, como siempre: simplemente genial.

Bue, ya Yuske te ha dicho casi todo, has manejado muy bien cada detalle kure chan. Lo único, siempre que lo leo me quedo con la duda de si la hermana sabía que él era arcángel, y no sé porque los veo como pareja más que como hermanos. Respecto a su relación quizás seas un poco confuso, pero lo demás perfecto hermanita :3

¡Ahura quero nuevos relatitos, mi ya leyo estus! ¡¡TE PEGARÉ EL LÁPIZ A LA MANO!! Muajajajaja Twisted Evil Y, y, y... pues esu, que te exclavizaré, y despúes amenazaré a las editoriales para que publiquen algo tuyo :33

Twisted Evil Soy malévola Twisted Evil

Te queru mi ama chan.




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