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Parodia.

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Parodia.

Mensaje por Eagle calm el Jue Ene 17, 2013 8:01 pm

Parodia Prologo :

Parodia.

“Entonces, ese pensamiento no me pareció tan cruel. Corrían días en los que la fuerza de la imaginación había quedado debilitada por la consideración de que el más fantástico hecho que pudiera imaginarse podía ocurrir realmente. Resultaba mucho más fácil imaginar la total aniquilación de la propia familia que recordar cosas que pertenecían a un pasado lejano, cosas tales como un conjunto de hileras de botellas de licores importados exhibidas en un escaparate, o la luz de los anuncios de neón vibrando en el cielo nocturno.”
- Yukio Mishima. 
                                                    Prologo:
La crisis de Sumatra.
Aquel día habían desembarcado en la costa de Sumatra unidades militares de tres naciones. Estas pertenecían a Corea del Sur, Corea del Norte, y a los Estados Unidos de Norteamérica. Junto con los oficiales, cabos, y sargentos de cada país, se habían traído decenas de tanques, destructores, portaaviones y sheeps armados con los famosos fusiles de calibre a distancia.
Los portaaviones que había transportaron tanto armamento como efectivos, se hallaban a varios km de la costa, esperando la orden de volver a tierra. Alrededor de un punto específico de la espesa selva sumatrana, donde la misma dejaba paso a un claro, se encontraban aglomerados las tres fuerzas armadas. Éste a su vez estaba ocupado por un escaso grupo de mercenarios, quienes eran los causantes del conflicto.
Norcorea fue la primera nación en mandar a sus fuerzas armadas. Estas desembarcaron en la costa Sur de la isla con portaviones y sheeps, muy puntuales. Tomaron el extremo
El joven cabo Akito esperaba órdenes de sus superiores para atacar. Ya habían pasado seis desde que llegaran, pero ni los comandantes enemigos ni los de Akito parecían dispuestos a atacar.
Luego llegaron las fuerzas de Norteamérica navegando en tres feroces naves de guerra, las cuales portaban al menos doscientos efectivos, además de centinelas bombarderos, otros tanques y un moderno opus apoteósico. Las fuerzas se asentaron en el extremo Este, custodiando la salida al mar. Con sus binoculares electrónicos, Akito pudo claramente las siglas AAA en uno de los tanques de Norteamérica.
Al último llegaron las fuerzas surcoreanas, estas montadas en tres portacargas de los cuales sacaron pequeños Sheeps y un destacamento de no más de cincuenta hombres. Se asentaron en el espacio entre una laguna y la parte más espesa de la jungla, casi escondidos, y muy cerca de los norteamericanos.
A eso de las doce y media, los mercenarios hicieron su movimiento, el único que harían aquel día. Akito observó a través de los binoculares como uno de ellos, con un estrafalario peinado, penetraba en la jungla, a lo cual los otros comenzaron a gritar eufóricos, como si estuvieran borrachos.
Entonces, treinta metros de espesa vegetación explotaron a medida que una máquina de proporciones descomunales se abría paso entre ellas. Primero surgió un brazo mecánico que parecía nacer desde el centro de la tierra. Luego el resto del cuerpo de metal y acero, que se erigió entre todas aquellas armas como único Dios omnipotente, y podría decirse, inmortal.
El sol refulgía salvaje sobre su negra piel de acero. A pesar de pertenecer a los Estados Unidos de América, no tenía sus marcas distintivas.  En el pecho resaltaba con pintura blanca las palabras “Dread-boy”.
Pudo sentirse el murmullo de asombro en todo el campamento norcoreano.  A Akito el pelo se le había erizado al ver a aquella maquinaria, el Dread-boy, parado en todo su esplendor. Tomó el volante del sheep a la vez que ordenaba a sus dos compañeros que tomaran sus puestos, convencido totalmente de que iba a armarse la gorda.
Pero nada sucedió. Pasaban las horas y el Dread-boy no daba señales de ir a moverse. Akito podía ver, con ojos ya cansados de tanto espiar, al campamento yanqui donde se habían puesto a cocinar salchichas a la parrilla con calamar verde. Lo habían pescado recién y estaba fresco. No parecían muy preocupados.
Para poder espiar a la patrulla surcoreana debió encender el infrarrojo en los binoculares, puesto que un espeso techo de hojas los cubría. No pudo ver nada, puesto que un fulguroso pantallazo de luz lo cegó al mirar. Se preocupó por lo que sea que estuvieran haciendo los soldados surcoreanos. Akito había visto como sus generales abandonaban la jungla en un camión para entrar en un el campamento yanqui. Si tan sólo pudiera dispararles…
El Sheep de Akito se encontraba en una posición de honor, a poca distancia de la carpa en la que se encontraban los generales norcoreanos, puesto que él era el hijo del general Suon-Gu.  Por lo que pudo ver cuando un Hummer norteamericano se detuvo frente a la entrada del campamento.
De éste bajo una cuadrilla de veinte marines desarmados, quienes formaron dos filas indias. Luego se bajó el coronel Sternwood, un hombre alto, duro como el hierro y con ojos como brasas. Akito sonrió con aprobación al comprobar que sus rivales tenían buenos hombres entre sus filas.
Pero la sonrisa se le borró en cuanto una mujer con ropas de camuflaje especial, diferente al de los marines, se bajó del Hummer y se puso en pie junto al coronel como si fuera su igual. Parecía estar esperando a alguien, ¿pero a quién? Al general Suon-Gu y sus comandantes no podía ser, porque ella no era más que una mujer.
El general y los comandantes salieron de la tienda donde conferenciaban, se acercaron al general y a la mujer, y saludaron a los dos por igual. Por igual. Akito sintió que su mundo se caía a pedazos.
La conferencia entre norcoreanos y yanquis duro poco. Parecieron entenderse bien, y cuando se despidieron, ambas partes tenían el aspecto de quién está satisfecho consigo mismo. Los marines se subieron a su Hummer y se largaron a gran velocidad.
Akito prendió el infrarrojo en sus binoculares y volvió a tratar de ver a los surcoreanos sólo para olvidar la bochornosa escena con la mujer blanca. Esta vez el fogonazo blanco no apareció, en cambio pudo ver a veinte figuras humanas sentadas en el suelo, frente a lo que parecía ser un telón. Estaban viendo una comedia romántica llamada Marne Boy. Parecían entretenidos.
Al volver la vista hacia el Dread-boy se sobresaltó, puesto que el piloto del pelo extravagante, aquel que se había internado en la jungla, ahora se encontraba sentado en el hombro del robot.
Akito se bajo del Sheep sin decir una palabra a sus compañeros y corrió hasta la entrada de la tienda de los comandantes. Allí se mantuvo en pie, rígido, esperando que lo notaran.
Luego de veinte minutos lo hicieron. Los ojos de su padre se levantaron por sobre sus anteojos y lo estudiaron detenidamente.
— ¿Qué busca, cabo?—pregunto en una voz lenta y apenas entendible.
— ¡Mi general, vengo a informarle que el piloto del Dread-boy a desabordado el vehículo!—gritó apenas conteniendo la euforia, y con la duda de cómo carajo llamar a aquella enorme bestia mecánica.
El general se puso en pie y rodeo a los demás comandantes a paso lento. Estos ni siquiera levantaron la mirada cuando él pasaba a un lado de ellos.
Salió de la tienda, ignorando por completo a su hijo, y miró hacía donde estaba ubicado el Dread-boy.
—Los comandantes y yo hemos decidido dejar el asunto en manos de la negociadora norteamericana, cabo—murmuró con aire ausente, a medida que su mirada se perdía en la figura metálica.
Akito debió tragarse su educación, su forma de pensar y todo en lo que jamás había creído para contenerse. No se hubiera sentido más indignado si alguien violara a su hermana.
“¿Acaso el mundo se ha vuelto loco?” no podía aceptar que dejarán a la norteamericana campar a sus anchas, y para colmo encargarle tal tarea. “No, sólo a los Estados Unidos de Norteamérica les faltan unos caramelos en el tarro.”
No obstante, el general Suon-Gu se veía fresco, y casi divertido con la situación. Como si una sonrisa quisiera aflorar entre sus mejillas. Akito no pudo evitar quedar desconcertado.
El general lo notó.
—Debes de pensar ahora mismo que la gran nación se está deshonrando a sí misma, y al presidente eterno—le leyó la mente Suon-Gu—. Y sin embargo, la gran deshonra recae en nuestros rivales americanos.
Akito no terminaba de comprender lo que su padre decía.
—América domina el mundo, pero a su vez es dominada por un sistema de producción arcaico. Cuando unos traicionan a otros, es cuando comienza a perder estabilidad.
Por la forma en que su padre miraba al robot, Akito pensó que allí se encontraba su mejor amigo en todo el mundo.
—Ese hombre en la maquinaria—comentó en tono confidente—-. Es SR.
— ¿SR?—preguntó algo perdido Akito.
—Bernardo Del Valle. Un ex agente de la Triple A Norteamérica. Otro gran héroe que iba a salvar el mundo.
Por el tono que uso su padre, supo que lo decía con ironía.
—Retírese cabo, pero asegúrese de no perderse de las negociaciones—se despidió y volvió a meterse en la tienda, seguro de que el saludo de su hijo no faltaría.
Y así lo hizo Akito, el rápido saludo militar que había aprendido a no olvidar jamás. Caminó con una sensación de incertidumbre hasta el Sheep, sintiéndose lleno de duda.
Tomó los binoculares y pudo ver al Hummer en el claro. La mujer y el piloto que suponía ser Bernardo Del Valle charlaban, a los pies del robot. Horas más tarde, hacia el oeste el atardecer ya comenzaba a morir cuando la figura recortada del Dread-Boy se desplomó en el suelo. La onda expansiva que provocó la caída hizo que algunos tanques y aviones volarán por los aires, para enojo de los yanquis y los surcoreanos.
Akito vio como los surcoreanos comenzaban a abordar los porta cargas, a pesar de que Bernardo Del Valle y la mujer americana aun discutían. Por la forma en que charlaban, Akito dedujo que se conocían hacía bastante. Ambos mantenían largas miradas como si se dijesen todo con eso. Parecieron llegar a un acuerdo, del cual los otros mercenarios no formaron parte.
La mujer se dio vuelta hacia los marines, hizo una seña con el brazo con la cual puso en movimiento a sus hombres. Estos tomaron presos a varios mercenarios. Los subieron al Hummer inconscientes. Al resto del grupo lo dejaron en el claro.
—Bernardo Del Valle—vocalizó Akito, como si quisiera sacar una confesión a la nada—. También llamado Sexxi Robin, ¿qué clase de “agente” eras y por qué te dejan con vida?
Akito se sentía apabullado por la idea de haber hecho tal despliegue de fuerzas para arrinconar a Bernardo, sólo para luego abandonarlo en un claro. En su país, lo habrían hecho prisionero y juzgado en lo que canta un gallo.
Se comenzó entonces un movimiento de las tropas yanquis para confiscar el robot. Varios portacartas hicieron falta para levantarlo con cadenas de Fajón. El grupo de Bernardo estaba encima de la máquina, por lo que daban la impresión de que les estuviesen dando un aventón. Llevaron al Dread-Boy hasta la orilla y lo depositaron sobre el navío de guerra yanqui más grande.
Y esa fue la crisis de Sumatra.
 
 
 
 
 



Última edición por Eagle calm el Sáb Abr 25, 2015 5:57 pm, editado 9 veces
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Re: Parodia.

Mensaje por yuske el Jue Ene 17, 2013 8:17 pm

Tus historias eagle siempre son bastante interesantes, y esta no es la excepción.

A pesar de que en esta entrega solo nos presentas al personaje y no das mas indicio de que trata la historia mas que la frase:

Cualquier cosa le hubiera gustado más a ser lo que era, una persona del montón, que no conocía su lugar.

Es curioso como tus historias hablan de problemáticas sociales, pero de una forma tan, por decirlo de una manera, simples que son bastante fáciles de comprender pero siempre con un toco de humor irreverente.

Espero que esta historia tenga una continuacion proximamente.

PD: No olvides colocar las nomenclaturas. en caso de que no puedas solo dime y yo las colocare.




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Re: Parodia.

Mensaje por Izanagi el Jue Ene 17, 2013 10:32 pm

Tiene tu sello personal Eagle, estas historias oscuras con personalidades antisociales parecen ser tu especialidad y la verdad es que las describis muy bien.
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Re: Parodia.

Mensaje por Eagle calm el Vie Ene 18, 2013 11:14 am

Primero, arigato godaimasu billiken cuan tun (??
Boludeces.
No, en serio, gracias por comentar.

Bye bye!


Última edición por Eagle calm el Sáb Feb 23, 2013 11:00 pm, editado 1 vez
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Re: Parodia.

Mensaje por Eagle calm el Jue Ene 31, 2013 1:14 pm

Parodia Cap 1:

Parodia.
Capítulo 1:
Ese martes, Bernardo del Valle se encontraba en su trabajo como empleado de un McDonald’s. Los días como aquél, en los que le tocaba trabajar en la cocina, le gustaba sentarse a ver a los americanos entrar en el local en numerosos grupos, que poco se diferenciaban de un rebaño de cerdos nerviosos yendo para el matadero.
Galicia, el muchacho de veinte y pico de años a quien tocaba atender a los cerdos, escuchaba a su clientela con la paciencia que da ceder siempre. Sus ojos malhumorados y llenos de cansancio, denotaban el maltrato por el que había pasado durante tantos años en su España natal.
Bernardo sentía lástima por Galicia, pero sólo por esa hipocresía que la clase media (media burguesa…) argentina había inculcado en él. A decir verdad, Galicia la pasaba mejor que Bernardo, porque era mucho más dedicado con lo que hacía.
—Bernardo—lo llamó la voz áspera de Galicia.
El chico se saco la mano de dentro del pantalón, donde se estaba rascando sin disimulo.
—Hala Bernardo, ponte a trabajar—le mandó en español, a la vez que dejaba una orden enfrente suyo.
En el trabajo, Galicia resultaba excesivamente bueno y útil. El gerente de la sucursal siempre bromeaba con él en  conversaciones de las cuales, a pesar de poder participar, Bernardo se abstenía, porque nunca tenía nada que agregar. Porque Bernardo era realmente un tipo soso con una vida sosa.
Pero bueno, ahí estaban las hamburguesas hechas más o menos bien. Después de todo, esos yanquis obesos no distinguirían en nada el sabor de una hamburguesa del de un pedazo de mierda entre dos rodajas de pan.
La verdad que Bernardo no sabía porque los despreciaba tanto. No le habían hecho nada malo, excepto por su ignorancia, pero él mismo era un idiota ignorante sin saberlo. Quedaba en una posición realmente incomoda, políticamente hablando.
 Desde que la triple A había comenzado con su labor haría cosa de dieciséis años atrás, los Estados Unidos de América eran un verdadero paraíso de paz y armonía. Ya no había preocupación por ser robado o violado. Eso había sido lo que llevó a la familia ultra gorila del argentino a mudarse a EEUU.
Por eso Bernardo odiaba a la triple A. Porque en Argentina él era un friki isolado pero con la opción de volver a insertarse en la sociedad si quería. Ahora ya no, la sociedad yanqui era tanto más difícil de entender que él directamente se había rendido.
Se tuvo que espabilar cuando vio una pila de notas con pedidos más grande que su desprecio por la sociedad. Comenzó a cocinar todo lo rápido que pudo, resultando asquerosidades de eso.
Seis clientes se quejaron y uno pidió que se le devolviera su dinero. Aquel día Bernardo había rotó una nueva marca en cuanto a cocina asquerosa.
En su descanso llegó el gerente Tompson, quien nunca quería ver al argentino desocupado. El hombre era regordete, y daba la impresión de ser una persona ocupada a primera vista, con una campera de cuero por sobre la camisa de la empresa.
Charló un rato con Galicia a lo que Bernardo observó como el español se convertía en un lamecirios al instante. El gerente Tompson quería hacerse ver preocupado, cuando Bernardo sabía que se moría de ganas de echarlo.
Cuando el gerente Bola De Grasa se acercó a él, lo hizo con la mirada del César frente a un gladiador que pierde la batalla.
—Del Valle—saludó rígidamente, con esas ganas de parecer autoritario—Me  están diciendo que hoy no estás teniendo un buen desempeño. ¿Estás usando ingredientes frescos?
Tompson se acercó a una hamburguesa hecha que suponía ser el almuerzo de Bernardo y la abrió sin más. Y antes de que le pudiera dar un discurso, Bernardo atacó.
—La única cosa fresca en esa hamburguesa es mi leche.
El rostro grasoso y mofletudo de Tompson se congestionó en una mueca de ira y desaprobación, todo junto acumulado bajo su papada brillante como jamón. Pero no le gritó, tampoco lo insultó. Ya se había rendido con ese burro.
—Yo te avisé.
Esas fueron las únicas palabras que le dirigió antes de retirarse. Bernardo podía considerarse despedido.
Ese día, Bernardo Del Valle caminó a casa con el uniforme puesto. A medida que andaba, sus pensamientos variaban entre como lo iba a cagar a pedo su padre cuando se enterará que había sido echado, la mirada de puta arrogante de su hermana regocijándose con un "yo te lo dije", y esa voz con la que lo llamaba inútil sin decirlo de su madre, hablándole de cualquier tema.
Pero fue despertado de sus infelices cavilaciones cuando un Van se detuvo a un lado de la acera por la que Bernardo caminaba. De esta bajaron dos negros grandotes a quienes el joven no pudo poner objeción antes de que lo tomarán con asco por los brazos y lo lanzarán a la Van.
— ¿Qué pretenden ustedes de mí?—había gritado Bernardo con voz pusilánime, pero sólo una vez, antes de que su rostro tropezara con la masa de hueso y carne que era el puño de sus captores.
Los dos individuos de traje se metieron en la van y cerraron la puerta de ésta, sumiéndola en la más absoluta oscuridad. La cabina del conductor estaba separada de la parte trasera, en la que Bernardo podía tantear varias superficies de metal a su alrededor.
Era gracioso que un sujeto fofo y falto de reflejos como Bernardo podía ser alentado por tantas series de anime shonen, sumados a su propia imbecilidad, a plantársele a esos dos. No le hacía ganarse su respeto, pero si un buen par de trompadas.
Así que ahí estaba, en la oscuridad, peleando contra las sombras y el viento, hasta que una voz como la de G-Man habló.
—Kyle Carlson, has sido elegido para formar parte de la triple A—hizo una pausa, como para que Bernardo se diera cuenta de que los matones no eran los dueños de esa voz, y tampoco G-Man-Ahora tú protegerás los intereses de la humanidad.
 
Ciertamente, Bernardo no estaba entendiendo una mierda. Aún se encontraba medio aturdido por el golpe, y no es como que lo subreal de la situación ayudara a su comprensión.
 
—Kyle, ¿prometes ser siempre objetivo, conservar la humanidad aún cuando lleves acabo el suplicio, considerar todas las opciones y siempre ejecutar la pena que, al parecer de los grandes ilustrados de la historia, y de los hombres sabios, sea más justa?
 
Se notaba que la Van se movía, dado que el susurro de las ruedas sobre el asfalto era todo lo que se podía oír dentro del vehículo. Obvio que Bernardo no sabía de qué le hablaban, como tampoco sabía que le hablaban a él, por lo que la respuesta esperada no era recibida.
 
El chico sintió como una manaza apresaba su hombro y lo zarandeaba a todo él como a una muñeca de estopa. A pesar de no parecerlo, fue una experiencia traumática.
 
— Esperen, esperen ¿son del FBI?—preguntó en un chillido lloroso—Si me quieren llevar preso porque encontraron toda la pornografía en mi computadora, les digo que a mí también me da asco, ¡pero necesito ayuda! ¡No puedo dejarlo solo! ¡No tengo la voluntad para hacerlo!—los mocos le chorreaban entre sus barboteos.
 
La voz al otro lado del megáfono respiraba a la velocidad de quién cree que le están tomando para la joda.
 
— ¿Aceptas, Kyle, sí o no?
 
— Sí, sí, acepto—dijo, no porque hubiera entendido algo, más por miedo a otra salvaje zarandeada.
 
—Deberías recibir tu copiloto algún día de esta semana. Si no lo recibes, contacta con nuestra administración. Felicitaciones por haberte asociado.
A Bernardo le pareció maravilloso sentir la carrocería de la Van aminorando la marcha, y más aún cuando ésta se detenía. 


El mundo está lleno de maldad, oscuridad, y fuerzas que la controlan. Pero la fuerza más malvada, oscura, y que controla la maldad, la oscuridad, y a las demás fuerzas oscuras, es la fuerza oscura y malvada nipona ¡La Shonen Jump!
 
Esta compañía ha cometido los crímenes más terribles en contra de la humanidad, como por ejemplo, haber reciclado el mismo argumento durante veinte años para todas sus series. Solo un monstruo condenaría al anime a tal cadena de monotonía y aburrimiento.
 
Los caballeros se hallaban en una oficina en el piso más alto de un edificio de Tokio.
 
—Buenos días caballeros, es un placer tenerlos a todos reunidos el día de hoy—Dio la bienvenida en un tono formal el jefe Masayoshi—Primero, quiero felicitar a los señores Eichiro Oda y Mashashi Kishimoto por haber contribuido con sus aportes mensuales artísticos.
 
En efecto, los maestros del anime Oda y Kishimoto acaban de terminar de escribir sus respectivos tres centenares de capítulos de relleno en el descanso para el almorzar. Solo obras maestras podrían haber salido de eso.
 
Y ahí se habían juntado, con el resto de los ejecutivos de la Shonen Jump a discutir sobre los estrenos de aquel mes. Se supone que eran la voz de la experiencia, pero ambos se veían distraídos en un coqueteo mutuo…
 
El resto de los ejecutivos aplaudió a los respetados autores. El sonido de las palmas al entrechocar recordaba a Kishimoto esa noche en la que Oda había roto con su novia, acudiendo a su confiable colega para que le… le consolase. Ese recuerdo sonrojo las delicadas mejillas del mangaka.
 
—Como bien sabrán, Oda y Kishimoto representan el 75 % de los ingresos de esta compañía. A pesar de ello, les pagamos en yenes. Aun así, como todas las temporadas, debemos crear una tanda interminable de horrendos animes para que la posteridad sufra. ¿Alguien tiene alguna buena idea?
 
*Cric, cric, cric, cric*
 
Matsumoto: ¿No deberíamos contratar escritores para esto?
 
Señor Masayoshi: Ja ja ja, si claro, y después preocuparnos por las necesidades de nuestro público.
 
El señor Masayoshi camina alrededor de la mesa, mientras observa una katana que descansa sobre un estante.
 
—Como supondrá, Matsumoto, el apedillarme como el dinosaurio verde de Mario Bros nunca ha sido beneficioso para mi carrera. Pero, en la vida, hay cosas que no se pueden cambiar, de la misma manera que en el anime, la trama y los conceptos no deben ser reemplazados. Por eso mismo, al próximo imbécil que se le ocurra pedir escritores…
 
Se da vuelta con la katana en mano, le corta la cabeza a Matsumoto y riega de sangre a los demás ejecutivos.
 
Oda y Kishimoto se levantan del suelo, donde estaban fornicando y dejan escapar un grito de miedo.
— ¡Odio cuando hace eso!—lloriqueó irritado Oda.
 
El señor Masayoshi se aclaró la voz.
 
-Utilicen a Bakurai na flin...
 
-Etto, señor Masayoshi, se pronuncia Kaburai no flenchu baken to aru-lo interrumpió un subordinado.
 
-¿Eh, nani choto? Creí que se llamaba Karabui non flenchui bakon do karu.
 
Las palabras iban y venían hasta que la discusión terminó.
 
 
Fin del capítulo 1.
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Última edición por Eagle calm el Jue Nov 07, 2013 1:42 am, editado 7 veces
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Re: Parodia.

Mensaje por Izanagi el Jue Ene 31, 2013 11:44 pm

Jajajajaja fue una locura este capítulo, aunque no coincido con tu idea de comparar a Oda con el troll de Kishimoto, pero bueno eso es lo mínimo. No se bien como siga esto,calculo que elegiran al bueno de Bernardo pero me gustó el toque extraño que le pusiste. Es llamativo. Espero continuación.

Sobre lo escrito te recomendaría que para los dialogos uses un estilo indirecto en vez del directo que vos usas, pero sólo te lo recomiendo por gusto personal, no es que este mal. Sólo que creo que le da más riqueza a los personajes.

Saludos
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Re: Parodia.

Mensaje por yuske el Vie Feb 01, 2013 9:38 pm

Concuerdo con izanagi, vaya capitulo más loco. Aun me sigo riendo solo de imaginarme el encuentro entre kishimotoy oda XD

Y pues si, como lo señalo ya iza los dialogos, como los del primer capitulo te van mejor. hacen que tu estilo sea mas "vivido", más cercano al lector, por decirlo de una manera.




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Re: Parodia.

Mensaje por Eagle calm el Vie Jul 26, 2013 2:41 pm

Bueno muchachos, quiero decir que este volumen se divide en dos hilos argumentales: uno, las aventuras de Bernardo Del Valle, el otro, más bien una sección de "Miscelánea". donde se darán todo tipo de situaciones bizarras. 

Gracias por la buena voluntad para leer.


Última edición por Eagle calm el Sáb Abr 25, 2015 6:01 pm, editado 1 vez
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Re: Parodia.

Mensaje por Eagle calm el Miér Jul 31, 2013 11:43 pm

¡Bueno! Lo prometido es deuda externa, y creo que de eso sabemos en Argentina.

Sinopsis: Parodia es un resumen del genero shonen actual. Toma lugar en un futuro alterno donde el mundo es defendido por la AAA (Asociación de Ajusticiamiento Americana) la cual se encarga de formar y sustentar superhéroes para que protejan al mundo. 

Bernardo Del Valle, un joven argentino sin motivación y bastante psicótico, es elegido por error para convertirlo en un héroe. Así comenzarán sus aberraciones  aventuras para ver si salva al mundo del mal, y sobre todo, de sí mismo.


Parodia Cap. 2:

Parodia.


Capítulo 2.


Corrieron la puerta de la camioneta, a la vez que un par de brazos lo agarraba del cuello y lo expulsaba nuevamente a la noche.


Bernardo despertó cuando el vecindario más pacífico se encontraba. Se incorporó de a poco, sintiendo su cuerpo bastante bien, pero su cabeza a punto de reventar. Al tocarla confirmó que tenía varios chichones del tamaño de un planeta, los cuales le daban comezón.


Recién después de abrir la puerta, recordó todo lo que había sucedido antes de perder el conocimiento. Lo fastidió la memoria del secuestro, como también el no haber terminado de entender nada.


― Bienvenido. La voz me dio la bienvenida a algo…

La experiencia supuso un serio trauma. Ni bien entro a su casa, cerró con llave la puerta y chequeó que la de atrás estuviera también cerrada. Repitió el mismo procedimiento con todas las ventanas, incluida las de la habitación de sus padres y su hermana. 


Una vez terminó esto, un impulso compulsivo le hizo volver a fijarse si había cerrado todas las ventanas del segundo y primer piso. El alivio no llegó, a pesar de ello. Con el alma perturbada, se dirigió a la cocina en busca de hielo para esos moretones. Reflexionó que tuvo suerte, porque si lo hubiesen querido, los matones de negro lo hubieran hecho trizas usando nada más que las manos.


Abrió el frigorífico, del cual extrajó cuatro hielos. Se sacó un pañuelo del bolsillo trasero del uniforme, el cual no se había quitado aún, y enrolló los cubos en él. Subió las escaleras rápidamente, salvó la distancia del pasillo que dirigía a su habitación en tiempo record, y se atrincheró dentro de su cuarto. 


Su pieza. Que placer estar allí. Podía estar seguro de que ni las pesadillas de Lovecraft podrían encontrarlo allí dentro. Nadie querría entrar allí. Había olor a semen y sudor seco, varios artículos extraños, un escritorio bastante bonito, en el cual se encontraba su máquina de pornografía, también conocida como Notebook HP, y a un lado estaba su paquete con sello de la AAA cubierto en una capa de titanio.


―Aguanta un toque, ¿de dónde carajo salió ese paquete?― exclamó espantado Bernardo, a la vez que se alejaba del escritorio.


Allí estaba, a un lado de su portátil, un paquete de medianas dimensiones cubierto en lo que parecía ser titanio, con una aparente inocencia que se les atribuye a los objetos inanimados. Pero tal inocencia valía mierda para Bernardo, quien sentía un aura diabólica alrededor del paquete, de la cual deseaba alejarse.


“Mi privacidad” pensó desolado. “Alguien se metió en casa. Yo la cerré totalmente. Si todavía no salió, estoy jodido.”
Este razonamiento no pudo más que la curiosidad de saber que había dentro del paquete. Como si fuese una bomba, Bernardo se acercó lentamente hacia el paquete, e incluso llegó más lejos en su miedosidad, tocó el paquete con lo que imaginaba prescindible, la punta de un pie.


Nada voló por los aires. Esta prueba supuso suficiente alivio mental para el joven, quien enseguida abrió la tapa del paquete sin más dilaciones. Se sorprendió de encontrarse tan sólo con un reloj dentro. Ni una nota de sus secuestradores amenazando con un futuro reecuentro, ni un número para pedir rescate, nada. Sólo un reloj que estaba, seamos sinceros y guarangos, de puta madre.


Bernardo, ya un poco distraído de las cavilaciones sobre supuestos peligros acechando en su hogar, dado la belleza de los artículos en su escritorio dejado, tomó el reloj de muñeca con ambas manos. Lo levantó a la luz de la lámpara de techo, apreciando el brillo que el gris metálico poseía. 


Se lo ciñó a la muñeca, y para su sorpresa, la pantalla verde se encendió al instante.


―Kyle Carlson, bienvenido a su curso de ingreso a la AAA. Usted ha prometido ser siempre objetivo, conservar la humanidad aún cuando lleves acabo el suplicio, considerar todas las opciones y siempre ejecutar la pena que, al parecer de los grandes ilustrados de la historia, y de los hombres sabios, sea más justa, ante los ojos de Dios, la Nación y las fuerzas armadas norteamericanas. 


Tal verborrea apenas pudo ser retenida por la cabeza de Bernardo, quien, a pesar de ya haber oído ese juramento más temprano aquella noche, no recordaba el más mínimo detalle del mismo. 

Bernardo esperaba a que alguien barriera en su pieza, porque así, por ahí, juntaba su quijada caída de tanto asombro.


—Kyle Carlson… 


— ¿Quién puta es Kyle Carlson?—le gritó, exasperado, Bernardo— ¡Esta noche no he escuchado más que Kyle Carlson esto, Kyle Carlson aquello! 


— ¿Usted no es Kyle Carlson, de veintiocho años de edad, nacido en North Carolina, casado con Jullie Manson? 


Bernardo no alcanzó a oír la mitad del discurso que la voz robótica acababa de soltarle. Aún así, como de costumbre, estaba dispuesto a dar una negativa a cualquier cosa que le preguntarán.  
— ¡No!—escupió sin miramientos.


Se quedó mirando la pantallita del reloj, esperando a que la voz le respondiera con otro largo discurso. No obstante, en esa ocasión el mensaje que le dio fue corto y conciso. 


—Comprendido. Informaré de esto a la central de “Chicago”—repitió el nombre de la ciudad con una voz idéntica a la de Bernardo—Por favor, no se quité su copiloto hasta que tenga nuevo aviso del equipo de Afiliación. 


Acto seguido, la pantalla perdió su luz y todos esos ceros y unos desaparecieron. A Bernardo le pareció espectacular que por fin se callara. De todas formas, el mentado “Equipo de Afiliación” le dejaba un gusto amargo en la boca. ¿Quiénes podían ser? ¿Los tipos de la Van? En tal caso, Bernardo estaba seguro que quedarse en casa no era seguro. 



Última edición por Eagle calm el Dom Dic 08, 2013 4:47 pm, editado 2 veces
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Re: Parodia.

Mensaje por Eagle calm el Lun Ago 12, 2013 8:21 pm


    "La ultima pelea"Viñeta 1. Planos tres cuartos de Tuti y su jefe, un hombre gordo, de pelo largo en cola de caballo y barba, caminando por una vereda vacía. Es de noche.-El año pasado encontré a este perro en un basurero, Tuti. Rodeado de su mierda.Viñeta 2. Plano entero del perro con sarna, flaco y los ojos desviados.-Apenas podía pararse sobre sus 4 patas. Los otros perros callejeros no se le acercaban por el olor a podredumbre.Viñeta 3. El jefe de Tuti, con expresión preocupada, junto a otro hombre de guardapolvo.-Lo lleve con un amigo para que lo ponga en forma. Él lo mantuvo en terapia varios días “No creo que pueda recuperarse del todo, Tomás” me decía él “Está bastante jodido”Viñeta 4. Tuti y Tomás entrando en un edificio de una planta por la parte de atrás.-Pero yo sabía que se pondría bien del todo. Supe que era un ganador nato desde el momento en que lo vi. Como Tom Hardy en la ultima pelea. Se llama Capitán.Viñeta 5. Tuti y Tomás enfrente de una puerta, custodiada por un hombre viejo de contextura fuerte y hosca. Tomás le está dando un billete al hombre.-Por mi lado, diría que algunos nacen para ganar y otros para perder.Viñeta 6. Se ve un espacio donde dos perros pelean entre sí. Alrededor de este espacio hay un monton de hombres gritando y abucheando, sosteniendo plata y vasos de alcohol en sus manos.-No voy a mentirte, Tuti, gaste un dineral en Capitán. No es de raza pero es una verdadera fiera y tambien ingenioso como un bandido.Viñeta 7. Tomás agitando las manos.-¡Ahí entra, Tuti! ¡Mira cómo ataca el candidato! ¡Eso, eso, dale…Viñeta 8. Tomás consternado.-…ataca! ¡No! ¿Pero qué estás haciendo? ¡Bajate, degenerado, bajate!-¡Ahí entra el encargado a separarlos!Viñeta 9. Tomás *facepalm* Tuti impertubable.-Se ve que los otros perros no lo evitaban solo por el olor.Viñeta 10. Tomas y Tuti abandonando el edificio.-La fieldad no se aprende, Tomás.Fin.


Última edición por Eagle calm el Jue Ago 07, 2014 2:15 pm, editado 2 veces
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Re: Parodia.

Mensaje por Eagle calm el Lun Ago 19, 2013 10:16 pm


    Desamorado. Chester Estoy sentado en un banco de la plaza, con la vergüenza de querer devolverle el rumbo a un barco encallado hace ya mucho. Un bocinazo desde la esquina me levanta. A mi lado, igual que premonición, cae tangueando sus últimos momentos una colilla maltrecha.Me subo al coche.–Asientos tapizados en cuero—me asegura mi amigo desde el asiento del conductor. Se pone en marcha hacia las calles otoñales de una ciudad que es como una pasta regurgitada seca. En el asiento trasero, una chica se remueve dentro de unas calzas ajustadísimas como un órgano externo que consume cinetica para vivir. En el culo de mi cabeza, fantasías efervescentes. -- Qué raro que no estés en el baúl vos—le digo. El amigo siente un clavo de desidia, ríe sofocado y cambia de tema. Desde atrás me llega una fragancia a indiferencia y espíritu vividor. Ese hombre, sin duda, es un degenerado. Desde hace tiempo lo conozco y nunca dude de que lo fuera. Ahora que lo exhibe sin más tapujos en su automóvil, se asemeja a un hombre reconociendo su desnudez a mitad de una orgía. Consagramos la tarde a boludear rencorosamente y llenos de afinidad. Todo para el sindicato. La cadena cotidiana se dispersa entre sueños recurrentes, voluntades desesperanzadas, enormes maquinarias chirriantes que me devuelven lo nunca reclamado. Jamás en ese panorama vi un esbozo de ese romance ochentero, o del acuerdo que daríaaños de frutos rubicundos. Despegó en esfuerzos bestiales, con sus dos frágiles patitas se cayó en mi pie, y ese insecto inmisericorde establece de nuevo la conexión a la planicie florida de lata. Pienso que no tropezare como un Rodia cualquiera, denunciándome con prepotencia. Ya la confusión me hace creer que no sería tan erróneo. La Merca y yo. Fui al deshuesadero por una parte para mi moto, noble palafrén con un final cercano del cual renegaba a diario. El empleado miraba distraídamente su celular a la vez que yo le daba las indicaciones necesarias para llegar a una transacción idílica. La nube cerrada que con pasión insigne observaba atontado aquel hombre terminó por hacerlo interrumpirme con un: – Ahí me fijo. Torres de chatarra ensombrecían la tierra, legado y patrimonio, necesidad y sufrimiento. Cerca, una mujer parecía haber sido interrumpida al igual que yo, y estar perdiendo su tiempo, igual que yo. -- ¿Conoce a esta persona?—me abordó, enseñándome una foto en su celular. Podía decir con seguridad que la había visto, pero no tenía idea de dónde. Buscaría en mi mente de manera impecable y asidua, sino fuera porque algo en esa mujer me crispaba los nervios. Es que al pronunciar un “conoce” de pura mansedumbre, lo hizo con un acento recóndito que me erizó las vertebras. -- No, disculpe, oficial… -- Merza Karamazov. -- Polaca, imagino—aposte, mirándola de arriba abajo. -- De parte de padre y de madre, de abuelo y de abuela… hasta mi perro es polaco. -- Un gusto. Después de un apretón de manos, agregué: -- Ésta persona, ¿desapareció? -- Sí. La familia nos dio el aviso ayer. En una llanura africana fue lanzada una idea materializada en forma de lanza, que acertó justo al animal dentro mío. -- Podrías darme tu número, así si llego a enterarme de algo, te llamo. Esta parte de bufón buceó cabalgó kilómetros en una rabiosa noche de tormenta húmeda, hasta llegar a un pantano donde buceó, para hallar una respuesta afirmativa en forma de varios dígitos a los que se les asignó el nombre de Merca. De ahí en más, la mujer pasaría a ser cada vez más importante, finalmente alcanzando un pico. Luego, en una caída vertiginosa, se consumiría por la propia velocidad que había tomado al igual que una estrella fugaz. Y ya tiene guasa, porque es una policía corrupta. Desamorado. Cuando escuches que tocan la puerta, ni se te ocurra atender. Escúrrete por la ventana para luego perderte en la intransigencia de la noche. Dentro de unos años tendría que salir mejor.


Última edición por Eagle calm el Jue Ago 07, 2014 2:15 pm, editado 4 veces
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Re: Parodia.

Mensaje por Eagle calm el Lun Sep 16, 2013 4:56 am

Y bueno! Al fin estreno Miscélanea con un corto humorístico que intenta parodiar a la saga Túneles (no sé si alguno la conocerá)

Use las comillas en vez de los guiones porque cuando apretaba Alt+0151 no me salía nada : /

El joven Will Burroughs rió orgullosamente. Estaba de pie, frente a su amigo Chester, quien ciertamente había quedado impresionado por la demostración de fuerza.
“Muy bien” Dijo en un tono que denostaba algo más de sarcasmo que de respeto “¿Ahora explícame cómo llegar al aula”
“Según los viejos mapas que tomé prestados del tío Tam” comenzó Will en tono de catedrático, como para deleitar con su inteligencia en esa caverna asquerosa “A menos de medio kilometro en diagonal, lo encontraremos al cuarto del conserje.”
Chester se dio vuelta, observó la pared de tierra detrás de sí. Luego observó a su izquierda como un escarabajo escalaba en la roca y se metió dentro del techo de tierra. Estaban casi atrapados en un bobeda de tierra y piedra.
“¿No me digas que tenemos que excavar hasta el cuarto?” Dijo, tremendamente desilusionado.
“Es el primer día de escuela, Chester. No podemos faltar.” Dijo como si eso fuese excusa suficiente.
A Will también se lo notaba nervioso. Después de que el efecto del guano matutino se le pasaba, solía espabilar y volverse tan o más cobarde que su amigo.
Chester suspiró. Will siempre lo metía en problemas. Tomó la otra pala que su amigo cargaba con sí, una de boca ancha y pesada como sólo él podía manejar. Comenzaron a cavar.
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Re: Parodia.

Mensaje por MaNtoSastO el Lun Sep 23, 2013 3:09 am

Espero que lo continúes pronto. La historia de Bernardo está de lo más interesante.
Por otro lado, no conozco Túneles así que no caché muy bien la segunda miscelánea Razz
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Re: Parodia.

Mensaje por Eagle calm el Jue Ago 07, 2014 2:16 pm

Una vez tuve una amante. Era algo mayor que yo, porque mi mamá se cogía a mis amistades y yo a las suyas. No hagan preguntas al respecto. Y mi mamá me tuvo a los 50 años. Así que un trago de lo más amargo para mis allegados.
   
   De ese modo termine teniendo una amante de 70 años. Como se imaginaran hubiera sido incomodo para ambos mojar el pan, por lo que generalmente sólo le dedicaba una paja y después le mandaba un mail contandole la experiencia.
   
   Hace no mucho una chica de doce me tenía ganas. Lo unico que se interponía entre nosotros era su padre. Él también le tenía ganas.
 
   Cuando iba al kinder me gustaba una chica. Lo que hacía era, en vez de hablarle, sentarme cerca de ella. Invadir su espacio personal un cm a la vez. Ella se alejaba y se sentaba en otra parte. Yo iba y me sentaba otra vez a su lado, hasta que me di cuenta que la ponía nerviosa y también me puse nervioso.
   
   Es raro como un preescolar sin la más paspada idea de sexo ya tenía incorporada la mecanica de la mujer como objeto. En ese sentido hasta se puede decir que era un adelantado a mi edad.
   
   En ese momento me imaginaba que el día que saliera con ella, iba a ir caminando por la calle y parecería la víspera de un tiroteo en las pelis de cowboys, con la gente atrincherada en sus casas apenas atreviendose a espiar por la venta "Ahí va Jimmy Pistola Chueca" "Así es... finalmente llegó el día"

   Y mi vida sentimental es como el vuelo de Malaysia Airlines. Nadie sabe donde terminó. Me voy a ir a Ruanda a ser policía corrupto para manosearme a cualquier negra y en mi tiempo libre voy a hacer un musical llamado "I shot the Seinfield"
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